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miércoles, 19 de junio de 2013

Pasarse la vida contando

1.
Los músicos tenemos una extraña fascinación por todos aquéllos números primos que no sean el 2 o el 3. Claro, no digerimos números superiores si no es en base a ellos. Hablo de tiempos. Lo más común son los compases de 2, 3 y 4 tiempos. Dicen por ahí que los de 4 tienen un tiempo fuerte, uno débil, uno semifuerte, y uno débil. Así que 2+2.

Si queremos ritmos con números primos extraños, tipo 5, 7, 11 o 13, pues mira, tenemos que especificar ¿2+3 o 3+2? ¿3+3+3+2 o 3+2+3+3 o 2+3+3+3? En matemática es lo mismo, en música, definitivamente no. Es una cuestión de tiempos, de acentuaciones. No es lo mismo ún,dos,ún,dos,tres que ún,dos,tres,ún,dos. ¿Ves?

Sea lo que sea que especifiques, verás a los frenéticos inevitablemente moviendo la cabeza, y balbuceando "ún,dos,tres,ún,dos" mientras tocan, hasta que, como por arte de magia, algo en el cerebro entre en sincronización intuitiva con el extraño compás.



2.
Un calentamiento cualquiera en la clase de kungfu. He sido elegida para dirigirlo esta vez. Trotaremos. Y haciendo ejercicios variados repetiré los números hasta ocho, hasta diez, hasta veinte, o hasta lo que me plazca. En pleno conteo, pensaré de vez en cuando: "Creo que haré diez más. Haré sufrir a estos desgraciados". Claro que yo también tengo que hacer todos los ejercicios. Pero hay algo en contar en voz alta. Por alguna razón, cuando grito los números para que todos los oigan, aguanto más y hago los movimientos con más energía. Tampoco soy estúpida, algo tendrá que ver con la respiración, con el movimiento continuo y rítmico del diafragma para gritarles los números a todos ellos. Así que ¡sufran por diez repeticiones más! que soy yo la que está contando esta vez.


3.
En un grupo de rock, el baterista es quien da el tiempo a la entrada. El típico "one, two, three, four!" ¿Qué pasa cuando esto falla?

Pasó en estos días. Por alguna razón él solo hizo tres golpes. Nadie sabe, pero seguramente el número uno lo hizo en su cabeza, o nadie lo escuchó, o algo. Catástrofe. Porque él empezó a tocar porque efectivamente lo que para todos fue tres, para él fue cuatro. Y empezó con su ritmo. Y los demás entramos como pudimos. Nos pegamos ahí. O sea, cada quien entró en un momento diferente. Tengan por seguro que al menos en el segundo compás ya estábamos sincronizados.


4.
Cuando los intervalos entre número y número son demasiado largos, contar puede ser algo verdaderamente malo y contraproducente. Como cuando corres, por ejemplo. Muchos te lo recomiendan, NO cuentes los kilómetros, eso sólo hará que pienses en cuánto falta, y a lo que te sientas mínimamente cansado, desistirás. Claro para contarlos hace falta algún dispositivo, o dar vueltas por un lugar, que si es muy pequeño, inevitablemente tendrás que contar.

Cuando fui a la media maratón había carteles con los kilómetros. No los contaba yo, ellos estaban ahí. Y cada vez que pasaba alguno tipo "Km 9" sólo decía "¡mierda!". Y mi cerebro automáticamente pensaba en el tiempo que tenía ya corriendo, y en la sed que tenía, y que aún tendría que duplicar eso. No, no corrí todo el camino, pero caminando ¡te tardas todavía más! Y no crean que caminar no duele. Después de la corredera, y caminando a paso rápido, y corriendito de vez en cuando no vaya a ser que te atraquen, y viene un cartel "Km 15"... ¡Mierda, faltan como 6 más! ¿Cuándo llegará el próximo cartel? ¡¿Cuándo?!


5.
Una de las áreas más complicadas de la música es la armonía. Complicada en el aspecto teórico. Si tú no sabes nada de música y entras a una clase de armonía, pues estarás cual yo en una clase de ecuaciones no lineales.

Una tonalidad está representada en una escala. Una escala tiene siete notas. Sobre cada nota construyes un acorde. Y obtienes siete funciones armónicas.

Al principio todo es sencillo. Primer grado, cuarto grado, quinto grado. Luego segundo grado, sexto grado. Luego le agregas la séptima (que no es el séptimo grado, es la séptima del acorde, carajo).

Las cosas se ponen mejores cuando te quieres desviar (pasar momentáneamente de una tonalidad a otra). Empiezas por cosas como quinto del quinto, quinto del segundo, séptimo del sexto; y luego pasan cosas como segundo con séptima del segundo - quinto con séptima y la quinta aumentada del segundo - segundo con novena...

Ok, debía advertir que los que no eran músicos pasaran directamente al número seis ¿verdad? Sigamos.


