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lunes, 17 de junio de 2019

Compórtate, veneca

Dentro de nuestra tragedia, y como nuestra tragedia se ha convertido ya en un fenómeno que traspasa fronteras, son muchos los comentarios desagradables de quienes no entienden lo que vivimos. Más allá de lanzar acusaciones de xenofobia, a veces la gente, hasta con buena intención, dice cosas incómodas y fuera de lugar, sin detenerse a pensar en la complejidad de todo esto. Y es que de buenas intenciones está plagado el camino al infierno.

Se me ocurrió en estos días hacer un tuit irónico, mezclando dos trendings que han surgido este año, ambos hablando de lo que supuestamente hacemos, o debemos o no debemos hacer las venezolanas (específicamente las mujeres) que emigramos en busca de una mejor calidad de vida. Digamos que el tuit ha tenido sus favs.


Me refiero en primer lugar al famoso tema, con vídeo incluido, que produjo un grupo peruano, titulado "Las venecas", y que habla de que los maridos peruanos cuando no están en su casa, se van a beber y a pasar el rato con las venecas .Veneco es un término reductivo de venezolano, el correcto para nuestro gentilicio, y muchos lo toman como despectivo.


En segundo lugar, hago referencia a la columna que publicó la colombiana Claudia Palacios en El Tiempo, aludiendo a los venezolanos que actualmente hay en su país, con el desdichado título de "Paren de parir".

Pues bien, de estos dos elementos salió mi tuit. No es que yo esté pensando en "robar un marido" ni en parir aún (y bueno, eso es mi problema), simplemente fue una broma por la que he recibido algunos insultos, pero eso ya es cosa de todos los días en el Twitter de hoy.

Me llama la atención que en ambos casos, se trata de mujeres que dicen a otras lo que hacen o no, lo que deben hacer o no, y que juzgan a sus congéneres. Un hombre puede maltratar y oprimir a una mujer, pero normalmente son las mujeres las que se señalan entre sí, sobre todo cuando de comportamiento sexual y reproductivo se trata.

Evidentemente los venezolanos emigrantes o desplazados somos un grupo vulnerable, y como en toda diáspora en situaciones de pobreza, se dan estos fenómenos de que la mujer busque emparejarse con hombres resueltos económicamente y con otra nacionalidad, o que sea común el embarazo precoz o no planificado. Es un tema complejo, y son muchas las variables, biológicas y sociales, las que entran en juego, pero aquí no hay nada nuevo bajo el sol.

En tal caso, sacar un hit aludiendo despectivamente a un grupo humano, o decirle a las mujeres pobres que "dejen de parir", definitivamente no ayuda en nada, sólo habla de los sentimientos reaccionarios de quienes han tenido que recibirnos, y los alborota aún más, generando a la vez la reacción de vuelta de las venezolanas que se defienden. Un ciclo estéril y peligroso.

Las venecas, las venezolanas, somos ante todo humanas. Entiéndanos como tal.


viernes, 26 de abril de 2019

4 días en la Maracaibo apagada

Razones más, razones menos, esta Semana Santa debía ir a Maracaibo. Conocemos la grave situación en que está la ciudad. En el mes de marzo y abril padecí de lejos los apagones de días, y los saqueos generalizados en la ciudad. No es ni de cerca como vivirlo, pero tener tanta gente cercana aún viviendo allá, hace que de uno u otro modo, uno lo sienta. Fueron muchas las ansiedades e incertidumbres que pasé estando sola aquí del otro lado de la raya, y hubo días y noches que lloré. Una cosa es que se metan con tu país, otra muy diferente que se metan con tu ciudad, es como tu patria al cuadrado.

No vengo a echar cuentos ajenos, a eso me he dedicado en las redes sociales todos estos días. He retuiteado y reposteado anécdotas, y he escrito toda aquella información que me parece relevante en mis cuentas. Sólo narraré cómo fue este breve viaje.

Estaba ansiosa con la idea de ir allá en esas condiciones, pero tocaba. Salí el viernes santo, camino a Maicao vi un hermoso amanecer, y al llegar allá estuvo difícil conseguir transporte hacia "la raya" por el festivo, pero finalmente logré irme. El viaje estuvo normal y relativamente tranquilo, sin paradas ni contratiempos. Llegando a mi casa, no había electricidad. Mi familia me recibe con el calor de siempre, y me comentan que en lo que iba de semana no les habían quitado la luz, pero que ese circuito es muy afortunado por ello. A mis tíos, mi abuela y muchos amigos les quitan la luz sin falta todos los días, y de hecho, tienen entre 4 y 12 horas con electricidad diariamente, apenas.

La noche anterior apenas había podido dormir 2 horas, pues tuve un compromiso musical, y debía salir muy temprano. Medio me recosté en una cama, y caí rendida. Ni pensé en el hambre, había distraído el estómago con algunos panes en el camino. Desperté como a las 5 de la tarde, y mi almuerzo estaba aún en las ollas. Me dispuse a comer, y luego a atender a unos panas que fueron a buscar mi asesoría con el tema de la salida del país. Al rato, llegó la luz.

Aprovechando la electricidad, y que la bomba de la casa estaba en funcionamiento (por suerte, el tanque se había llenado dos días antes), lavé los platos y me bañé. La señal móvil era todo un martirio. En casa, entre todos los teléfonos hay las 3 operadoras principales de Venezuela: Movilnet prepago y pospago, Digitel y Movistar. Nunca tenían señal las 3 al mismo tiempo. Correspondía a quien tuviera señal, encender la función de zona WiFi y proporcionar datos a todos los demás.

En la noche se fue la luz por 3 o 4 horas más. Estábamos en la terraza. Mi abuelo, de 86 años, desvariaba. Hablaba de que había que prender más velas, de cómo hacíamos para averiguar qué pasaba, y se quejaba un poco del calor. Nos habíamos rendido y nos recostamos entre los muebles, y algunos en su cama. La luz volvió tarde.

La madrugada de viernes para sábado dormí con electricidad, y por muchas horas. Al día siguiente íbamos a visitar a mi abuela. Después de desayunar tarde, fuimos hasta su casa. A los quince minutos de llegar se fue la luz. De hecho allí casi nunca hay. Al entrar en la sala, está una de las camas puesta junto a la ventana, donde duerme mi abuela casi todas las noches para que le dé algo de fresco. Tiene 88 años, y apenas hace 2 meses murió el viejo. A veces hasta pensamos que menos mal se fue antes de todo este padecimiento.

Todo el rato que pasamos en su casa no hubo electricidad. Normalmente cuando ellos no tienen luz, los vecinos de atrás sí, y pasan una extensión, donde conectan las neveras y un par de ventiladores para echarse fresco. Echamos cuentos con mis tías, mi primo y mis hermanas. Cuando pegó el hambre decidimos volver a la casa. 

No abre el portón de la calle. No había luz. Mi mamá había hecho almuerzo para todos, y comimos. Más o menos a las 6 de la tarde, la luz volvió. Prendimos los aires, llenamos los tobos, lavamos los platos, cargamos los teléfonos... la misma rutina. Aparentemente la noche venía con luz de nuevo, pero había tiempo de lluvia. Nos acostamos con el aire encendido, pero alrededor de las 2 de la mañana había llovizna y tormenta eléctrica. Comenzaron los bajones. Por alguna razón, las alarmas de algunos cercos eléctricos de la zona no paraban de sonar, y se oían transformadores explotando de cuando en cuando, y algunos truenos, había demasiado ruido. Finalmente la luz se fue.

