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lunes, 11 de enero de 2016

El islam y la naturaleza humana

Desde hace algún tiempo estoy leyendo un famoso libro de divulgación científica: La tabla rasa de Steven Pinker. Es un libro largo y que abarca muchísimos aspectos que pueden ser controversiales sobre la naturaleza humana, desde el punto de vista de la psicología evolutiva. No lo he terminado, pero a la luz de los acontecimientos actuales y luego de haber pasado capítulos sobre la violencia, el género y la violación, no me he resistido a escribir este post.

Son muchos los puntos en los que ninguna de las ideologías dominantes sabe leer la psicología humana y pasan por encima de los hechos, y de los resultados que estudios científicos pueden aportar, y por supuesto se hacen las cosas más difíciles.

Un tema candente en la actualidad es el islam, la migración de miles de musulmanes a Europa, y la manera cómo éstos actúan en las tierras en que se les da acogida. Sucesos como el de la revista Charlie Hebdo a principios del año pasado, y las violaciones masivas de Colonia a principios de éste, encienden las alarmas de Occidente sobre sus políticas y nos pone a cuestionarnos qué hacer y cómo actuar, pero para ello, nos pone a intentar comprender, qué rayos pasa en la cabeza de estas personas, ajenas a nuestra cultura, es verdad, pero al fin y al cabo seres humanos como nosotros.

Son muchos los apartados del libro de Pinker que me han hecho pensar en esto. Una de las afirmaciones principales que atraviesa todo el libro, y que está sustentada científicamente por varios estudios y estudiosos, es que entre los seres humanos hay poquísima variabilidad genética, esto quiere decir que entre razas y culturas, nosotros no somos esencialmente muy diferentes, y que, a menos que seas un individuo atípicamente psicópata, a nivel de violencia y sexualidad, en determinadas circunstancias, sobre todo circunstancias sociales, todos los seres humanos podemos ser unos bárbaros.

Esto, como el mismo autor aclara muchas veces, no quiere decir que se pueda educar a alguien para ser esencialmente de determinada manera, sino que estos comportamientos forman parte de nuestro instinto, de nuestro fondo genético, y que la violencia es una constante en absolutamente todas las culturas que han existido en nuestra historia como especie. No quiere decir muchísimo menos que se estén justificando estos comportamientos.

Efectivamente, en el mundo de hoy, la violencia en general se ha logrado reducir, gracias a mecanismos sobre todo de coacción (las fuerzas del Estado, la Ley tal como la conocemos), que se ha demostrado que son lo que mejor funciona. Y aún así, en zonas de alta conflictividad, o urbanamente deprimidas, donde las fuerzas policiales mismas no se atreven a entrar, y la gente toma la sobrevivencia en sus manos; o donde hay condiciones de vida pésimas, o no hay un sistema de Ley que funcione, o incluso las autoridades están infiltradas de corrupción y delincuencia, la violencia será invariablemente mayor.

Acompaño de los siguientes extractos, en forma de imagen: 




Interesante es también el apartado referente a la violación. La violación es un comportamiento universal, y también es universalmente condenado. Sin embargo, ciertas condiciones sociales pueden aumentar su incidencia. En los lugares de conflicto o de guerras, las violaciones aumentan considerablemente, y el mismo autor cita testimonios de soldados occidentales o norteamericanos en zonas de guerra.

Así mismo se puede afirmar que la violación es cosa de hombres, una cuestión que sencillamente tiene que ver con la economía de poder perpetrar los genes; y en general, es un trauma para la mujer, no solo por la violencia implicada en el acto, siempre se considera una ofensa mayor, por cuanto ella pierde autonomía de decisión sobre con quién va a tener relaciones sexuales.

Es pues preocupante la lectura general de los hechos relacionados con la violencia de muchos hombres del Medio Oriente en la actualidad.

Por un lado está la izquierda tolerante, que parece ser el discurso más general, en la estas personas para empezar han sido víctimas de Occidente durante años, y por ello tenemos la responsabilidad de darles acogida en nuestro territorio, además de asegurarles asilo y de paso, darles un salario y techo. Resulta repugnante ver a feministas de izquierda intentando ocultar o minimizar el hecho de las violaciones masivas, entrando en total contradicción con lo que pregonan.

Por otro lado está el discurso de derecha, que siempre pretende reducir todo al hecho de que el islam es una cultura de guerra, y que los creyentes de Alá son personas irrecuperables, pues se les educa en esa violencia, su religión pregona esa violencia, y todo se reduce a eso, en contraste con nuestros valores cristianos de Occidente; y por eso la civilización musulmana nunca llegaría al estadio de la nuestra, y están condenados a ese comportamiento.

La razón que tienen ambos bandos es parcial. En primer lugar, y como expuse al principio, la violencia es una constante en todas las culturas humanas. El islam puede ser una cultura preocupante, no por ser islam, sino por el estadio en que se encuentran actualmente gran parte de los países musulmanes. Son zonas de conflicto, gobernadas muchas por déspotas, o peor aún, por grupos terroristas, y de paso con un nulo nivel de secularidad y de estado de derecho.

En cuanto a la secularidad diré que una religión es peligrosa en la medida en que se pretende aplicar al pie de la letra desde las instituciones políticas. Particularmente pienso, que todas las religiones tienen el mismo alto componente de irracionalidad y etnocentrismo, y por tanto, capacidad para desencadenar espirales de violencia. Sólo que los terroristas del islam son los que cometen más crímenes en el mundo de hoy.

