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jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "Sacbeob", de Luca Belcastro

Mi interés por la composición me ha acercado a mucha gente. Igualmente mis reflexiones por acá, y por las redes sociales. Conocí hace un tiempo ya a una pareja, un par de amigos, que a pesar de estar en el mismo mundo que yo y en la misma ciudad, nos encontramos virtualmente. Ellos son Silvano Pagliuca y Cateri Muro, ambos apreciados jóvenes músicos, muy entusiastas.

Ellos conocieron hace ya más de un año al maestro Luca Belcastro, en un paso rápido que diera por Maracaibo, y por la Universidad Cecilio Acosta. Vino a hablar sobre su interesante proyecto Germina.Cciones, una especie de espacio para el encuentro de noveles compositores latinoamericanos que quieran compartir, componer en conjunto y ejecutar las obras de sus compañeros. Esto a un modo resumido. Pueden visitar la página web.

Lo cierto es que mis amigos me convidaron a pertenecer a esta agrupación en Maracaibo, para llevar a cabo proyectos compositivos y ejecutar obras de otros. Accedí. Después de muchas dificultades, logramos organizar algunos conversatorios con compositores locales, y traer al maestro Belcastro a la ciudad de nuevo. Arribó el 4 de noviembre, hace ya casi dos meses, y nos acompañó poco menos de una semana. No pude participar enteramente del taller, y no tenía ideas muy claras en la mente, pero fue una grata experiencia y hubo interesantes conversaciones, y el maestro trajo consigo sus libros, los cuales adquirí con gusto.

En general cualquier reflexión en torno al acto creativo me interesa. Y vengo a hablar de un libro que acabo de terminar, titulado Sacbeob. Es un libro en el que nos narra algunos de sus viajes a través de Latinoamérica. Él, un europeo un poco cansado de sus tierras y estilo de vida allá, y fascinado por la música latinoamericana, decidió emprender el viaje hacia acá, comenzar el proyecto, y así entrar en contacto con gente nueva, y realidades nuevas.

Latinoamérica es sin duda un continente de contrastes, del que poco puedo hablar. He conocido sólo dos países (el mío y Chile), y un aeropuerto (porque de ahí no salí en Ciudad de Panamá). Sin embargo, los latinoamericanos, en la nueva realidad de redes, nos entendemos. Y tenemos hasta cierto punto una identidad que por encima nos parece continental. Con sus heterogeneidades, por la vastedad del territorio.

Al leer el libro, considero al maestro Belcastro un enamorado de nuestro continente, a veces con ciertas idealizaciones. No pretendo criticarle ni quitarle relevancia a sus intenciones y su proyecto. Además todos podemos tener una fascinación y sembrarla, eso, sembrar en ella o a partir de ella, es lo más importante. A veces se cuela un poco de excesivo elogio al tradicionalismo, y ciertas descripciones encantadoras de un sistema para mí jamás justificable, como es Cuba. Pero creo que más que querer justificar lo injustificable, hay una pretensión de ver siempre la otra cara de las cosas. A veces opinamos sobre lugares que no conocemos un poco a la ligera, en realidad.

Más allá de los desacuerdos, merece la pena transcribir algunos fragmentos, y recomendar a todos aquellos interesados en la música, en nuestro continente, y en algún contraste con el mundo europeo (que él sí conoce de sobra), leer este texto. Hay muchas más ideas muy interesantes, pero siento que debo copiar demasiado para que estén completas.
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"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas".

"Todo pasa a través de la capacidad de hacerse responsable, de luchar contra las propias justificaciones".

"El proceso creativo es fruto del deseo de dos sujetos o funciones: el emisor, que proyecta, y el receptor, los cuales en casos especiales pueden coincidir en la misma persona. Por ejemplo, un ser humano que vive en completa soledad parece ser el receptor de sí mismo. Sin este doble deseo se pierde la necesidad de la creación."*

*Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Borges y la mecánica cuántica

Fuente


Navegando por las redes sociales, me encontré hace dos días accidentalmente que habría una conferencia de la gente de Parque Explora, de Colombia, cuyo título no pudo llamar más mi atención: "Borges y la mecánica cuántica".

Resulta ser que el profesor Alberto Rojo, que la impartió, publicó un libro en el que relaciona algunos de los conceptos de la física moderna, con los de la literatura borgiana. De un primer vistazo, me pareció que tenía mucho sentido, por el manejo que se ve en Borges de conceptos como el tiempo, el infinito, los sueños, la memoria, las posibilidades, los laberintos...

La manera como me topé con Borges en primer lugar a lo mejor resultará poco creíble. Yo tenía un pequeño escrito en el que describía la vida como un gran río con miles de ramificaciones, y cuya corriente representaría el tiempo, que nos obliga siempre a ir en la misma dirección, y que inevitablemente tengamos un tramo limitado para escoger cada ramificación.

Una metáfora no muy descabellada, y a lo mejor común, de mis años infantiles. En la casa encontré una edición de El Nacional de Ficciones, y fue por el subtítulo El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, que me animé a leerlo.

No esperaba encontrarme a las puertas de ese mundo de maravillas y deleites abstractos en el que Borges nos sumerge. Recuerdo siempre con especial sensación Las ruinas circulares, Funes el memorioso, El jardín de los senderos que se bifurcan, Tlön, Uqbar y Orbis Tertius, y el mencionado por el conferencista: La biblioteca de Babel

El señor es genial y se expresa con claridad sobre temas tan profundos. Ya en mis elogios a Capra he mencionado lo importante que me parece la exploración y divulgación de la ciencia moderna.

La conferencia es abordada con un tema sin duda importante: la ciencia como experiencia estética. Me identifico con la visión expuesta, y de hecho casualmente hace poco tuiteaba que tengo ese defecto de ver la ciencia como poesía ya que, aunque no entienda nada, siempre tengo un goce estético con ella.

Luego habla de cómo se ha citado a Borges en trabajos científicos, y como éste se adelantó a muchas ideas que hoy son teorías de la física cuántica. El genio de Borges no tenía límites, a mi parecer, y su estilo que se nos confunde entre literatura, ciencia o filosofía, en verdad me cautiva.

En La biblioteca de Babel, como nos explica el señor Rojo, Borges expone una idea que para la combinatoria y la estadística es interesantísima. Un número enorme de tomos, de determinada cantidad de páginas, que contienen todas las posibles combinaciones de caracteres en dicho número de páginas. La mayoría de los libros son disparates, pero algunos serán joyas de la literatura, algunos nuestras biografías, otros catálogos de la bibliteca misma, etc.

También destaca las analogías entre El jardín de los senderos que se bifurcan, y la teoría de los tiempos paralelos o universos paralelos; o de cómo diferentes bifurcaciones del tiempo pudieran coexistir simultáneamente.

En fin, me gustaría adquirir este libro, y seguir hallando similitudes entre la ciencia y la literatura borgiana. Sin más, les dejo el enlace a la conferencia, y les recomiendo que lean más al maestro Jorge Luis Borges.



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viernes, 28 de junio de 2013

Ego y eco

A principios de este año leí El punto crucial de Fritjof Capra, y hubo un pequeña idea que me fascinó.

Él, a pesar de ser un confeso ecologista, no defiende la prevalencia del "eco" sobre el "ego", sino que debe haber un equilibrio. Un equilibrio entre sensibilidad y autoafirmación. Léase: autoafirmación. Una de las condiciones necesarias para que un individuo sea tal.

Sin autoafirmación nunca se hubiera desarrollado la vida. Somos un sistema de múltiples niveles, pero nos percibimos como unidades. Es necesario para la supervivencia. Y nuestra complejidad intrínseca nos atormenta. Sin ego, no nos soportaríamos. Sin eco, tampoco.

Ego es sentirse una sola cosa, a pesar de estar compuesto un ser de miles de millones de microorganismos, hasta cierto punto autosuficientes, y de miles de millones de procesos simultáneos. A eso me refería con nuestra complejidad intrínseca. Ser consciente de "todo uno mismo" sería una tarea imposible. Sin embargo, el autoconocimiento puede llegar a obsesionarnos. Entendernos, como ser biológico y como ser psicológico.

