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sábado, 18 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (3/3)


(Viene de La inteligencia holística y la práctica musical 2/3)

El aspecto creativo o "transformador".
"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas" (4)
Este aspecto, si se quiere, es obvio, por tratarse la música de un arte. Pero dicho aspecto creativo puede aplicarse en general a cualquier quehacer humano.

El discurso musical, no sólo es creativo en el momento en que se escribe o se compone. La ejecución es también un acto creativo, que puede transformar cualquier cosa escrita. De hecho cada ejecución es una creación en sí misma porque, ya que tiene que hacerse cada vez que se hace (valga la redundancia), se crea todo el tiempo en el acto. Sólo que la práctica nos dará creaciones mejores y más perfeccionadas.

La creación por supuesto puede ser individual o compartida, entre varios músicos, con el director y a veces con el público, si se le invita a participar.

Por otro lado, en el acto improvisatorio, la creación es obvia, y cada construcción del discurso afecta a lo siguiente, afecta a la mente misma de quien improvisa y en función de ello continuará con su discurso.

La creación siempre es transformadora, pues nos muestra nuevas perspectivas, nuevas formas de ver las cosas. Dicha transformación ocurre dentro del músico y en el espectador. Puede hablarse de estados psicológicos, de puntos de inflexión que renueven totalmente nuestras visiones, o de la inspiración de nuevas creaciones.

La creación es la construcción de cultura, y por lo tanto, todo lo que hacemos, y todo con lo que trascendemos. Pero no es sólo ser un ente creador (que todos lo somos), es estar conscientes de ello y hacerlo con inteligencia.


El aspecto "valorativo" o ético.

A través del cultivo del arte (y de la música), se desarrolla el conocimiento, la auto-consciencia, se aprenden a dominar las emociones y el cuerpo, y por lo tanto se cultiva una importantísima dimensión del ser: la sensibilidad.

La sensibilidad y la empatía, aparte de la inteligencia, nos ayudan en la visión ética de la realidad. Conocer la historia de la humanidad, desde sus más profundos y abstractos discursos, acercarse, intentar comprender y recrear todo eso, nos pone en contacto directo con las sensibilidades de nuestra civilización, con nuestras maneras de ser.

El proceso de ejecución necesita el desarrollo de una auto-consciencia y autocontrol de las emociones, sino ¿cómo haría un músico que está tocando algo sumamente conmovedor para no llorar? O ¿cómo hacer para construir la emotividad necesaria en cada estadio del discruso, en cada fase de tensión y distensión, y mantenerse concentrado y a la vez dominar la técnica? Hay en el artista una formación emocional constante y rigurosa, que no sólo le ayuda a comprender sus más profundas emociones, sino a conectarse y desconectarse voluntariamente con ellas.

Ser músico también te obliga a aprender a escuchar. Sonará obvio, pero no es tan sencillo. Y cuando tocas por primera vez con otra persona, te das cuenta de ello. No es solamente llevar el tempo, calar en la afinación, es sincronizar la articulación y más allá, sincronizar las emociones.

El desarrollo de la sensibilidad creo que es indispensable para la valoración de la realidad, y para lograr diálogos productivos con los demás. Hay artes que no implican el entrar en sintonía con otros en el momento de la creación, o al menos no de manera directa. La música como arte esencialmente colectivo (difícil que todo el repertorio fuese para solistas) y como arte escénico necesita de ese diálogo y retroalimentación con los otros constantemente.

Si quieres consultar el texto completo, está disponible aquí.
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(4) Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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viernes, 17 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (2/3)


(Viene de La inteligencia holística y la práctica musical 1/3)

El aspecto multidisciplinar o "transversal".

La música, como arte, toca muchas disciplinas. Como construcción cultural, como trabajo técnico, puede verse desde muchas perspectivas.

Desde tiempos antiguos se ha asociado la música con las matemáticas (y con la física, por supuesto). Las relaciones entre los sonidos, que constituye la base de la teoría musical y los sistemas musicales, son relaciones matemáticas, que fueron estudiadas siglos atrás por Pitágoras, estableciendo el sistema de afinación “natural” o pitagórico, en el cual se basa la construcción de las escalas básicas o modos que se utilizaron durante toda la Edad Media en el mundo occidental.