Todas las culturas humanas son etnocéntricas, pero más etnocentrismo no nos hace precisamente más avanzados, como algunos sectores de la derecha pretenden hacer ver actualmente. Al contrario, mientras la humanidad ha ido progresando, nuestro círculo moral se ha ido expandiendo. Esto no quiere decir que tengamos que ser tolerantes con cualquier premisa moral, al contrario, cuanquier cosa que atente contra ese progreso debe ser tratada con recelo y sin relativismos morales o culturales. 

Sin embargo, la actuación de los grupos terroristas islámicos, sí amerita una actuación violenta, lamentablemente, porque no hay otro modo de hacer contrapeso. Sí pueden haber mecanismos de mediación o negociación, pero esto es solo posible si se demuestra que podemos defendernos ante ellos. Sino sólo habrá más masacre de su parte.

Estas mismas variables inciden en el comportamiento sexual que se acerca más a lo primitivo. Una violación en grupo es algo que ocurre con mucha más facilidad si hay un conflicto alrededor, si las víctimas representan un enemigo étnico (¿ven por qué más etnocentrismo no es mejor?), y aún más, si los perpetradores se sienten protegidos por su condición, como está ocurriendo con los refugiados en Europa. Que muchos no son refugiados. O sí lo son, pero se sienten con el derecho de actuar como les place, y actúan con la mente de alguien que viene de una zona de guerra, de una religión férreamente conservadora y de una sociedad con derechos mucho más atrasados que los nuestros.

Lo que quiero concluir con esta exposición es que culpar al islam como religión por la violencia no es una lectura acertada, y no contribuye a entender los conflictos y comportamientos. Y que tampoco ser unos tontos tolerantes, que piensan que todo acto puede ser respetado "porque esa es su cultura", porque de hecho, parto de la misma premisa, esto poco tiene que ver con la cultura.

Mucha de la gente que viene de estas zonas debe preocuparnos tal vez más por la clase de entorno y  de civilización del que vienen y en la que desarrollan comportamientos que para ellos son normales, como el castigo por blasfemia (¿qué los cristianos no hacían lo mismo algunos siglos atrás?), las violaciones, el trato degradante hacia la mujer, el vandalismo, la matanza por causas ideológicas y religiosas, etc.

Ellos al fin y al cabo, son humanos como nosotros, y sí, hay una guerra desatada en este momento, tenemos que admitirlo. Y digo esto, porque tal vez es sólo leyéndolos como humanos, y no como el islam, como la otredad, es que podríamos tener una compresión mejor del fenómeno. 

Y también aprenderíamos de una vez por todas, que en el seno de nuestra sociedad Occidental, también pueden surgir grupos radicales, bajo una confluencia de factores que despierte lo peor de nosotros como humanos. Y estudiar bien qué cosas pueden ser, para evitar que ocurra. (¿Que no tenemos muchos ejemplos de ideologías políticas radicales y hasta genocidios?)

Tal vez existan nuevos estudios que ignoro y que den luz sobre esto. Al fin y al cabo, me estoy basando en un sólo texto, eso sí, amplio y bien fundamentado. De conocer nuevas referencias, agradezco sus citas, enlaces y aclaratorias.

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lunes, 24 de noviembre de 2014

¡Feliz Día del Orgullo Primate!


En este blog sí que descendemos del mono (sí, es un blog unipersonal). Y no es casualidad que el personaje que lo acompaña en el encabezado sea una versión colorida del famoso mono pensante, es lo que yo misma me considero: descendiente de alguna especie extinta de primates, que tiene la capacidad del pensamiento abstracto.

Desde el año 2010, el Blog sin dioses, decidió conmemorar todos los 24 de noviembre el Día del Orgullo Primate. Ello porque en esta fecha, en 1859, Charles Darwin publica El origen de las especies, libro que revolucionaría la ciencia y el pensamiento en general; y en 1974, se descubre el fósil de "Lucy", ejemplar de la especie Australopithecus afarensis, según se cree, uno de los ancestros del género Homo.

La evolución biológica y la selección natural, es algo que hay que poner de relieve, en un mundo donde ciertas filosofías de orden religioso pretenden imponerse a su divulgación, o poner como iguales en rango de teoría a ésta y a sus fábulas de la creación por mano divina. 

Aún hoy, increíblemente, hay gente adulta que me ha dicho "no sé tú, pero yo no vengo de ningún mono", como si de una ofensa se tratase. La evolución es una teoría que cambió para siempre nuestra visión del mundo y de la vida, y por primera vez comprobamos que todos los seres vivos de este planeta están profundamente conectados entre sí: somos parte de la misma lucha por adaptarnos y perfeccionarnos, y de un modo u otro, somos de la misma familia.

Si estás de acuerdo con la divulgación de la teoría de la evolución biológica, haz resaltar esta celebración, por medio de enlaces, imágenes, o compartiendo el Manifiesto del blog sin dioses, que copio a continuación:

1. Nos sentimos orgullosos de ser miembros del orden de los primates. La inclusión en el grupo de los primates no es solo un aspecto taxonómico sino que revela también el parentesco evolutivo que tenemos con los demás primates.
2. Nos sentimos orgullosos de "descender de un simio". No de una especie de simio actual, sino de un simio extinto, pero simio al fin y al cabo. No nos avergüenza nuestro origen evolutivo.
3. Queremos hacer un reconocimiento al trabajo de los paleontólogos que han ayudado a descifrar nuestros orígenes evolutivos y deseamos que se siga desarrollando el trabajo de los paleontólogos, así como la divulgación de sus investigaciones.
4. Queremos hacer un reconocimiento a todos los biólogos y conservacionistas que trabajan para ayudar a conservar las especies de primates actuales.
5. Queremos declarar que los seres humanos no estamos separados de la naturaleza, sino que somos parte de la naturaleza, ya que nos relacionamos con ella en las interacciones ecológicas y por nuestro origen evolutivo.
6. Manifestamos que nos sentimos orgullosos de ser homínidos y de que nuestros parientes más cercanos sean los simios africanos. La anatomía comparada y la genética nos muestra esta relación filogenética y tal hecho no nos hace menos como seres humanos.
7. Queremos que el conocimiento de los orígenes humanos que nos revela la ciencia esté disponible en todas las escuelas y denunciamos el bloqueo que hacen de ello los grupos fundamentalistas religiosos.
8. Manifestamos que la oposición que hacen los creacionistas respecto al parentesco de los humanos con los demás primates y de nuestra evolución es científicamente deshonesta y responde solamente a intereses doctrinales. Los creacionistas tienen derecho a creer lo que deseen pero no pueden pretender pasar por alto el testimonio fósil, ni del ADN, ni de hacer pasar sus convicciones religiosas como una explicación al mismo nivel de la ciencia.
También les enlazo a su reseña del día de hoy, que habla de la evolución y las teorías del "diseño inteligente". ¡Feliz día, mis monos amigos! ;)


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domingo, 6 de julio de 2014

La extinción y los juicios morales

A veces veo esa idea de evitar la extinción de alguna especie a toda costa como una forma de conservadurismo moderno.

La extinción en sí misma no es buena ni mala. Digamos que es semejante a la muerte pero a nivel de una especie entera. La dinámica de la vida hace que sea inevitable, sea por eventos violentos, por interacciones violentas con otras especies o ecosistemas o por evolución paulatina.

No creo que deba darse algún carácter ético a la extinción, de hecho ni siquiera cuando es propiciada por el hombre. Podría hablarse de que la  desaparición de una especie es "favorable o desfavorable" para nosotros. También estamos claros en que la biodiversidad es buena para cualquier ecosistema. Pero probablemente la  desaparición de una sola especie no nos afecte tanto.

¿Es "malo" que por acción del ser humano algunas especies desaparezcan? Creo que no podría hablarse en términos morales al respecto. Algunas extinciones favorecieron el éxito evolutivo del hombre, mejor dicho, eran necesarias... para nuestra existencia (dejemos claro eso).

Nuestra capacidad de raciocinio nos hace constructores de ética y moral, pero los procesos naturales no tienen nada que ver con ello. Muchos piensan que con cada especie que desaparece por nuestra causa de nos otorga una cuota responsabilidad, o que creamos una forma de deuda con la naturaleza.

Ciertamente estoy de acuerdo en que la naturaleza, la biodiversidad, nuestro entorno, tienen un valor, y no  necesariamente económico. Pero pienso que la  desaparición de  ciertos grupos biológicos por causa de nuestra "dominante" presencia en la Tierra, no debe pesar tanto sobre nuestras conciencias.

Cuando una especie abusa de su entorno (y en nuestro caso hablamos del planeta entero) acaba perjudicándose a sí misma. ¿Es entonces nuestra deuda para con la "naturaleza" o para con nosotros mismos? ¿Qué es la "naturaleza"? ¿Una autoridad? ¿O es que nosotros mismos no somos esa naturaleza?

Muchas veces para salvar a una especie hay que mantener a la mayoría de sus individuos en cautiverio. ¿Acaso esto no es un tipo de intervencionismo en el "curso natural"? ¿Vale más la salvación de una especie que la libertad de sus individuos?

A veces veo que se hacen demasiados esfuerzos por salvar especies que poco remedio tienen y me pregunto si eso vale la pena, si vale los recursos y el esfuerzo. Quien guste dedicar su vida a las especies, a los animales, es totalmente libre de hacerlo, por supuesto, y también debe ser del interés público la preservación de la biodiversidad y el cuidado de nuestro entorno, pero midiendo los beneficios, los pros y los contras. Y distinguiendo lo práctico de lo meramente romántico.

Giant Panda Gao Gao at the San Diego Zoo. Photo taken by TacoDeposit


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jueves, 6 de diciembre de 2012

A propósito de los propósitos

Uno de los grandes argumentos del paradigma deísta, y un tema muy tratado por la filosofía desde tiempos muy antiguos, es el del "propósito de la existencia". No tengo pretensiones de rebatir aquí posturas de grandes maestros ni de exponer una historia de la teleología. Simplemente, pretendo exponer un punto de vista personal. Personal no quiere decir que no tenga influencias, pero no me detendré a buscarlas o citarlas.
Una pregunta que siempre queda en el aire cuando debato con gente de creencias deístas es: "¿Entonces, según el ateísmo, estamos aquí para nada?" "¿Nuestra existencia no tiene ningún propósito?" "Eso es imposible", dicen.

Creo firmemente que la necesidad de un "propósito" es meramente psicológica. Nuestra estructura de llevar a cabo las acciones y proyectos, que aparentemente siempre tienen un "para qué" nos hace pensar que no podemos estar aquí "a causa de nada" y, además, "para nada".

En primer lugar debo aclarar que como ateísta que soy, no creo que estemos aquí "a causa de nada". Ni más faltaba. La diferencia está en que creo que las causas fueron múltiples, complejas y caóticas. Propósitos, a lo mejor los hubo en determinados puntos de la evolución, pero un "propósito general", un "objetivo general" a la usanza de las tesis de investigación o de los proyectos humanos, eso no existe. Además me gustaría que alguien me dijera más o menos cuál podría ser un "objetivo de la existencia", sin que éste constituya una generalización y por lo tanto, limitación de lo que podemos ser o hacer. La mayoría no se atrevería a contestar esta pregunta, mientras se limitan a decir que dicho propósito "hay que descubrirlo" o que "no podemos saberlo, y sólo dios sabe lo que hace".