6.
Un día cualquiera en el gimnasio. Series. Cuatro de doce, seis de quince, cuatro de veinticinco. Qué se yo. A esto hay que sumar el peso. Pero menos mal que eso lo pones y ya.

Mi pensamiento haciendo una serie cualquiera: "Uno, dos, tres, cuatro, cin... esa canción es buena *mientras sigue haciendo repeticiones*... laralala... mierda... ¿por dónde era que iba?"

De pronto, el entrenador está inspirado: "De este ejercicio harás diez de treinta." Y tú dices: "¿Diez?" Y haces lo peor que puedes hacer en tu vida: ¡multiplicar! No es lo mismo pensar en diez de treinta... que en ¡trescientos! ¿Es en serio? ¿Trescientas repeticiones? ¿Me quieres atrofiar el músculo? No importa lo que pienses o digas, terminarás en la maldita máquina haciendo diez de treinta, y la cosa de perder la cuenta es ahora doble: no es que te pierdas contando las treinta repeticiones; es que como a la quinta serie te preguntarás inevitablemente: "¿Esta es la quinta o la sexta? Ya no me acuerdo..."


7.
Tocar piano, o percusión... en una orquesta. Tus intervenciones por lo general son escasas, y están a minutos de distancia. Treinta y siete compases de espera, y en Adagio (un tempo muy, muy lento). Va el director midiendo, y uno contando. La primera vez que te toque hacer esa entrada en un ensayo, no entrarás. Es la ley. No entrarás. A menos que el director se acuerde de darte la entrada. Fijo entras antes, y te gritan "¡todavía no! ¡falta uno!", o no entras, y paran a toda la orquesta porque tú no entraste, y te dicen "ahí era, a ver si cuentas".

Bueno, ya escuchaste más o menos dónde era la entrada esa. Vienen otros dieciséis compases de espera. "Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cin... Espera ¿hay un calderón en ese compás? Ok, ahora sí, cinco..." Te hace señas el percusionista "*¿Por qué compás van?*", y mientras intentas entender lo que te está susurrando, pierdes la cuenta. "Más o menos iba por el siete. Ojalá que el director me dé la entrada", piensas.

Tu entrada está en el compás 380. El último compás que tocaste fue el 315. Algo pasó en el camino de los compases vacíos. Dice el director: "Entramos todos en el 334". Y tú dices: "Me toca contar compases, porque en mi partitura el 334 está perdido en el oscuro limbo de los compases de espera". Entra la orquesta. "Trescientos treinta y cuatro. Trescientos treinta y cinco. Trescientos treinta y seis... a la mierda, que me dé la entrada el director."


8.
La clase de kungfu. Hacemos combinaciones de golpes. Pero esta vez dirige el profesor. Ahí pasa lo peor que puede pasar: la incertidumbre del número. Sabes que contará, pero no sabes hasta cuánto. No sabes si debes estar cansado en el número cinco, o en el número diez, si se le ocurrirá hacer treinta y tú en la octava repetición ya agotaste las energías por andar muy emocionado.

Peor pasa cuando se trata de mantener una posición. Esta vez no solo está la incertidumbre del número. También está la incertidumbre del ritmo. Por lo general empieza contando rápido, pero a medida que avanza se pone más y más lento, y tú cada vez más y más tembloroso.

La mejor parte es cuando empieza a contar en chino. Y se me ocurre de pronto... debería aprenderme los números en varios idiomas, a ver si así me quito esta sensación de monotonía que produce estar contando todo en esta puta vida, y eso que yo no estudié ciencias.



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lunes, 4 de febrero de 2013

Crónica de una lesión

Así fue. Entrenaba, como cualquier día de la vida. De pronto, en plena carrera ¡crac! Y todo se derrumbó. Dolor y más dolor. Me levantaron. Me llevaron a la emergencia. Esguince. Haz esto, haz aquello. Diez días de reposo. Y me parecieron muchos. Me fui, resignada a casa. 

Los días pasaban lento, pero el dolor no menguaba. Busca las placas y revísalas. "Aquí parece haber algo en el hueso, parece una fractura". ¿Qué? Busquemos una segunda opinión. Efectivamente, tienes una fractura. ¿Cómo es que no la vieron el día que ocurrió? ¿Cómo? Los médicos también cometen errores, me digo. Llevas trece días en reposo, pero lamentablemente serán cuatro semanas más. Y entrenar... olvídalo por un buen tiempo. Doble resignación, triple resignación...

Cómo rayos pasa eso simplemente corriendo, sin golpe, sin caída, solo corría. Hago el recuento, lo hago cada día que paso aquí en la cama, entre los libros, el teclado, la televisión y la computadora. Sí, abusé, abusé de mis músculos, el calentamiento fue insuficiente, quién sabe cuántas veces lo hice antes, pero nunca tuve tan graves consecuencias. No lo vuelvo a hacer, lo juro. (Lo más probable es que sí).

Apenas empieza esta amarga vacación obligatoria. Y pensar todo el dinero que he perdido, y todo el que no haré, por estar en este encierro, sin trabajar, y sin desahogar mis penas y angustias a través de los poros.

