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sábado, 24 de mayo de 2014

Neil, Wilfrido, mi mamá y yo

"Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y no entiende, 
el experimento más grande de anarquía que hemos tenido." 
Eric Schmidt

Hace poco me llegó esta frase al correo, de una lista de "frase del día" a la que estoy suscrita desde hace años. Así es la internet, anarquía sobre todo, donde funcionan mecanismos propios de ella, donde los nodos de información se construyen espontánea y colectivamente (aunque muchas veces no), sobre todo después de la aparición de las redes sociales.

En este frenético devenir de ideas, surgen cosas graciosas, y de pronto uno trasciende de la manera menos esperada. Trascendencia que es fugaz y hasta cierto punto falaz, puesto que la sustitución de ideas viejas por nuevas parece ocurrir de un momento al otro. Y ha pasado algo gracioso (más que trascendental) en estos días.

Un martes cualquiera, estábamos cenando en casa, tipo normal, toda mi familia y yo. Teníamos sintonizado (porque nos acordamos como casi nunca) el canal National Geographic, con la nueva versión de la serie Cosmos. En medio de una clásica reunión de familia en torno al televisor y la comida, donde es más lo que no te dejan oír que lo que pones atención a la serie, lanza mi mamá un comentario singular refiriéndose a Neil deGrasse Tyson: "Mira, pero qué hace Wilfrido Vargas narrando Cosmos".

Las carcajadas no se han hecho esperar, y buscamos imágenes del merenguero en los móviles y constatamos ese parecido en algunos ángulos. Y como cualquiera de esos momentos espontáneos, me dispuse a lanzar la anécdota por Twitter:

En el momento, no causó gran revuelo. Pero recordándolo luego por Facebook, @LuisCarlos, un pesado de las redes venezolanas, ha dado con el tuit y se le ocurrió nada menos que dar RT.

Bueno, aparte de los respectivos retuits y respuestas, un tuitero al que ni conocía, @webjac, hizo una imagen al puro estilo meme, y la publicó en Twitter y Facebook, donde ha tenido una viralidad regular:


















No es mi intención señalar el super éxito memético que ha creado mi madre. Más bien, resaltar esta anécdota graciosa, y si alguna vez llegan a recibir esta imagen (que ya me ha salido por Facebook y no desde el hilo que originé yo), sepan que mi mamá (que por cierto tiene tuiter) es la autora de la idea, jeje.

Qué linda es la internet.


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martes, 15 de abril de 2014

Luna roja, no nos mires con tanto desdén


"La luna me está mirando, yo no sé lo que me ve..."

Sí, a veces parece que los astros nos miraran a nosotros. A veces parece que la Luna nos sonríe. Anoche asistimos a un espectáculo astronómico, que ocurre cuando la Tierra se interpone justo entre el Sol y la Luna, tapando a ésta con su sombra, fenómeno conocido como Eclipse Lunar. Se habla de la "luna roja", porque en la fase de totalidad, la Luna en lugar de invisibilizarse totalmente, se torna de un color rojizo. Ayer tuve la oportunidad de observar toda la totalidad, y afortunadamente Maracaibo tuvo un cielo despejado para ese momento.

Hasta ahí todo bien. Todo el espectáculo, las fotos que pude hacer con el modesto equipo con que cuento, una cámara digital no profesional y un trípode. La Luna "posó" ayer pegadita de la estrella Spica, muy cerca de Marte, y con Saturno a una distancia mediana. Pero el despliegue aquí en la Tierra con respecto a este fenómeno fue lo lamentable. Sobre todo hablaré de Venezuela, porque es donde habito, y porque no pasamos por momentos fáciles, y parece que nuestra cordura está siendo afectada (estoy por pensar eso).

Aparte de las conjeturas astrológicas, ya algo de "tradición" en todos los fenómenos celestes, me topé con un artículo que relacionaba el evento con la Semana Santa. Casualmente ha caído este eclipse en la celebración cristiana que conmemora la pasión y muerte de su Mesías, y hubo astrólogos que llegaron al colmo de relacionarlo con ello: la "luna de sangre" y la "sangre de Cristo" derramada por los hombres. Aunque ya es bastante ridícula la metáfora, el astrólogo se las trae mezclando cosas supuestamente incompatibles (el cristianismo no acepta a la astrología, o cualquier clase de "brujería"), pero esas son las síntesis eclécticas charlatanas de nuestros tiempos.

De paso en nuestro país, ayer hace un año que tomó el poder el actual Presidente, por lo que el bando oficialista estaba de fiesta (no sé por qué, habiendo sido hasta ahora tan nefasta administración). Entonces hablaron por las redes de la "luna roja, la luna chavista". El mismísmo Presidente de la Asamblea Nacional pareció apoyar la idea, con retuit en su cuenta @dcabellor. Pero por si fuera poco lamentable el espectáculo, algunos opositores no se conformaron con ridiculizar la metáfora, y se inventaron la suya: la luna roja por la sangre derramada por las víctimas mortales de estos meses de protesta nacional.

Tanto despliegue de estupidez en verdad fue sofocante. Además consíderese el hecho de que los Eclipses Lunares son de los eventos estelares importantes más comunes, dándose en promedio dos veces al año, y con un amplio avistamiento en la geografía terrestre (al contrario de los Eclipses Solares). El hecho de que éste cayó en Semana Santa, en el aniversario de la toma del poder de quien ni nombraré, y en plena crisis política venezolana es mera casualidad.

De paso había algunos intensos por allí indignados por la atención que recibía la Luna Roja, distrayéndonos de la agenda de protestas. Les diré: señores, la ciencia es una de las claves del progreso. Difundir e informar correctamente de estos eventos, educa a la población, nos acerca como humanos, y nos acerca al pensamiento racional, tan escaso por estos días en mi país.

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jueves, 6 de diciembre de 2012

A propósito de los propósitos

Uno de los grandes argumentos del paradigma deísta, y un tema muy tratado por la filosofía desde tiempos muy antiguos, es el del "propósito de la existencia". No tengo pretensiones de rebatir aquí posturas de grandes maestros ni de exponer una historia de la teleología. Simplemente, pretendo exponer un punto de vista personal. Personal no quiere decir que no tenga influencias, pero no me detendré a buscarlas o citarlas.
Una pregunta que siempre queda en el aire cuando debato con gente de creencias deístas es: "¿Entonces, según el ateísmo, estamos aquí para nada?" "¿Nuestra existencia no tiene ningún propósito?" "Eso es imposible", dicen.

Creo firmemente que la necesidad de un "propósito" es meramente psicológica. Nuestra estructura de llevar a cabo las acciones y proyectos, que aparentemente siempre tienen un "para qué" nos hace pensar que no podemos estar aquí "a causa de nada" y, además, "para nada".

En primer lugar debo aclarar que como ateísta que soy, no creo que estemos aquí "a causa de nada". Ni más faltaba. La diferencia está en que creo que las causas fueron múltiples, complejas y caóticas. Propósitos, a lo mejor los hubo en determinados puntos de la evolución, pero un "propósito general", un "objetivo general" a la usanza de las tesis de investigación o de los proyectos humanos, eso no existe. Además me gustaría que alguien me dijera más o menos cuál podría ser un "objetivo de la existencia", sin que éste constituya una generalización y por lo tanto, limitación de lo que podemos ser o hacer. La mayoría no se atrevería a contestar esta pregunta, mientras se limitan a decir que dicho propósito "hay que descubrirlo" o que "no podemos saberlo, y sólo dios sabe lo que hace".