Luego este sistema pasa a ser sustituido por el actual sistema temperado en el Renacimiento tardío, cuando se logra dividir satisfactoriamente la octava en 12 semitonos (3), lo cual permitió hacer música con modulaciones lejanas y abrir las posibilidades de la armonía.

Aparte de las implicaciones físicas y matemáticas en el sistema musical, tenemos los instrumentos musicales, grandes obras de la ingeniería humana. Los instrumentos dependen enteramente del avance tecnológico de la civilización. Antes de la producción industrial, por supuesto, eran máquinas completamente artesanales. El manejo de la madera, del metal, y de los materiales orgánicos (la tripa, el cuero…) influyó directamente en la evolución de los instrumentos y su precisión y afinación actual es gracias a la industria. Siguen produciéndose algunos instrumentos artesanales, muy costosos. Por supuesto que el registro y los timbres han cambiado a través del tiempo.

El conocimiento técnico y tecnológico del instrumento, aunque no es dominado del todo por el músico en general, es de su competencia, sobre todo cuando se trata del instrumento que uno toca. Hay ciertos detalles que deben estar en nuestro conocimiento para tratarlos, afinarlos y sacar los mejores recursos sonoros de los mismos.

De más reciente data es la influencia de la tecnología computarizada en la música. La música electrónica abre un abanico de posibilidades tímbricas y expresivas nunca exploradas.

Hemos hablado de la influencia de las disciplinas científicas en la música, pero hay más. Como cualquier arte, la música está directamente influenciada por la filosofía y las corrientes de pensamiento de la época en que está inscrita. La música de cada período está determinada por el “espíritu” de la época, y la técnica se ha volcado a manifestar la estética buscada en cada caso.

La sobriedad del canto gregoriano, con sus intervalos “perfectos”, la polifonía vocal renacentista, la polifonía y yuxtaposición melódica, y las formas y suites barrocas, el clasicismo con sus frases y articulaciones cortas y armonía tonal algo “transparente”; el sentimentalismo y densidad, y el orgullo nacional de los compositores románticos y posrrománticos; la ruptura de la tonalidad en el siglo XX… nos dan testimonio de nuestra propia historia y cultura.

Así mismo, la música en muchos casos se ve directamente influenciada o elaborada en función de la ejecución de otras artes escénicas, como el teatro, la danza o el cine.

Aparte de los aspectos intelectuales, la ejecución musical depende enteramente de nuestra fisonomía, y ella requiere todo un entrenamiento por parte del músico. El uso de nuestras extremidades, de nuestros diez dedos, de nuestro aparato fonador y respiratorio, influye claramente en la construcción de los instrumentos y en la explotación de sus posibilidades. La educación del cuerpo es indispensable en el aprendizaje musical y el perfeccionamiento de la técnica.

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(3) Una octava es el intervalo que hay entre dos sonidos del mismo nombre, pero distinto registro, por ejemplo Do3 y Do4. La razón matemática entre sus frecuencias es 2:1

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jueves, 16 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (1/3)


No hace mucho vi en la universidad una materia obligatoria, de esas a las cuales el profesor da el rumbo que le parece. En este caso, la profesora decidió dedicar la cátedra a la ética profesional. Se tocaron muchos temas interesantes. Uno de los que más llamó mi atención fue el de la inteligencia holística.

Dicho con pocas palabras, la inteligencia holística se refiere a la habilidad de ver las cosas desde diferentes perspectivas, disciplinas y metodologías, teniendo una visión sintética de los hechos o del conocimiento. Esto llamó especialmente mi atención, puesto que considero que uno de mis principales talentos es la síntesis.

Como han podido verificar a través de las ideas que he expuesto en este blog, el meollo multidisciplinar me fascina, y esa capacidad globalizadora muchas veces tendió a confundirme en cuanto a mis metas de vida. Qué digo, todavía me confunde.

Esta vez he querido abordar el problema de la importancia de la inteligencia holística, o de la importancia de la visión englobadora de las cosas en la práctica musical, según mi experiencia.