Mala racha de estos días. A lo mejor pasan más rápido de lo que espero.

P.D.: De estos días lo que sí pueden esperar son muchas entradas en este blog.

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lunes, 31 de diciembre de 2012

2012: año de hitos personales

Este año fue un año de poca teoría y mucha praxis, muchos eventos, muchos hitos. Más allá de generalizar, como hice el año pasado, me pasearé por ellos, a modo de introspección y con ánimos de compartir la gratitud que esta vuelta alrededor del Sol me ha dejado.

Enero: una visita especial

He mencionado que viví tres años en La Azulita, estado Mérida. Fue hace tiempo, sin embargo, la experiencia allá vivida es inolvidable: la gente, y el contacto con la naturaleza. A finales del año pasado tenía unas ganas inmensas de visitar el pueblito, al que recurro con cierta frecuencia, como quien atiende a un santuario personal. Me encontré con unos pocos amigos, y esta vez, conocí lugares que no había visitado allá, como una agradable estancia donde se toma buen vino artesanal y las Cuevas del Pirata. También hice algo que nunca había hecho allá: astrofotografía, aunque lamentablemente estaba muy nublado, pero aún así se logran conseguir buenas imágenes.








La Luna entre las nubes. 8 seg de exposición
Fue en ese viaje que me tomé la foto que sería mi imagen en las redes sociales durante la mayor parte del año:

Un poco de rock'n'roll

A mediados de febrero un viejo amigo me propuso que tomara su lugar en un grupo que toca rock de los años '60, '70 y '80. Mi especialidad es la música académica (o "clásica"), cuando fui al primer ensayo estaba un poco tímida, pero aprendí unos temas, y me di cuenta de que sería una experiencia enriquecedora. A través de ensayos constantes, estudio de nuevos estilos y algunos tutoriales de YouTube, he logrado hacer un trabajo decente. Nuestro estreno con los integrantes actuales fue apenas en septiembre. Ha sido grato compartir con las personas de este grupo, la mayoría de ellos bastante entrados en años, y me da gusto poder expandir mis horizontes musicales y profesionales.



El tránsito de Venus


El Tránsito del planeta Venus es un suceso excepcional, y ninguno de nosotros tendrá la oportunidad de volverlo a presenciar. Un tránsito ocurre básicamente, cuando un cuerpo celeste ofusca a otro, obstruyendo parcial o totalmente su visión. En el caso del Tránsito de Venus del 5 de junio del presente año, nuestro país no fue muy afortunado, puesto que el evento comenzó aproximadamente a las 17:37 Hora Local de Venezuela, y para entonces el Sol ya estaba cerca de ocultarse, por lo cual solo pudimos apreciar más o menos una hora del fenómeno.

Tuve la oportunidad de viajar con mis compañeros del Grupo Astronómico del Zulia, asociación a la que pertenezco desde 2009. Decidimos ir a presenciar este evento en la Península de Paraguaná. Esto por dos razones referidas a la visibilidad: en primer lugar, Maracaibo es una ciudad sumamente húmeda donde por lo general hay alta nubosidad, por lo cual un lugar cercano al mar abierto implicaría menos riesgos en este sentido; y en segundo lugar, como el Sol estaría tan cerca del horizonte, tendríamos muchos obstáculos para ver en una ciudad (edificios, árboles, etc). El lugar era perfecto, podía verse claramente hacia el oeste sobre el mar. Vimos el Sol hasta el último minuto, y al final, podía apreciarse al planeta Venus a simple vista. Una experiencia astronómica inolvidable.

Tránsito de Venus, proyectado
El Sol ocultándose en el horizonte puntofijense
Miembros de Grupo Astronómico del Zulia, con una proyección del tránsito en streaming.
Conocer el potencial de tus piernas

En el mes de septiembre, me inscribí en la Media Maratón de Maracaibo. Ya reseñé esta experiencia en el blog. Me limitaré a una autocita:
Yo jamás había hecho ni siquiera una carrera de 10 Km, de ahí que quisiera sólo atravesar el Lago. Fue grande entrar al Puente, que inevitablemente se hizo más largo de lo normal. Pasarlo, más allá del cansancio, más allá de la falta de hidratación que sufrimos, fue una gran experiencia, hasta cierto punto, una experiencia estética. El atardecer caía sobre Maracaibo, y a pesar de la mucha nubosidad pudimos apreciar sus colores hermosos sobre aquella inmensa ciudad. Hacia atrás se veía el camino recorrido, con el nacimiento de la oscuridad de fondo, y a los lados, solo aquel inmenso Lago, perdiéndose en ambos horizontes. La falta de agua hizo que de aquel camino me quedara un sabor a sal. Luego de pasar las pilas, en la bajada recuperamos el aliento.
(...)
Estuve moviendo las piernas por aproximadamente 3 horas y 25 minutos. Mucho tiempo. Cuando llegué no quería dar un paso más y ni siquiera tenía hambre, pero luego de sentarme un rato recobré el aliento y me sentí satisfecha de aquella experiencia.
Este evento estuvo muy relacionado con el que reseñaré a continuación.