Si somos producto de causas múltiples, nosotros mismos constituimos una causa, cada uno de nosotros, nosotros cuando nos unimos, y nosotros como especie. Pero la manera como afectamos nuestro entorno, y los propósitos que nos trazamos adrede son tan múltiples y complejos que casi siempre se nos escapan de la voluntad. Como especie somos causantes de muchas cosas, pero casi nunca nos ponemos de acuerdo en algún propósito. ¿Hemos logrado alguno? Podría decirse que uno que otro, por citar un ejemplo, la erradicación de la viruela. Ahora podemos decir que somos capaces de ponernos de acuerdo en algo, aunque no lo demostremos con mucha frecuencia.

Si de "objetivos generales" vamos a hablar, podemos poner como ejemplo al individuo. ¿Podrías decir que toda tu vida, todas las acciones de tu vida, todas las decisiones que has tomado, responden a un solo propósito general? No sé si tú puedes, pero yo no. Nuestra personalidad es compleja, y nuestras acciones responden a tan diversos factores que creo que esto es imposible de concebir. A menos que hablemos de un "objetivo" genérico como "alabar al señor" o "cumplir con el plan de dios", que dicho sea de paso, nadie parece conocer o ponerse de acuerdo en cuál es, y más bien parece ser una excusa barata para que cada quien y cada religión cumpla con sus propios "objetivos", bien concebidos aquí en el plano terrenal.

Si el universo entero tuviera un objetivo, no sería él tan creativo y a la vez tan destructivo. Para qué tendría necesidad de estar transformando su energía tan constante y violentamente. Para qué habría la necesidad de que estructuras tan vulnerables como nosotros llegasen a existir. No hay un para qué. Y quienes insisten en que lo hay, siempre recurren a cosas cuya existencia no está sabida. Entonces dónde está la fuerza de ese "para qué".

La creación casi nunca tiene un objetivo preciso. Todo el que sea creador lo sabe. Todo el que estudie la evolución de los seres vivos lo sabe. La creación es espontánea, desenfrenada, y el material que se descarta siempre supera al que llega a trascender. La supervivencia es una manera de trascendencia. Seguimos existiendo, causando, dejando huellas y perpetrando nuestro material genético. Y precisamente, debemos tener cuidado de no seguir trascendiendo, de no seguir creando frenéticamente.

A veces no sé a qué teme más la gente, si a no tener propósito, o a tener que cargar con la responsabilidad de que son ellos mismos quienes crean sus propósitos. Porque eso es lo que yo creo. Los propósitos de la existencia existen, pero es quien existe el que los decide y ejecuta las acciones pertinentes para llevarlos a cabo.

Otro peso difícil de soportar es la cantidad increíble de acciones que realizamos y de pensamientos que tenemos que no parecen tener propósito alguno. Pero es que como dije, somos creadores frenéticos, tales como el universo del que somos parte. El problema está en que intentamos convencernos de que todo es intrínsecamente pragmático. Yo más bien me regodeo en las inutilidades. Ellas son las que más me llenan.

Imagen: Full Circle Quirk

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miércoles, 1 de agosto de 2012

Buscando a dios con Carl Sagan

Bien, decidí empezar estas vacaciones con una lectura que sabía de antemano iba a ser agradable, pues conozco al autor, y de hecho he escrito varias entradas respecto a él. Se trata de La diversidad de la ciencia. Este libro es en realidad una transcripción de un ciclo de conferencias que dio Sagan en Escocia, en el ciclo Conferencias Gifford, que buscan la difusión de la teología natural.

No es la primera vez que leo algo donde Sagan relacionase la ciencia con la religión. Pero no sabía que existía una disciplina como la teología natural, que busca evidenciar la existencia de dios sin recurrir a lo sobrenatural, solo basándose en las pruebas tangibles o visibles. Personalmente, y sin ánimos de ofender, creo que es una disciplina un poco difícil, pues el concepto de dios en principio es meramente especulativo. Y fíjense que utilicé la palabra "difícil". No conozco autores de ella, o a lo mejor los conozco y nunca supe que andaba por esos terrenos específicamente.

Como es de esperarse en Sagan, su introducción al tema, la realiza desde la ciencia, específicamente desde la astronomía, familiarizando al público con las escalas del Universo, y llevándonos así a reflexionar sobre nuestro lugar y papel en el mismo como especie, y estudiando nuestras posibilidades de trascendencia. Así mismo nos lleva a descubrir los lugares donde se forman los componentes básicos de la vida, y nos lleva a pensar si somos en realidad especiales. Esta parte sin duda nos lleva a una experiencia conectiva, por no decir "espiritual" o "religiosa". Él mismo indaga luego en la naturaleza del concepto de "dios", y también de las experiencias religiosas. Nos habla de la importancia de definir a dios en el momento en que queremos estar en contra de él o defenderlo, puesto que han habido casi tantas definiciones de él (o de ellos) casi como culturas han existido en la historia de la humanidad, o mejor dicho, desde la prehistoria. Estos conceptos muchas veces tienen similitudes o diferencias marcadas.