Si somos producto de causas múltiples, nosotros mismos constituimos una causa, cada uno de nosotros, nosotros cuando nos unimos, y nosotros como especie. Pero la manera como afectamos nuestro entorno, y los propósitos que nos trazamos adrede son tan múltiples y complejos que casi siempre se nos escapan de la voluntad. Como especie somos causantes de muchas cosas, pero casi nunca nos ponemos de acuerdo en algún propósito. ¿Hemos logrado alguno? Podría decirse que uno que otro, por citar un ejemplo, la erradicación de la viruela. Ahora podemos decir que somos capaces de ponernos de acuerdo en algo, aunque no lo demostremos con mucha frecuencia.

Si de "objetivos generales" vamos a hablar, podemos poner como ejemplo al individuo. ¿Podrías decir que toda tu vida, todas las acciones de tu vida, todas las decisiones que has tomado, responden a un solo propósito general? No sé si tú puedes, pero yo no. Nuestra personalidad es compleja, y nuestras acciones responden a tan diversos factores que creo que esto es imposible de concebir. A menos que hablemos de un "objetivo" genérico como "alabar al señor" o "cumplir con el plan de dios", que dicho sea de paso, nadie parece conocer o ponerse de acuerdo en cuál es, y más bien parece ser una excusa barata para que cada quien y cada religión cumpla con sus propios "objetivos", bien concebidos aquí en el plano terrenal.

Si el universo entero tuviera un objetivo, no sería él tan creativo y a la vez tan destructivo. Para qué tendría necesidad de estar transformando su energía tan constante y violentamente. Para qué habría la necesidad de que estructuras tan vulnerables como nosotros llegasen a existir. No hay un para qué. Y quienes insisten en que lo hay, siempre recurren a cosas cuya existencia no está sabida. Entonces dónde está la fuerza de ese "para qué".

La creación casi nunca tiene un objetivo preciso. Todo el que sea creador lo sabe. Todo el que estudie la evolución de los seres vivos lo sabe. La creación es espontánea, desenfrenada, y el material que se descarta siempre supera al que llega a trascender. La supervivencia es una manera de trascendencia. Seguimos existiendo, causando, dejando huellas y perpetrando nuestro material genético. Y precisamente, debemos tener cuidado de no seguir trascendiendo, de no seguir creando frenéticamente.

A veces no sé a qué teme más la gente, si a no tener propósito, o a tener que cargar con la responsabilidad de que son ellos mismos quienes crean sus propósitos. Porque eso es lo que yo creo. Los propósitos de la existencia existen, pero es quien existe el que los decide y ejecuta las acciones pertinentes para llevarlos a cabo.

Otro peso difícil de soportar es la cantidad increíble de acciones que realizamos y de pensamientos que tenemos que no parecen tener propósito alguno. Pero es que como dije, somos creadores frenéticos, tales como el universo del que somos parte. El problema está en que intentamos convencernos de que todo es intrínsecamente pragmático. Yo más bien me regodeo en las inutilidades. Ellas son las que más me llenan.

Imagen: Full Circle Quirk

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miércoles, 1 de agosto de 2012

Buscando a dios con Carl Sagan

Bien, decidí empezar estas vacaciones con una lectura que sabía de antemano iba a ser agradable, pues conozco al autor, y de hecho he escrito varias entradas respecto a él. Se trata de La diversidad de la ciencia. Este libro es en realidad una transcripción de un ciclo de conferencias que dio Sagan en Escocia, en el ciclo Conferencias Gifford, que buscan la difusión de la teología natural.

No es la primera vez que leo algo donde Sagan relacionase la ciencia con la religión. Pero no sabía que existía una disciplina como la teología natural, que busca evidenciar la existencia de dios sin recurrir a lo sobrenatural, solo basándose en las pruebas tangibles o visibles. Personalmente, y sin ánimos de ofender, creo que es una disciplina un poco difícil, pues el concepto de dios en principio es meramente especulativo. Y fíjense que utilicé la palabra "difícil". No conozco autores de ella, o a lo mejor los conozco y nunca supe que andaba por esos terrenos específicamente.

Como es de esperarse en Sagan, su introducción al tema, la realiza desde la ciencia, específicamente desde la astronomía, familiarizando al público con las escalas del Universo, y llevándonos así a reflexionar sobre nuestro lugar y papel en el mismo como especie, y estudiando nuestras posibilidades de trascendencia. Así mismo nos lleva a descubrir los lugares donde se forman los componentes básicos de la vida, y nos lleva a pensar si somos en realidad especiales. Esta parte sin duda nos lleva a una experiencia conectiva, por no decir "espiritual" o "religiosa". Él mismo indaga luego en la naturaleza del concepto de "dios", y también de las experiencias religiosas. Nos habla de la importancia de definir a dios en el momento en que queremos estar en contra de él o defenderlo, puesto que han habido casi tantas definiciones de él (o de ellos) casi como culturas han existido en la historia de la humanidad, o mejor dicho, desde la prehistoria. Estos conceptos muchas veces tienen similitudes o diferencias marcadas.

Así mismo, se nos aproxima a ciertos aspectos del ser humano. En primer lugar a la tendencia que tenemos a autoengañarnos. Para ello recurre a historias como las de los ovnis, en el caso de la búsqueda de vida extraterrestre, así como de la vieja resistencia cultural a la Teoría heliocéntrica, y la nueva resistencia cultural a la Teoría de la Evolución; y demuestra la facilidad con la que la gente se engaña a sí misma, por lo cual, la filosofía y la ciencia tienen que ser altamente precavidas ante sus planteamientos, hipótesis y demostraciones. También toca el tema de la naturaleza molecular de las percepciones y las emociones, y de cómo éstas pueden influir en la experiencia religiosa, y de cuál puede ser una equiparación emocional de ésta. Incluso habla de las hipótesis freudianas de dios como sustitución del padre.

En este libro toca temas que personalmente he tocado en varias ocasiones en este blog, y dada la antigüedad de las conferencias (1985), me doy cuenta de que ciertas teorías y falacias andan haciendo de las suyas por allí, y aunque se han refutado desde entonces, la gente sigue cayendo en ellas y se siguen difundiendo. Un ejemplo que me sorprendió, y que por cierto, no sabía que tuviera nombre, es el del principio antrópico, así como las teorías del diseño inteligente, y hace refutaciones brillantemente. Hace poco escribí una entrada dedicada a estos puntos. Y es obvia la influencia del autor. Al final, todos tienen derecho de palabra en esta gran red, pero como nos decía, no nos dejemos engañar con tanta facilidad.

En los capítulos finales, habla nuevamente (como en otros textos) de si la humanidad será capaz de sobrevivir a lo que llama su "adolescencia tecnológica". Si no nos mataremos a nosotros mismos, y de hacerlo, cómo sería el acto de mayor irresponsabilidad que jamás hallamos perpetrado, haciendo caso omiso de toda nuestra historia, toda nuestra lucha evolutiva y la del planeta Tierra. En fin, una buena lectura para reflexionar.

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domingo, 22 de abril de 2012

En este Día de la Tierra, hablemos de humildad

En esta fecha vuelvo a recordar los tiempos en los que leía a Carl. Pero también otros más recientes, hace unos tres o cuatro años cuando leí a Fritjof. Éste último expresó muy claramente que el día en que vimos la primera foto de nuestro planeta desde el espacio, la humanidad cambió. Y todavía está cambiando.