Codeándonos en un Mundial

Este evento merecía una entrada propia. Pero nunca me decidí a escribirla. Aparte de que cuando todo acabó estuve limitada de tiempo. Pocas veces he sentido en mi corta vida que he alcanzado de una u otra forma, un punto de plenitud. Puedo decir que en este momento estoy en uno de esos puntos. Tengo muchos proyectos, muchas cosas que desear, sin embargo, en cierto modo me siento realizada. Dicho sentimiento se debe a un acontecimiento que constituyó el centro de mis experiencias en esta vuelta alrededor del Sol: el 4to Campeonato Mundial de Choy Lee Fut de la Familia Chan, celebrado en Santiago de Chile los días 5, 6 y 7 de octubre de este año. Casualmente, en octubre cumplí 5 años practicando kungfu.


Ya hace más de dos meses que fue el campeonato. El trabajo realizado ha dejado una profunda huella en mi persona en todos los niveles. Resumiendo en una sola frase: en enero de 2012 yo era una persona, en diciembre, soy otra. Así de simple. Nunca antes me había concentrado tanto en una meta. O al menos no lo había sentido de un modo tan intenso. Puede ser una experiencia dura en muchos momentos, pero al final, viendo las cosas en retrospectiva, la sensación es indescriptible.

Recuerdo cuando a principios de año, nos reunimos, y nos fue informado quiénes seríamos los que íbamos a representar a la Escuela. Y no solo a la Escuela, sino al país. Haber sido nombrada me hizo sentir orgullosa, pero a la vez comprometida de estar en semejante responsabilidad. Sé que no fui seleccionada por poseer talentos especiales, solamente una cosa me ha llevado al lugar en el que estoy: la constancia. Muchas personas pudieron haber hecho mejores cosas que yo, pero decidieron no hacerlas, por una u otra causa. Sin embargo yo estuve siempre allí, y logré ser parte de este selecto grupo. Pero apenas era el principio.

En el primero de los entrenamientos especiales tuve que parar porque sentía náuseas. Los primeros meses entrenaba por mi cuenta en el patio de la casa. Hacía los entrenamientos físicos y las formas, a veces sacrificando mis estudios musicales. Todo en un comienzo era optimismo y ganas. Algo de cansancio también. Sin embargo, en ese entonces era un trabajo muy solitario.

En el mes de mayo tuve una crisis increíble. En primer lugar, organizamos un torneo regional, y no hice un buen papel, al menos no un papel destacado, entonces, ¿qué podría ser de mí en una competencia mundial? Además de ello, en aquél evento hubo roces personales que hicieron que el equipo se desarticulara un poco. Después, se hizo una prueba física en la que obtuve resultados deficientes, así como un chequeo en el cual no me fue muy bien, pero al que confieso que fui ya desanimada por todo lo anterior. Estos eventos me llevaron a escribir un post bastante pesimista sobre mi vida deportiva, y me preguntaba si aquel esfuerzo había valido la pena. Afortunadamente, mi conclusión fue que todo lo hecho hasta ahora sí había valido la pena, pero sencillamente, todavía no era suficiente. Sentía que el tiempo se acababa. Aparte de ello, junio y julio son meses de mucho trabajo (en un sentido estrictamente laboral), pues se hacen siempre muchas actividades por el cierre del período académico, y esto hizo que el tiempo dedicado a entrenar decayera forzosamente.

A finales de julio tuve la fortuna de iniciar un entrenamiento aparte, en un gimnasio, basado sobre todo en el desarrollo de la fuerza y la capacidad cardiovascular. Durante los siguientes meses, y hasta el viaje, pasaba aproximadamente la mitad de los días entrenando. En este lugar conseguí satisfacciones inesperadas e increíbles, y mi nivel subió notoriamente, así como mi entusiasmo. De no haber ido allí, no me habría inscrito en la Media Maratón, y probablemente hasta hubiera desistido de ir al Mundial. Pero no fue así.

El viaje a Santiago comenzó con gran confianza, y puedo decir que aunque no gané, salí de la alfombra orgullosa de lo que hice. Nuestro equipo logró trece medallas. Yo no subí al podio, pero logré dos cuartos lugares bien peleados. Aparte de eso, conocimos nuevos lugares (aunque yo ya había visitado Santiago anteriormente), nuevas personas y se fortalecieron lazos de amistad.

Nuestra selección, en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía

Haciendo la forma manos vacías
Nuestra selección luego de que finalizara el Campeonato
En el Museo de Historia Nacional de Santiago. Recorriendo el casco histórico.