Terminamos de dormir esa noche sin luz. El apagón era generalizado en la ciudad, y cuando es así, es cuando menos hay esperanzas de que vuelva pronto. Normalmente los domingos en casa acostumbrábamos a comer fritanga maracucha de desayuno (pastelitos, empanadas, mandocas...) y salí con mi padre a ver qué había y si había la posibilidad de pagarlo (no por falta de dinero, sino por falta de efectivo, de luz, y por lo tanto, de puntos de venta). En Pastelitos Pipo las freídoras no estaban encendidas, estaban friendo en paila y sacando por lotes. Tenían una pequeña planta para medio refrescar la cocina y que funcionara el punto. Después de una espera como de veinte minutos logramos llevar unas empanadas de pollo y unas mandocas para todos.

Ese día se cumplían dos meses de la muerte de mi abuelo, y lo mandaron a nombrar en la misa. Comentaron que aunque no hubiera luz la misa se celebraba. La dieron dentro de la iglesia y estaba repleta, las crisis avivan la fe y de paso era Domingo de Resurrección. Por colaboración de algunos feligreses había una planta para el sonido. Yo andaba buscando la manera de algún modo participar musicalmente. Resultó que entre los músicos había un buen amigo que participa mucho en esta iglesia y le pedí unirme y seguir los cantos en el teclado que normalmente tienen ahí. A partir del Cordero fue que me pegué. Prefiero ver las misas desde esa posición.

Era mediodía y pegaba el calor a pesar del día nublado. No había noticias de por qué se había ido la luz. Por la lluviecita, claro, pero dónde fue el problema. Nadie tenía señal. Imposible consultar redes sociales o escribirle a algún contacto. Nos fuimos a la casa. Ya las neveras tenían mal olor, a pesar de no tener mucha comida. Yo estaba que lloraba por medio kilo de queso semiduro que habían llevado el día anterior, aunque ese aguanta, decía mi padre.

Una de las razones de mi ida a Maracaibo era que mi hermana se venía conmigo. A mudarse. En medio de este largo apagón ella terminaba de hacer su maleta. Y yo acomodaba mi bolsito. A mi abuelo lo llevaron donde un tío que tiene planta, para que al menos, no pasara tanto calor. Ahí me despedí de él. Más tarde fuimos a buscar unas pizzas, en el local tenían una pequeña planta para la nevera de los refrescos y un WiFi al que nos pegamos esos veinte minutos que esperamos. En algunos grupos de Whatsapp y Telegram se hablaba de una línea caída, nada de información oficial. Comimos. Supimos como a las 7 de la noche, que había sectores donde estaba llegando la luz.

Como a las 8 de la noche la luz volvió. Prendimos los aires, llenamos los tobos, cargamos los teléfonos... Y nos acomodábamos para dormir, pues el chofer nos iría a buscar el lunes en la madrugada para regresar. A la 1 se volvió a ir la luz. A las 3 AM sonó la alarma de que debía levantarme. Me bañé con tobo, terminé de acomodar mis cosas y a las 4 y piquito llegó el chofer. Nos despedimos ahí, sin luz. Luego nos enteramos que tarde en la mañana volvió.

Esto fueron cuatro días en Maracaibo. Desde que regresé comenzaba una nueva rutina de trabajo, pero dentro de todo, he estado alejada de las redes y hablando poco. Algo de impresión espantosa sentí en esos días. Prácticamente no salí, pero supe que dos grandes centros comerciales, Doral Mall y Galerías Mall, están cerrados hasta nuevo aviso. Lo mismo la primera etapa de Delicias Norte. Y quién sabe cuántos negocios más.

La gente está huyendo porque a duras penas puede vivir, mucho menos trabajar. Y lo que describo aquí, es el día a día de Maracaibo desde principios de marzo. Sumado a la falta de agua, y los amedrentamientos de delincuentes en toda la ciudad. De pronto me sentí perdida. Aún aquí donde estoy, un pedazo de mi alma está como gangrenado. Y los pedazos de alma no se amputan.

Mi abuelo mirando las sombras que hacía la linterna en la pared de la terraza de la casa en medio del apagón
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martes, 9 de abril de 2019

Los servicios públicos "gratis" de Venezuela

Son muchos los comentarios que leído últimamente en redes afirmando que si los venezolanos salen del país, o si Venezuela llega a salir de la crisis, los ciudadanos tendrán que acostumbrarse de nuevo a pagar precios reales por los servicios en general, públicos o privados, haciendo alusión a que allí en este momento son gratuitos o demasiado baratos.

Más allá del tema del costo real en dólares, y que los venezolanos en su mayoría no producen en dólares, voy a retratar un poco cómo "funcionan" los servicios en este momento en Venezuela, y por qué, a pesar de que efectivamente son relativamente muy baratos, a veces terminan saliendo muy caros. Hablaré específicamente del caso Maracaibo, puesto que es mi ciudad y es donde viví hasta marzo de 2018, y consíderese, que es la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Electricidad

Empezaré con el tema "en boga", el tema de la electricidad. El servicio eléctrico en Venezuela siempre ha sido de administración pública, pero antes del chavismo, era descentralizado. Los estados o regiones eran manejados por empresas regionales. En el caso del Zulia, existía la empresa Enelven, que gozaba de gran prestigio por su eficiencia y buen funcionamiento. Según rastreo en la web, en 2007 se centraliza la administración de la energía eléctrica, con la creación de Corpoelec, y todas las empresas pasan a ser sus filiales.

Por ser yo relativamente joven, no puedo hablar con propiedad de las tarifas que se pagaban por luz antes del gobierno de Chávez, pero recuerdo que en casa, nos tenían prohibido encender los aires acondicionados durante el día, y en épocas de crisis, los fines de semana en la mañana mi padre nos apagaba los aires. Al menos, se puede decir que el costo era significativo, al menos lo suficiente para considerar ahorrar y bajar un poco el impacto de la factura en el presupuesto familiar.

La decadencia del sistema eléctrico nacional es de larga data. En el año 2009 comienza a manifestarse, con los primeros racionamientos que recuerdo en el estado Zulia. Estos fueron oficiales, con horarios programados, que ya en esa época comenzaron a afectar nuestras actividades diarias. Comenzaron siendo de 4 horas interdiarios, y luego pasaron a ser de 2 horas diarios. Con las bajadas de consumo, desaparecían un poco, y con el tiempo, en épocas de alto consumo volvían, ya sin horarios establecidos, simplemente se iba la luz por 2, 3 o 4 horas exactas en determinados sectores.

Este mes hemos vivido el gran apagón nacional (han sido varios, pero al final es uno solo del que no se termina de recuperar el sistema), y el gobernador del Zulia ha llegado al colmo de anunciar que los sectores de la ciudad sólo pueden tener de 4 a 6 horas diarias de luz.

La inflación poco a poco fue consumiendo el precio a pagar por el servicio eléctrico, y por el corte populista del chavismo, las tarifas no aumentaban conforme a la inflación (porque ésta además era negada descaradamente por ellos). No conforme con ello, el funcionamiento de las oficinas fue entrando en decadencia, y al día de hoy, las oficinas de Corpoelec están cerradas en su mayoría, y aunque llegue por ahí la factura de la luz, es imposible pagarla.

El servicio poco a poco, ha pasado a ser prácticamente gratuito, pero inexistente. Sumado a ello, desde hace dos años, la crisis ha consumido la vida urbana a tal punto que es pan de cada día el robo de cables, además de la explosión de transformadores y estaciones por sobrecarga del sistema. Si las autoridades llegan al sector afectado, no tienen cómo responder, y piden a la gente sobornos en dólares, o que los mismos ciudadanos financien los cables y transformadores, los cuales tienen que importarse en dólares también. Se han corrido rumores de que los mismos trabajadores del sector eléctrico roban los cables para venderlos luego a los usuarios.

¿Es gratis la luz en Venezuela?