Eco es ser conscientes de que a pesar de que somos autónomos, nuestra existencia no es posible aisladamente. Comprender que nosotros somos un micro-algo en un sistema mayor. Comprender que nuestras características, habilidades y conocimientos están sustentados en miles de millones de seres que coexisten con nosotros, que existieron antes que nosotros, y que nosotros afectamos a los miles de millones que existirán después de nosotros. La conciencia del eco puede ser también insoportable. Nos podríamos sentir insoportablemente pequeños y a la vez insoportablemente responsables. Sin embargo, el ser eco nos obsesiona. Entendernos como ser social, político, económico, como parte del ecosistema, como especie.

Así pues, somos dependientes e independientes a la vez, y cualquier visión que intente poner una cosa sobre la otra, estaría alejada de la realidad.

Esta pequeña idea, me llevará a posteriores reflexiones.

Arrecife de coral. Fuente: Wikimedia Commons.

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viernes, 15 de febrero de 2013

El ritmo en el universo y en la vida: una referencia a Capra

El ritmo es un elemento fundamental en mi carrera profesional (la música), y no en vano, los músicos nos damos cuenta de cómo es un elemento fundamental en la vida misma, en todos los aspectos. Les dejo un fragmento de El Punto Crucial de Fritjof Capra, en el cual hace ciertas reflexiones en cuanto a la importancia del ritmo en la estructura del universo, de la vida, de la percepción y de la comunicación, con un cierre interesante en el que especula que probablemente la felicidad esté basada en gran parte en una sincronización.

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"Es muy probable que la noción de ritmo cumpla una función fundamental en el futuro desarrollo de la nueva visión holística del mundo. El enfoque integral ha demostrado que los organismos vivientes son intrínsecamente dinámicos, pues sus formas visibles son manifestaciones estables de un proceso subyacente. Ahora bien, el proceso y la estabilidad son sólo compatibles si los procesos forman modelos rítmicos: fluctuaciones, vibraciones, oscilaciones y ondas. La nueva biología integral demuestra la importancia de las fluctuaciones en la dinámica de la autoorganización. Son la base del orden del mundo biológico: las estructuras ordenadas se derivan de modelos rítmicos.

El pasaje conceptual de la estructura al ritmo puede resultar extremadamente útil en nuestras tentativas por encontrar una descripción unificadora de la naturaleza. Los modelos rítmicos parecen manifestarse en todos los niveles. Los átomos son modelos de ondas de probabilidad, las moléculas son estructuras vibrantes, y los organismos son modelos multidimensionales, interdependientes, de fluctuaciones. Las plantas, los animales y los seres humanos están expuestos a ciclos de actividad y reposo, y todas sus funciones fisiológicas oscilan según ritmos periódicos. Los componentes de los ecosistemas están vinculados a través de una serie de intercambios cíclicos de materia y energía; las civilizaciones llegan a su auge y entran en decadencia según ciclos evolutivos, y todo el planeta tiene sus ritmos y recurrencias mientras gira sobre su eje y sigue su órbita alrededor del sol.

Por consiguiente, los modelos rítmicos son un fenómeno universal, pero al mismo tiempo permiten a los individuos expresar sus distintas personalidades. La manifestación de una identidad personal única es una característica importante de los seres humanos, y parece que esta identidad, es, en esencia, una identidad de ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su modo de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su manera de respirar y por muchas otras acciones que representan diferentes modelos rítmicos. Además, hay muchos ritmos «congelados», como las huellas digitales o la letra de un ser humano, que se relacionan únicamente con cada individuo. Estas observaciones indican que los modelos rítmicos típicos de un individuo son distintas manifestaciones de un mismo ritmo personal, una «pulsación interna» que es la esencia de la identidad personal.

El papel crucial desempeñado por el ritmo no está limitado a la autoorganización y a la autoexpresión, sino que se extiende a la percepción sensorial y a la comunicación. Cuando vemos, nuestro cerebro transforma las vibraciones lumínicas en pulsaciones rítmicas de sus neuronas. Transformaciones parecidas se encuentran en el proceso del oído e incluso la percepción de olores parece estar basada en «frecuencias ósmicas».

(...)
Igual que en el proceso de la percepción, el ritmo también cumple una función importante en las numerosas maneras de interacción y de comunicación de los organismos vivientes. La comunicación humana, por ejemplo, tiene lugar hasta cierto punto a través de la coordinación y sincronización de los ritmos individuales. En unos documentales rodados recientemente se puede observar cómo una conversación entre dos seres humanos implica una danza sutil y casi invisible en la que la secuencia detallada de los modelos de lenguaje está sincronizada a la perfección, no sólo con los movimientos más íntimos de la persona que habla, sino también con los movimientos correspondientes del que lo escucha. 

(...)
En ciertos –poquísimos– momentos de nuestra vida podemos sentir que estamos sincronizados con todo el universo. Estos momentos felices pueden ocurrir en muchas circunstancias –cuando se consigue una volea perfecta jugando al tenis, cuando se desciende perfectamente una pista de esquí, en plena experiencia sexual satisfactoria, en la contemplación de una obra de arte o en el transcurso de una profunda meditación. Esos momentos de ritmo perfecto, en los que se tiene la sensación de que todo va bien y que las cosas se hacen con facilidad, son experiencias místicas de alto nivel en las que se trasciende toda forma de separación o de fragmentación." (1)

Foto satelital del Desierto de Kavir.
El tempo geológico quizás sea uno de los adagios más lentos que conozcamos.


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(1) Capra, Fritjof. El Punto Crucial (The Turning Point). Editorial Troquel. Buenos Aires, 1992. Traducción: Graciela de Luis. pp. 349 - 353.

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jueves, 31 de enero de 2013

Silencios y significados: una referencia a Bassols

Hace poco llegó a mis manos un libro que me fue prestado por un amigo, debido a la combinación de psicoanálisis y música, dos temas despiertan mi interés. El libro se titula Polifonías en psicoanálisis, y consta de varios ensayos que unen ambos tópicos de diversas maneras, casi siempre predominando la postura psicoanalítica de orientación lacaniana, obviamente debido a que los ensayos fueron escritos por psicoanalistas, y no por músicos (aunque muchos de ellos manifiestan ser aficionados o cercanos al mundo musical).

Advertiré que no soy muy letrada en psicoanálisis. Leí algunas obras de Freud, y por ahí llegué a leer algo de la Escuela de Frankfurt, pero de Lacan sólo tengo referencias ajenas, como el libro que comento acá, y una recopilación de Jacques Alain Miller.

El primero de los ensayos fue uno de los que más me impresionó. Aborda un tema de suma importancia para la música: el silencio. Una clásica, pero vacía (a mi parecer) definición de música sería: arte de combinar los sonidos según determinadas reglas preestablecidas. Vacía por faltarle muchas dimensiones de la música en sí, por dar demasiado relieve a las reglas (cuando muchos de los grandes músicos se han dispuesto a dedicarse a romperlas), y porque descarta la mitad de la materia prima musical: el silencio, o la contraparte del sonido. Sin silencio no hay música, de eso ningún músico tiene duda.

El ensayo del que hago mención es de Miquel Bassols, de quien recientemente descubrí que lleva un blog personal, y se titula Cinco variaciones sobre "In a silent way". En su blog encontré fragmentos de lo referido en el libro, incluso hay un post que lleva el mismo título, pero no conseguí el material completo. Pueden consultarlo si les interesa leer el texto.

De este ensayo me llamaron la atención dos ideas fundamentales:

  1. La inexistencia de silencio absoluto, y el planteamiento de que los silencios pueden carecer o no de significado.
  2. El hecho de que aparentemente la música surja siempre del silencio profundo, o del deseo de acallar las voces del inconsciente.
En primer lugar, se cita un suceso bien conocido: la experiencia de John Cage en la cámara anecoica. La expectativa de Cage era escuchar el silencio absoluto, conocerlo. Pero para su sorpresa, sí escuchó algo: los sonidos de su cuerpo. Así llegó a la desilusionadora conclusión de que el silencio absoluto no existe, y tendrá que "reformular el concepto mismo de silencio, no como la ausencia de sonido, sino como la ausencia de toda intención de escuchar"*. El silencio pasa a ser aquel conjunto de ruidos que no escuchamos conscientemente. Hablamos de sonido en un sentido sensorial, no físico: las ondas mecánicas producidas por la materia evidentemente existen sin que algo o alguien las perciba y las interprete como "sonido".