En cuanto a la definición de inteligencia holística, estuve revisando algunos conceptos por la red. Acá les dejo el que me pareció mejor redactado y sintetizado:

"El neuropsicólogo alemán Kurt Goldstein (1878-1965) publicó una obra en 1934 en donde estudiaba el organismo, sus órganos y estímulos como un proceso interactivo e integrado. De allí la holística se propagó a distintos ámbitos de aplicación.
La inteligencia holística es también denominada globalizadora, que importa tener la capacidades de captar totalidades, formas globales, generalizar y realizar relaciones interdisciplinarias. No se limita a la aplicación de tal o cual método, sino que sabe seleccionar el más conveniente al caso, incluso integrando diversas metodologías. No parcializa, aprovecha todo lo conocido, de modo sistemático y organizado, incluyendo el componente ético o valorativo.
Se trata de una mente con un estilo de pensar integrador, brillante, sabio, trascendente y poco común, propio de los grandes filósofos atenienses o de hombres renombrados del Renacimiento como Leonardo o Miguel Ángel, pero que sin embargo puede aprenderse y desarrollarse. Quienes saben usar esta inteligencia, ven el fenómeno desde diferentes perspectivas, captan no solo imágenes sensibles y elaboran conceptos delimitados, sino que pueden aplicarlos a distintas situaciones y realizar relaciones interconceptuales, lo cual es muy útil para el avance científico, aunque puede aplicarse a todos los campos de la cultura, sobre todo los artísticos. Ven el universo abierto a inagotables posibilidades, y están dispuestos a transformarlo, percibiendo como hacerlo.
Incluimos el elemento valorativo, dentro de la inteligencia holística como fundamental, pues si bien es conveniente desarrollar mentes abiertas, que interrelacionen conceptos, creativas y abarcadoras, no es menos importante que sus hallazgos no sean para la destrucción, sino para el progreso no solo científico y cultural, sino moral de la humanidad." (1)

En este concepto hay varias ideas importantes que recalcar:

  • El aspecto "englobador", "abarcador", "totalizador", y tomando prestado un concepto biológico, "orgánico". No soy ni remotamente la primera en llamar a esto "orgánico".
  • El aspecto multidisciplinar o "transversal".
  • El aspecto "creativo" o "transformador".
  • El aspecto "valorativo" o ético.


La música como organicidad.
"Los límites de la piel se tornan semi-permeables, después irrelevantes, los ejecutantes, el público, los instrumentos, la habitación, la noche puertas afuera, el espacio, se convierten en un único ser palpitante." (2)
La ejecución musical es en sí misma un acto de integración de factores. No sólo en el sentido de las disciplinas que en la música confluyen (que trataremos en el “aspecto multidisciplinar”), sino también por las múltiples capacidades que entran en juego en el momento de la práctica o ejecución musical.

Cuando un ejecutante está interpretando una obra, debe tener presentes múltiples factores, que van desde la conciencia general del propio cuerpo, pasando por aspectos intelectuales y hasta aspectos emocionales.

El propio cuerpo necesita todo un juego de sincronización y coordinación, que se va desarrollando con la práctica contínua. Dicha práctica puede estar orientada a la ejecución en general, y también a la obra específicamente. Desde la postura, el uso de cada extremidad y de los dedos, se forman en un entrenamiento constante que se da en el estudio.

Cuando ejecutamos también la mente entra en juego. En primer lugar, en el desciframiento de la partitura y en la memorización de la misma. Dicha memorización puede apoyarse de muchas maneras. Hay quienes aprenden las notas, hay quienes aprenden acordes. Yo, por ejemplo, soy más armónica. Necesito una conciencia del plan armónico para memorizar mejor. Y no tengo necesidad de anotarlo, simplemente leo siempre con la conciencia de acordes y funciones. Hay instrumentistas que por el contrario son más melódicos, memorizan notas. Y por supuesto, creo que todos necesitamos apoyarnos en la estructura o forma musical de la obra, qué es primero, qué después, y ejecutar en consecuencia.

Así mismo, dentro del aspecto intelectual, entra en juego la contextualización histórica de lo que se ejecuta. Si la obra es propia, probablemente no sea necesaria semejante profundización, pero en la interpretación de grandes autores sí lo es. La conciencia del estilo es fundamental al momento del montaje y toque. Las frases, las cadencias, los adornos, la “manera de decir las cosas”, no es igual para un autor u otro, para un período de la música u otro, e incluso el ejecutante puede tomar decisiones personales en el cómo hacerlo y por qué.