Foto: Panorama

Agua

Hablemos ahora del "vital líquido". Con el gran apagón nacional la crisis del agua se ha agravado, por los problemas de bombeo, teniendo que ser testigos de escenas indignantes, como familias agarrando agua y bañándose en alcantarillas urbanas o en el río Guaire. Pero la crisis del agua es de larga data.

Hace más de cinco años, ya en Maracaibo la mayoría de la clase media se había armado de bombas para halar el agua, cuando el bombeo era pobre la mayoría de las veces. Mucha gente se indignaba y echaba la culpa a quienes poseían estas bombas por el escaso suministro. Pero digamos la verdad, si el bombeo fuera suficiente y constante, los tanques en los domicilios estarían llenos la mayor parte del tiempo. Hay edificios donde desde hace tiempo se manejan horarios de agua de dos horas diarias para racionarla.

Las facturas de agua hace rato que no llegan en muchos sitios, y donde llegan, el precio es ínfimo, pero nadie quiere pagar por un servicio que es absolutamente insuficiente. Incluso las empresas estatales llegan a amenazar de corte del servicio a quienes no pagan, y éstos no tienen más que reírse de ellos.

Y aquí viene la peor parte. Los camiones cisterna. Ante la crisis de bombeo, son muchos los particulares que recurren a ellos, y son bastante costosos. Obviamente si hay camiones cisterna, quiere decir que en las fuentes hay agua, y se teje una amplia red de corrupción para el llenado de éstos. Hasta el año pasado, tenían las agendas copadas, y había que apartarlos con varios días de antelación. Los mismos propietarios de camiones sufren amenazas de las autoridades, a veces los obligan a llenar tanques de sus familiares antes de que salgan a trabajar, y muchas veces son asaltados en zonas populares, no para quitarles el camión, sino para desviarlos, y quitarles el agua.

¿Es gratis el agua en Venezuela?

Aseo urbano

Esta parte es asquerosa y triste, y una de las cosas que más me disuadieron de seguir viviendo en Maracaibo. El servicio de aseo urbano es inexistente. No recuerdo exactamente, pero el cobro se hacía en la factura de la luz o del agua, por lo que tampoco se está pagando por él. La crisis económica y de los repuestos automotrices, hicieron que la flota de aseo urbano poco a poco fuera menguando, hasta quedar prácticamente en nada.

En Maracaibo desde hace aproximadamente cinco años se recoge la basura cada vez menos. Los depósitos en casas que disponen de ellos y en edificios se desbordan de basura. La gente, desesperada, la bota en los contenedores públicos provistos para ello, que se desbordan, y en terrenos vacíos que se convierten en pequeños rellenos sanitarios en zonas residenciales. Muchos particulares, para deshacerse de ella, pagan camiones para que la lleven a algún lugar lejano, y de más está agregar que no hay ningún control sanitario para ello.

Pero los mismos terrenos y depósitos colapsan, y la misma gente recurre a la quema de basura. Recuerdo en 2017, cuando me levantaba temprano, a las cinco o seis de la mañana, el olor que comenzó a caracterizar a mi ciudad, era el de la basura quemada. Salía uno a la calle en la madrugada, y aparte de la oscuridad por el deterioro del alumbrado público, se divisaban las fogatas inmundas por todos lados.

Con esto, aumentan las plagas y la contaminación del aire, Maracaibo desde hace un tiempo es un mosquero, y por consiguiente, aumentan las enfermedades, sumado a la crisis del sistema de salud.

¿El aseo urbano en Venezuela es gratis?

Foto tomada por mi en el Centro de Maracaibo, diciembre de 2014

Telefonía e internet

Al igual que las tarifas de todos los servicios, la inflación se come las tarifas de telefonía fija, móvil y de internet. Solo que en este caso, hablamos tanto de proveedores públicos (Cantv y sus servicios: Movilnet y ABA internet), y de servicios privados (Movistar, Digitel, y servicios satelitales de internet), por lo cual el cobro siempre se ha realizado a los usuarios.

Para pagar los servicios como tal, hay problemas con las plataformas bancarias, con la hiperinflación, los montos caducan rápido, y siempre es difícil pagar. Por otro lado, los usuarios pagan en bolívares, tarifas ínfimas en comparación con el mercado internacional (y que sin embargo golpean su bolsillo, sobre todo cuando se hacen los aumentos), y las telefónicas no reciben los dólares "asignados", por lo que hay una fuerte desinversión en todos los sistemas.

Todo esto provoca una bajísima calidad del servicio. En el caso de Cantv y filiales, incluso se ha caído el servicio de tenefonía fija e internet, para nunca más volver en muchos sectores. Las comunicaciones por móvil son sumamente lentas, tanto para llamadas como para datos móviles. Uno llegaba al colmo de intentar hacer una llamada 10 veces antes de que cayera. Los datos van y vienen, y son sumamente lentos. A esto se suma el problema de los apagones, por lo que muchas repetidoras dejan de funcionar y los sectores intermitentemente se quedan absolutamente sin señal de alguna de las tres operadoras.

Mucha gente ha recurrido a servicios satelitales para tener acceso a internet. Estos se pagan en dólares y son costosos. La conectividad en Venezuela es sumamente baja, por deficiente ancho de banda, ahora por problemas de acceso debido a la caída del sistema eléctrico.

¿Es gratis la conexión en Venezuela?
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La intención de estas anécdotas es hacer reflexionar a quienes juzgan a los venezolanos de "no querer pagar los servicios públicos", o a "estar acostumbrados a no pagarlos". No es verdad. Los servicios en Venezuela no funcionan, y buscar alternativas suele salir muy costoso. Yo vivo en Colombia desde hace un año, y no tengo problema en pagar todos mis servicios, y tengo el placer de que funcionen.

Agradezco en los comentarios sus anécdotas personales.

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miércoles, 20 de enero de 2016

Verde y corrupto

Nuestra política está plagada de escándalos. Bueno, cuándo la política no lo ha estado. Pero en estos días parecen aparecer uno tras otro, con una singularidad y unas cifras que parecen no tener precedentes en corrupción. Los poderes están tomados, y los amiguitos se encubren unos con otros, mientras en la calle, el venezolano común muere por falta de medicamentos y sufre cada día más para comer.

Pero a veces el escándalo viene con tinte de culebrón. Cómo les encanta un drama culebrónico a estas sociedades, de esos cargados de enredos sexuales. Y el de estos días sí que causó revuelo. Comentan los rumores (aunque parecen ser más que eso), que una modesta suma de trescientos mil dólares (300.000, se lee trescientos mil) en efectivo. fueron hurtados de una propiedad del presidente del Banco Central de Venezuela, y para colmo, al parecer, estaría una implicada una amante... de 16 ó 17 años de edad.

Con el revuelo que se causó en redes sociales, lleno de moralina (es raro ahora que a los hombres mayorcitos les gusten las jovencitas, mientras todos los días uno ve las webs y el timeline lleno de tetas frescas), de delirios religiosos, y de hashtags de lo más inapropiados del tipo #MerentesPedófilo, del que se hicieron eco las populachas cuentas del espectáculo barato tuitero de hoy; me enteré por usuarios sensatos, que la edad de consentimiento sexual en Venezuela es de 16 años.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Primero, a que la relación en tal caso ni siquiera es ilegal. Todo el mundo armó un escándalo por la "corrupción de menores" del viejo verde, pero nadie hablaba ya del origen de los 300.000 verdes en efectivo que tenía en casita nada menos que el Presidente del Banco Central, una cifra que, siendo condescendientes, un venezolano necesitaría unos 25.000 salarios mínimos para adquirir en el mercado negro, porque por vías oficiales eso supera por mucho el cupo.