En la música, el silencio forma parte de la materia prima para la construcción del discurso. El silencio musical es intencionado, requiere de la voluntad para existir, existir como ausencia de sonido. El silencio pasa a ser entonces algo "simbólico". Una aproximación interesante que nos señala el autor, la cual toma de Lacan, es la existencia de dos tipos de silencio: taceo y sileo (términos tomados del latín).

"El primer silencio, «taceo», es un silencio significante, es el silencio convertido en un sonido que puede ponerse en serie con los otros y que puede escribirse con un símbolo, diferenciarse incluso con diversos símbolos según su duración entre los sonidos, tal como hace la escritura musical. El segundo silencio, «sileo», es el silencio previo o posterior a cualquier sonido y se iguala así al silencio de la pulsión de muerte."**
Así hay una distinción entre el sonido con significado e intencional, que puede formar parte de un discurso, y el sonido absoluto, que no lleva en sí significado alguno (lo de absoluto ya se observó que es imposible, al menos para un ser vivo). El autor hace ver que en la música el sonido significante es utilizado todo el tiempo, pero se limita a los sonidos como duraciones (a las figuras de silencio: silencio de blanca, silencio de negra...), mas no profundiza en este sentido.

Los símbolos no solo pueden cambiar la duración de un silencio, también pueden cambiar la intención. Así, un símbolo anotado a una figura de silencio (como una fermata) puede afectar el comportamiento del intérprete en dicho espacio. La fermata no es simplemente para alargar la duración a placer, este alargamiento hace que necesariamente exista una incertidumbre, que no solo existe en quien interpreta, sino en quien escucha. También existe el silencio de la anacrusa. No la anacrusa como tal, sino la necesaria reflexión del intérprete de sentir dentro de sí la pulsación general de la obra, y entonces proceder a ejecutar las notas precedentes a la primera acentuación. Esta reflexión existe incluso si no hay anacrusa.

Así el sileo en la ejecución musical propiamente dicha, no acaba en el momento en que la música empieza a sonar, sino probablemente en el momento en el cual el cuerpo del intérprete comunica la intención de sonido. Dicha intención puede vivirse primero desde la mente del intérprete, y luego desde la perspectiva del público. Pero dicha intención no solo se imagina, se comunica con la actitud, con el movimiento corporal y con la respiración. 

Sería interesante estudiar el caso concreto del director coral u orquestal. El director permanece en silencio, pero en su silencio, y simplemente con su gestualidad, debe transmitir un plan de ejecución sonora, debe "hacer sonar" a la agrupación musical de una manera u otra, debe ser la "mente maestra" y silenciosa que da vida a la intención de lo que harán sonar los otros.

El sileo vendría a ser ese mar, ese lienzo vacío sobre el cual se construye, no el sonido, sino la intención sonora. Se anularía tal vez con la intención, más que con el sonido como tal. Y un ejemplo citado por el autor de ese silencio intencionado es la obra 4'33'', la cual consiste en 4 minutos y 33 segundos de silencio, del intérprete montado en escena en absoluto silencio. Un artículo interesante de esta obra lo pueden encontrar en este enlace.


El segundo punto es abordado desde la historia de la obra In a silent way (que diera el nombre al artículo), de Miles Davis. Se supone que el autor a través de ella quiere aproximarse al silencio, y no sería el único que buscase tal empresa. Hay una actitud algo obsesiva del músico hacia el silencio, como si éste fuese el sonido magnánimo, el dios solemne del discurso sonoro. El autor nos habla de la anécdota del compositor, y se apresura a decir que éste estaría componiendo sobre la ausencia de un gemelo perdido.

Lo interesante es el hecho de escribir desde la ausencia, hacer música para ofuscar el silencio o la ausencia del objeto deseado o añorado. Recuerdo que yo decía en Twitter que más hacen escribir los amores platónicos que los amores reales, y esto tiene mucho sentido. Poniendo las cosas desde una prespectiva muy personal, es desde la ausencia que se hace la mejor música. La música empezó a interesarme a partir de una gran frustración, y no dudo que haya sido así en muchos casos.

Sonar, hacer ruido, es un acto en el cual se acallan los pensamientos y sentimientos. ¿Surge la música del ruido insoportable de la ausencia, del ruido insoportable del silencio? Es una afirmación imposible de universalizar, pero no deja de ser plausible.

Pinturas blancas de Robert Rauschenberg.
Podría decirse que constituyen un equivalente pictórico de 4'33''

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* Autores varios. Polifonías en psicoanálisis. Editorial Ponaire. Caracas, 2010. p 13
** Ob. cit. p 16
Blog de Miquel Bassols.
Entrada publicada también en Panfleto Negro.

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jueves, 6 de diciembre de 2012

A propósito de los propósitos

Uno de los grandes argumentos del paradigma deísta, y un tema muy tratado por la filosofía desde tiempos muy antiguos, es el del "propósito de la existencia". No tengo pretensiones de rebatir aquí posturas de grandes maestros ni de exponer una historia de la teleología. Simplemente, pretendo exponer un punto de vista personal. Personal no quiere decir que no tenga influencias, pero no me detendré a buscarlas o citarlas.
Una pregunta que siempre queda en el aire cuando debato con gente de creencias deístas es: "¿Entonces, según el ateísmo, estamos aquí para nada?" "¿Nuestra existencia no tiene ningún propósito?" "Eso es imposible", dicen.

Creo firmemente que la necesidad de un "propósito" es meramente psicológica. Nuestra estructura de llevar a cabo las acciones y proyectos, que aparentemente siempre tienen un "para qué" nos hace pensar que no podemos estar aquí "a causa de nada" y, además, "para nada".

En primer lugar debo aclarar que como ateísta que soy, no creo que estemos aquí "a causa de nada". Ni más faltaba. La diferencia está en que creo que las causas fueron múltiples, complejas y caóticas. Propósitos, a lo mejor los hubo en determinados puntos de la evolución, pero un "propósito general", un "objetivo general" a la usanza de las tesis de investigación o de los proyectos humanos, eso no existe. Además me gustaría que alguien me dijera más o menos cuál podría ser un "objetivo de la existencia", sin que éste constituya una generalización y por lo tanto, limitación de lo que podemos ser o hacer. La mayoría no se atrevería a contestar esta pregunta, mientras se limitan a decir que dicho propósito "hay que descubrirlo" o que "no podemos saberlo, y sólo dios sabe lo que hace".

Si somos producto de causas múltiples, nosotros mismos constituimos una causa, cada uno de nosotros, nosotros cuando nos unimos, y nosotros como especie. Pero la manera como afectamos nuestro entorno, y los propósitos que nos trazamos adrede son tan múltiples y complejos que casi siempre se nos escapan de la voluntad. Como especie somos causantes de muchas cosas, pero casi nunca nos ponemos de acuerdo en algún propósito. ¿Hemos logrado alguno? Podría decirse que uno que otro, por citar un ejemplo, la erradicación de la viruela. Ahora podemos decir que somos capaces de ponernos de acuerdo en algo, aunque no lo demostremos con mucha frecuencia.

Si de "objetivos generales" vamos a hablar, podemos poner como ejemplo al individuo. ¿Podrías decir que toda tu vida, todas las acciones de tu vida, todas las decisiones que has tomado, responden a un solo propósito general? No sé si tú puedes, pero yo no. Nuestra personalidad es compleja, y nuestras acciones responden a tan diversos factores que creo que esto es imposible de concebir. A menos que hablemos de un "objetivo" genérico como "alabar al señor" o "cumplir con el plan de dios", que dicho sea de paso, nadie parece conocer o ponerse de acuerdo en cuál es, y más bien parece ser una excusa barata para que cada quien y cada religión cumpla con sus propios "objetivos", bien concebidos aquí en el plano terrenal.

Si el universo entero tuviera un objetivo, no sería él tan creativo y a la vez tan destructivo. Para qué tendría necesidad de estar transformando su energía tan constante y violentamente. Para qué habría la necesidad de que estructuras tan vulnerables como nosotros llegasen a existir. No hay un para qué. Y quienes insisten en que lo hay, siempre recurren a cosas cuya existencia no está sabida. Entonces dónde está la fuerza de ese "para qué".