El aspecto emocional por supuesto, no puede faltar en la música, y en mi opinión, está muy unido al aspecto intelectual. Lograr interiorizar y luego exteriorizar las tensiones y distensiones en el curso de la música, dar un sentido, y una emocionalidad al discurso es algo que debe tenerse siempre presente, y aunque no lo crean, se entrena en ello también.

Todos estos aspectos los he puesto desde el punto de vista de quien toca. Quien toca lo hace con todo su organismo, y por ello la música actúa como mecanismo de integración de la misma persona.

El acto de tocar, el concierto, también puede verse como una organicidad, en el que el o los ejecutantes entran en sincronización entre sí y con el público. La diferencia entre, por ejemplo, un concierto al estilo occidental y una fiesta popular, es el nivel de participación en la creación de mensajes, o digamos el nivel de “autoridad”. Pero aunque el público esté simplemente escuchando, siempre tiene una participación.

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(1) Fuente:  http://educacion.laguia2000.com/general/inteligencia-holistica
(2) Nachmanovitch, Stephen (1990). Free Play: La importancia de la improvisación en la vida y en el arte. Ed. Planeta. p. 120.

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Creación y re-creación

Hay un problema que se plantea el músico en general. El proceso de construcción artística en la música y en algunas otras artes (como el teatro), hace que sea necesaria no sólo la creación de una obra, sino su ejecución constante para que ella tenga vida.

Se establece aquí una gran diferencia con otras disciplinas artísticas, como las artes plásticas o la literatura, pues en ellas el artista crea la obra, y ella queda allí plasmada, siendo ya susceptible de ser apreciada por el espectador.

Cierto es que en el proceso artístico hay varios niveles de interpretación, y el espectador es uno de los más importantes. El espectador, al comtemplar la obra, hace de ella lo que quiere, y no necesariamente capta el mensaje que de algún modo quiere transmitir el artista.

Son tantos los niveles de interpretación que el proceso artístico puede verse como un acto de comunicación imposible, en el que caben contenidos y mensajes múltiples, y a pesar de ello puede comunicarlo todo, comunicando nada específico.

A estos niveles, en las artes como la música o la actuación se suma el nivel de interpretación del ejecutante (el instrumentista, el actor...) En algunos casos el compositor y el ejecutante serán la misma persona, pero la gran mayoría de las veces, el compositor, aunque participe en la ejecución, necesitará de otros para dar vida a su obra. En el caso de que sea él mismo una y otra vez, dará cada vez interpretaciones diferentes a la obra.

Así, nos encontramos con varios niveles de interpretación: el compositor → el ejecutante → el público. Cuando la obra es colectiva, se suma a estos niveles, otro: el del director, quedando esta cadena en: el compositor → el director → los ejecutantes → el público. También cuando hay un arreglo de por medio, o una producción discográfica, agregamos uno o varios niveles de interpretación: el compositor → el arreglista (o el productor) → el director (opcional) → el o los ejecutantes → el oyente o público. El compositor puede jugar cualquiera de los otros roles.

La construcción de la música se nos presenta pues como una construcción poli-interpretativa, de varios niveles, en cualquiera de los cuales el mensaje puede ser increíblemente afectado, y nos puede llevar a "múltiples obras", aunque consideremos la "obra" como el trabajo del compositor. Sin embargo, podemos escuchar una obra en tan diferentes formas, hasta llegar incluso a deformar su identidad como tal (se da en el caso de ejecuciones muy alejadas del "estilo correcto" o de "arreglos").

Así pues, aunque ubiquemos la "creación" artística en el caso musical, en el nivel del compositor, hablando literalmente, hay procesos de "re-creación" de la misma. Cada ejecución es una creación in situ, aunque la obra haya sido mil veces estudiada y revisada. Esto ya lo he tratado en escritos anteriores.

La diferencia por ejemplo, con el proceso de improvisación, es que el ejecutante crea y toca a la vez, sin que haya interpretaciones de ideas pre-establecidas, y el plan de pronto sea creado en el momento (dicho plan puede estar determinado por un motivo, una secuencia de acordes...), porque la organización siempre existe, el discurso lógico existe, los principios de tensión y distensión existen, aunque se esté improvisando. En una improvisación, si es entre varios músicos, hay un proceso de comunicación importante, en el que uno deja hablar al otro, y a la vez le acompaña, y todos se roban ideas entre sí. Hay pues un proceso de interpretación de las ideas entre los mismos ejecutantes, y el resultado de ello llega al público.