Ni hablar de la gente que le llamó pedófilo; pedofilia es la atracción sexual hacia infantes, no hacia adolescentes con cuerpo de adulto que ya están terminando el bachillerato. Disculpen, pero usar términos inapropiados en esferas de esta delicadeza me molesta inmensamente, y más, si es para armar un lamentable espectáculo tuitero. Espectáculo que, por cierto, incluía fotos de muchachas por aquí y por allá, difundidas por todos, sin el mínimo reparo en indagar si semejantes acusaciones públicas eran ciertas.

De comportamiento en las redes, no hemos aprendido nada.

La política que se ha aplicado desde el Banco Central, es uno de los pilares fundamentales del hoyo negro económico en el que estamos metidos. A través de la impresión de dinero inorgánico y de la falta de oferta de divisas, nos ahogamos en la inflación y el mercado negro; mientras al pobre presidente le roban una cantidad escandalosa de dinero de dudosa procedencia.

Se pueden guardar su moral de cartón, el verdadero escándalo en este caso es la corrupción.

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lunes, 11 de enero de 2016

El islam y la naturaleza humana

Desde hace algún tiempo estoy leyendo un famoso libro de divulgación científica: La tabla rasa de Steven Pinker. Es un libro largo y que abarca muchísimos aspectos que pueden ser controversiales sobre la naturaleza humana, desde el punto de vista de la psicología evolutiva. No lo he terminado, pero a la luz de los acontecimientos actuales y luego de haber pasado capítulos sobre la violencia, el género y la violación, no me he resistido a escribir este post.

Son muchos los puntos en los que ninguna de las ideologías dominantes sabe leer la psicología humana y pasan por encima de los hechos, y de los resultados que estudios científicos pueden aportar, y por supuesto se hacen las cosas más difíciles.

Un tema candente en la actualidad es el islam, la migración de miles de musulmanes a Europa, y la manera cómo éstos actúan en las tierras en que se les da acogida. Sucesos como el de la revista Charlie Hebdo a principios del año pasado, y las violaciones masivas de Colonia a principios de éste, encienden las alarmas de Occidente sobre sus políticas y nos pone a cuestionarnos qué hacer y cómo actuar, pero para ello, nos pone a intentar comprender, qué rayos pasa en la cabeza de estas personas, ajenas a nuestra cultura, es verdad, pero al fin y al cabo seres humanos como nosotros.

Son muchos los apartados del libro de Pinker que me han hecho pensar en esto. Una de las afirmaciones principales que atraviesa todo el libro, y que está sustentada científicamente por varios estudios y estudiosos, es que entre los seres humanos hay poquísima variabilidad genética, esto quiere decir que entre razas y culturas, nosotros no somos esencialmente muy diferentes, y que, a menos que seas un individuo atípicamente psicópata, a nivel de violencia y sexualidad, en determinadas circunstancias, sobre todo circunstancias sociales, todos los seres humanos podemos ser unos bárbaros.

Esto, como el mismo autor aclara muchas veces, no quiere decir que se pueda educar a alguien para ser esencialmente de determinada manera, sino que estos comportamientos forman parte de nuestro instinto, de nuestro fondo genético, y que la violencia es una constante en absolutamente todas las culturas que han existido en nuestra historia como especie. No quiere decir muchísimo menos que se estén justificando estos comportamientos.

Efectivamente, en el mundo de hoy, la violencia en general se ha logrado reducir, gracias a mecanismos sobre todo de coacción (las fuerzas del Estado, la Ley tal como la conocemos), que se ha demostrado que son lo que mejor funciona. Y aún así, en zonas de alta conflictividad, o urbanamente deprimidas, donde las fuerzas policiales mismas no se atreven a entrar, y la gente toma la sobrevivencia en sus manos; o donde hay condiciones de vida pésimas, o no hay un sistema de Ley que funcione, o incluso las autoridades están infiltradas de corrupción y delincuencia, la violencia será invariablemente mayor.

Acompaño de los siguientes extractos, en forma de imagen: 




Interesante es también el apartado referente a la violación. La violación es un comportamiento universal, y también es universalmente condenado. Sin embargo, ciertas condiciones sociales pueden aumentar su incidencia. En los lugares de conflicto o de guerras, las violaciones aumentan considerablemente, y el mismo autor cita testimonios de soldados occidentales o norteamericanos en zonas de guerra.

Así mismo se puede afirmar que la violación es cosa de hombres, una cuestión que sencillamente tiene que ver con la economía de poder perpetrar los genes; y en general, es un trauma para la mujer, no solo por la violencia implicada en el acto, siempre se considera una ofensa mayor, por cuanto ella pierde autonomía de decisión sobre con quién va a tener relaciones sexuales.

Es pues preocupante la lectura general de los hechos relacionados con la violencia de muchos hombres del Medio Oriente en la actualidad.

Por un lado está la izquierda tolerante, que parece ser el discurso más general, en la estas personas para empezar han sido víctimas de Occidente durante años, y por ello tenemos la responsabilidad de darles acogida en nuestro territorio, además de asegurarles asilo y de paso, darles un salario y techo. Resulta repugnante ver a feministas de izquierda intentando ocultar o minimizar el hecho de las violaciones masivas, entrando en total contradicción con lo que pregonan.

Por otro lado está el discurso de derecha, que siempre pretende reducir todo al hecho de que el islam es una cultura de guerra, y que los creyentes de Alá son personas irrecuperables, pues se les educa en esa violencia, su religión pregona esa violencia, y todo se reduce a eso, en contraste con nuestros valores cristianos de Occidente; y por eso la civilización musulmana nunca llegaría al estadio de la nuestra, y están condenados a ese comportamiento.

La razón que tienen ambos bandos es parcial. En primer lugar, y como expuse al principio, la violencia es una constante en todas las culturas humanas. El islam puede ser una cultura preocupante, no por ser islam, sino por el estadio en que se encuentran actualmente gran parte de los países musulmanes. Son zonas de conflicto, gobernadas muchas por déspotas, o peor aún, por grupos terroristas, y de paso con un nulo nivel de secularidad y de estado de derecho.

En cuanto a la secularidad diré que una religión es peligrosa en la medida en que se pretende aplicar al pie de la letra desde las instituciones políticas. Particularmente pienso, que todas las religiones tienen el mismo alto componente de irracionalidad y etnocentrismo, y por tanto, capacidad para desencadenar espirales de violencia. Sólo que los terroristas del islam son los que cometen más crímenes en el mundo de hoy.

Todas las culturas humanas son etnocéntricas, pero más etnocentrismo no nos hace precisamente más avanzados, como algunos sectores de la derecha pretenden hacer ver actualmente. Al contrario, mientras la humanidad ha ido progresando, nuestro círculo moral se ha ido expandiendo. Esto no quiere decir que tengamos que ser tolerantes con cualquier premisa moral, al contrario, cuanquier cosa que atente contra ese progreso debe ser tratada con recelo y sin relativismos morales o culturales. 

Sin embargo, la actuación de los grupos terroristas islámicos, sí amerita una actuación violenta, lamentablemente, porque no hay otro modo de hacer contrapeso. Sí pueden haber mecanismos de mediación o negociación, pero esto es solo posible si se demuestra que podemos defendernos ante ellos. Sino sólo habrá más masacre de su parte.

Estas mismas variables inciden en el comportamiento sexual que se acerca más a lo primitivo. Una violación en grupo es algo que ocurre con mucha más facilidad si hay un conflicto alrededor, si las víctimas representan un enemigo étnico (¿ven por qué más etnocentrismo no es mejor?), y aún más, si los perpetradores se sienten protegidos por su condición, como está ocurriendo con los refugiados en Europa. Que muchos no son refugiados. O sí lo son, pero se sienten con el derecho de actuar como les place, y actúan con la mente de alguien que viene de una zona de guerra, de una religión férreamente conservadora y de una sociedad con derechos mucho más atrasados que los nuestros.