Esa foto es un hito. Partió la historia en dos. Pocas imágenes tienen semejante impacto. Para nosotros ver un globo terráqueo ya resulta normal. Pero aunque antes de esa imagen ya teníamos los recursos científicos y tecnológicos para dibujar mapamundis, para afirmar que la Tierra es redonda y que gira alrededor del Sol, jamás habíamos visto un retrato de ella. Y por primera vez, un 23 de agosto de 1966, vimos su faz.

Después de haber visto con nuestras sondas las faces y los paisajes de los demás mundos de nuestro vecindario, tan bellos a veces pero indudablemente, tan hostiles, nuestra Tierra luce como una joya en medio de la negritud absoluta del espacio. Pero nada más al alejarnos un poco, nos parece que nuestra majestuosa Tierra es una mota de polvo en la vastedad, y que, apenas en el Sistema Solar exterior, aparentemente, no tiene nada de especial.

No vengo a decir aquí que "no seamos nada" ni cosas por el estilo. Yo me considero humanista, aún creo enormemente en la humanidad, y que cosa más insensata no hacerlo, cuando yo en primer lugar soy humana y debo todo lo que sé a otros seres humanos. Pero acordándome un poco de Carl, la humanidad a veces, no sé qué coño se cree.

Así es. Muchos lo demuestran todo el tiempo. Creen que la Tierra es el centro del Universo (hoy en día, metafóricamente, porque creo que es de sobra sabido que físicamente no lo es); creen que el Universo fue diseñado para nosotros; se creen el pináculo de la evolución, a veces hasta de la creación universal; se creen mil veces más que todos los seres vivos del planeta; creen que son los únicos seres que tienen derecho a una "vida después de la muerte", etcétera. Eso por mencionar las creencias de la humanidad en general, y no las de alguna raza sobre otra o de alguna cultura sobre otra.

Y la experiencia nos ha demostrado que nada de eso es así. Los "chauvinismos" han ido cayendo uno a uno en nuestra historia, y aún padecemos de una arrogancia y una soberbia que no tienen fundamento alguno.

Último retrato de la Tierra en alta resolución. Fuente: NASA

La imagen de la Tierra desde el espacio, en primer lugar nos enseño que nuestro espacio habitable es limitado, infinitamente limitado, y que estamos metidos todos en una isla, que compartimos irrevocablemente, y que estamos abusando de ella. Comprendimos que somos muy dependientes de todos los seres vivos que en ella habitan, que somos todo menos autosuficientes. Entendimos que la Tierra es un sistema, un todo, lo cual inspiró la Teoría Gaia. Y la ecología (la de verdad) no es un romanticismo de hippies anacrónicos, es un pensamiento holístico e inteligente, demasiado necesario para preservar la joya azul que vimos desde el espacio, y por lo tanto, para nuestra supervivencia a largo plazo.

Y para cuidar a nuestra joya y a la humanidad entera, necesitamos dejar de creernos el máximo-no-se-qué de la "creación universal". Tenemos que empezar a creer que nuestras moléculas vienen de las reacciones nucleares de las estrellas. Tenemos que empezar a creer que compartimos el mismo lenguaje genético de todas las especies del planeta, y que por lo tanto, es muy lógico que seamos todos parientes. Nuestro cerebro, nuestra inteligencia y nuestra cultura no tienen parangón en el pequeñísimo pedazo de cosmos que conocemos. Pero ese cerebro, esa inteligencia, esa cultura, se la debemos a miles de millones de años de procesos cósmicos, geológicos, biológicos y culturales, no aparecimos aquí así como así, nuestro organismo tiene contenida en sí toda esa experiencia de una manera u otra, así como en nuestros conocimientos tenemos toda la experiencia de todos los que han pasado por aquí. Somos trascendencia pura. Y por lo tanto, tenemos que ser humildes.

La humildad es una gran virtud, porque solamente aquél que es humilde es capaz de ir más allá. Si creemos que somos el pináculo de la creación, ¿cómo seremos capaces de ir más allá? ¿Cómo podremos respetar todo lo que nos rodea y entender las relaciones de reciprocidad que existen con todo ello? ¿Cómo vamos a sobrevivir? La vida entera es un aprendizaje. Así mismo, la historia entera lo ha sido. Y la actitud del aprendiz tiene que ser humilde, para entender que la única manera de ser más, es superándose a sí mismo.

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miércoles, 4 de abril de 2012

Metáforas que favorecen al deísmo

Hace algún tiempo un compañero me pasó un video en respuesta a un debate que ni recuerdo cómo se originó, pero él pretendía contradecir un poco la tesis de que la Tierra no es un planeta especial. Para ello me sugirió que buscase un documental titulado El planeta privilegiado. Así que decidí verlo.

A medida que el documental avanzaba, me molestaba más y más. En toda su duración lo que se hace es plantear la idea de que si alguna de las pequeñas variables o condiciones alrededor de nuestro planeta, nuestro sistema solar, nuestra galaxia y nuestro universo fuesen movidas, la vida en la Tierra no sería posible. Esto puede ser totalmente cierto si lo vemos de esa manera. El universo es complejo, mover una sola variable es derrumbar el equilibrio tal cual existe, y a lo mejor ese camino nos llevaría a otro equilibrio totalmente diferente. La conclusión del documental es, nada más y nada menos, que "nuestro universo es una máquina perfectamente calibrada". La visión mecanicista del mismo salta a la vista nada más con esta afirmación. Y el mensaje subyacente está claro: para que una máquina esté "calibrada" tiene que haber un "calibrador".

A unos 6 mil millones de kilómetros de distancia, el
Voyager volteó a mirar la Tierra. Ese punto en el halo
de color amarillento, es la Tierra. Esta imagen inspiró
el título del libro Un punto azul pálido de Carl Sagan
El lenguaje a través del cual nos expresamos, incluso a veces científicamente, favorece la teoría según la cual el universo fue creado por una mente maestra. Nadie nunca ha podido demostrar que así fuere, pero nuestro lenguaje lo sugiere todo el tiempo.

En primer lugar, nos hacemos todo el tiempo una pregunta que considero, es estúpida: ¿Por qué las condiciones del universo al que pertenecemos, de la galaxia en que vivimos, y del planeta en que estamos, son perfectas para la vida que aquí habita? Responder la pregunta no requiere necesariamente de explicaciones estadísticas. Para mí la pregunta en sí es una trampa, es sencillamente ver las cosas al revés. No es que el universo y la Tierra estén hechos para nosotros. Si nosotros surgimos y evolucionamos en este Universo y en esta Tierra ¿no es lógico que estemos hechos para vivir en ella? Fue la vida la que surgió en las condiciones del planeta, y que se adaptó a lo largo de los años. El Universo fue primero, después la Tierra, después la vida, después nosotros ¿Por qué entonces hay que pensar que el Universo y la Tierra fueron hechos para nosotros, si fuimos nosotros los que vinimos después? Nosotros somos el resultado de miles de millones de años de historia, de fomación de materiales, de galaxias, de planetas y luego, de la formación de los organismos vivientes fundamentales, y de su evolución. Sé que las condiciones de la Tierra a lo mejor son sumamente raras, pero ¿acaso tenemos las evidencias suficientes para afirmar que estas son las únicas condiciones en las cuales pueden surgir formas de vida? Hay que tener en cuenta en primer lugar que las formas de vida de nuestro planeta son las únicas que conocemos. Muchos científicos incluso se preguntan si existe la posibilidad de que encuentren un lugar donde la vida exista, y no la reconozcan.