La interpretación de todos, a la vez está contaminada por varios aspectos entre los cuales podríamos destacar: el conocimiento del estilo musical, la técnica en el instrumento, el propio contexto histórico, local y cultural, las impresiones personales y hasta los caprichos.

La música que se escucha es pues, un discurso interpretado muchas veces, un mensaje contaminado de mil mentes o situaciones, un rico y conmovedor mensaje humano.

wallyg / Foter.com / CC BY-NC-ND

martes, 24 de julio de 2012

Desprendimientos

I.
Yo creo que el ser humano es esencialmente obsesivo y aferrado. A lo mejor lo creo porque yo soy así. Sin embargo es interesante cómo las filosofías orientales ven en el desprendimiento de las cosas terrenales la elevación del espíritu. Hace algún tiempo, me impresioné por un artículo que salió en alguna revista dominical sobre los mandalas de arena tibetanos, alrededor de los cuales los monjes hacen todo un ritual, en el cual dibujan una figura y la rellenan cuidadosamente y entre varios con arenas de colores, para finalmente destruir la obra, y simbolizar con ello el principio de impermanencia reinante en el universo.

Lo que más me impresiona de esto es la concepción artística alrededor del ritual, en el cual se lleva a cabo una hermosa obra, y finalmente se destruye. Un concepto del arte diametralmente opuesto al de occidente, donde la relación del artista con su obra puede llegar a ser totalmente fetichista, fetichismo encarnado al máximo en el extremo del mito de Pigmalión, enamorado de su estatua, y que por gracia de los dioses, acaba cobrando vida.

Pero el arte del día a día nada tiene que ver con esto. Decía Nachmanovitch en su libro "un artista se mide no por la cantidad de material que publica, sino por la cantidad de material que descarta". Y sin embargo, aunque mucho descartemos, pareciera que el arte solo vive en el momento que la creamos, que la elaboramos, mejor dicho. Pero una cosa es crear una obra, y otra contemplarla al día siguiente. Podemos enamorarnos de ella, obsesionarnos con ella, pero también podemos sentir una aversión tan grande hacia ella, que acabemos destruyéndola.

Los monjes tibetanos en sus mandalas hallan un punto neutral. Es quizás en la brevedad que hayan dicha neutralidad. Crean la obra, y seguidamente la destruyen. Ya no habrá oportunidad de volver a contemplarla, ni de desarrollar sentimientos extremos hacia ella. Ya vivió, ya existió, ya murió. Mientras tanto los occidentales hacen récords de las canciones más repetidas en la radio, tienen museos de obras milenarias, y hacen constantes mantenimientos de las viejas obras arquitectónicas. Obviamente los mojes tibetanos no destruyen sus templos, pero saben que al final, en algún punto del tiempo, todo es perecedero, y no conservan la mínima esperanza de que algo no lo sea, y tratan de recordárselo a sí mismos cada día.

II.
Yo con mi arte soy muy occidental. Soy predominantemente fetichista. Y con mis pensamientos y gustos soy predominantemente obsesiva. Sólo que mis obsesiones van cambiando todo el tiempo, se van moviendo, y a veces las obsesiones del pasado no sólo las considero olvidadas, sino que también desarrollo cierta aversión hacia ellas.

Me considero artista desde que nací. Nadie tiene que certificarme para ello. Considero que todos lo somos, cada vez que hemos garabateado: notas, palabras, rayas, lo que sea. Tengo buenas dotes para el dibujo, y en mi adolescencia solía dibujar mucho. Ya no lo hago. Llegué a tener una caja de ciento y tanto de creyones, y resmas de dibujos hechos por mi. Los temas solían ser obsesivos. Alrededor de los diez y once años gustaba mucho de un comic japonés archi-conocido, llamado Sailor Moon. Y de Sailor Moon hice dibujos como nunca los he hecho de nada más. Imaginaba un motivo general y lo repetía con las cinco "sailors". Así en una sentada hacía fácilmente cinco dibujos. A veces hacía dibujos colectivos y les dedicaba más. Normalmente rellenaba toda la hoja de color, y si era hecha con creyones, lo que me gustaba era afincarlos. Al final me podían doler los dedos. Cada tanto iba a la librería a sustituir los creyones ya gastados de mi caja. Perfeccioné mi técnica dibujando a las muñequitas de ojos grandes y faldas cortas de colores.