Lo que quiero concluir con esta exposición es que culpar al islam como religión por la violencia no es una lectura acertada, y no contribuye a entender los conflictos y comportamientos. Y que tampoco ser unos tontos tolerantes, que piensan que todo acto puede ser respetado "porque esa es su cultura", porque de hecho, parto de la misma premisa, esto poco tiene que ver con la cultura.

Mucha de la gente que viene de estas zonas debe preocuparnos tal vez más por la clase de entorno y  de civilización del que vienen y en la que desarrollan comportamientos que para ellos son normales, como el castigo por blasfemia (¿qué los cristianos no hacían lo mismo algunos siglos atrás?), las violaciones, el trato degradante hacia la mujer, el vandalismo, la matanza por causas ideológicas y religiosas, etc.

Ellos al fin y al cabo, son humanos como nosotros, y sí, hay una guerra desatada en este momento, tenemos que admitirlo. Y digo esto, porque tal vez es sólo leyéndolos como humanos, y no como el islam, como la otredad, es que podríamos tener una compresión mejor del fenómeno. 

Y también aprenderíamos de una vez por todas, que en el seno de nuestra sociedad Occidental, también pueden surgir grupos radicales, bajo una confluencia de factores que despierte lo peor de nosotros como humanos. Y estudiar bien qué cosas pueden ser, para evitar que ocurra. (¿Que no tenemos muchos ejemplos de ideologías políticas radicales y hasta genocidios?)

Tal vez existan nuevos estudios que ignoro y que den luz sobre esto. Al fin y al cabo, me estoy basando en un sólo texto, eso sí, amplio y bien fundamentado. De conocer nuevas referencias, agradezco sus citas, enlaces y aclaratorias.

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martes, 11 de agosto de 2015

Debates ideológicos estériles

Hace unos días escuchaba un conversatorio por Zello con Julio Jiménez, mejor conocido como @Juliococo, actual líder político 2.0

Básicamente Julio hablaba de la situación actual y de la urgencia de la organización ciudadana. Pero al venir la ronda de preguntas había dos insistencias: la primera, que la salida de la ciudadanía en 2014 (mejor conocidas como "guarimbas"), realmente sí había tenido efecto; y la segunda, el cuestionamiento de la ideología política del señor Julio.

No voy a extenderme con la primera, sencillamente hay muchas sensibilidades involucradas en el asunto. Pero la segunda llamó especialmente mi atención. Obviamente el cuestionamiento viene dado porque el señor Julio tiene en la bio de sus redes sociales que es de "formación izquierda". De hecho perteneció al partido Bandera Roja. Cuando empecé a seguirlo, hace unos 4 años, cuando no era famoso, aún era militante.

Es sano, sobre todo hoy en día, develar la ideología de quien pretendemos seguir. Con eso más o menos podemos saber a qué dirigirá los recursos del Estado, y de dónde los sacará. También más o menos podemos deducir qué avances en materia de derechos civiles puede haber. Pero hablando de la urgencia de la salida de un régimen dictatorial que tenemos en Venezuela, ponernos a pelear entre nosotros por nuestras ideologías es a veces un poco absurdo.

Yo fui marxista mucho tiempo, y hasta chavista fui. Hoy tengo coqueteos con el liberalismo y con el libertarismo (que pueden verse como lo mismo, pero no). Quiero aclarar esto, porque de hecho me la paso debatiendo conmigo misma y con la gente en las redes el asunto.

Pero tal como afirmé en estos días, las ideologías del venezolano no son tan radicalmente distantes. A menos de que hablemos de defensores de Pérez Jiménez, o de stalinistas en todo el sentido, el resto del espectro ideológico ciudadano (al menos económicamente hablando), se mueve en un paréntesis alrededor del centro, que va desde la socialdemocracia hasta el liberalismo clásico.

Normalmente veo en las redes a la gente atacándose, y acusándose, como si los socialdemócratas fueran personas que defienden el asalto a la propiedad privada, o como si los liberales defendieran el dominio de las corporaciones sobre la vida de los ciudadanos (cosa que solo es posible con amiguismo del Estado).

Ni una cosa ni la otra. Los socialdemócratas de aquí son fans, de hecho, de las socialdemocracias europeas, que son muy respetuosas de la libertad y la propiedad de los ciudadanos, y que además están sustentadas en un mercado fuerte y productivo, del cual salen los altísimos impuestos que logran financiar la salud, la educación, las jubilaciones, etc. Dicho sea de paso, sus modelos son más inteligentes y descentralizados que los nuestros.

Por otro lado, ser liberal no es defender amiguismos corporaciones-Estado, ni explotación al trabajador, ni mucho menos defender la pobreza. El liberalismo de mercado está sustentado en la demostración de que es la mejor vía para alcanzar la prosperidad (y la justicia social): un mercado libre (realmente libre), garantías a la propiedad, igualdad de oportunidades, competencia que garantice la elevación de los estándares y la calidad, meritocracia.

Deben dejar el drama y de mirarse como enemigos. Las tensiones entre una cosa y otra son perfectamente reconciliables, y de hecho, al salir el régimen chavista del país, lo que va a tocar es sentarnos a hablar, porque ni becas pa' todo el mundo en un país quebrado, ni liberación brusca con tanta población vulnerable, van a ser efectivos.

Nos toca ser pragmáticos. Mirar con cuidado las consecuencias de cada cosa, de cada medida que se pida y que se tome, y al final aspirar a un mercado fuerte y a una inversión social inteligente. No hay otra salida.


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martes, 24 de marzo de 2015

Señalar al "raspacupo"

En Venezuela hay un sistema cambiario un tanto difícil de explicar, y más aún de justificar. En primer lugar, digamos que tenemos un sistema de bandas, es decir, hay diferentes tipos de cambio para el dólar.

Estos precios tienen diferencia considerable en la actualidad. Las tasas que se manejan son 6,30 Bs/$ (preferencial, "solo" para productos de primera necesidad como alimentos y medicinas); 12 Bs/$ (para cupos de viajero y compras por internet, cantidad limitada por el gobierno según el destino y tiempo de viaje, y un cupo de escasos 300$ para compras electrónicas); y la nueva "tasa de mercado" o Simadi, que hoy se ubica en 190 Bs/$.

Un sistema con tasas tan disímiles (la máxima siendo 30 veces mayor que la mínima) no puede sino generar fuertes distorsiones. A esto sumemos que es muy difícil obtener divisas preferenciales, no se consiguen las divisas a precio Simadi en las casas de cambio, y la tasa de dólar viajero solo se puede conseguir viajando (y hoy día, si acaso), por lo que el mentado mercado negro no ha dejado de existir, al día de hoy con un cambio de 251,57 Bs/$ (casi 40 veces el dólar preferencial, 20 veces el dólar viajero, y aproximadamente 30% más caro que el dólar Simadi).

Aquí, nada más viendo a vuelo de pájaro, hay una oportunidad de negocios increíble: conseguir divisas a los precios más baratos y venderlas al precio del mercado negro. Pero ya dijimos que de estas, las más accesibles son las de viajero, cualquiera puede comprar un pasaje (bueno, ya no tanto), pedir su "cupo" correspondiente, traerlo en efectivo, y ¡listo!, hasta recupera lo que gastó en viajar y aún gana una barbaridad.

Este sistema lo explico sobre todo para gente no venezolana, que a lo mejor no comprende lo que sucede acá con los tipos de cambio. Obviamente, este fenómeno conocido como "raspar el cupo" está trayendo graves problemas a la economía, y hasta a la economía de los países destino, que están empezando a manifestarse al respecto.