Un error común fundamental de la visión deísta del Universo es concebirlo precisamente como una "máquina". ¿Qué es una máquina, tal como nosotros las conocemos? Una cosa hecha por el hombre, que sirve para cumplir algún propósito específico, que depende del hombre para su funcionamiento y que puede presentar fallos a lo largo de su vida útil. Cuando se traspasa la metáfora de la máquina al Universo, se están traspasando sus características: fue hecha por una mente maestra, tiene un propósito, depende de la mente maestra para funcionar, e incluso para algunos tiene sus fallos, pero que rara vez son culpa de la mente maestra; más bien es la máquina la que parece rebelarse, o alguno de sus componentes, por ejemplo, el hombre. El Universo como fina máquina es una metáfora peligrosa. Y el Universo no se comporta como tal cosa.

Ya escribí una vez en un post, que la complejidad del Universo no puede ser obra de una sola mente. Esta complejidad solo puede ser posible por la confluencia de infinitas fuerzas que caóticamente han devenido en patrones específicos. El caos existe, pero no puede existir perennemente. Cuando varios elementos se encuentran en un sistema caótico, acaban formando patrones. Un ejemplo clásico de esto es el de los martillos en una construcción. El repiqueteo de los martillos de los obreros es caótico, y sin que haya intenciones de ello, se produce una sincronicidad espontánea, que puede ser o no al unísono.

El Universo no fue creado, sino que está en constante creación. El Universo es creativo por su propia naturaleza. Hace relativamente poco tiempo leí un hermoso artículo, que expone cómo la creación puede ser vista de dos formas diferentes: desde el creador autoritario, que prentende controlar todas las variables (y a quien él compara con un arquitecto); y desde la creación espontánea, en la cual hay un germen, que por las variables del sistema sigue su evolución, que nunca es totalmente predecible (que él compara con la jardinería). El autor habla del arte. Pero no en vano sus ideas de la creación espontánea surgieron de las ideas cibernéticas, de las teorías de la complejidad y de la idea del caos. También menciona el por qué él cree que la gente es tan escéptica con la teoría de la evolución: "Todo el choque que produce la evolución darwiniana viene de que la simplicidad se convierta en complejidad. Para nadie es obvio que algo así deba suceder." Ése es el problema, que tradicionalmente, por las fuerzas que impone el lenguaje en nuestro pensamiento y en nuestra cultura, tenemos la tendencia a pensar al revés. Y es lógico, porque al hacernos la pregunta sobre el origen de las cosas, o sobre la causa de los efectos que vemos, siempre miramos desde el presente hacia el pasado. Pero en ese proceso se nos olvida que la causa fue primero, no el efecto. Y también se nos olvida que no todas las causas son deterministas, menos aún cuando hay una gran cantidad de variables, lo que quiere decir que un sistema idéntico puede devenir en resultados diferentes. Y siempre pretendemos que el resultado que vemos fue el único posible, cuando no necesariamente es así.

Un concepto nietzscheano que me encanta es el de la fatalidad. También el del devenir. Fundamentalmente se trata de esto: Las cosas no pasan porque tenían que pasar, sino porque de algún modo tenían que pasar. Si en un sistema hay cosas interactuando, se generan influencias y tensiones que hacen que el mismo evolucione. Pero esa evolución puede devenir de diferentes formas, solo que es imposible que lo haga de varias formas a la vez, entonces, de alguna forma tenía que devenir. Y no por ello tenemos que pensar que el sistema estaba programado para llegar a su forma actual. Simplemente era una de las formas posibles, y fue la que acaeció, por el comportamiento de las variables, por las influencias externas, etcétera.

Otro problema común, por el cual se favorece al deísmo, es el de la causa última. Si todas las cosas tienen forzosamente una causa, y no puede pensarse que éstas son infinitas, tuvo que haber una acción primigenia, una causa original, de la cual provino el Universo (yo vivo tranquila con el de las causas infinitas, pero no hay pruebas de ninguna de las dos visiones). Se alega pues, que esta causa última es "dios". El problema es ¿por qué llamar a la causa última "dios"? Es un condicionamiento lingüístico, que atribuye a la causa última poderes y características que no se sabe si tiene. "Dios", como vocablo, en primer lugar denota a un ser, consciente. Si los seres somos el resultado de miles de millones de años de evolución cósmica, dudo que la causa última fuese un ser, mucho menos una voluntad. Segundo, "dios" como tradicionalmente ha sido visto por la humanidad, es una autoridad, tiene poder y vigila nuestros actos. ¿Por qué la causa última del universo tendría atribuciones éticas algunas? Es evidente que, no solo la causa última, sino todas las subsiguientes causas viven dentro de la historia de todas las cosas que conforman este universo. Pero desconocemos esa causa. ¿Por qué hay la necesidad de ser "deísta" para creer en una causa última? Yo soy atea y puede creer que hubo algún inicio. Pero de ese inicio las cosas evolucionaron ASCENDENTEMENTE (creación espontánea), no DESCENDENTEMENTE (creación autoritaria), como suele ver el criterio deísta. Lo que llamas "dios" hace referencia necesariamente a una mente maestra, a un diseño premeditado, o esa es la acepción de "dios" que tiene la mayor parte de la humanidad. Yo creo que de la causa primigenia surgió un efecto (¿o varios?), y que los efectos se multiplicaron de una forma incontrolada, caótica, y de ese caos surgieron los patrones que dieran origen y evolucionaran hacia lo que existe hoy. Y soy atea, porque creo que la idea de "dios" es errada por todas las atribuciones que se le ha dado en toda la historia. El vocablo "dios" es un estorbo para poder llegar realmente a la causa última. Ser deísta es bastante cómodo en este aspecto, cada quien le da un siginificado diferente al término "dios", lo que lo convierte en una idea flexible, subjetiva, que puede ser sustituida por miles de ideas reales, medibles y demostradas.

Muchas veces el lenguaje científico "nos lleva a dios". Hay expresiones que son una trampa. Por ejemplo el concepto de ley científica. Es muy interesante que al buscar el concepto en Wikipedia, salga esto:
Los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes en ciencias se describen mediante una proposición lingüística o ley científica, que es un planteamiento de los hechos en toda su complejidad. Con la ciencia experimental comienza la indagación de leyes científicas vinculadas a los distintos fenómenos.
Fractales: la geometría de la complejidad
Fuente: Wikimedia Commons
Dice "los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes". También se menciona más adelante que hay leyes deterministas y leyes probabilísticas, es decir, no todas son causales. Sin embargo la metáfora de "la ley", es interpretada como "el Universo funciona según leyes inexorables", el problema es que se está pensando implícitamente que las leyes fueron pensadas o establecidas antes de la existencia del Universo o justo en su inicio. Por qué más bien no pensamos que el Universo evolucionó de esta manera y a medida que se complejizaba se formaron patrones de comportamiento, que son los que hoy en día medimos y expresamos según nuestro lenguaje, y llamamos leyes. El problema es que pensamos en leyes humanas: fueron redactadas por alguien y son inquebrantables (sabemos que se pueden quebrantar muy fácilmente, pero ése es el ideal social).

Los patrones son espontáneos. No necesitan ser diseñados para existir. No entiendo cuál es el problema de la gente en aceptar que el caos genera orden. Aquí hay un ejemplo de un experimento. Yo particularmente prefiero remitirlos a Fritjof Capra. Lean La trama de la vida. Es es un libro que me cambió la vida a mi. Desgraciadamente lo presté y no me lo han devuelto. Aquí encontre una copia, es mi regalo para todos los que lean este post. Allí Capra menciona muchísimos otros experimentos que confirman que los patrones son espontáneos. Y tranquilos, que yo misma no sé si Capra es ateo o no. Él nunca fija su posición al respecto.