En dos años debí haber acumulado una resma o más de dibujos de Sailor Moon. Si viajaba, los llevaba conmigo, y hacía algunos nuevos. A veces los llevaba al colegio y alardeaba de ellos. Fetichismo occidental. 

Un día, sin tener alguna razón muy específica, vi el montón de dibujos, y los detesté. Sentía que me estorbaban, que eran demasiados, y los primeros me parecían de poca calidad, horribles. Así que después de haber carreteado tanto tiempo con los dibujos de Sailor Moon, de pronto los tiré a la bolsa negra, para no volver a verlos jamás. A veces me acuerdo de ellos. 

Es el acto de desprendimiento más grande que recuerde haber hecho.

III.
Más o menos a los 16 años dejé de dibujar paulatinamente y empecé a escribir letras y música. Al empezar la universidad ya nunca hice un dibujo con la dedicación de antes.

Descubrir la música poco a poco, me hizo madurar en muchos sentidos. Y uno de los aspectos más importantes de la música es la impermanencia. Hacer música es parecido a hacer un mandala tibetano. Se empieza la obra, se va haciendo, y a medida que se va sucediendo, la conducimos a su muerte. Cada vez que tocamos, destruimos una obra.

La música en sí misma es demasiado perecedera. Y los occidentales son los únicos que han pretendido inmortalizarla. Y han tenido la ilusión de lograrlo. En primer lugar, inventaron la notación musical, mediante la cual la música "se puede escribir". Se escribe un código, una maqueta, pero sin alguien que ejecute el proyecto, la música no existirá. Cada interpretación es una obra, y siempre muere. La música clama la necesidad de muerte. Todo el que ha estudiado armonía o formas y análisis, lo sabe. Todo el que ha compuesto una obra, lo sabe. Y todo el que ha ejecutado un solo improvisado, lo sabe. La música exige morir, y nosotros tenemos que llevarla a la muerte.

Luego aparecieron las grabaciones de audio. Y así finalmente hemos logrado ser fetichistas con la música. Lo irónico es que yo muero por grabar la mía. Eso me da la ilusión de más trascendencia. 

Lo cierto es que la trascendencia es algo que puede ocurrir todos los días, en los actos mínimos. La trascendencia no está en la inmortalidad. La trascendencia es una consecuencia de la existencia, y la existencia es impermanente.

Sin embargo, al parecer la única forma de que la cultura en sí misma exista es a través de la memoria y de la superposición de conocimientos.

Mandala en ejecución. Pienso que si ha sido fotografiado, ha sido despojado de su esencia.
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miércoles, 23 de mayo de 2012

Doodling on the Doodle


Hoy todos andan emocionados con el Google Doodle en homenaje a Robert Moog. Y no es para menos, nos han puesto a la orden todo un sintetizador, con grabador incluido, y puedes grabar cuatro voces (o capas), y de paso compartir tu grabación. ¡Un juguetico 2.0 muy genial!

Yo lo ví desde anoche y lo compartí en las redes sociales, sin darme cuenta de todas sus funcionalidades, y hoy, viendo el revuelo que ha producido, me he metido en la página a garabatear en el pequeño sintetizador. Resultó que se podían tocar las teclas blancas con las teclas numéricas, mucho más cómodo que con el ratón, y me puse a ver qué grababa. Decidí hacer un loop de bajo e improvisar una pequeña melodía, con las teclas blancas por supuesto, y aunque no me dejó que fuera más largo, creó que el garabato me quedó chevere.

Aunque no lo crean me acordé de viejos tiempos. Cuando en retrospectiva me pregunto por qué elegí tocar teclados (incluyendo al piano), pareciera que hubiera sido cosa del destino y claro, de mi interés, cómo pasarlo por alto.