La creación casi nunca tiene un objetivo preciso. Todo el que sea creador lo sabe. Todo el que estudie la evolución de los seres vivos lo sabe. La creación es espontánea, desenfrenada, y el material que se descarta siempre supera al que llega a trascender. La supervivencia es una manera de trascendencia. Seguimos existiendo, causando, dejando huellas y perpetrando nuestro material genético. Y precisamente, debemos tener cuidado de no seguir trascendiendo, de no seguir creando frenéticamente.

A veces no sé a qué teme más la gente, si a no tener propósito, o a tener que cargar con la responsabilidad de que son ellos mismos quienes crean sus propósitos. Porque eso es lo que yo creo. Los propósitos de la existencia existen, pero es quien existe el que los decide y ejecuta las acciones pertinentes para llevarlos a cabo.

Otro peso difícil de soportar es la cantidad increíble de acciones que realizamos y de pensamientos que tenemos que no parecen tener propósito alguno. Pero es que como dije, somos creadores frenéticos, tales como el universo del que somos parte. El problema está en que intentamos convencernos de que todo es intrínsecamente pragmático. Yo más bien me regodeo en las inutilidades. Ellas son las que más me llenan.

Imagen: Full Circle Quirk

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martes, 11 de septiembre de 2012

Existencia nauseabunda

Retomando la onda de la lectura que descuidé un poco en estas vacaciones, pretendo escribir algo sobre el libro que me ha tenido sumida durante casi un mes. Quizás más por inconstancia que por otra cosa. Se trata de La Náusea de Jean Paul Sartre.

Sartre despertó mi curiosidad hace poco tiempo. Sin embargo, el existencialismo ha pasado a ser una de los movimientos filosóficos más importantes en mi pensamiento personal. Uno siente esa "química" de repente. La premisa fundamental de que "la existencia precede a la esencia", constituye para mi persona una especie de hito, y con él se borra toda necesidad de teleología alguna, esa molesta cosa de la que siempre había querido desembarazarme por completo. No queda entonces nada más que existir, y construirnos a través de esa existencia.

Pero la existencia puede ser muy tortuosa. Y todos los que existimos lo sabemos. El primer texto de Sartre que me recomendaron fue esta novela. A pesar de ser una historia ficticia, a través de su narración nos hunde en esa sensación que sentimos más veces de las que quisiéramos, ese hastío de existir.

Considero que no tengo nada importante que decir o criticar del texto. Solo diré que a ratos me hace ponerme existencialista. Su discurso me ha contagiado el pensamiento, y muchas de sus reflexiones me han impresionado.

Una de ellas es la reflexión en torno al presente. El presente es lo único que existe. Cualquier vista del tiempo hacia el pasado o hacia el futuro resulta una falacia. Recordar o fantasear son dos cosas que en nada se parecen al presente, a la existencia. Las cosas pasan en un sentido, y cuando las contamos o fantaseamos sobre ellas ya sabemos el final, por lo cual nunca son iguales a como son vividas. Recuerdo que hablaba de algo parecido en el post Metáforas que favorecen al deísmo, y eso me impresionó. Planteaba que la gente siempre comete el error de pensar que la forma cómo son las cosas es la única forma posible, y se olvidan de qué fue primero y qué después, cayendo en el error del determinismo absoluto. La vida en retrospectiva parece mucho más interesante, pero la realidad, es que es lenta y a veces tortuosa.

Otro aspecto que me ha llamado la atención de este libro es el discurso sobre la música. Esa idea de que la música es lo único que se regocija en su muerte, la música necesita morir. A veces pienso que yo era existencialista desde antes de leer a Sartre.

Esta reseña habrá de parecerles un poco personalista. Pero no hallo otra manera de existir, sino desde mí misma. Y creo que ya no tengo más nada que decir. Si quieren saber más sobre el texto, mejor búsquenlo, y existan junto a él.

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lunes, 6 de agosto de 2012

Nietzsche contra el cristianismo

Todos los caminos llevan a Nietzsche. Al menos para mí. Aparte de ser una de las referencias clásicas del ateísmo filosófico, fue un hombre que sin duda amó el arte musical, y le dedicó bueno parte de su pensamiento y de su obra. Pero el libro que leí de él tiene más que ver con el primer tópico. Es una dupla, con dos textos fundamentales de él: El Anticristo & Ecce Homo, pero además trae otros textos breves del autor. Esta vez he leído El Anticristo, y con gran osadía me atreveré a comentar algo de éste. 

Confieso que leyendo este texto he reconocido aspectos de Nietzsche en los que no me había fijado anteriormente. Al menos no lo suficiente. Uno de ellos es su excesiva masculinidad, masculinidad del discurso, que se expresa a través de la obra como un amor a la actitud soberbia y viril, como afirmación de la vida. Esta masculinidad muchas veces se desborda, y raya en la misantropía, pues el filósofo tenía a la mujer como un ser débil y mediocre intelectualmente. 

Otro aspecto es que en realidad su pensamiento es bastante positivista. Aunque tantas veces se quiera hacer ver lo contrario. Muchas veces se juzga burdamente su filosofía, por su ateísmo (como negación de Dios), y se pretende que con esta negación, así como su cuestionamiento constante de los conceptos de “verdad” y de “moral”, suponen una negación de la vida, o mejor dicho, una negación de las cosas que comúnmente son tenidas por las masas como aquéllas que “le dan sentido a la vida”. Pero el mismo Nietszche niega en todo momento que esto sea así. Es más, para él la negación de Dios y de la vida “del más allá”, supone finalmente una afirmación de la vida misma. Habla de la humanidad como algo grande y de cómo la superación de la cristiandad finalmente llevará al hombre al camino de la ciencia, de la organización y de las más bellas y elevadas artes. Otro síntoma de su positivismo es por supuesto, su gran admiración hacia Grecia y Roma (así como al Renacimiento), que para él fueron las cumbres de la civilización humana organizada y encauzada por el camino de la ciencia, y que fue destruida (Roma) por el levantamiento del movimiento cristiano que elevó la fe por sobre todas las virtudes, y convirtió el conocimiento en el más fundamental de los pecados. 

Otra dimensión de él que me sorprendió es su darwinismo. Considerando que él es prácticamente contemporáneo con Darwin, las ideas de la selección natural afectan profundamente su visión de la naturaleza y del hombre, pecando muchas veces (en mi opinión), de caer en el darwinismo social, considerando que unos hombres están hechos para ser superiores a otros, algunos intelectualmente, otros físicamente, y que éstos “naturalmente” deben constituir una aristocracia que debe ser respetada por el vulgo. Sin embargo recalca que el vulgo, o “los mediocres” son absolutamente necesarios en el progreso de una sociedad, y que es necesario que sean mayoría. De estas ideas se desprende directamente su aversión al socialismo. En cierta forma, compara al cristianismo con el socialismo (nota personal: ¿acaso el caudillo gobernante de por estos lados no está tan equivocado al respecto?), en el sentido de que ambos constituyen un levantamiento contra la aristocracia y la desigualdad, y en cierta forma están fundamentados en la envidia, la decadencia y el sentimiento de venganza contra las clases superiores. Muchos “cristianos” se ofenderían profundamente con esta idea siendo que son en su mayoría grandes conservadores (y anticomunistas); el problema es que el cristiano de hoy en día no es tan cristiano como es católico, y como mencionaré más adelante, Nietzsche pretende demostrar que la Iglesia misma es contradictoria de la doctrina de Jesús. Por otro lado, ni hablar de que Marx era ateo. 

Ahora bien, hasta aquí he expuesto estos aspectos de un modo bastante resumido. A lo largo del texto aparecen con variados matices. Ahora vamos a lo que nos atañe: hablar un poco de su contenido fundamental. 