Pero esto, amigos míos, no pasaría si en primer lugar no existiera un cupo limitado de dólares para cada quien, de paso, baratos hasta el absurdo.

Señalar al "raspacupo" no es el deber ser. Muchos hacen esto como negocio, pagan a terceros por su "cupo" y raspan su tarjeta de crédito en el exterior para traer las divisas, cosa que claramente no sería posible si no hubiese quienes se prestaran a pasar tarjetas a cambio de efectivo, quedándose con una comisión en el extranjero. Esto es una práctica criminal (eso de pasar tarjetas de crédito de terceros, ¿ok?)

Pero la persona que viaja con su cupo particular y trae dólares en efectivo o mercancía para la venta a los precios de mercado (mucho más altos que calculados al dólar viajero), ¿por qué es criminal? ¿No son esos los dólares a los que le da "derecho" el Estado?

El problema está en el sistema en sí mismo.

No hay justificación para la existencia de tasas de cambio tan disímiles, ni tampoco para que el Estado controle a cuántos dólares tiene "derecho" cada venezolano. Menos aún recibiendo ingresos en divisas del petróleo todos los días. Pero así es.

Aparte de esto, la desastrosa política económica del gobierno chavista (altísimo gasto público, altísimo gasto en propaganda, control estatal y destrucción del aparato productivo, impresión de dinero inorgánico, trabas para conseguir divisas para importaciones...), ha ocasionado una hiper inflación y una escasez que hacen que el venezolano literalmente se arrastre por unos pocos dólares.

Entonces, ¿hay que pedir represalias para los "raspacupos"? ¿Hay que apoyar que nos deporten de otros países por esta práctica? No. Hay que exigir el desmantelamiento del sistema cambiario actual que es un cáncer para la economía. Debemos exigir libre acceso a las divisas del país, a un precio real, como ocurre en cualquier economía normal; y debemos pedir explicaciones de por qué, aún habiendo un "cupo" cerrado y control de cambio, han desaparecido millones de dólares de las arcas de la nación.

Photo credit: frankieleon / Foter / CC BY
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sábado, 28 de febrero de 2015

Odiseas en el supermercado (II)

Foto: La Patilla

Sábado por la mañana (o no tan mañana). Estaba sentada en la mesa comiendo unas galletas con café con leche, esa cosa que cada día se nos hace más difícil poder disfrutar. De pronto recibo una llamada de mi padre. Estaban haciendo el mercado, y ¡oh sorpresa!, había harina de maíz, jabón de baño, arroz, desodorante y azúcar. Todos ellos productos regulados en precio por el actual gobierno, y todos ellos consecuentemente muy escasos.

Como de costumbre, una unidad por persona, y por eso solicitaban mi presencia. Para facturar tres veces, y pasar tres unidades de los productos que hacía tiempo no veíamos, y que en el caso del jabón de baño y el desodorante ya habíamos tenido que recurrir al mercado negro. Sí, como lee, mercado negro de productos de higiene personal.

Al llegar, había un gentío por supuesto. Las colas en cada caja daban hasta más de la mitad de los pasillos del inmenso local. Adentro, la gente que iba a hacer una compra de más de 500 bolívares, afuera otra cola de quienes solo iban a comprar regulados, o debo decirles escasos, más bien. Adentro del supermercado había guardias armados, vigilando que nadie robara nada, y claro, que nadie llevara más escasos que lo que le correspondía.

Mientras mi mamá y yo terminábamos de agarrar los enseres, mi padre hacía la interminable cola de la caja, que caminaba a paso de vencedores, que digo, de tortuga. Terminamos de explorar y recontra explorar el supermercado, pillando lo que llevaban los otros en los carritos, no fuera a ser que se nos quedara alguno de esos regulados desaparecidos.

Todavía así, ya llenado el respectivo carrito, estuvimos más o menos una hora en cola antes de llegar a la caja. Resultaba que cada cola se dividía entre dos cajas, y aún así se tardaba uno esa eternidad. Al llegar nuestro turno, todo se volvía más claro con respecto a la tardanza.

En primer lugar, y como yo ya habría acotado, por cada familia iban en promedio tres personas a comprar, para aplicar lo del "truco" de los escasos. Por lo tanto, por cada carrito se hacían dos o tres facturas, y se pagaba dos o tres veces, muchas de ellas por punto de venta, con las mentadas tarjetas de alimentación, lo cual hacía aún más lento el proceso.

Mientras estaban los de adelante de nosotros, entre las facturas de uno y otro de la pareja, la cajera se puso a hacer corte de caja. Sí, en ese momento. Ellos estuvieron al menos 20 minutos pagando. Cuando nos tocó a nosotros, pasa la primera factura. Luego, ¡oh!, tocaba el cambio de turno de la cajera. Sí, sin haber terminado de pasar todo lo de nuestro carrito, pero claro, dejó una factura pagada y cerrada. Mientras ella recogía sus cosas y apagaba el sistema y que sé yo, pasarían como 10 minutos. La otra cajera aún tardó en llegar.

Cuando al fin llega, toca pasar la segunda factura. Mi turno. Voy a pagar con mi tarjeta de alimentación, y ¡oh!, esa tarjeta, precisamente esa, había que pasarla por un punto de venta que estaba en la parte de atrás del local, después de todas las cajas. Me fui, llegué, había dos personas con la misma tarjeta delante de mi que iban a pagar entre ambos una misma factura. En aquel proceso de repartir montos se irían 10 minutos más. Mi turno. Una señora que estaba atrás intento colarse, y yo aún forzando la sonrisa le dije que mi tarjeta también aguardaba allí desde antes. Pasé y pagué.

Finalmente terminamos de chequear toda la compra, que durará como mucho dos semanas (sin incluir la mayor parte de carnes y embutidos), y superó en el total al salario mínimo. Al salir, te revisan las facturas, lo que llevas en las bolsas, y hasta te hacen abrir la cartera "por si acaso".

El sol estridente de la tarde fue toda una bendición.
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Enumeremos las humillaciones de este relato:

  • Que el Estado regula los precios de productos de primera necesidad, muy por debajo de los precios de producción, llevando a la quiebra a innumerables empresas, expropiando a otras y produciendo a subsidio (es decir, igual disponiendo de nuestros recursos para vendernoslos a un "menor precio"), llevando a una escasez de los mismos y privando a la población de ellos.
  • Que, por tanto, con cierta regularidad uno debe recurrir al mercado negro de productos básicos, como si de sustancias ilegales se tratara, y pagar un precio mayor a un buhonero que no cumple las condiciones de almacenamiento mínimas de los productos y que se lucra a costa de la escasez. Sin mencionar que este mercado opera a plena luz del día en total impunidad.
  • Que debes comprar un mínimo en monto, porque si quieres solo regulados, te toca hacer cola bajo el sol. Brecha de clases, ¿dónde?
  • Que el Estado tiene autoridades armadas en un contexto completamente cotidiano y "normal", dentro de establecimientos privados, para mantener a raya a la población.
  • Que debes perder 3 y 4 horas de tu tiempo, con varios miembros de tu familia, para hacer algo tan simple como un mercado (¿y el trabajo?, ¿y el producir más para el progreso?)
  • Que la misma empresa hace insoportablemente engorrosa una transacción cotidiana (cambiar de turnos en mitad de una facturación, poner colas aquí y allá, puntos de venta al otro lado del local...)
  • Que al salir te revisan las bolsas llenas de productos que ya son tuyos, y la empresa se puede tomar la libertad de revisar tu bolso con la venia de autoridades presentes. Es decir, que aparte de que se violan tus derechos de propiedad, eres culpable hasta que se demuestre lo contrario.
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Puedes leer el primer post Odiseas en el supermercado. También puedes compartir tu anécdota en los comentarios, pues me gustaría reseñar más de estos trajines humillantes.