Así mismo, se nos aproxima a ciertos aspectos del ser humano. En primer lugar a la tendencia que tenemos a autoengañarnos. Para ello recurre a historias como las de los ovnis, en el caso de la búsqueda de vida extraterrestre, así como de la vieja resistencia cultural a la Teoría heliocéntrica, y la nueva resistencia cultural a la Teoría de la Evolución; y demuestra la facilidad con la que la gente se engaña a sí misma, por lo cual, la filosofía y la ciencia tienen que ser altamente precavidas ante sus planteamientos, hipótesis y demostraciones. También toca el tema de la naturaleza molecular de las percepciones y las emociones, y de cómo éstas pueden influir en la experiencia religiosa, y de cuál puede ser una equiparación emocional de ésta. Incluso habla de las hipótesis freudianas de dios como sustitución del padre.

En este libro toca temas que personalmente he tocado en varias ocasiones en este blog, y dada la antigüedad de las conferencias (1985), me doy cuenta de que ciertas teorías y falacias andan haciendo de las suyas por allí, y aunque se han refutado desde entonces, la gente sigue cayendo en ellas y se siguen difundiendo. Un ejemplo que me sorprendió, y que por cierto, no sabía que tuviera nombre, es el del principio antrópico, así como las teorías del diseño inteligente, y hace refutaciones brillantemente. Hace poco escribí una entrada dedicada a estos puntos. Y es obvia la influencia del autor. Al final, todos tienen derecho de palabra en esta gran red, pero como nos decía, no nos dejemos engañar con tanta facilidad.

En los capítulos finales, habla nuevamente (como en otros textos) de si la humanidad será capaz de sobrevivir a lo que llama su "adolescencia tecnológica". Si no nos mataremos a nosotros mismos, y de hacerlo, cómo sería el acto de mayor irresponsabilidad que jamás hallamos perpetrado, haciendo caso omiso de toda nuestra historia, toda nuestra lucha evolutiva y la del planeta Tierra. En fin, una buena lectura para reflexionar.

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domingo, 22 de abril de 2012

En este Día de la Tierra, hablemos de humildad

En esta fecha vuelvo a recordar los tiempos en los que leía a Carl. Pero también otros más recientes, hace unos tres o cuatro años cuando leí a Fritjof. Éste último expresó muy claramente que el día en que vimos la primera foto de nuestro planeta desde el espacio, la humanidad cambió. Y todavía está cambiando.


Esa foto es un hito. Partió la historia en dos. Pocas imágenes tienen semejante impacto. Para nosotros ver un globo terráqueo ya resulta normal. Pero aunque antes de esa imagen ya teníamos los recursos científicos y tecnológicos para dibujar mapamundis, para afirmar que la Tierra es redonda y que gira alrededor del Sol, jamás habíamos visto un retrato de ella. Y por primera vez, un 23 de agosto de 1966, vimos su faz.

Después de haber visto con nuestras sondas las faces y los paisajes de los demás mundos de nuestro vecindario, tan bellos a veces pero indudablemente, tan hostiles, nuestra Tierra luce como una joya en medio de la negritud absoluta del espacio. Pero nada más al alejarnos un poco, nos parece que nuestra majestuosa Tierra es una mota de polvo en la vastedad, y que, apenas en el Sistema Solar exterior, aparentemente, no tiene nada de especial.

No vengo a decir aquí que "no seamos nada" ni cosas por el estilo. Yo me considero humanista, aún creo enormemente en la humanidad, y que cosa más insensata no hacerlo, cuando yo en primer lugar soy humana y debo todo lo que sé a otros seres humanos. Pero acordándome un poco de Carl, la humanidad a veces, no sé qué coño se cree.

Así es. Muchos lo demuestran todo el tiempo. Creen que la Tierra es el centro del Universo (hoy en día, metafóricamente, porque creo que es de sobra sabido que físicamente no lo es); creen que el Universo fue diseñado para nosotros; se creen el pináculo de la evolución, a veces hasta de la creación universal; se creen mil veces más que todos los seres vivos del planeta; creen que son los únicos seres que tienen derecho a una "vida después de la muerte", etcétera. Eso por mencionar las creencias de la humanidad en general, y no las de alguna raza sobre otra o de alguna cultura sobre otra.

Y la experiencia nos ha demostrado que nada de eso es así. Los "chauvinismos" han ido cayendo uno a uno en nuestra historia, y aún padecemos de una arrogancia y una soberbia que no tienen fundamento alguno.

Último retrato de la Tierra en alta resolución. Fuente: NASA

La imagen de la Tierra desde el espacio, en primer lugar nos enseño que nuestro espacio habitable es limitado, infinitamente limitado, y que estamos metidos todos en una isla, que compartimos irrevocablemente, y que estamos abusando de ella. Comprendimos que somos muy dependientes de todos los seres vivos que en ella habitan, que somos todo menos autosuficientes. Entendimos que la Tierra es un sistema, un todo, lo cual inspiró la Teoría Gaia. Y la ecología (la de verdad) no es un romanticismo de hippies anacrónicos, es un pensamiento holístico e inteligente, demasiado necesario para preservar la joya azul que vimos desde el espacio, y por lo tanto, para nuestra supervivencia a largo plazo.

Y para cuidar a nuestra joya y a la humanidad entera, necesitamos dejar de creernos el máximo-no-se-qué de la "creación universal". Tenemos que empezar a creer que nuestras moléculas vienen de las reacciones nucleares de las estrellas. Tenemos que empezar a creer que compartimos el mismo lenguaje genético de todas las especies del planeta, y que por lo tanto, es muy lógico que seamos todos parientes. Nuestro cerebro, nuestra inteligencia y nuestra cultura no tienen parangón en el pequeñísimo pedazo de cosmos que conocemos. Pero ese cerebro, esa inteligencia, esa cultura, se la debemos a miles de millones de años de procesos cósmicos, geológicos, biológicos y culturales, no aparecimos aquí así como así, nuestro organismo tiene contenida en sí toda esa experiencia de una manera u otra, así como en nuestros conocimientos tenemos toda la experiencia de todos los que han pasado por aquí. Somos trascendencia pura. Y por lo tanto, tenemos que ser humildes.