De niña tenía un pequeño teclado (realmente pequeño) y de color blanco, y sacaba melodías en él. Pero lo que más recordé con el Doodle, fue un programa que había en mi computadora por aquellos años '90. En el combo de softwares que le fueron instalados cuando actualizamos a Windows 95, había uno que era de audio. No recuerdo bien el nombre, era algo así como SIC Audio Software, e incluía un karaoke, un reproductor, un mezclador y otras cosas que no recuerdo bien. Mi favorito era el mezclador. Busqué por ahí capturas de pantalla a ver si tenía suerte, pero nada que las encontré, eso es muy viejo ya, supongo. El software hasta venía en un disquette de 3 1/2, ¡por favor!

Y me recordó especialmente este software, porque él traía un teclado, que se podía mover de octavas. Estaba todo el registro del piano. Se podían grabar innumerables voces, y yo ponía a experimentar, aunque nunca me salió nada satisfactorio que yo recuerde. Melodías me salían bien, pero hacer dos voces ¡ni idea! No sabía yo nada de cómo unas notas eran "compatibles" con otras. Pero en ese teclado sí se tocaban las teclas blancas con la primera hilera de teclas de letras, y las negras con la hilera numérica. 

Lo más fascinante para mí era abrir un archivo MIDI cualquiera y ver todos los canales y todos los sonidos y notas que tenía. Para entonces, me resultaba incomprensible. También debo a ese programa mi familiarización con la nomenclatura de los sonidos en el General MIDI, y desde entonces sabemos que el 001 es el Acoustic Grand Piano y el 100 el Drum Kit ¿o no? ;-)

En fin los dejo con mi creción, rítmicamente muy accidentada, pero pueden decir que usé el Google Doodle y su minimoog, ahí está: http://g.co/doodle/7c6bch

Démosle oficialmente las gracias a Moog. Así como nos acordamos de los programas de Windows 95 y sonreímos, así mismo pasa cuando recordamos los viejos sintetizadores, y hoy día tocamos con teclados de sonidos sampleados y con simulación del peso del piano.

Y no olviden nunca que el juego es una parte importantísima del arte, así que sigan garabateando ;-)

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jueves, 28 de julio de 2011

Scherzando

Imagen obtenida de openlibrary.org
Cuando leo un libro, tengo la costumbre de subrayarlo, hacerle indicaciones, doblar páginas a manera de marcador, etc. De vez en cuando, si el libro no es mío, tomo uno de mis cuadernos o bloc de notas, y copio textualmente los fragmentos que me llamen la atención, anotando la página, como si dichos fragmentos fuesen a serme útiles más adelante, casi como si estuviese haciendo una investigación científica.

Uno de esos libros, pasó por mis manos en forma de fotocopia, y era mío; pero al comenzar a leerlo, adiviné que a un amigo mío agradaría mucho esa lectura, y decidí que ese ejemplar sería de él, claro está, después de que yo lo leyera y anotara los correspondientes apuntes necesarios. El libro llamó mi atención apenas lo vi, se titula "Free Play. La importancia de la improvisación en la vida y en el arte", y como yo soy una persona poco impulsiva y de pocas improvisaciones, cosa que al principio me frustraba un tanto, decidí leerlo buscando aportes en mi camino como artista. De una manera muy resumida, el libro intenta teorizar sobre el acto creativo, más que todo, el acto creativo en su momento o el arte en plena construcción. Indaga en la improvisación musical, pero también en la ejecución y la composición, y establece las analogías y contrastes de cada acto en particular, y cómo en muchos casos, se funden. Ya que el autor posee una fuerte influencia del pensamiento sistémico (cosa que descubrí después), tiene la costumbre de comparar el acto artístico en su totalidad, con un organismo vivo. Hace mucho énfasis en el carácter temporal de la música. Luego toma todas estas reflexiones y las contrapone o aplica a la vida cotidiana y a otras artes de una manera bastante interesante.

El autor se llama Stephen Nachmanovitch, quien es un violinista estadounidense que se ha dedicado incluso a hacer grabaciones improvisando, experimentando con música electroacústica y electrónica, y que aparentemente tuvo una fuerte influencia nada menos que de Gregory Bateson, gran pensador contemporáneo, defensor de la teoría de sistemas y de los modelos de la complejidad ¿Qué de maravillas no podrían salir de aquí?