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sábado, 31 de enero de 2015

En la parada de Los Robles

Sí, otra anécdota de paradas en Maracaibo. Es que nuestro transporte alcanza para mil crónicas. Me tocaba ir al sur, y sin la posibilidad de carro prestado que a veces tengo por fortuna. No quería gastar la ganancia del día en taxis, así que me lancé al punto de articulación entre el norte y el sur: el Centro, y sus paradas de transporte salvajes.

El sol estaba picante. Como siempre atravesar la calle mirando por los cinco flancos que no sabías que tenías, y allá se veía la cola, no muy larga, unas treinta personas en la parada de Los Robles.

Esta parada es muy particular. Nunca quiero tener que recurrir a esta ruta y menos desde el Centro. Si acaso el diez por ciento de las unidades (carros por puesto), recogen a los pasajeros de la cola. Los restantes, recogen gente antes o después de la parada, cobrando el pasaje al doble del costo.

La situación es sumamente injusta, pero irónicamente, está perfectamente justificada. Una demanda que supera por mucho la oferta de transporte, un sistema por demás ineficiente y un pasaje que a duras penas alcanza a los choferes para una ganancia decente. Por otro lado, unos pasajeros a quienes aún pagando ese pasaje barato, les pesa en el bolsillo. Sino, simplemente no hubiera gente en la cola.

Esta situación es vieja. He presenciado mototaxistas ofreciendo carreras baratas, intervenciones de la policía, pero la cosa ayer se convirtió en protesta. Los pasajeros de la cola se pararon en medio de la calle a no dejar pasar a los carritos que venían ya llenos de pasajeros "dobles". Retuvieron a dos unidades por unos quince minutos, pero los choferes alegaban que estaban trabajando, y los pasajeros llamaban a los otros "bobos" por no pagar sus veinte bolos para irse más rápido.

Una señora alegaba que estaba bien, que ellos pagaban más, que entendían la queja de los choferes, pero que se llegaran a la cola y respetasen el orden de llegada. Por supuesto los pasajeros tomados fuera de cola, agarran los carros en total anarquía, sin respetar si el señor de al lado estaba primero. Porque somos así, los vivitos.

Ayer no tardé mucho en irme porque llegó un pequeño bus ofreciendo la ruta, a precio de pasaje largo. No estaba mal. Cabían todos los pasajeros de la cola, y ellos ganaban porque metían más gente. Eficiencia, aunque "ilegal".

Esta realidad, esta desesperación, se vive día tras día en las paradas de toda la ciudad. Y no a todas llega algún compasivo bus a recoger a los pasajeros. Volvemos a lo mismo. Sistemas ineficientes, economía regulada, todo turbio, pierden los más débiles, en el sistema de transporte público: esa cosa que deberíamos tener todos bien asegurada todos los días.

Es un círculo vicioso, porque las solas molestias del transporte, hacen que a uno se le quiten las ganas de salir a trabajar. Pero como ven, el mercado gana.


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lunes, 19 de enero de 2015

"Colaboracionistas"

En Venezuela estamos inmersos en un sistema viciado, en una economía viciada. La economía lo permea todo, todas las actividades cotidianas que llevamos a cabo todos los que vivimos en este pedazo de tierra, administrado por un montón de inútiles, o eso parece.

He visto en los últimos días una tendencia en las redes, de culpar al ciudadano por ser colaborador de este sistema económico. Que si tú haces la cola, que si igual andas esperando nada más a que te activen el cupo electrónico, que si revendes los productos de la cesta básica, que si trabajas para el gobierno, etc.

Es imposible no formar parte de este círculo vicioso que es nuestra economía llena de controles. No hay libertad de mercado, no hay divisas disponibles, los productos no se consiguen, porque para empezar aquí en el país no se produce prácticamente nada, y para importar volvemos a lo de las divisas, sí, los controles y para colmo una inflación desbocada. Consecuencia de todo esto, no hay mercado laboral para los venezolanos, y el gobierno, directa o indirectamente, acapara todos los procesos.

Pero el control total es imposible. Y sin trabajo, sin disponibilidad de productos ni divisas, con unos billetes que no valen nada, la gente va a buscar la manera de sobrevivir.

Sobrevivir implica buscar la comida. No hay comida. No hay muchas cosas: productos de higiene, pañales, medicinas... Pero son urgentemente necesarios. ¿Vas a culpar a la señora que va y hace la cola por los pañales y la leche para sus hijos? ¿Vas a culpar al que hace la cola para poder conseguir pollo?

Sobrevivir implica conseguir los reales. No hay trabajo. ¿Vas a decirle a alguien que no acepte una oferta posible porque le paga el gobierno? ¿O que no se cale la cola por ti para comprar los productos y te cobre algo a cambio de eso? De más está decir que quien trabaja para el gobierno trabaja en realidad para ti, para todos, piensa que al menos ese salario se lo está ganando un ciudadano y no se lo está robando ningún funcionario. El problema es qué ponen a producir a ese empleado, ¿propaganda?, ¿calentar la silla?, ¿nada? Ahí viene la cuestión.

El problema aquí es que el capitalismo continúa, porque el mercado continúa, y no puede ser de otra manera. Ojo, el problema no es el mercado ni el capitalismo, sino que no se admite que igual éste va a seguir funcionando. Los controles no son más que una absurda ilusión, que tiene toda mierda distorsionada, y hace todos los procesos innecesariamente difíciles.

¿Y cómo se manifiesta la dificultad de esos procesos? Hambre, desidia, miseria, humillación...

Pero no le diga al ciudadano que no continúe con el ciclo económico, o ¿es que Ud, que se jacta de no calarse ni una cola no se traslada todos los días en su carro o en el trasporte con la gasolina más subsidiada del planeta? ¿O es que Ud. que se jacta de no usar ni un solo dólar de su tarjeta de crédito no ha comprado divisas al mercado paralelo jamás, o al menos subastado en los sistemas Sicad?

Nadie se salva de participar en esto. Yo particularmente no hago ni una cola, no me he inscrito en una captahuella, no me callo por ser empleada pública... pero, ¿y si algún día tengo la necesidad? Eso: la necesidad.

Es en nosotros que está la respuesta: acusar a este gobierno de lo que es, un corrupto que nos hace la vida innecesariamente difícil y precaria, y que con sus sistemas y controles no hacen más que llenarse los bolsillos, con valores paralelos, mercados negros, tráfico de mercancías, etc.

Puede acusar a la gente de pasividad, de facilismo, pero cuidado, que en este peo estamos todos bien metidos.



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viernes, 9 de enero de 2015

Una posición con respecto al islam (o más bien al fundamentalismo religioso)

En estos días el tema del terrorismo y el islam ha saltado a la palestra de la opinión pública, por los sucesos acaecidos en Francia, el lamentable atentado a la revista satírica Charlie Hebdo.

Con respecto a este hecho mi posición es clara: ninguna opinión merece que se atente contra la vida de alguien. ¿Fue un golpe a la libertad de expresión? Sí que lo fue.

Pero en medio de este vaivén de opiniones y posiciones hay unas tantas que parecen querer decir que este hecho no tiene nada que ver con religión o con el islam, queriendo hacer ver a todo aquel que lo condena como xenófobo.

Víctimas hay en todos los credos, culturas y civilizaciones, y también en el islam, y por supuesto, también en sus tierras. El islam es una religión que contiene en sí premisas bastante violentas, pero vale destacar, premisas violentas hay también por montones en el Antiguo Testamento, libro que llevan por credo también judíos y cristianos en todo el mundo, con la diferencia de que estas dos últimas religiones parecen haber aprendido a (mas o menos) separar credo de Estado.