Y no olvidemos que en el siglo XX se llegó a la conclusión de que la ciencia no es absoluta, y que no puede serlo, porque el observador afecta mecesariamente al objeto observado. Tengan cuidado con sus posiciones epistémicas, pueden estar contaminando al objeto más de lo necesario.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Del catolicismo al ateísmo: Entrevista de @enjovior

Hace poco tiempo me contactó un estudiante de periodismo, para participar en una serie de interesantes entrevistas. Su nombre, Enmanuel Villalobos (@enjovior), quien está llevando a cabo esta serie, para estudiar el fenómeno de la deserción católica. Lo explica un poco en su primera entrevista.

A mí el fenómeno religioso en general me parece bastante interesante, y hablar de mi ateísmo por primera vez en una entrevista resultó una gran experiencia. Nos citamos en un lugar público al norte de la ciudad. Me encontré con él y con su simpática compañera Meryoli Arias. Nos sentamos a conversar, tomamos un café, y arrancamos con el diálogo. Ambos me parecieron personas muy críticas con el periodismo actual en el país, cosa que me gustó bastante.



Hablamos fundamentalmente de mi conversión al ateísmo: en qué momento se dio, cuáles fueron las influencias, cómo sentí la respuesta social a esa conversión; de mi opinión respecto a la Iglesia Católica; debatimos específicamente dos posts de este blog seleccionados por él: Somos polvo... de estrellas y NO a la Ley Evangélica, lo que nos llevó a hablar de ciencia y de laicidad; y luego se me preguntó un poco sobre mis opiniones sobre la deserción católica, sobre el Papa Benedicto XVI y sobre las estrategias de la Iglesia para captar y mantener a sus feligreses.

La entrevista como tal será subida a la web en formato de texto, audio y video. Por razones técnicas, el video no ha podido ser subido, pero ya están disponibles las versiones de texto y audio.

Pueden ver directamente el post de Enmanuel Villalobos haciendo clic aquí.

Pueden leer la entrevista completa:


Pueden escuchar el audio también:




Apenas esté disponible el video, lo insertaré acá también.

Por último, expreso mis más sinceros agradecimientos a Enmanuel y a Meryoli por brindarme esta oportunidad, y espero que podamos comparitr en muchas otras ocasiones, hablando de este o de otros temas :-)

Actualización: Ya se ha subido el video de la entrevista. A decir verdad pensé que sería más largo, pero son solo unos minutos, es decir una muestra, así que si quieren escuchar todo tal como lo dije, remítanse al audio :-)



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miércoles, 22 de febrero de 2012

Somos polvo... de estrellas

Si hay una frase de la Biblia que me gusta, es esa tan famosa de Génesis 3:19 "...pues polvo eres, y al polvo volverás." Es bajo su simbología que hoy Miércoles de Ceniza, los católicos se ungen cenizas en la frente, celebrando el inicio de la Cuaresma.

El poder de esta frase es estremecedor, pero para cuando se escribiera el Genesis, quizás no tenía los alcances de hoy en día, pues con los conocimientos científicos de aquella era, no podía ver el hombre hasta qué punto está hecho del polvo que le rodea. Solo observaba quizás que los restos humanos con el tiempo se convertían en eso, y quizás de allí concluyeran los antiguos sabios que en algún punto, debimos ser creados del polvo de la Tierra. 

Hoy en día sabemos que las cosas no ocurrieron exactamente así. Pero efectivamente estamos hechos de polvo, y no del polvo de la Tierra, sino del polvo de las estrellas. Es una famosa expresión del astrónomo  y divulgador Carl Sagan, al referirse al origen de la materia. Los seres vivos estamos hechos de células, las células de moléculas complejas, las moléculas de átomos, y los átomos se crearon en los núcleos de las estrellas, que al acabar su vida, expulsan todo su material al vacío interestelar, y de ese material surgen nuevas estrellas y planetas constituidos de esos elementos.


La expresión "no somos más que polvo de estrellas" para mi encierra el más profundo sentido de conexión entre nosotros y el Cosmos. Por eso hoy, en el marco de la famosa celebración católica, les quiero ayudar a ampliar el panorama, y regalarles las palabras del maestro Sagan:



Los átomos sintetizados en los interiores de las estrellas acaban normalmente devueltos al gas interestelar. Las gigantes rojas finalizan con sus atmósferas expulsadas hacia el espacio; las nebulosas planetarias son las fases finales de estrellas de tipo solar que hacen saltar su tapadera. Las supernovas expulsan violentamente gran parte de su masa al espacio. Los átomos devueltos son, como es lógico, los que se fabrican más fácilmente en las reacciones termonucleares de los núcleos de las estrellas: el hidrógeno se fusiona dando helio, el helio da carbono, el carbono da oxígeno, y después en estrellas de gran masa, y por sucesivas adiciones de más núcleos de helio, se construyen neón, magnesio, silicio, azufre, etc.: adiciones que se realizan por pasos, dos protones y dos neutrones en cada paso hasta llegar al hierro. (...)
Todos estos son productos químicos familiares. Sus nombres nos suenan. Estas reacciones nucleares no generan fácilmente erbio, hafnio, diprosio, praseodimio o itrio, sino los elementos que conocemos de la vida diaria, elementos devueltos al gas interestelar, donde son recogidos en una generación subsiguiente de colapso de nube y formación de estrella y planeta. Todos los elementos de la Tierra, excepto el hidrógeno y algo de helio, se cocinaron en una especie de alquimia estelar hace miles de millones de años en estrellas que ahora son quizás enanas blancas inconspicuas al otro lado de la galaxia Vía Láctea. El nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro de nuestra sangre, el carbono de nuestras tartas de manzana se hicieron en los interiores de estrellas en proceso de colapso. Estamos hechos, pues, de sustancia estelar.(...)
El origen y la evolución de la vida están relacionados del modo más íntimo con el origen y evolución de las estrellas.
Carl Sagan. Cosmos. Capítulo 9: Las vidas de las estrellas. Pág. 233


Y si a hablar del sentido de la vida vamos, les dejo el último párrafo de esta célebre obra:

Porque nosotros somos la encarnación local del Cosmos que ha crecido hasta tener consciencia de sí. Hemos empezado a contemplar nuestros orígenes: sustancia estelar que medita sobre las estrellas; conjuntos organizados de decenas de miles de billones de billones de átomos que consideran la evolución de los átomos y rastrean el largo camino a través del cual llegó a surgir la consciencia, por lo menos aquí. Nosotros hablamos en nombre de la Tierra. Debemos nuestra obligación de sobrevivir no sólo a nosotros sino también a este Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.
Carl Sagan. Cosmos. Capítulo 13: ¿Quién habla en nombre de La Tierra?. Pág. 345
Foto tomada por el Telescopio Espacial Hubble de la Nebulosa del Águila (M16).
Fotografía conocida como Los Pilares de la Creación.

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lunes, 16 de enero de 2012

En lo que creo

Estoy un poco cansada de leer por aquí y por allá una justificación del ateísmo desde la racionalidad. La racionalidad es buena, no digo que no. Probablemente mi alejamiento de los seres supremos comenzó con algo de eso, con algo de "falta de evidencia" o cosas por el estilo. Pero la verdad es que cuando descarté dentro de mi mente a la estructura "dios" dentro del universo, surgió un pensamiento diferente, que no sólo ha hecho que las cosas parezcan más lógicas, o que mi modo de actuar sea auténticamente más ético, sino que he logrado desvelar a través de los enigmas y de las búsquedas de respuestas un mundo absolutamente más hermoso, y mucho más creíble, y esto es lo que procuraré, de un modo muy breve, explicar. Tengan en cuenta que esto ha surgido de muchas lecturas y que de cada párrafo de estos pudiera surgir un post o una discusión eterna.