La humildad es una gran virtud, porque solamente aquél que es humilde es capaz de ir más allá. Si creemos que somos el pináculo de la creación, ¿cómo seremos capaces de ir más allá? ¿Cómo podremos respetar todo lo que nos rodea y entender las relaciones de reciprocidad que existen con todo ello? ¿Cómo vamos a sobrevivir? La vida entera es un aprendizaje. Así mismo, la historia entera lo ha sido. Y la actitud del aprendiz tiene que ser humilde, para entender que la única manera de ser más, es superándose a sí mismo.

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miércoles, 4 de abril de 2012

Metáforas que favorecen al deísmo

Hace algún tiempo un compañero me pasó un video en respuesta a un debate que ni recuerdo cómo se originó, pero él pretendía contradecir un poco la tesis de que la Tierra no es un planeta especial. Para ello me sugirió que buscase un documental titulado El planeta privilegiado. Así que decidí verlo.

A medida que el documental avanzaba, me molestaba más y más. En toda su duración lo que se hace es plantear la idea de que si alguna de las pequeñas variables o condiciones alrededor de nuestro planeta, nuestro sistema solar, nuestra galaxia y nuestro universo fuesen movidas, la vida en la Tierra no sería posible. Esto puede ser totalmente cierto si lo vemos de esa manera. El universo es complejo, mover una sola variable es derrumbar el equilibrio tal cual existe, y a lo mejor ese camino nos llevaría a otro equilibrio totalmente diferente. La conclusión del documental es, nada más y nada menos, que "nuestro universo es una máquina perfectamente calibrada". La visión mecanicista del mismo salta a la vista nada más con esta afirmación. Y el mensaje subyacente está claro: para que una máquina esté "calibrada" tiene que haber un "calibrador".

A unos 6 mil millones de kilómetros de distancia, el
Voyager volteó a mirar la Tierra. Ese punto en el halo
de color amarillento, es la Tierra. Esta imagen inspiró
el título del libro Un punto azul pálido de Carl Sagan
El lenguaje a través del cual nos expresamos, incluso a veces científicamente, favorece la teoría según la cual el universo fue creado por una mente maestra. Nadie nunca ha podido demostrar que así fuere, pero nuestro lenguaje lo sugiere todo el tiempo.

En primer lugar, nos hacemos todo el tiempo una pregunta que considero, es estúpida: ¿Por qué las condiciones del universo al que pertenecemos, de la galaxia en que vivimos, y del planeta en que estamos, son perfectas para la vida que aquí habita? Responder la pregunta no requiere necesariamente de explicaciones estadísticas. Para mí la pregunta en sí es una trampa, es sencillamente ver las cosas al revés. No es que el universo y la Tierra estén hechos para nosotros. Si nosotros surgimos y evolucionamos en este Universo y en esta Tierra ¿no es lógico que estemos hechos para vivir en ella? Fue la vida la que surgió en las condiciones del planeta, y que se adaptó a lo largo de los años. El Universo fue primero, después la Tierra, después la vida, después nosotros ¿Por qué entonces hay que pensar que el Universo y la Tierra fueron hechos para nosotros, si fuimos nosotros los que vinimos después? Nosotros somos el resultado de miles de millones de años de historia, de fomación de materiales, de galaxias, de planetas y luego, de la formación de los organismos vivientes fundamentales, y de su evolución. Sé que las condiciones de la Tierra a lo mejor son sumamente raras, pero ¿acaso tenemos las evidencias suficientes para afirmar que estas son las únicas condiciones en las cuales pueden surgir formas de vida? Hay que tener en cuenta en primer lugar que las formas de vida de nuestro planeta son las únicas que conocemos. Muchos científicos incluso se preguntan si existe la posibilidad de que encuentren un lugar donde la vida exista, y no la reconozcan.

Un error común fundamental de la visión deísta del Universo es concebirlo precisamente como una "máquina". ¿Qué es una máquina, tal como nosotros las conocemos? Una cosa hecha por el hombre, que sirve para cumplir algún propósito específico, que depende del hombre para su funcionamiento y que puede presentar fallos a lo largo de su vida útil. Cuando se traspasa la metáfora de la máquina al Universo, se están traspasando sus características: fue hecha por una mente maestra, tiene un propósito, depende de la mente maestra para funcionar, e incluso para algunos tiene sus fallos, pero que rara vez son culpa de la mente maestra; más bien es la máquina la que parece rebelarse, o alguno de sus componentes, por ejemplo, el hombre. El Universo como fina máquina es una metáfora peligrosa. Y el Universo no se comporta como tal cosa.

Ya escribí una vez en un post, que la complejidad del Universo no puede ser obra de una sola mente. Esta complejidad solo puede ser posible por la confluencia de infinitas fuerzas que caóticamente han devenido en patrones específicos. El caos existe, pero no puede existir perennemente. Cuando varios elementos se encuentran en un sistema caótico, acaban formando patrones. Un ejemplo clásico de esto es el de los martillos en una construcción. El repiqueteo de los martillos de los obreros es caótico, y sin que haya intenciones de ello, se produce una sincronicidad espontánea, que puede ser o no al unísono.