Decir que el islam no influye en la doctrina de numerosos movimientos terroristas que levantan su estandarte es pecar de ingenuo. Pero meter a todos los musulmanes en el mismo saco no está bien. Hay que aclararlo con contundencia: una cosa es criticar el islam, otra los movimientos políticos que pretenden imponer la sharia (ley islámica), y otra muy diferente condenar a cualquier ser humano solo por practicar dicho credo.

La primera es válida, como es válido criticar cualquier religión. Yo soy atea, y crítica a todas las religiones y al pensamiento religioso, y secundando a divulgadores como Dawkins y Hitchens, no solo no creo que la religión es moral (como cree la mayoría) o amoral, sino que en su nombre se justifican montones de inmoralidades.

En cuanto a los movimientos políticos que pretenden imponer la sharia, o gobernar al mundo tal como se gobierna en los Estados islámicos que atropellan toda clase de Derechos Humanos, y sí, en nombre de la religión, hay que condenarlos. No creo ni remotamente que el islam sea como religión la única amenaza política. Le tengo bastante repulsión a la Iglesia Católica y sus narices en asuntos políticos, y sobre todo sus proyectos educativos. Igualmente me parece amenazante el movimiento cristiano protestante de hoy, bastante reaccionario, y que en muchos países, sobre todo en América, ganan seguidores y poder, y tienen potestades de frenar leyes, por ejemplo, que tienen que ver con derechos reproductivos y diversidad sexual.

La religión en general es criticable desde mi punto de vista, por la manera cómo impone dogmas y creencia ciega en entes sobrenaturales, que pueden afectar nuestra vida pública. Por supuesto, creo que cada quien es libre de creer en lo que quiera, y de defenderlo, y tiene la misma libertad de criticar en lo que cree el otro. De ahí desprendo que cualquier intento de condenar a alguien solo por ser musulmán sí es xenofobia.

Hoy en día han surgido movimientos que se oponen al islam, pero, aunque tienen su razón de ser (la amenaza real de grupos radicales islámicos), creo que deben andar con cuidado y aclarar muy bien sus premisas. Aunque tengo muy clara la diferencia, puede haber para mucha gente una delgada línea entre "no a la islamización", o "no al islam", y "no a quien practica el islam". La última es claramente una premisa xenófoba, y de ahí a pretensiones genocidas hay pocos pasos. Creo firmemente que todo aquél que tome como causa ésta de la "no islamización", debería oponerse a la intromisión de religiones en política en general, no vaya a ser que salgan con que repudian la intromisión del islam pero apoyen la del catolicismo, por ejemplo, sería una posición totalmente hipócrita (y sé que tiene muchos defensores reales).

Me parece que es peligroso el hecho de que la religión sea tabú en el discurso social. "Respeta mis creencias", "hay que tolerar todas las culturas", son algunas premisas posmo comunes en contra de quien pretende criticar la religión. Y esto no puede seguir ocurriendo. Quien es creyente, tiene todo el derecho de creer y defender su credo; pero quien quiera criticarlo o satirizarlo (como se puede satirizar cualquier cosa), también debe ser libre de hacerlo. Criticar un credo no es ofender a sus creyentes ni es apología del odio (aunque ellos así lo quieran hacer ver), porque de ser así, yo sería xenófoba de casi toda la humanidad.

Como dijo uno de los caricaturistas vilmente asesinado hace dos ocasos: "Hay que seguir hasta que el Islam quede tan banalizado como el catolicismo".

Caricatura de David Pope.

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domingo, 23 de noviembre de 2014

Una protesta, una feria del libro y una triste demostración de "cultura"

Empecemos diciendo que no soy de Caracas. Vivo en Maracaibo, pero evidentemente soy venezolana. Quiero decir con esto que lo que percibí de los hechos de esta tarde, lo hice de manera lejana e indirecta. Sin embargo, no creo que esto imposibilite manifestar mi opinión sobre ciertas cosas que pude apreciar a través de las redes sociales sobre todo.

No vengo a hablar del hecho como tal. Lo que pude saber, por noticias y testimonios, es que hoy se celebraba el cierre del Festilectura 2014, una feria de libros que se realiza en Caracas y que la misma estaba teniendo lugar en la Plaza Altamira, habiendo tenido hoy más concurrencia que los anteriores días, según algunos testigos.

En la zona, cerca de horas del mediodía, se conglomeró un pequeño grupo de jóvenes a protestar. Parece que las actividades de protesta no fueron muchas ni muy contundentes, hicieron cadenas humanas, trancaron una avenida que daba paso a la Plaza, y por lo tanto, al evento, y al parecer, algunos cuerpos de seguridad aparecieron, sin llegar a enfrentamientos. Debido a la atmósfera que estaba habiendo en el lugar, los organizadores del Festilectura decidieron cerrar el evento por seguridad.

Aclaremos: los manifestantes supuestamente manifestaban en memoria de los estudiantes caídos en las protestas de febrero. Sea quien sea que organizó esta manifestación, fue bastante escueta y fracasada, y estorbó en un importante evento cultural: vamos bien. Sin embargo, protestar en un evento cultural, con afluencia de gente no es del todo descabellado: se busca visibilidad. Así mismo, la Plaza Altamira es un lugar según tengo entendido, relativamente seguro en la capital, y un punto ya prácticamente obligatorio en las manifestaciones opositoras.

Lo lamentable de todo esto, no fue que la protesta tuviera poco impacto y sentido, ni que el Festilectura cerrara parcialmente (al par de horas algunos stands reabrieron, pero muchas actividades se suspendieron); sino la demostración que dieron los "amantes de la cultura y de los libros" en las redes sociales.

Los muchachos que manifestaban fueron calificados de guarimberos (sí, la palabra favorita del gobierno), oscurantistas, brutos y bárbaros, poco estudiados, iletrados, y un vergonzoso etcétera., por el hecho de haber "provocado" el cierre del festival (cosa que ellos no pedían, fue una consecuencia indirecta; se puede decir que fue una torpeza).

Una cantidad de personalidades (escritores, autores, articulistas, dueños de medios, blogueros de renombre de la escena venezolana), no dudaron en ridiculizar la acción y adelantar toda clase de conclusiones sobre la "poca cultura" de los niños enmascarados, por haberles interrumpido su festival.

Y cómo me decepcionaron, señores, porque yo sigo a muchos de ustedes. Yo soy una persona mucho más inclinada al pensamiento y la reflexión que a la acción. Yo soy una asidua lectora, soy escéptica y crítica, y me encantan los pocos espacios culturales de los que gozamos, pero eso no me hace mejor que nadie, ni me da las facultades de andar llamando "bruto" a alguien por una acción que me haya afectado, menos aún tratándose de una protesta en un país que atraviesa una situación tan crítica como la nuestra.

En Venezuela, ser un "letrado", más aún, tener una buena educación, es un lujo, como para que vengan nuestros escritores, con ese aire de divismo, a darles todo tipo de descalificaciones a estos muchachos por una simple manifestación, torpe, pero manifestación al fin.

En verdad no se debe andar actuando con poca cabeza, pero el descontento es fuerte, y últimamente nadie ha estado dispuesto o ha logrado capitalizarlo efectivamente. La espontaneidad, la improvisación son cosas que tarde o temprano pasarán.

El pensamiento sin acción no sirve de nada. Y de hecho, creo que en general, quienes llevan a cabo las dos cosas son gente diferente, debe procurarse una articulación efectiva entre las ideas y lo que se hará al respecto de la situación que vivimos. Hoy fue lamentable que mucha gente presentara la cultura y la protesta como dos cosas incompatibles, cuando definitivamente no lo son.

Les dejo con algunas de las opiniones que personalmente no secundo.






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