Hace poco una persona me preguntó sobre qué pilares fundamento mi ateísmo, y le prometí un post. A lo mejor con éste logre despejar un poco sus dudas. En primer lugar debo decir que el ateísmo es intrínsecamente una negación. Mi pensamiento no está fundamentado en esa negación. Me declaro atea simplemente para definir mi postura religiosa, o mejor dicho a-religiosa, que querámoslo o no, es un aspecto de la persona que aún posee un gran peso cultural. Pero la verdad a mi me gusta más hablar de las cosas en las que creo, que de las cosas en las que no creo.

Sin embargo, todos los seres humanos nacemos inmersos en una cultura, que nos carga la mente de lenguajes, códigos y creencias, e inevitablemente la mayoría de nosotros fuimos educados bajo alguna creencia religiosa, en la cual se nos inculcó una cosmogonía determinada. Uno de los aspectos claves de la religión es esa, la cosmogonía, o la estructura que sus creyentes dan al universo. A mi también me hicieron creer en dios, y debí negarlo. Al desaparecer a cualquier ser superior de nuestras mentes la cosmogonía cambia radicalmente, el universo pareciera urgir de una explicación. A muchos deístas les incomoda terriblemente esta sensación y he visto con mis propios ojos cómo la gente se aterra sólo de pensar que no hay una causa explicable de "todo lo que existe", y prefieren ni asomarlo en sus cabezas.

Por muy racional que actúe un ser humano, el universo pareciera que jamás deja de ser "irracionable". Me refiero con esto a que nuestra mente es una incapaz ante el gran cosmos, y las respuestas que creemos encontrar por lo general conllevan a nuevas preguntas. Esta infinitud de las causas también parece molestar a mucha gente, y pareciera que no pueden vivir en paz sin una "causa última", aunque ésta ni siquiera esté probada. Yo simplemente acepto que las causas son infinitas, y que este es uno de los encantos del universo.

El universo resulta bello e inquietante, pues, porque siempre tendrá enigmas para nuestra frágil y pobre mente. Su inmensidad e imposibilidad de ser aprehendido por nuestras circunvoluciones le hace hermoso.

Muchas veces me han tratado de hacer ver que un mundo tan complejo y rico como éste sólo pudo haber sido ideado por una mente maestra. Es uno de los argumentos que considero más absurdos, pues ¡por el contrario! Este cosmos con su diversidad, con su riqueza, con su infinidad de elementos, con su variedad de fuerzas, con su complejidad en lo macro y en lo micro, ¿cómo pudo haber sido ideado por una sola mente? ¿Cómo podría haber sido diseñado por un solo individuo? Es precisamente en la infinidad de elementos y fuerzas que en él se conjugan que se ha producido lo que percibimos hoy, en nuestro "momento cósmico", y nosotros somos el resultado de ello. Como decía Sagan, no somos más que polvo de estrellas.

De la mano de la complejidad, yo creo fundamentalmente en el funcionamiento caótico del universo. Sé que muchas de las teorías del caos y de la física cuántica no están totalmente demostradas, pero es la estructura que me presentan del mismo la que me parece más coherente, incluso filosóficamente hablando. Hay algo fundamental en este punto. Casualidad y causalidad no son excluyentes. Del caos surgen patrones espontáneamente y según sé, esto ha sido demostrado. Y los patrones surgen de la sincronicidad que inevitablemente surge en una estructura caótica, y pueden llegar a ser infinitos. Y esto no excluye a la causalidad de las cosas. ¿Por qué? Porque la historia de una estructura es fundamental en su posterior desarrollo. Un simple fenómeno aleatorio que afecte a una estructura en determinado momento, afectará su evolución eternamente. Eso es la causalidad. Fue más o menos lo que planteaba yo en mi poema Sobre el pasado. El pasado es mi estructura, por eso siempre me acompaña. Caos y causa van de la mano.

El universo complejo - caótico es hermoso. No hay plan predeterminado. Del caos surgen las estructuras, y se afectan entre sí infinitamente, como en una gran red. Pienso por ejemplo, en los organismos vivos del planeta Tierra, en que todos de alguna manera, por insignificante que parezca esa influencia, nos afectamos. Eso intenté esbozar en mi poema Perturbaciones. El mundo es una red. Y por eso la causalidad es a veces tan sutil. Porque las causas son demasiadas como para verlas todas. Y ése es precisamente el encanto del caos.

Si creo en todo lo que expuse, forzosamente concluyo que creo en la evolución. La evolución para mi, aparte de una cuestión de cambio, de adaptabilidad, es una cuestión acumulativa. Y esto tiene que ver con lo que ya mencioné de la historia de las estructuras. En ellas perviven de alguna forma todos los estadios de su evolución. Esto incluye a los seres vivos, por supuesto. ¿Han visto esos programas en los que se ve la evolución de un feto? ¿Han visto que en muchos casos nacen estructuras óseas antiguas y se eliminan durante la gestación? Es como si el feto fuese una historia resumida (muy resumida) de lo que hemos sido en la cadena evolutiva. Según mi perspectiva creer que soy un ser "evolucionado de", es una experiencia más profunda. Me hace sentir que hay una conexión entre todos, absolutamente todos los seres de la Tierra. Tenemos una historia compartida, y miren la diversidad que ha surgido de ella. Un perro puede parecer muy distinto a mi, pero ¡también puede parecer tan igual! Tenemos dos ojos, una boca, dos oídos, cuatro extremidades, y ni hablar de nuestra anatomía interna ¡qué parecida es! Y todavía hay gente que tiene los cojones de decir que no viene de ningún mono.

Hay otro aspecto en el que creo, y que quizás muchos no compartan. Creo en la fatalidad. Creer en la fatalidad no es creer en el destino. Es creer que las cosas suceden, porque las causas (infinitas) y los fenómenos aleatorios lo propiciaron, y alguno de los resultados posibles tenía que acaecer. Creer en la fatalidad es pensar que las cosas pasan, porque de algún modo tenían que pasar. Es la consecuencia de la unidireccionalidad del tiempo, y del hecho de que jamás se puedan controlar todos los factores, aparte de la cantidad de influencias que concurren en un hecho. Por eso yo no puedo creer en una voluntad suprema. Yo creo en una infinidad confluyente de voluntades, que divergen y se entrecruzan, que se afectan, y que por lo tanto, ninguna de ellas puede tener total control sobre ningún acontecimiento, ni social, ni cósmico, ni de ningún tipo.

Yo me siento más segura en un universo así. Porque sé que soy parte de él, y que afecto a las estructuras y a los hechos hasta un punto que ni yo misma puedo imaginar. Es el famoso ejemplo de la mariposa. Eso me hace más responsable. Pero también me hace menos insignificante. Y por supuesto, me hace menos indispensable. Nada ni nadie es indispensable, pero todos afectamos. Y todos al morir dejamos una huella... genética, cognitiva, cultural, bioquímica, etcétera.

En todo eso, es en lo que yo creo.