El Anticristo está atravesado por una premisa fundamental en la que estoy totalmente de acuerdo con el autor (nótese que hasta ahora no había hecho tal afirmación). Y es la idea de que el cristianismo es una negación de la vida. De la vida terrena, la vitalidad absoluta. A través de varias ideas, así se demuestra en esta religión. Una de ellas es la compasión o la misericordia en que está basada. Para Nietzsche, dicha compasión es una adoración de la debilidad, de la enfermedad y de la decadencia. Así mismo, resalta el hecho de que la Iglesia siempre ha sido enemiga de todo aquello que sea bueno para la vida: es enemiga del placer, de la vitalidad, de la belleza, de la soberbia y de la búsqueda del conocimiento. Nos recuerda el mito primigenio de la expulsión del hombre del Edén, por causa de comer el fruto del Árbol del Conocimiento. Muchos asocian este mito también a un comportamiento sexual, por el hecho de que es la mujer quien incita al hombre a pecar. ¿Y es que acaso el sexo es malo para la vida? Ambas metáforas, a mi parecer, son deplorables. Creo que la analogía con el sexo no es totalmente necesaria. La Iglesia, literalmente, ha sido en toda su historia enemiga del conocimiento. Aunque hoy en día se disculpe tantas veces. Aún hoy, hay gente que quiere sacar a sus hijos de las escuelas porque no les enseñan el “creacionismo” o el “diseño inteligente”. Cuán desilusionado estaría Nietzsche. 

Otra idea cristiana fundamental, y la única que el filósofo acredita al mismísimo Jesús de Nazareth, es la idea del amor incondicional. Amar al mal, amar al enemigo, amar a todos por igual. Dice muy lúcidamente: 

“El amor es aquel estado en que el hombre está más propicio a ver las cosas diferentes de lo que son en realidad. La fuerza de la ilusión alcanza entonces un grado superior, y lo mismo la fuerza dulcificante y la fuerza glorificadora. El amor hace soportar mucho, lo sufre todo.” (p. 32)* 

El amor supremo, la tolerancia suprema hacia el otro, constituye una actitud pasiva, que según Nietzsche, fue la actitud que siempre tuvo Jesucristo. Incluso con su muerte en la cruz, sin oponer ningún tipo de resistencia a sus enemigos, así lo demuestra. Cristo presenta pues, un estilo nuevo de vida, en el cual todos los hombres deben ser considerados iguales, “todos somos hijos de Dios”, y con lo que mencioné en los párrafos anteriores, podéis imaginar que esto para él es una perversión. En sí misma, esta idea, no admite la idea de justicia. Así mismo, no admite la idea de resistencia, de lucha, tan importante en la búsqueda del conocimiento y del orden social. Pero para Nietzsche es ahí donde reside la gran contradicción del cristianismo: las ideas de Jesús se oponen totalmente al Dios del Antiguo Testamento, todopoderoso y castigador, y también son contrarias a todo lo que es la estructura de la Iglesia. Según él, las actitudes agresivas de Jesús fueron reescritas más adelante (sobre todo por San Pablo), para poder ejercer control sobre las masas, e incitarlas a rebelarse. Así se funda la Iglesia, se inventa el pecado, y se da a la gente la esperanza del Reino de los Cielos más allá de la vida (según este libro, el autor considera que Jesús predicaba realmente que el Reino de los Cielos está en la Tierra, y que se alcanza mediante el estilo de vida que él mismo ejemplificó); y se toma como símbolo fundamental del cristianismo el sufrimiento y muerte de su profeta: Jesús en la cruz, y se inventa la historia de la Resurrección, pues sin ella, no habría una esperanza histórica que fundamentase su movimiento. 

Así destruye las tres principales virtudes del cristianismo: la fe, la esperanza y la misericorida o caridad; y el principio fundamental del que habló Jesucristo: el amor al prójimo. 

Una idea fundamental de este texto, en la que tengo cierta desconfianza, además viviendo en la época en que vivo, es la premisa de que no todos los hombres tenemos los mismos derechos. Es lógico que exista una idea así en un pensamiento aristocrático como el de él. Pensaba que los derechos son privilegios. Con esto, sumado a su aversión ideológica hacia el judaísmo (que expresa todo el tiempo sin decoro), no me extraña en lo absoluto que algunos nazis le tomaran como referencia. Pero es una mala interpretación. Además, en este mundo ya teñido por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, a veces se interpreta cualquier tipo de antisemitismo como nazismo, cuando no es necesariamente así. Ahora, no crean que lo estoy justificando. Yo, hasta el sol de hoy al menos, creo en los derechos universales del hombre, y en que todos los hombres son igual de humanos. Sin embargo la igualdad de derechos, es para que podamos convivir con nuestras desigualdades inherentes, y hablo de desigualdades, no de injusticias. Este es un debate que merecería un libro completo: ¿dónde acaba el límite de la desigualdad y comienza el de la injusticia? Porque igualdad y justicia no son lo mismo. 

Por último les dejo dos citas, que me llamaron la atención especialmente, porque responden a dos cuestiones que normalmente se nos atraviesan a los ateos: una de ellas es si el ateísmo está basado en realidad en la falta de pruebas acerca de Dios, y otra si la religión es beneficiosa o no para la humanidad. 

“El hecho de que nosotros no hallemos a Dios ni en la historia ni en la Naturaleza, no es lo que nos separa: es el no experimentar el sentimiento de lo divino hacia aquello que es tenido por Dios, es hallar eso lastimoso, absurdo y perjudicial, y ver en ello, no sólo un error, sino un atentado a la vida. Nosotros negamos a Dios, en cuanto Dios.” (p. 57) 
“La Iglesia cristiana no ha economizado la corrupción en ningún sitio; de cada valor ha hecho un sin valor; de cada verdad, una mentira; de cada integridad, una vileza. ¡Que se atrevan a hablarme todavía de sus beneficios humanitarios! Suprimir una miseria era contrario a su comercio; vive de miserias y ha creado miserias para eternizarse.” (p. 77)*

* Las cursivas son del autor.
* Nietzsche, F. El Anticristo & Ecce Homo. Traducción: Enrique Eldestein. Ediciones Brontes. España, 2009.
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martes, 24 de julio de 2012

Desprendimientos

I.
Yo creo que el ser humano es esencialmente obsesivo y aferrado. A lo mejor lo creo porque yo soy así. Sin embargo es interesante cómo las filosofías orientales ven en el desprendimiento de las cosas terrenales la elevación del espíritu. Hace algún tiempo, me impresioné por un artículo que salió en alguna revista dominical sobre los mandalas de arena tibetanos, alrededor de los cuales los monjes hacen todo un ritual, en el cual dibujan una figura y la rellenan cuidadosamente y entre varios con arenas de colores, para finalmente destruir la obra, y simbolizar con ello el principio de impermanencia reinante en el universo.

Lo que más me impresiona de esto es la concepción artística alrededor del ritual, en el cual se lleva a cabo una hermosa obra, y finalmente se destruye. Un concepto del arte diametralmente opuesto al de occidente, donde la relación del artista con su obra puede llegar a ser totalmente fetichista, fetichismo encarnado al máximo en el extremo del mito de Pigmalión, enamorado de su estatua, y que por gracia de los dioses, acaba cobrando vida.

Pero el arte del día a día nada tiene que ver con esto. Decía Nachmanovitch en su libro "un artista se mide no por la cantidad de material que publica, sino por la cantidad de material que descarta". Y sin embargo, aunque mucho descartemos, pareciera que el arte solo vive en el momento que la creamos, que la elaboramos, mejor dicho. Pero una cosa es crear una obra, y otra contemplarla al día siguiente. Podemos enamorarnos de ella, obsesionarnos con ella, pero también podemos sentir una aversión tan grande hacia ella, que acabemos destruyéndola.

Los monjes tibetanos en sus mandalas hallan un punto neutral. Es quizás en la brevedad que hayan dicha neutralidad. Crean la obra, y seguidamente la destruyen. Ya no habrá oportunidad de volver a contemplarla, ni de desarrollar sentimientos extremos hacia ella. Ya vivió, ya existió, ya murió. Mientras tanto los occidentales hacen récords de las canciones más repetidas en la radio, tienen museos de obras milenarias, y hacen constantes mantenimientos de las viejas obras arquitectónicas. Obviamente los mojes tibetanos no destruyen sus templos, pero saben que al final, en algún punto del tiempo, todo es perecedero, y no conservan la mínima esperanza de que algo no lo sea, y tratan de recordárselo a sí mismos cada día.

II.
Yo con mi arte soy muy occidental. Soy predominantemente fetichista. Y con mis pensamientos y gustos soy predominantemente obsesiva. Sólo que mis obsesiones van cambiando todo el tiempo, se van moviendo, y a veces las obsesiones del pasado no sólo las considero olvidadas, sino que también desarrollo cierta aversión hacia ellas.