Cabe destacar que el texto original es en inglés, y el autor hace un juego de palabras, ya que en este idioma para "jugar" y para "tocar" (de tocar un instrumento), se utiliza la misma palabra: play.

En estos días me topé con los apuntes, y me puse a revisarlos, ya que ando buscando los caminos para concretar gran parte de trabajo creativo personal. Leí este libro hace 4 años aproximadamente, lo cedí a mi amigo, como dije, y casualidades de la vida, hace poco me pasó por las narices un ejemplar original en las ofertas de una librería y no me resistí a comprarlo, para tenerlo nuevamente en mis repisas. A lo mejor se pueden dejar ver un poco sus influencias sobre mi pensamiento, en la entrada Caminando al filo del abismo, que publiqué hace unos días.

Mi intención es dejarles aquí algunos fragmentos textuales de dicha lectura, y espero que sirvan de abreboca y se interesen en echarle un ojo al libro completo.

"Cada acontecimiento vibratorio es único"

"La composición no muestra algo completamente nuevo, sino lo que es original y completamente nosotros mismos"

"Toda conversación es una forma de jazz"

[En la improvisación] "...la memoria y la intención (que postulan el pasado y el futuro) y la intuición (que indica el eterno presente) se funden"

"La falta de un plan consciente no significa que nuestro trabajo sea azaroso o arbitrario (...) Llevamos las reglas inherentes en nuestro organismo (...) Nuestro cuerpo - mente es un asunto altamente organizado y estructurado, interconectado como sólo puede estarlo un organismo natural desarrollado a través de millones de años"

"El Creativo y el Receptivo, haciendo y percibiendo, son una pareja resonante, cuyos miembros se complementan y se responden entre sí"

"Juego es el espíritu de exploración en libertad, hacer y ser por puro placer"

"La idea occidental de la práctica es adquirir destreza (...) La idea oriental de la práctica es crear a la persona, o más bien, actualizar a la persona completa que ya está allí"

"La armonía perfecta puede ser el éxtasis o un total aburrimiento. Son sus evoluciones y sus impulsos las que la hacen fascinante" (Yo supongo que el autor se refería a la "armonía" musical, que está en constante movimiento, y crea sensaciones de tensión y distensión a través del discurso).

"Los límites de la piel se tornan semi-permeables, después irrelevantes, los ejecutantes, el público, los instrumentos, la habitación, la noche puertas afuera, el espacio, se convierten en un único ser palpitante"

"En una pieza musical, el acorde, el zumbido o ritmo iniciales inmediatamente generan expectativas que a su vez generan preguntas que a su vez alimentan el fragmento de música siguiente. Una vez que el músico ha tocado algo, cualquier cosa, lo que sigue encaja con eso, o contra eso; hay un patrón que reforzar, o modular o quebrar"

"Cada cultura contiene sus propias defensas contra la creatividad"

"La entrega no es una derrota sino más bien la llave para abrirse a un mundo de deleite y creación ininterrumpida"

"Tocar un instrumento es un deporte en el que bailamos con un objeto que tiene vida propia, que en parte se entrega y en parte se resiste a nosotros"

"Cuando uno se entrega en el gran vacío tal vez se encuentra mejor equipado que nunca para estar y actuar a tono con el universo"

"Los frutos de la improvisación, la composición, la escritura, la invención y el descubrimiento pueden aparecer espontáneamente, pero surgen de la tierra que hemos preparado, fertilizado y cuidado con la fe de que madurarán en el tiempo que requiera la naturaleza"

"Las cualidades de la improvisación son la penetración, la absorción, la resonancia, el flujo. Las cualidades de la composición son la simetría, la ramificación, la segmentación, la integridad, la tensión de los opuestos"

"Lo que solemos llamar creatividad implica factores tales como la inteligencia, la capacidad de ver las vinculaciones entre hechos que antes se veían como separados, la capacidad de romper con actitudes mentales pasadas de actualidad, la valentía, las fuerzas, la actitud de juego y hasta la capacidad de atacar"

"Cualquiera que desee expresar significado con símbolos y palabras, con música, pintura, debe encontrar cierto placer en las tareas imposibles, poseer la voluntad de tolerar una gran frustración, un toque del Quijote"

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