En los meses de noviembre y diciembre lo que he hecho es tocar mucho, y agarrar una de las gripes más desgraciadas que he tenido. Este año he descubierto que vivo como me da la gana. Con una situación político económica muy desfavorable alrededor, aún no con muchos ingresos, pero sí haciendo lo que quiero, y así voy a seguir. El recuento del blog como tal, lo hice aparte.

Espero que ustedes también puedan vivir cada día un poco más parecido a como quieren vivir. ¡Feliz año 2013 a todos!

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domingo, 9 de septiembre de 2012

21 Kms a pie: Mi experiencia en la Media Maratón de Maracaibo



Así esperaba celebrar qyer el cumpleaños de la ciudad que me viera nacer, y en la que he habitado la mayor parte de mi vida. Cualquiera por ahí diría "estupideces". Lamentablemente soy de las que cree que el suelo en el que nacemos determina mucho en nosotros, pues en su contexto está toda nuestra existencia temprana, y aunque lo abandonemos y no volvamos, su marca nos acompañará toda la vida. "Qué santo el amor de la tierra". Y sí, yo soy de las que cada vez que pasa el Puente sobre el Lago, lanza fotos, mira al horizonte, saluda a los pelícanos y se regocija en tanta inmensidad.

En estos meses y debido a un evento del que seré partícipe, sin que haya precedentes en toda mi vida, he estado entrenando como nunca, y esta experiencia ha sido altamente satisfactoria. Me enteré hace un par de meses que en Maracaibo se llevaría a cabo una Media Maratón, y que parte del recorrido sería ese Puente que tanto me gusta pasar. Ahora imaginen ¡pasarlo a pie! Esta fue la primera razón que me llevó a inscribirme. Ya que no soy corredora consagrada, mi meta era pasar los 9 Kms. del Puente sobre el Lago, y desistir, pero las circunstancias y la compañía me llevaron a otra cosa.

Cuando llegamos a Punta Iguana, en la Costa Oriental del Lago (COL), hacía un calor infernal (una cosa muy normal por aquí en estos días). Pero cerca de la hora de inicio de la carrera unas nubes nos hicieron el favor de ofuscar el Sol, y pensamos incluso que iba a llover. Encontré a varios amigos en la zona de la salida, y me dio gusto. 

Al momento de comenzar la emoción se hacía sentir. Yo jamás había hecho ni siquiera una carrera de 10 Km, de ahí que quisiera sólo atravesar el Lago. Fue grande entrar al Puente, que inevitablemente se hizo más largo de lo normal. Pasarlo, más allá del cansancio, más allá de la falta de hidratación que sufrimos, fue una gran experiencia, hasta cierto punto, una experiencia estética. El atardecer caía sobre Maracaibo, y a pesar de la mucha nubosidad pudimos apreciar sus colores hermosos sobre aquella inmensa ciudad. Hacia atrás se veía el camino recorrido, con el nacimiento de la oscuridad de fondo, y a los lados, solo aquel inmenso Lago, perdiéndose en ambos horizontes. La falta de agua hizo que de aquel camino me quedara un sabor a sal. Luego de pasar las pilas, en la bajada recuperamos el aliento. De todos los amigos a quienes encontré, solo quedó una tocaya, que es más una desconocida para mí, pero fue mi compañera el resto del viaje.

Corredores entrando en el Puente Rafael Urdaneta. Fuente: noticias24.com


Cuando terminábamos de pasar el Puente, se abrió el canal contrario y empezaron a pasar los vehículos en sentido Maracaibo-COL. Por un momento me molestó el olor de los gases, pero la gente nos tocaba corneta y nos saludaba haciéndonos porras, lo cual ayudó a subir el ánimo. Terminé el Puente con buena velocidad, pues era mi meta. Moría de sed, y al final había unos militares con filtros de agua fría que nos brindaron la primera hidratación de todo el camino.

Yo en el fondo esperaba a que alguien pasara buscando a quienes no queríamos seguir, pero nadie pasó. Estaba oscureciendo, y como ya entrábamos a la ciudad había gente por todos lados haciéndonos porras, eso fue simplemente genial. Había niños que nos extendían la mano. En un tramo que me pareció más bien corto, vislumbramos un semáforo y nos dijimos ¡allá está, es la Plaza de las Banderas! Ese era el kilómetro 12. Ya faltaba menos de la mitad. Yo seguía esperando que alguien me recogiera, y a partir de ahí prácticamente caminé todo el tiempo.

Los Haticos es en sí una vía bastante fea, pues es una zona industrial. El alumbrado público está bastante dañado y había pedazos de mucha oscuridad. A veces corría para mantenerme dentro de un grupo de gente, con el que llegué casi al final. En el kilómetro 14 recibimos la primera hidratación legal. Si no hubiera sido por la buena voluntad de la gente, no hubiésemos tomado nada hasta allí, al menos los que íbamos atrás. En este pedazo vimos pasar unos cinco buses llenos de maratonistas que decidieron no continuar, y tuve la más grande tentación de irme, pero ya que, faltaban unos 7 Kms. Ya había llegado muy lejos.