Me considero artista desde que nací. Nadie tiene que certificarme para ello. Considero que todos lo somos, cada vez que hemos garabateado: notas, palabras, rayas, lo que sea. Tengo buenas dotes para el dibujo, y en mi adolescencia solía dibujar mucho. Ya no lo hago. Llegué a tener una caja de ciento y tanto de creyones, y resmas de dibujos hechos por mi. Los temas solían ser obsesivos. Alrededor de los diez y once años gustaba mucho de un comic japonés archi-conocido, llamado Sailor Moon. Y de Sailor Moon hice dibujos como nunca los he hecho de nada más. Imaginaba un motivo general y lo repetía con las cinco "sailors". Así en una sentada hacía fácilmente cinco dibujos. A veces hacía dibujos colectivos y les dedicaba más. Normalmente rellenaba toda la hoja de color, y si era hecha con creyones, lo que me gustaba era afincarlos. Al final me podían doler los dedos. Cada tanto iba a la librería a sustituir los creyones ya gastados de mi caja. Perfeccioné mi técnica dibujando a las muñequitas de ojos grandes y faldas cortas de colores.

En dos años debí haber acumulado una resma o más de dibujos de Sailor Moon. Si viajaba, los llevaba conmigo, y hacía algunos nuevos. A veces los llevaba al colegio y alardeaba de ellos. Fetichismo occidental. 

Un día, sin tener alguna razón muy específica, vi el montón de dibujos, y los detesté. Sentía que me estorbaban, que eran demasiados, y los primeros me parecían de poca calidad, horribles. Así que después de haber carreteado tanto tiempo con los dibujos de Sailor Moon, de pronto los tiré a la bolsa negra, para no volver a verlos jamás. A veces me acuerdo de ellos. 

Es el acto de desprendimiento más grande que recuerde haber hecho.

III.
Más o menos a los 16 años dejé de dibujar paulatinamente y empecé a escribir letras y música. Al empezar la universidad ya nunca hice un dibujo con la dedicación de antes.

Descubrir la música poco a poco, me hizo madurar en muchos sentidos. Y uno de los aspectos más importantes de la música es la impermanencia. Hacer música es parecido a hacer un mandala tibetano. Se empieza la obra, se va haciendo, y a medida que se va sucediendo, la conducimos a su muerte. Cada vez que tocamos, destruimos una obra.

La música en sí misma es demasiado perecedera. Y los occidentales son los únicos que han pretendido inmortalizarla. Y han tenido la ilusión de lograrlo. En primer lugar, inventaron la notación musical, mediante la cual la música "se puede escribir". Se escribe un código, una maqueta, pero sin alguien que ejecute el proyecto, la música no existirá. Cada interpretación es una obra, y siempre muere. La música clama la necesidad de muerte. Todo el que ha estudiado armonía o formas y análisis, lo sabe. Todo el que ha compuesto una obra, lo sabe. Y todo el que ha ejecutado un solo improvisado, lo sabe. La música exige morir, y nosotros tenemos que llevarla a la muerte.

Luego aparecieron las grabaciones de audio. Y así finalmente hemos logrado ser fetichistas con la música. Lo irónico es que yo muero por grabar la mía. Eso me da la ilusión de más trascendencia. 

Lo cierto es que la trascendencia es algo que puede ocurrir todos los días, en los actos mínimos. La trascendencia no está en la inmortalidad. La trascendencia es una consecuencia de la existencia, y la existencia es impermanente.

Sin embargo, al parecer la única forma de que la cultura en sí misma exista es a través de la memoria y de la superposición de conocimientos.

Mandala en ejecución. Pienso que si ha sido fotografiado, ha sido despojado de su esencia.
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miércoles, 4 de abril de 2012

Metáforas que favorecen al deísmo

Hace algún tiempo un compañero me pasó un video en respuesta a un debate que ni recuerdo cómo se originó, pero él pretendía contradecir un poco la tesis de que la Tierra no es un planeta especial. Para ello me sugirió que buscase un documental titulado El planeta privilegiado. Así que decidí verlo.

A medida que el documental avanzaba, me molestaba más y más. En toda su duración lo que se hace es plantear la idea de que si alguna de las pequeñas variables o condiciones alrededor de nuestro planeta, nuestro sistema solar, nuestra galaxia y nuestro universo fuesen movidas, la vida en la Tierra no sería posible. Esto puede ser totalmente cierto si lo vemos de esa manera. El universo es complejo, mover una sola variable es derrumbar el equilibrio tal cual existe, y a lo mejor ese camino nos llevaría a otro equilibrio totalmente diferente. La conclusión del documental es, nada más y nada menos, que "nuestro universo es una máquina perfectamente calibrada". La visión mecanicista del mismo salta a la vista nada más con esta afirmación. Y el mensaje subyacente está claro: para que una máquina esté "calibrada" tiene que haber un "calibrador".

A unos 6 mil millones de kilómetros de distancia, el
Voyager volteó a mirar la Tierra. Ese punto en el halo
de color amarillento, es la Tierra. Esta imagen inspiró
el título del libro Un punto azul pálido de Carl Sagan
El lenguaje a través del cual nos expresamos, incluso a veces científicamente, favorece la teoría según la cual el universo fue creado por una mente maestra. Nadie nunca ha podido demostrar que así fuere, pero nuestro lenguaje lo sugiere todo el tiempo.

En primer lugar, nos hacemos todo el tiempo una pregunta que considero, es estúpida: ¿Por qué las condiciones del universo al que pertenecemos, de la galaxia en que vivimos, y del planeta en que estamos, son perfectas para la vida que aquí habita? Responder la pregunta no requiere necesariamente de explicaciones estadísticas. Para mí la pregunta en sí es una trampa, es sencillamente ver las cosas al revés. No es que el universo y la Tierra estén hechos para nosotros. Si nosotros surgimos y evolucionamos en este Universo y en esta Tierra ¿no es lógico que estemos hechos para vivir en ella? Fue la vida la que surgió en las condiciones del planeta, y que se adaptó a lo largo de los años. El Universo fue primero, después la Tierra, después la vida, después nosotros ¿Por qué entonces hay que pensar que el Universo y la Tierra fueron hechos para nosotros, si fuimos nosotros los que vinimos después? Nosotros somos el resultado de miles de millones de años de historia, de fomación de materiales, de galaxias, de planetas y luego, de la formación de los organismos vivientes fundamentales, y de su evolución. Sé que las condiciones de la Tierra a lo mejor son sumamente raras, pero ¿acaso tenemos las evidencias suficientes para afirmar que estas son las únicas condiciones en las cuales pueden surgir formas de vida? Hay que tener en cuenta en primer lugar que las formas de vida de nuestro planeta son las únicas que conocemos. Muchos científicos incluso se preguntan si existe la posibilidad de que encuentren un lugar donde la vida exista, y no la reconozcan.

Un error común fundamental de la visión deísta del Universo es concebirlo precisamente como una "máquina". ¿Qué es una máquina, tal como nosotros las conocemos? Una cosa hecha por el hombre, que sirve para cumplir algún propósito específico, que depende del hombre para su funcionamiento y que puede presentar fallos a lo largo de su vida útil. Cuando se traspasa la metáfora de la máquina al Universo, se están traspasando sus características: fue hecha por una mente maestra, tiene un propósito, depende de la mente maestra para funcionar, e incluso para algunos tiene sus fallos, pero que rara vez son culpa de la mente maestra; más bien es la máquina la que parece rebelarse, o alguno de sus componentes, por ejemplo, el hombre. El Universo como fina máquina es una metáfora peligrosa. Y el Universo no se comporta como tal cosa.

Ya escribí una vez en un post, que la complejidad del Universo no puede ser obra de una sola mente. Esta complejidad solo puede ser posible por la confluencia de infinitas fuerzas que caóticamente han devenido en patrones específicos. El caos existe, pero no puede existir perennemente. Cuando varios elementos se encuentran en un sistema caótico, acaban formando patrones. Un ejemplo clásico de esto es el de los martillos en una construcción. El repiqueteo de los martillos de los obreros es caótico, y sin que haya intenciones de ello, se produce una sincronicidad espontánea, que puede ser o no al unísono.