Wolfgang Bayer: Partial view of the Mandelbrot Set.
Fuente: Wikimedia Commons
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lunes, 26 de diciembre de 2011

Panteísmo y ateísmo lingüístico

Me he dado cuenta en mi experiencia que mucha gente se aleja voluntariamente de las instituciones religiosas por considerarlas hipócritas o políticamente incorrectas, o porque prefieren iniciar su búsqueda espiritual de un modo muy personal. Muchas de estas personas dicen no creer en "dios" como un ente, como un ser, sino más bien como una "esencia", como la "conexión" entre todo lo que existe, y sin embargo, no se declaran ateas.

Esta tendencia tiene un nombre en realidad, se conoce como panteísmo, y su premisa fundamental es que todas las cosas están conectadas por una esencia última, que puede verse como equivalente a "la naturaleza", y que esa esencia es "dios". También hay un denominado "panteísmo ateo", que básicamente expone lo mismo, pero sin creer que esa esencia tenga una "conciencia", una "voluntad", una "omniscencia", simplemente todo está conectado, y punto, y que el Universo se reduce a lo que podemos ver, sin que la conexión entre las cosas dependa de algún "plano superior" (para más información, pueden consultar el post Teísmo, Deísmo y Panteísmo, del blog Ateísmo para cristianos).

A este sentido quiero agregar que yo misma no comprendo por qué los "panteístas ateos" no son "ateos" y ya. Una deidad, en el sentido estricto de la palabra, es un ser que se supone superior a los seres reales, casi siempre a nivel espiritual. Si no crees en un ser, o en muchos seres superiores, ¿qué es lo que te falta para ser "ateo"?

Me he dado cuenta, por medio de conversaciones personales, que mucha gente tiene un cierto temor a declararse ateo(a). Aunque no crea en seres superiores, sino en "conexión", en "energía", o cosas por el estilo. Piensan que la palabra "ateísmo" elimina la magia, en el sentido de sentimiento humano. En sí la mayoría de los ateos descarta la existencia de cualquier cosa sobrenatural, al menos hasta que sea probada; por otro lado los agnósticos afirman que de existir cualquier cosa sobrenatural, es inalcanzable para quienes formamos parte del "plano natural" (por exponerlo de algún modo sencillo). Pero ninguna de las dos posturas elimina la magia, repito, como sentimiento humano. Ninguna de las dos posturas elimina el sentimiento de conexión tampoco.

Yo soy atea, y por medio de lecturas científicas, por medio del arte y por medio de lecturas filosóficas, he concluido, y siento, que todo en el universo está profundamente conectado. Lo he visto en las partículas subatómicas, en las teorías de la complejidad, en los modelos sistémicos, en el caos, en las formas cómo surgen lo elementos básicos de la vida muy lejos de aquí, en la evolución. No hay necesidad de creer en algo sobrenatural para sentirse conectado con el cosmos.

A lo que quiero llegar es a que hay que hacer lo posible por perderle el miedo al término "ateísmo", ya que éste denota realmente la no creencia en deidades, más no necesariamente denota el final de las búsquedas espirituales en el sentido más estricto del término: la conexión con el cosmos y con la naturaleza, la superación personal, la búqueda de la sabiduría, la meditación (no se entienda que creo en la existencia del "alma", como algo que puede vivir fuera de nuestro cuerpo o mente).

De hecho yo particularmente considero que el término "dios" me representa un estorbo, pues tiene ya tantas acepciones que uno no sabe a qué se esta refiriendo exactamente, y puede ocasionar la peligrosa simplificación de la búsqueda espiritual de la que hablé. Y aceptar que "dios" es cualquier cosa sobrenatural y que se puede representar o manifestar en cualquier cosa material, es una acepción que siempre constituirá el argumento absurdo por excelencia de los deístas. 

"Dios" es una palabra peligrosa por el hecho de ser sustantivo y nombre. Hay alusión necesaria a un "ser", cuando la conexión no es un ser, es una estructura, una relación. Así que aquellas personas que creen en la cosmogonía de la conexión, atrévanse a despojarse del vocablo "dios", y pienso que entonces dejarán de tener ese término como excusa y empezarán a descubrir y a acercarse más al concepto que tienen de "él".

Mearone: Gaia. Fuente: Wikimedia Commons
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martes, 22 de noviembre de 2011

Percibir el pálpito del universo

Hoy, otro día del músico más, pretendo publicar este texto inédito, que una vez sirviera de introducción a una pequeña obra programática que escribí hace unos 5 años. Debo confesar que está incompleto, porque lo demás venía a constituir el programa de la obra en sí, y sería insensato publicarlo sin publicar la música. Se los debo. Debo muchas cosas en realidad. Y disculpen que he estado tan inactiva, en este mes del músico, he tenido mucho trabajo. Afortunadamente tengo aún muchas cosas escritas sin publicar. También me disculpo por el exceso de puntos suspensivos, en ese entonces me gustaba abusar de ellos, como si la prosa quisiera ser verso, no sé. Decidí dejarlo tal cual.

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Percibir el pálpito del universo

Sólo queda el olor, sólo el éxtasis, sólo un suspiro de la tempestad carnal… tempestad solitaria e infecunda como siempre ha solido ser… aún se siente la humedad mental que me ha dejado el día lluvioso… de mi cabeza no sale la melodía del segundo movimiento de la Sonata de Mozart, sutil y deliciosa… la practicaba esta tarde, o al menos lo intentaba… mis dedos son demasiado torpes… observo el exquisito contraste entre el turquesa del lápiz con el que escribo y el rojo del plástico bajo mi cuaderno… este es el contexto… ¿qué siento? ¿qué percibo? Se me ocurre un nombre muy apto para describirlo… es simplemente el pálpito del universo, es la materialización del tiempo, el eterno movimiento de la materia y de la energía… ese movimiento admirable e insistente que con mucha razón los físicos llamaron armónico… armonía… equilibrio… eso es la onda, el pálpito del universo.  Ella es la manifestación más diminuta de aquel principio de que todo tiene un inicio, un punto cumbre y de allí un retorno al nivel inicial… eso es la onda, la oscilación del espacio… y ella es la que conforma o, mejor, dicho, viene a ser, la que es cada una de esas cosas que hemos considerado acaso bellas… la luz es onda… el sonido es onda… y ella es en toda su variedad la que le ha dado razón a mi percepción, la que le da vida a la forma, ella siempre vibrante, no permite que el todo de este cosmos sea estático… es el corazón de la realidad.

Mis ojos las ven, mis oídos las escuchan y son la única razón de ser de mis ojos y mis oídos, son lo único verdadero para ellos y es en sus formas más esenciales que me resultan más bellas… todo lo demás es derivado, es su pureza la que me produce el éxtasis, es su proporción inherente, lo que hace la armonía… es ella la energía a través de la cual los seres y hasta los objetos inertes de este universo transcienden su propio espacio y se dejan percibir antes de ser palpados, hacen sentir su latido, afectan el espacio que los rodea y finalmente el tiempo se hace concebible… me recuesto en el pecho fecundo del cosmos y siento su cálido latir… sólo concluyo… el calor es movimiento, la luz es movimiento, el sonido es movimiento… es la onda lo más sublime y placentero que se pueda imaginar, o al menos en este momento me lo parece… todo encanto es consecuencia directa de mi capacidad de percepción.

Percibo… mi mente no está sola, más bien parece aturdida, como en cada detalle de la realidad hubiese posibilidades de quedar embelesado… Pero mi mente está loca, ella absorbe y todo lo transforma, todo lo mezcla, todo lo universaliza… ella no es capaz de contemplar lo efímero, porque lo que es fugaz es inconsciente, y sin embargo, éste último es accesible… ya no es fugaz… ella no sabe de instantes, sólo sabe de reanimarlos y recontextualizarlos, sin embargo, ella es maravillosa.