Luego de que vislumbramos la Iglesia La Milagrosa, todo empezó a ser reconocible. Faltaban 5 Kms. Allí todo es referente. El Terminal de Pasajeros, Las Playitas, la Avenida Libertador, el centro comercial Ciudad Chinita, la Basílica, la Plaza Bolívar, el Teatro Baralt, la avenida El Milagro, el Puerto de Maracaibo y finalmente la Vereda del Lago. En este recorrido confieso que no aguantaba el ardor en los pies y el dolor en las pantorrillas. Caminaba a duras penas, y a partir del Puerto, aproximadamente en el último kilómetro, mi compañera me abandonó. Sin embargo, una vez entré en la Vereda, y ví que los maratonistas que estaban detrás de mi empezaron a correr, yo corrí también, luchando por defender el lugar que llevaba desde hacía rato.

Estuve moviendo las piernas por aproximadamente 3 horas y 25 minutos. Mucho tiempo. Cuando llegué no quería dar un paso más y ni siquiera tenía hambre, pero luego de sentarme un rato recobré el aliento y me sentí satisfecha de aquella experiencia.

Me dio mucho gusto saber que, a pesar de que el ganador absoluto fue un extranjero, hubo muchos ganadores venezolanos, incluyendo al segundo y tercer lugar absolutos y al primer lugar femenino.

Espero pronto participar en más carreras, más cortas preferiblemente, y hacer mejores tiempos. De momento puedo decir que hice una Media Maratón y ¡que pasé el Puente sobre el Lago a pie!

Ahora les dejo unas poquitas fotos que tomé ;-)


El Puente Rafael Urdaneta, visto desde Punta Iguana (salida)

Mientras corría en el Puente. A lo lejos se ve el humo de las tres chimeneas que se ven al entrar a la ciudad. Aún desde esta perspectiva, a la derecha, no se ve el punto de llegada.

Mientras corría en el Puente. Entrando en las pilas.

Mientras corría en el Puente. Vista hacia atrás (Costa Oriental del Lago)

Mientras corría en el Puente. Ya en las pilas, con el atardecer de frente.

Mientras corría en el Puente. Vista hacia atrás (Costa Oriental del Lago)

Mientras corría en el Puente. Cerca de Maracaibo, con un espectacular cielo.

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lunes, 21 de mayo de 2012

Codicionamientos

Escribe esto una niña que de un año identificaba las vocales, de tres años sabía leer y de cinco años se sabía las tablas de multiplicar, y no las caletreaba, al principio hacía las sumas en la mente, de suerte que aprendió de memoria las operaciones. Sin embargo no caminó hasta los dos años. Escribe esto una niña a quien las enseñanzas colegiales le parecían demasiado fáciles la mayoría del tiempo, y que tenía diecinueves y veintes por montones, pero que sin embargo las décimas del promedio no le aumentaban debido a una oscura asignatura en la que siempre aparecía un catorce, un quince o un dieciséis: Educación física y deporte. Escribe esto una muchacha que tiene un excelente oído musical, además entrenado, pero que es malísima bailando porque es incapaz de semejante coordinación corporal. Ni hablar de que le pasen una pelota, es una pesadilla, sea pateando, driblando, voleando o lo que sea. Ni hablar de hacer carreras, tiene como una lentitud inherente.

Así es, parece que a mi los genes me favorecieron el cerebro pero no las habilidades corporales. Y hablo de habilidades, hablo de la famosa "aptitud física", esa mierda que nunca tuve. Lo peor es que mi salud es muy buena. Sí, desde que tengo memoria mis exámenes de sangre son excelentes, siempre me dicen que lo único bajo es el tal colesterol HDL, y adivinen qué, solo se sube haciendo ejercicio. Mi tensión es buena. Nunca he sido anémica. Tengo un apetito formidable (a veces demasiado) lo cual a veces me cuesta unos kilos de sobrepeso, pero nunca demasiados.

Hace cuatro años y medio llegué a un lugar donde se practicaba el único deporte que en mi vida me ha llamado la atención: las artes marciales. Hacía mucho tiempo había practicado algo de Karate Do, pero no duré mucho. Esta vez llegué a una escuela de Kung Fu (o Wushu, más correctamente), y hasta ahora ha sido para quedarme. Las artes marciales son un ejercicio muy completo, y se realiza una preparación física general que incluye ejercicio cardiovascular, resistencia, endurecimiento y flexibilidad. En mayor o menor grado, todas son necesarias. Aparte de ello, y como cualquier deporte supongo, hay un entrenamiento psicológico, se desarrolla la concentración, la resistencia mental, el autocontrol y el manejo de situaciones de confrontación a través del combate.