El Universo no fue creado, sino que está en constante creación. El Universo es creativo por su propia naturaleza. Hace relativamente poco tiempo leí un hermoso artículo, que expone cómo la creación puede ser vista de dos formas diferentes: desde el creador autoritario, que prentende controlar todas las variables (y a quien él compara con un arquitecto); y desde la creación espontánea, en la cual hay un germen, que por las variables del sistema sigue su evolución, que nunca es totalmente predecible (que él compara con la jardinería). El autor habla del arte. Pero no en vano sus ideas de la creación espontánea surgieron de las ideas cibernéticas, de las teorías de la complejidad y de la idea del caos. También menciona el por qué él cree que la gente es tan escéptica con la teoría de la evolución: "Todo el choque que produce la evolución darwiniana viene de que la simplicidad se convierta en complejidad. Para nadie es obvio que algo así deba suceder." Ése es el problema, que tradicionalmente, por las fuerzas que impone el lenguaje en nuestro pensamiento y en nuestra cultura, tenemos la tendencia a pensar al revés. Y es lógico, porque al hacernos la pregunta sobre el origen de las cosas, o sobre la causa de los efectos que vemos, siempre miramos desde el presente hacia el pasado. Pero en ese proceso se nos olvida que la causa fue primero, no el efecto. Y también se nos olvida que no todas las causas son deterministas, menos aún cuando hay una gran cantidad de variables, lo que quiere decir que un sistema idéntico puede devenir en resultados diferentes. Y siempre pretendemos que el resultado que vemos fue el único posible, cuando no necesariamente es así.

Un concepto nietzscheano que me encanta es el de la fatalidad. También el del devenir. Fundamentalmente se trata de esto: Las cosas no pasan porque tenían que pasar, sino porque de algún modo tenían que pasar. Si en un sistema hay cosas interactuando, se generan influencias y tensiones que hacen que el mismo evolucione. Pero esa evolución puede devenir de diferentes formas, solo que es imposible que lo haga de varias formas a la vez, entonces, de alguna forma tenía que devenir. Y no por ello tenemos que pensar que el sistema estaba programado para llegar a su forma actual. Simplemente era una de las formas posibles, y fue la que acaeció, por el comportamiento de las variables, por las influencias externas, etcétera.

Otro problema común, por el cual se favorece al deísmo, es el de la causa última. Si todas las cosas tienen forzosamente una causa, y no puede pensarse que éstas son infinitas, tuvo que haber una acción primigenia, una causa original, de la cual provino el Universo (yo vivo tranquila con el de las causas infinitas, pero no hay pruebas de ninguna de las dos visiones). Se alega pues, que esta causa última es "dios". El problema es ¿por qué llamar a la causa última "dios"? Es un condicionamiento lingüístico, que atribuye a la causa última poderes y características que no se sabe si tiene. "Dios", como vocablo, en primer lugar denota a un ser, consciente. Si los seres somos el resultado de miles de millones de años de evolución cósmica, dudo que la causa última fuese un ser, mucho menos una voluntad. Segundo, "dios" como tradicionalmente ha sido visto por la humanidad, es una autoridad, tiene poder y vigila nuestros actos. ¿Por qué la causa última del universo tendría atribuciones éticas algunas? Es evidente que, no solo la causa última, sino todas las subsiguientes causas viven dentro de la historia de todas las cosas que conforman este universo. Pero desconocemos esa causa. ¿Por qué hay la necesidad de ser "deísta" para creer en una causa última? Yo soy atea y puede creer que hubo algún inicio. Pero de ese inicio las cosas evolucionaron ASCENDENTEMENTE (creación espontánea), no DESCENDENTEMENTE (creación autoritaria), como suele ver el criterio deísta. Lo que llamas "dios" hace referencia necesariamente a una mente maestra, a un diseño premeditado, o esa es la acepción de "dios" que tiene la mayor parte de la humanidad. Yo creo que de la causa primigenia surgió un efecto (¿o varios?), y que los efectos se multiplicaron de una forma incontrolada, caótica, y de ese caos surgieron los patrones que dieran origen y evolucionaran hacia lo que existe hoy. Y soy atea, porque creo que la idea de "dios" es errada por todas las atribuciones que se le ha dado en toda la historia. El vocablo "dios" es un estorbo para poder llegar realmente a la causa última. Ser deísta es bastante cómodo en este aspecto, cada quien le da un siginificado diferente al término "dios", lo que lo convierte en una idea flexible, subjetiva, que puede ser sustituida por miles de ideas reales, medibles y demostradas.

Muchas veces el lenguaje científico "nos lleva a dios". Hay expresiones que son una trampa. Por ejemplo el concepto de ley científica. Es muy interesante que al buscar el concepto en Wikipedia, salga esto:
Los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes en ciencias se describen mediante una proposición lingüística o ley científica, que es un planteamiento de los hechos en toda su complejidad. Con la ciencia experimental comienza la indagación de leyes científicas vinculadas a los distintos fenómenos.
Fractales: la geometría de la complejidad
Fuente: Wikimedia Commons
Dice "los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes". También se menciona más adelante que hay leyes deterministas y leyes probabilísticas, es decir, no todas son causales. Sin embargo la metáfora de "la ley", es interpretada como "el Universo funciona según leyes inexorables", el problema es que se está pensando implícitamente que las leyes fueron pensadas o establecidas antes de la existencia del Universo o justo en su inicio. Por qué más bien no pensamos que el Universo evolucionó de esta manera y a medida que se complejizaba se formaron patrones de comportamiento, que son los que hoy en día medimos y expresamos según nuestro lenguaje, y llamamos leyes. El problema es que pensamos en leyes humanas: fueron redactadas por alguien y son inquebrantables (sabemos que se pueden quebrantar muy fácilmente, pero ése es el ideal social).

Los patrones son espontáneos. No necesitan ser diseñados para existir. No entiendo cuál es el problema de la gente en aceptar que el caos genera orden. Aquí hay un ejemplo de un experimento. Yo particularmente prefiero remitirlos a Fritjof Capra. Lean La trama de la vida. Es es un libro que me cambió la vida a mi. Desgraciadamente lo presté y no me lo han devuelto. Aquí encontre una copia, es mi regalo para todos los que lean este post. Allí Capra menciona muchísimos otros experimentos que confirman que los patrones son espontáneos. Y tranquilos, que yo misma no sé si Capra es ateo o no. Él nunca fija su posición al respecto.

Y no olvidemos que en el siglo XX se llegó a la conclusión de que la ciencia no es absoluta, y que no puede serlo, porque el observador afecta mecesariamente al objeto observado. Tengan cuidado con sus posiciones epistémicas, pueden estar contaminando al objeto más de lo necesario.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Del catolicismo al ateísmo: Entrevista de @enjovior

Hace poco tiempo me contactó un estudiante de periodismo, para participar en una serie de interesantes entrevistas. Su nombre, Enmanuel Villalobos (@enjovior), quien está llevando a cabo esta serie, para estudiar el fenómeno de la deserción católica. Lo explica un poco en su primera entrevista.

A mí el fenómeno religioso en general me parece bastante interesante, y hablar de mi ateísmo por primera vez en una entrevista resultó una gran experiencia. Nos citamos en un lugar público al norte de la ciudad. Me encontré con él y con su simpática compañera Meryoli Arias. Nos sentamos a conversar, tomamos un café, y arrancamos con el diálogo. Ambos me parecieron personas muy críticas con el periodismo actual en el país, cosa que me gustó bastante.



Hablamos fundamentalmente de mi conversión al ateísmo: en qué momento se dio, cuáles fueron las influencias, cómo sentí la respuesta social a esa conversión; de mi opinión respecto a la Iglesia Católica; debatimos específicamente dos posts de este blog seleccionados por él: Somos polvo... de estrellas y NO a la Ley Evangélica, lo que nos llevó a hablar de ciencia y de laicidad; y luego se me preguntó un poco sobre mis opiniones sobre la deserción católica, sobre el Papa Benedicto XVI y sobre las estrategias de la Iglesia para captar y mantener a sus feligreses.

La entrevista como tal será subida a la web en formato de texto, audio y video. Por razones técnicas, el video no ha podido ser subido, pero ya están disponibles las versiones de texto y audio.

Pueden ver directamente el post de Enmanuel Villalobos haciendo clic aquí.

Pueden leer la entrevista completa:


Pueden escuchar el audio también:




Apenas esté disponible el video, lo insertaré acá también.