Esta mañana desperté… percibí un destello, que luego fue tomando forma… azules, verdes, rosas, amarilos, claro está, esa es mi mente la que se da el trabajo de darles los nombres, y después observa cómo se entretejen y descubre con sus remembranzas que estoy en mi habitación, pero este proceso es fugaz y despreciable…  Se oyen sonidos afuera, y mi mente concluye: un camión, una corneta, una reja, el aire acondicionado… a veces –como ya lo dije, ella está loca-  quiere contemplar lo fugaz, lo puro, y aunque lo pretende le es muy costoso, y si alguna vez estuvo cerca de lograrlo, le pareció un trance infantil o surrealista… sueños poco coherentes para ella, simplemente se deja llevar por lo que percibe, pero al momento le resulta tan bello que es incapaz de olvidarlo, ella insiste en comprenderlo.  Pero no conforme con estar allí, pasiva mas no estática, contemplando la realidad, ella la admira tanto que quiere recrearla, quiere cambiarla, le gusta de vez en cuando ser material, vibrar con el universo, y finalmente percibirse a sí misma ahí afuera, formando parte de todo lo demás… Mira un paisaje y no se conforma con guardarlo en sus intrincadas e imperfectas neuronas, sino que lo asimila, lo retoca y luego quiere recrearlo, quiere percibirlo a su manera pero desde la misma realidad.  A ella le gusta jugar consigo misma, le gusta echar colores al lienzo y reencontrarse con ellos en la realidad; le gusta recrear sus estados psíquicos con un montón de sonidos… a ella le gusta hacerse sentir, le gusta mover la realidad, le gusta hacer ondas… sí, a veces tira piedritas al agua y a veces canta; a veces colorea y a veces toca el piano, pero siempre lo disfruta… le encantan las proporciones de las ondas… se recuesta en el pecho fecundo del cosmos y siente su cálido latir… siente el tiempo…

Surface waves. Roger McLassus

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martes, 9 de noviembre de 2010

Antes y Después de Cosmos

“El cosmos no fue descubierto hasta ayer.  Durante un millón de años era evidente para todos que aparte de la Tierra no había ningún otro lugar.  Luego, en la última décima parte de un uno por ciento de la vida de nuestra especie, en el instante entre Aristarco y nosotros, nos dimos cuenta de mala gana que no éramos el centro ni el objetivo del universo, sino que vivíamos sobre un mundo diminuto y frágil perdido en la inmensidad y en la eternidad, a la deriva por un gran océano cósmico punteado aquí y allí por centenares de miles de millones de galaxias y por mil millones de billones de estrellas.  Sondeamos valientemente en las aguas y descubrimos que el océano nos gustaba, que resonaba con nuestra naturaleza.  Algo en nosotros reconoce el Cosmos como su hogar.  Estamos hechos de ceniza de estrellas.  Nuestro origen y evolución estuvieron ligados a distantes acontecimientos cósmicos.  La exploración del Cosmos es un viaje para autodescubrirnos”
 Carl Sagan, Cosmos



Hay pocas cosas en mi corta vida que pueden ser consideradas una frontera, un quiebre de la existencia, una evolución en sí.  Y la lectura de Cosmos fue una de ellas.  Este año apenas y me entero de que hay un día dedicado a Carl Sagan que es, predeciblemente, el aniversario de la fecha de su nacimiento.  Entonces he decidido aprovechar, y como muchos, hacerle un homenaje, aunque no de muchas pretensiones, éste es pues, un homenaje desde lo personal.

Cuando leí Cosmos tendría yo 12 años, era apenas una niña, y al igual que todos los niños tenía yo muchas inquietudes.  A la mayoría de los niños los enseñan a callar la mayor parte de ese montón de inquietudes y curiosidades que tienen, mientras yo tuve la fortuna de leer este libro, que representaría para mí una especie de despertar.  Todavía recuerdo a la persona que me lo recomendó, y también a la persona que me lo regaló, ambos respondiendo a la gran curiosidad que yo sentía por las estrellas, y casi sin perder tiempo y apenas con un limitado manojo de conocimientos a mi disposición, leí el libro entero, y aún hoy los cambios que este libro produjo en mi pensamiento se hacen sentir.  Luego leería otros textos de él, como Un Punto Azul Pálido y El Cerebro de Broca.

La astronomía es en sí una ciencia bastante transversal, es decir, trata esencialmente el estudio de los astros, pero este estudio atraviesa prácticamente todas las demás disciplinas científicas.  Una de las cosas que Sagan logró, fue dibujar genialmente esa transversalidad, y no despojar jamás a la ciencia de su humanidad, todo en un lenguaje accesible y que raya en lo poético.  Así, a través de sus textos, lo más fácil es amar la ciencia, y ver su belleza desde todos los puntos de vista posibles; a la vez, yendo de la mano con la humanidad creadora de esta ciencia y viviendo sus historias y perspectivas.  Leer Cosmos es ver el universo desde el ojo humano, y ¿de qué otra forma podríamos nosotros contemplarlo?

A través de las líneas de Sagan no sólo aprendí a usar mejor la razón, sino que encontré una infinita y  profunda inspiración, como no la había encontrado en otra parte.  El concepto mismo del Cosmos puede cambiar totalmente nuestra visión del mundo.  En él, todo está interconectado, todo influye sobre todo, y nosotros mismos, nuestra conciencia, es el resultado de infinitas interacciones entre cosas y sucesos que normalmente veríamos como ajenos a nosotros.  Así pues no sólo se razona, sino que se siente la conexión tan temida y a la vez tan anhelada por el individuo.  Entonces uno se convierte en algo demasiado pequeño y a la vez demasiado grande; uno es tan frágil y diminuto en la inmensidad del universo, y a la vez tan excepcional, es decir, tan especial, pero uno a la final es el universo mismo en acción.



Así pues, mientras me paseaba y me regodeaba entre mundos extraños, entre relatos de civilizaciones antiguas, entre las colisiones atómicas de los núcleos estelares, entre las formas de vida más extrañas de la Tierra, entre los nubosos brazos de las galaxias, me regodeaba en mi espíritu mismo, y la contemplación podía ser total y fecunda.  Descubría entonces la geometría y la poesía a la vez.

Sagan me enseñó a desconfiar de muchas cosas, entre ellas la religión.  Y comprendí la importancia de la duda en el aumento de las perspectivas de la mente.  Pero lo quizás lo más importante que me enseñó no fue la duda, sino una nueva fe: me enseñó a creer en la humanidad.  Entre sus altas y bajas, entre su agricultura y su arquitectura, entre sus dioses y sus matemáticas, empecé a reconocer al hombre como el ser genial que es, y que tal vez por sentirse tan solo, no tiene más remedio que desconocerse a sí mismo.  Pero, a pesar de todo, yo creo en el ser humano y en que es dueño de facultades que él mismo no se atreve a descubrir, y en que es uno de los estadios más evolucionados que conocemos de eso que llamamos Cosmos, es un ser con conciencia.

Al final, lo que yo crea es irrelevante; sólo sé que Carl Sagan no fue un hombre irrelevante ni para mí, ni para muchos, ni para la ciencia del siglo XX. Cómo decirlo… no soy más que una voz en la fuga cósmica, y no me queda más que contemplar y acaso intentar descifrar los secretos de su polifonía.

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