Mi entrenamiento desde entonces ha sido constante, no cabe duda de que he superado a la persona más importante: a mí misma. Sin embargo, a veces la competencia y las mediciones son necesarias, y los fantasmas del pasado parecen revivir. Nuevamente soy la más lenta, la más pesada, la que menos condición física parece tener. Y eso que no entreno solamente en las clases formales, también lo hago por mi cuenta. Y me pregunto entonces si algún día voy a poder ser mejor realmente, si algún día podré destacar aunque sea un poco. Me dicen que me haga chequeos médicos, pero lo más probable es que todo esté bien como siempre, y eso espero.

Hay aspectos de la vida en los que pareciera que tenemos un destino escrito desde que nacemos. Pero yo no creo en el destino. De hecho he peleado mucho en esta vida. He peleado conmigo misma todo el tiempo, tratando de superarme, de ofuscar mis carencias, de ser mejor en todas las dimensiones posibles, de alcanzar un desarrollo y un pensamiento holístico hasta donde pueda. Aunque eso aparentemente no pague. No me importa.

¿Tengo que seguir pensando que en mi boletín de notas personal "Educación física" está reprobada? Así me siento últimamente. Sin embargo este año he adquirido un compromiso mayor, tengo que representar a mi país. ¡Imagínense! ¡Yo que iba a pensar! Para mí esto es un reto de dificultad mayúscula, es más, cuando me llaman "atleta", por dentro casi me burlo de mí misma. Pero por esa misma razón cada logro tendrá más satisfacción. Porque la rebelión más importante es la que se da contra nosotros mismos y contra nuestros prejuicios y condicionamientos.

El verdadero balance sólo podré hacerlo a finales de este año.

Y a mis compañeros: sé que todos ustedes triunfan por su trabajo y no sólo por su "aptitud física". Sinceramente, muchos de ustedes son una inspiración.

Fuente: http://taiyon.blogspot.com 
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sábado, 15 de octubre de 2011

El deporte es... ¿malo?

Este post es una opinión personal sobre un artículo que recientemente fue publicado en la BBC, escrito por Dominic Hobson. Yo respeto la opinión del señor y aunque tiene razón en muchas de las cosas que plantea, creo que muchos de los fundamentos de su afirmación, son al menos criticables.

En primer lugar el titular me parece inadecuado, por ser inadecuado tildar con juicios morales cualquier actividad humana, mas aún si dicha actividad en su esencia no menoscaba los derechos de nadie ni rompe con códigos éticos. Decir "el deporte es malo" es como decir "la música es mala" o "la ciencia es mala", cuando dichas actividades o conocimientos no tienen implicaciones éticas a menos que "se las utilice para...". Entonces se puede decir que se las está utilizando "para el bien" o "para el mal", siempre desde el punto de vista de algún código moral específico, claro está.

Autor: Googie Man
El artículo comienza con una mala experiencia, en la que su hijo perdió en un juego, y salió decepcionado por haber quedado mal ante él mismo, ante su equipo y ante su padre. Esta en verdad puede ser una experiencia "odiosa" como dice él. Pero el fracaso no es algo propio del deporte. Es algo propio de cualquier actividad competitiva, o sea... ¡casi todo!

Perder no es malo. Es más, como dicen por ahí, hay que saber perder. Porque en esta vida son más las que se pierden que las que se ganan, ya lo expuse en un post reciente. Es más, a veces el que más gana es "peor persona", porque se vuelve vanidoso y orgulloso, aunque sé que no son todos los casos. Si fuera por todos los fracasos, ya yo no haría kungfu, ni tocaría piano, ni escribiría más en este blog. Porque siempre he tenido por alguna u otra razón que compararme-con-el-otro, y de eso casi nunca he salido airosa. Pero aunque por ejemplo, nunca quedo entre los mejores en las competencias de kungfu, he ganado muchas cosas. Sí, he ganado: fortaleza, disciplina, fuerza, flexibilidad, capacidad aeróbica, reflejos, capacidad de concentración, memoria, coordinación, además de buenos compañeros. Sea lo que sea que realicemos, ganemos o perdamos, la mayor y verdadera ganacia siempre es el aprendizaje. Tener nuevos conocimientos, habilidades y herramientas en esta vida.

Otro problema desde el punto de vista de la persona, es el trabajo en equipo. Bueno, pero del trabajo en equipo siempre tenemos de qué quejarnos ¿no? Y lamentablemente muchos deportes se juegan en equipo. Bien sabemos que siempre hay desigualdades entre quienes conformen ese equipo, y que unos tendrán más experiencia que otros, o tendrán mejores habilidades que otros, y que el resultado final, es responsabilidad del equipo, sea que fuere la culpa de "una mala jugada de alguien-específico". Pero los desaires y señalamientos siempre ocurren, trátese de deporte o no. Saber trabajar en equipo es algo que se debe aprender, pues tendremos que afrontar dicha situación en muchos lugares, no solamente en una cancha.