El Universo no fue creado, sino que está en constante creación. El Universo es creativo por su propia naturaleza. Hace relativamente poco tiempo leí un hermoso artículo, que expone cómo la creación puede ser vista de dos formas diferentes: desde el creador autoritario, que prentende controlar todas las variables (y a quien él compara con un arquitecto); y desde la creación espontánea, en la cual hay un germen, que por las variables del sistema sigue su evolución, que nunca es totalmente predecible (que él compara con la jardinería). El autor habla del arte. Pero no en vano sus ideas de la creación espontánea surgieron de las ideas cibernéticas, de las teorías de la complejidad y de la idea del caos. También menciona el por qué él cree que la gente es tan escéptica con la teoría de la evolución: "Todo el choque que produce la evolución darwiniana viene de que la simplicidad se convierta en complejidad. Para nadie es obvio que algo así deba suceder." Ése es el problema, que tradicionalmente, por las fuerzas que impone el lenguaje en nuestro pensamiento y en nuestra cultura, tenemos la tendencia a pensar al revés. Y es lógico, porque al hacernos la pregunta sobre el origen de las cosas, o sobre la causa de los efectos que vemos, siempre miramos desde el presente hacia el pasado. Pero en ese proceso se nos olvida que la causa fue primero, no el efecto. Y también se nos olvida que no todas las causas son deterministas, menos aún cuando hay una gran cantidad de variables, lo que quiere decir que un sistema idéntico puede devenir en resultados diferentes. Y siempre pretendemos que el resultado que vemos fue el único posible, cuando no necesariamente es así.

Un concepto nietzscheano que me encanta es el de la fatalidad. También el del devenir. Fundamentalmente se trata de esto: Las cosas no pasan porque tenían que pasar, sino porque de algún modo tenían que pasar. Si en un sistema hay cosas interactuando, se generan influencias y tensiones que hacen que el mismo evolucione. Pero esa evolución puede devenir de diferentes formas, solo que es imposible que lo haga de varias formas a la vez, entonces, de alguna forma tenía que devenir. Y no por ello tenemos que pensar que el sistema estaba programado para llegar a su forma actual. Simplemente era una de las formas posibles, y fue la que acaeció, por el comportamiento de las variables, por las influencias externas, etcétera.

Otro problema común, por el cual se favorece al deísmo, es el de la causa última. Si todas las cosas tienen forzosamente una causa, y no puede pensarse que éstas son infinitas, tuvo que haber una acción primigenia, una causa original, de la cual provino el Universo (yo vivo tranquila con el de las causas infinitas, pero no hay pruebas de ninguna de las dos visiones). Se alega pues, que esta causa última es "dios". El problema es ¿por qué llamar a la causa última "dios"? Es un condicionamiento lingüístico, que atribuye a la causa última poderes y características que no se sabe si tiene. "Dios", como vocablo, en primer lugar denota a un ser, consciente. Si los seres somos el resultado de miles de millones de años de evolución cósmica, dudo que la causa última fuese un ser, mucho menos una voluntad. Segundo, "dios" como tradicionalmente ha sido visto por la humanidad, es una autoridad, tiene poder y vigila nuestros actos. ¿Por qué la causa última del universo tendría atribuciones éticas algunas? Es evidente que, no solo la causa última, sino todas las subsiguientes causas viven dentro de la historia de todas las cosas que conforman este universo. Pero desconocemos esa causa. ¿Por qué hay la necesidad de ser "deísta" para creer en una causa última? Yo soy atea y puede creer que hubo algún inicio. Pero de ese inicio las cosas evolucionaron ASCENDENTEMENTE (creación espontánea), no DESCENDENTEMENTE (creación autoritaria), como suele ver el criterio deísta. Lo que llamas "dios" hace referencia necesariamente a una mente maestra, a un diseño premeditado, o esa es la acepción de "dios" que tiene la mayor parte de la humanidad. Yo creo que de la causa primigenia surgió un efecto (¿o varios?), y que los efectos se multiplicaron de una forma incontrolada, caótica, y de ese caos surgieron los patrones que dieran origen y evolucionaran hacia lo que existe hoy. Y soy atea, porque creo que la idea de "dios" es errada por todas las atribuciones que se le ha dado en toda la historia. El vocablo "dios" es un estorbo para poder llegar realmente a la causa última. Ser deísta es bastante cómodo en este aspecto, cada quien le da un siginificado diferente al término "dios", lo que lo convierte en una idea flexible, subjetiva, que puede ser sustituida por miles de ideas reales, medibles y demostradas.

Muchas veces el lenguaje científico "nos lleva a dios". Hay expresiones que son una trampa. Por ejemplo el concepto de ley científica. Es muy interesante que al buscar el concepto en Wikipedia, salga esto:
Los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes en ciencias se describen mediante una proposición lingüística o ley científica, que es un planteamiento de los hechos en toda su complejidad. Con la ciencia experimental comienza la indagación de leyes científicas vinculadas a los distintos fenómenos.
Fractales: la geometría de la complejidad
Fuente: Wikimedia Commons
Dice "los hechos que evolucionan según patrones regulares y constantes". También se menciona más adelante que hay leyes deterministas y leyes probabilísticas, es decir, no todas son causales. Sin embargo la metáfora de "la ley", es interpretada como "el Universo funciona según leyes inexorables", el problema es que se está pensando implícitamente que las leyes fueron pensadas o establecidas antes de la existencia del Universo o justo en su inicio. Por qué más bien no pensamos que el Universo evolucionó de esta manera y a medida que se complejizaba se formaron patrones de comportamiento, que son los que hoy en día medimos y expresamos según nuestro lenguaje, y llamamos leyes. El problema es que pensamos en leyes humanas: fueron redactadas por alguien y son inquebrantables (sabemos que se pueden quebrantar muy fácilmente, pero ése es el ideal social).