Por último, expreso mis más sinceros agradecimientos a Enmanuel y a Meryoli por brindarme esta oportunidad, y espero que podamos comparitr en muchas otras ocasiones, hablando de este o de otros temas :-)

Actualización: Ya se ha subido el video de la entrevista. A decir verdad pensé que sería más largo, pero son solo unos minutos, es decir una muestra, así que si quieren escuchar todo tal como lo dije, remítanse al audio :-)



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lunes, 16 de enero de 2012

En lo que creo

Estoy un poco cansada de leer por aquí y por allá una justificación del ateísmo desde la racionalidad. La racionalidad es buena, no digo que no. Probablemente mi alejamiento de los seres supremos comenzó con algo de eso, con algo de "falta de evidencia" o cosas por el estilo. Pero la verdad es que cuando descarté dentro de mi mente a la estructura "dios" dentro del universo, surgió un pensamiento diferente, que no sólo ha hecho que las cosas parezcan más lógicas, o que mi modo de actuar sea auténticamente más ético, sino que he logrado desvelar a través de los enigmas y de las búsquedas de respuestas un mundo absolutamente más hermoso, y mucho más creíble, y esto es lo que procuraré, de un modo muy breve, explicar. Tengan en cuenta que esto ha surgido de muchas lecturas y que de cada párrafo de estos pudiera surgir un post o una discusión eterna.

Hace poco una persona me preguntó sobre qué pilares fundamento mi ateísmo, y le prometí un post. A lo mejor con éste logre despejar un poco sus dudas. En primer lugar debo decir que el ateísmo es intrínsecamente una negación. Mi pensamiento no está fundamentado en esa negación. Me declaro atea simplemente para definir mi postura religiosa, o mejor dicho a-religiosa, que querámoslo o no, es un aspecto de la persona que aún posee un gran peso cultural. Pero la verdad a mi me gusta más hablar de las cosas en las que creo, que de las cosas en las que no creo.

Sin embargo, todos los seres humanos nacemos inmersos en una cultura, que nos carga la mente de lenguajes, códigos y creencias, e inevitablemente la mayoría de nosotros fuimos educados bajo alguna creencia religiosa, en la cual se nos inculcó una cosmogonía determinada. Uno de los aspectos claves de la religión es esa, la cosmogonía, o la estructura que sus creyentes dan al universo. A mi también me hicieron creer en dios, y debí negarlo. Al desaparecer a cualquier ser superior de nuestras mentes la cosmogonía cambia radicalmente, el universo pareciera urgir de una explicación. A muchos deístas les incomoda terriblemente esta sensación y he visto con mis propios ojos cómo la gente se aterra sólo de pensar que no hay una causa explicable de "todo lo que existe", y prefieren ni asomarlo en sus cabezas.

Por muy racional que actúe un ser humano, el universo pareciera que jamás deja de ser "irracionable". Me refiero con esto a que nuestra mente es una incapaz ante el gran cosmos, y las respuestas que creemos encontrar por lo general conllevan a nuevas preguntas. Esta infinitud de las causas también parece molestar a mucha gente, y pareciera que no pueden vivir en paz sin una "causa última", aunque ésta ni siquiera esté probada. Yo simplemente acepto que las causas son infinitas, y que este es uno de los encantos del universo.

El universo resulta bello e inquietante, pues, porque siempre tendrá enigmas para nuestra frágil y pobre mente. Su inmensidad e imposibilidad de ser aprehendido por nuestras circunvoluciones le hace hermoso.

Muchas veces me han tratado de hacer ver que un mundo tan complejo y rico como éste sólo pudo haber sido ideado por una mente maestra. Es uno de los argumentos que considero más absurdos, pues ¡por el contrario! Este cosmos con su diversidad, con su riqueza, con su infinidad de elementos, con su variedad de fuerzas, con su complejidad en lo macro y en lo micro, ¿cómo pudo haber sido ideado por una sola mente? ¿Cómo podría haber sido diseñado por un solo individuo? Es precisamente en la infinidad de elementos y fuerzas que en él se conjugan que se ha producido lo que percibimos hoy, en nuestro "momento cósmico", y nosotros somos el resultado de ello. Como decía Sagan, no somos más que polvo de estrellas.

De la mano de la complejidad, yo creo fundamentalmente en el funcionamiento caótico del universo. Sé que muchas de las teorías del caos y de la física cuántica no están totalmente demostradas, pero es la estructura que me presentan del mismo la que me parece más coherente, incluso filosóficamente hablando. Hay algo fundamental en este punto. Casualidad y causalidad no son excluyentes. Del caos surgen patrones espontáneamente y según sé, esto ha sido demostrado. Y los patrones surgen de la sincronicidad que inevitablemente surge en una estructura caótica, y pueden llegar a ser infinitos. Y esto no excluye a la causalidad de las cosas. ¿Por qué? Porque la historia de una estructura es fundamental en su posterior desarrollo. Un simple fenómeno aleatorio que afecte a una estructura en determinado momento, afectará su evolución eternamente. Eso es la causalidad. Fue más o menos lo que planteaba yo en mi poema Sobre el pasado. El pasado es mi estructura, por eso siempre me acompaña. Caos y causa van de la mano.

El universo complejo - caótico es hermoso. No hay plan predeterminado. Del caos surgen las estructuras, y se afectan entre sí infinitamente, como en una gran red. Pienso por ejemplo, en los organismos vivos del planeta Tierra, en que todos de alguna manera, por insignificante que parezca esa influencia, nos afectamos. Eso intenté esbozar en mi poema Perturbaciones. El mundo es una red. Y por eso la causalidad es a veces tan sutil. Porque las causas son demasiadas como para verlas todas. Y ése es precisamente el encanto del caos.

Si creo en todo lo que expuse, forzosamente concluyo que creo en la evolución. La evolución para mi, aparte de una cuestión de cambio, de adaptabilidad, es una cuestión acumulativa. Y esto tiene que ver con lo que ya mencioné de la historia de las estructuras. En ellas perviven de alguna forma todos los estadios de su evolución. Esto incluye a los seres vivos, por supuesto. ¿Han visto esos programas en los que se ve la evolución de un feto? ¿Han visto que en muchos casos nacen estructuras óseas antiguas y se eliminan durante la gestación? Es como si el feto fuese una historia resumida (muy resumida) de lo que hemos sido en la cadena evolutiva. Según mi perspectiva creer que soy un ser "evolucionado de", es una experiencia más profunda. Me hace sentir que hay una conexión entre todos, absolutamente todos los seres de la Tierra. Tenemos una historia compartida, y miren la diversidad que ha surgido de ella. Un perro puede parecer muy distinto a mi, pero ¡también puede parecer tan igual! Tenemos dos ojos, una boca, dos oídos, cuatro extremidades, y ni hablar de nuestra anatomía interna ¡qué parecida es! Y todavía hay gente que tiene los cojones de decir que no viene de ningún mono.

Hay otro aspecto en el que creo, y que quizás muchos no compartan. Creo en la fatalidad. Creer en la fatalidad no es creer en el destino. Es creer que las cosas suceden, porque las causas (infinitas) y los fenómenos aleatorios lo propiciaron, y alguno de los resultados posibles tenía que acaecer. Creer en la fatalidad es pensar que las cosas pasan, porque de algún modo tenían que pasar. Es la consecuencia de la unidireccionalidad del tiempo, y del hecho de que jamás se puedan controlar todos los factores, aparte de la cantidad de influencias que concurren en un hecho. Por eso yo no puedo creer en una voluntad suprema. Yo creo en una infinidad confluyente de voluntades, que divergen y se entrecruzan, que se afectan, y que por lo tanto, ninguna de ellas puede tener total control sobre ningún acontecimiento, ni social, ni cósmico, ni de ningún tipo.

Yo me siento más segura en un universo así. Porque sé que soy parte de él, y que afecto a las estructuras y a los hechos hasta un punto que ni yo misma puedo imaginar. Es el famoso ejemplo de la mariposa. Eso me hace más responsable. Pero también me hace menos insignificante. Y por supuesto, me hace menos indispensable. Nada ni nadie es indispensable, pero todos afectamos. Y todos al morir dejamos una huella... genética, cognitiva, cultural, bioquímica, etcétera.

En todo eso, es en lo que yo creo.

Wolfgang Bayer: Partial view of the Mandelbrot Set.
Fuente: Wikimedia Commons
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