El señor luego nos dice que el deporte es como la guerra, pero sin tiros. Que el deporte está ligado "al odio, a la envidia, la fanfarronería, el desprecio a las reglas y el placer sádico de presenciar escenas violentas", escribió, citando a Orwell. El odio, la envidia y la fanfarronería están presentes en cualquier competencia. La competencia laboral, un concurso de arte o lo que sea. Han habido casos incluso dentro de la ciencia, en que unos se descalifican a otros, siendo que ellos realizan la actividad "más racional". Esto tiene que ver con el espíritu competitivo, no con el deporte. Por lo general, el objetivo del deporte organizado es competir. Pues todo esto surgirá, como humano que es. Pero la demostración de estos sentimientos está penado por los códigos deportivos. De hecho, insultar al oponente o provocarlo deliberadamente, es considerado "anti-deportivo", aunque sabemos que con mucha frecuencia se darán estas situaciones.

Autor: Flickr user "Totoro!"
Hay deportes que incluyen una dosis considerable de violencia. Por ejemplo el fútbol americano, el rugby o cualquier deporte de combate (boxeo, artes marciales, etc.) No creo que esto sea "malo", porque quienes llevan a cabo dichas actividades son totalmente voluntarios y han entrenado para enfrentarse a ello. Aparte de esto, se supone que el juego se lleva hasta donde sea "sano" para el atleta, aunque las consecuencias a largo plazo siempre se hacen notar. Ahora, ¿es malo que alguien quiera ver estos deportes? ¿Es malo porque alimenta nuestro "sadismo"? No lo creo. Al menos no he visto referencias a que esto tenga incidencias negativas en el comportamiento o en los valores de la gente.

Luego nos hace referencia que por muy grande que pueda ser la experiencia estética en el deporte, es la competencia lo que acaba prevaleciendo: "en el deporte, son los puntos, no la poesía, lo que cuenta". Esto es bastante cierto. Pero hay deportes en los que la estética es el fin, y no el resultado de jugar bien. Por ejemplo la gimnasia, el patinaje artístico o el nado sincronizado. Sin embargo a la hora de ser evaluados se tienen en cuenta criterios técnicos y no solo estéticos. Según el autor esto hace que en la arena no entren ningunos valores en juego, que el deporte sea "moralmente vacío" (así lo escribió literalmente). Pues yo reitero mi posición inicial, si es moralmente vacío, entonces es a-moral, y no in-moral. No es lo mismo.

Que los grandes festivales deportivos sean "festivales de hipocresía y ambición" tampoco es culpa del deporte. Una cosa es "el deporte" y otra muy diferente es "la industria del deporte". Estos festivales son organizados por instituciones inmensas y mueven cantidades increíbles de dinero. La institucionalidad humana está corrompida por todas partes. Una reunión de la ONU o un desfile del Papa, también pueden ser "festivales de hipocresía y ambición". Todo, cuando se contamina de poder y dinero, se vuelve corrupto. No conozco ningún caso en el que ocurra lo contrario. Y esto lo denuncian incluso los aficionados al deporte.


El comportamiento de los competidores respecto a los árbitros es natural: los árbitros son jueces. Muchas actividades humanas requieren que haya jueces, y los juzgados, si no son favorecidos, arremeten contra ellos. Así es en todo. Y la imparcialidad de los jueces casi nunca será la esperada. Siempre ocurre, no sólo en el deporte.

Sobre la parte del "pan y circo" le doy la razón de que el deporte constituye una distracción de masas. Pero no creo que esto sea intrínseco del deporte. Es intrínseco del espectáculo que se monta alrededor de él y que es llevado a cabo por las instituciones corrompidas de las que hablaba anteriormente. Igualmente, el comportamiento frenético y descalificador del fanático no es cosa del deporte. Es cosa del fanatismo. Cualquier fanatismo es malo, señor. Malo en el sentido de que hace actuar salvaje e irracionalmente, y de que hace a la persona dependiente a nivel psicológico y emocional del objeto de su fanatismo. Pero yo me entretengo viendo deportes, ahora no soy fanática, no insulto a los fanáticos del equipo contrario, ni me muero si no veo el juego. Además, para las actitudes violentas hay que tener en cuenta el comportamiento de multitudes. Es bien sabido que una persona es capaz de hacer cosas que normalmente son inimaginables para sí misma, solo por el hecho de estar apoyado o de seguir el comportamiento de la multitud. Y esto no es sólo en los deportes.

Diré como conclusión que lo más importante es no confundir "deporte" con "cosas que se construyen alrededor del deporte" o "cosas que suceden alrededor del deporte", sin tener en cuenta la complejidad de los fenómenos o de los comportamientos.  La experiencia deportiva puede ser muy satisfactoria, tanto desde el punto de vista de quien practica, como desde el punto de vista del espectador. También puede ser muy destructiva. Hay muchas cosas que podrían descalificarse si las juzgamos desde lo que se construye alrededor de ellas. Tampoco creo que el deporte nos haga "mejores" o "peores", simplemente quien lo practica, gana en aprendizaje, como mencioné.

Y lo expuesto lo he dicho en un lenguaje somero. Creo que el deporte es un fenómeno humano riquísimo, que en una aproximación antropológica daría mucha tela que cortar.

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