Los patrones son espontáneos. No necesitan ser diseñados para existir. No entiendo cuál es el problema de la gente en aceptar que el caos genera orden. Aquí hay un ejemplo de un experimento. Yo particularmente prefiero remitirlos a Fritjof Capra. Lean La trama de la vida. Es es un libro que me cambió la vida a mi. Desgraciadamente lo presté y no me lo han devuelto. Aquí encontre una copia, es mi regalo para todos los que lean este post. Allí Capra menciona muchísimos otros experimentos que confirman que los patrones son espontáneos. Y tranquilos, que yo misma no sé si Capra es ateo o no. Él nunca fija su posición al respecto.

Y no olvidemos que en el siglo XX se llegó a la conclusión de que la ciencia no es absoluta, y que no puede serlo, porque el observador afecta mecesariamente al objeto observado. Tengan cuidado con sus posiciones epistémicas, pueden estar contaminando al objeto más de lo necesario.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Somos polvo... de estrellas

Si hay una frase de la Biblia que me gusta, es esa tan famosa de Génesis 3:19 "...pues polvo eres, y al polvo volverás." Es bajo su simbología que hoy Miércoles de Ceniza, los católicos se ungen cenizas en la frente, celebrando el inicio de la Cuaresma.

El poder de esta frase es estremecedor, pero para cuando se escribiera el Genesis, quizás no tenía los alcances de hoy en día, pues con los conocimientos científicos de aquella era, no podía ver el hombre hasta qué punto está hecho del polvo que le rodea. Solo observaba quizás que los restos humanos con el tiempo se convertían en eso, y quizás de allí concluyeran los antiguos sabios que en algún punto, debimos ser creados del polvo de la Tierra. 

Hoy en día sabemos que las cosas no ocurrieron exactamente así. Pero efectivamente estamos hechos de polvo, y no del polvo de la Tierra, sino del polvo de las estrellas. Es una famosa expresión del astrónomo  y divulgador Carl Sagan, al referirse al origen de la materia. Los seres vivos estamos hechos de células, las células de moléculas complejas, las moléculas de átomos, y los átomos se crearon en los núcleos de las estrellas, que al acabar su vida, expulsan todo su material al vacío interestelar, y de ese material surgen nuevas estrellas y planetas constituidos de esos elementos.


La expresión "no somos más que polvo de estrellas" para mi encierra el más profundo sentido de conexión entre nosotros y el Cosmos. Por eso hoy, en el marco de la famosa celebración católica, les quiero ayudar a ampliar el panorama, y regalarles las palabras del maestro Sagan:



Los átomos sintetizados en los interiores de las estrellas acaban normalmente devueltos al gas interestelar. Las gigantes rojas finalizan con sus atmósferas expulsadas hacia el espacio; las nebulosas planetarias son las fases finales de estrellas de tipo solar que hacen saltar su tapadera. Las supernovas expulsan violentamente gran parte de su masa al espacio. Los átomos devueltos son, como es lógico, los que se fabrican más fácilmente en las reacciones termonucleares de los núcleos de las estrellas: el hidrógeno se fusiona dando helio, el helio da carbono, el carbono da oxígeno, y después en estrellas de gran masa, y por sucesivas adiciones de más núcleos de helio, se construyen neón, magnesio, silicio, azufre, etc.: adiciones que se realizan por pasos, dos protones y dos neutrones en cada paso hasta llegar al hierro. (...)
Todos estos son productos químicos familiares. Sus nombres nos suenan. Estas reacciones nucleares no generan fácilmente erbio, hafnio, diprosio, praseodimio o itrio, sino los elementos que conocemos de la vida diaria, elementos devueltos al gas interestelar, donde son recogidos en una generación subsiguiente de colapso de nube y formación de estrella y planeta. Todos los elementos de la Tierra, excepto el hidrógeno y algo de helio, se cocinaron en una especie de alquimia estelar hace miles de millones de años en estrellas que ahora son quizás enanas blancas inconspicuas al otro lado de la galaxia Vía Láctea. El nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro de nuestra sangre, el carbono de nuestras tartas de manzana se hicieron en los interiores de estrellas en proceso de colapso. Estamos hechos, pues, de sustancia estelar.(...)
El origen y la evolución de la vida están relacionados del modo más íntimo con el origen y evolución de las estrellas.
Carl Sagan. Cosmos. Capítulo 9: Las vidas de las estrellas. Pág. 233


Y si a hablar del sentido de la vida vamos, les dejo el último párrafo de esta célebre obra:

Porque nosotros somos la encarnación local del Cosmos que ha crecido hasta tener consciencia de sí. Hemos empezado a contemplar nuestros orígenes: sustancia estelar que medita sobre las estrellas; conjuntos organizados de decenas de miles de billones de billones de átomos que consideran la evolución de los átomos y rastrean el largo camino a través del cual llegó a surgir la consciencia, por lo menos aquí. Nosotros hablamos en nombre de la Tierra. Debemos nuestra obligación de sobrevivir no sólo a nosotros sino también a este Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.
Carl Sagan. Cosmos. Capítulo 13: ¿Quién habla en nombre de La Tierra?. Pág. 345
Foto tomada por el Telescopio Espacial Hubble de la Nebulosa del Águila (M16).
Fotografía conocida como Los Pilares de la Creación.

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