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sábado, 14 de febrero de 2015

El amor y el individualismo

A finales del año pasado leí dos famosas obras con un contenido, digamos, parecido. Explorando un poco en textos que ayuden a ver en nuestro realidad política, en la vivencia del autoritarismo y en la impotencia del individuo en semejante sociedad, leí dos muy mencionadas recomendaciones de muchas personas: 1984, de George Orwell; y Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Las leí en ese orden, y creo que fue el orden correcto. Leyendo 1984, me sorprendía de la intuición del autor en el funcionamiento de regímenes autoritarios, del culto a la personalidad, del uso contradictorio del lenguaje y de la utilización de la tecnología para el control total de la vida privada del ser humano.

Pero en cierto modo, había algo predecible: el control era ejercido por medio de la represión total de todo atisbo de pensamiento autónomo o de sentimiento muy personal. La sociedad vivía en un engaño masivo constante, que permitía una perenne manipulación por parte del tirano, que era incluso un hombre de dudosa existencia. El gran hermano podía fácilmente estar muerto o no haber existido jamás, era una especie de dios.

Ahora bien, en Un mundo feliz la cosa es totalmente sorprendente. La gente es absolutamente desprovista de su individualidad mediante un sistema que aparentemente les da libertad y placer sin límites. Aunque por un lado, los seres humanos son creados en castas manipuladas genéticamente, y cuidadosamente educados según la labor que se espera de ellos; se vive en una ideología que fácilmente pudiera confundirse con un hedonismo moderno: las castas tenían su razón de existir para que todos fuesen felices haciendo el trabajo que les tocaba; la sexualidad era totalmente libre, es más, lo normal era que todos tuvieran sexo con la mayor cantidad posible de personas, compartieran sus experiencias, y nada de amor ni familia, la reproducción corría por cuenta de la ciencia; y el Estado proveía a todos de una ración de droga semanal: para que fueran felices y olvidasen cualquier posible pasión o profundidad.

La trampa de Huxley es impresionante: el placer también puede ser peligroso, por medio de la aparente alegría y la perenne satisfacción también puede desaparecer nuestra individualidad, aunque aparentemente eso es lo que todos queremos. En el mundo feliz, nadie se enamora, nadie llora la muerte, nadie sufre por otro ser humano.
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Al adentrarme en la lectura de la segunda novela, algo me estaba pareciendo muy interesante: a pesar de que se presentan distopías, aparentemente llevadas por la sumisión del individuo por métodos diametralmente opuestos, ambas tenían un punto en común: en una sociedad donde el individuo es anulado, el amor es subversivo.

¿Ser amante es subversivo? ¿Qué más subversivo que eso? Nuestras mentes jóvenes parecen intuirlo, pero uno se anda con cuidado: en nombre del amor romántico también se defienden cosas de lo más conservadoras y reaccionarias.

Esto llamó mucho mi atención. Toda la segunda parte de 1984 esta prácticamente dedicada al amor clandestino que mantenía Winston con una muchacha. Tenían que verse a escondidas, en las afueras de la ciudad, y luego escondidos en un cuarto alquilado que acabó siendo su trampa. En Un mundo feliz, la entrada de un personaje "salvaje", limpio de civilización, y que se enamora de una de las féminas " alfa", pero no quiere simplemente "saciar su deseo por ella" (y que de hecho prefiere no hacer nada con esa "puta"), viene a poner el cuestionamiento de todo el sistema.

Es en esta última novela que hay una frase avasallante en este sentido: el amor es darle demasiada importancia a otro individuo.

¿Es el amor romántico un acto individualista? No se debe confundir individualismo con egoísmo, es un error común, y no es lo mismo. Individualismo es la filosofía según la cual la sociedad se construye a partir de la acción individual y la libre asociación de individuos en instituciones (en contraste con en colectivismo que pretende que el individuo sea moldeado por y para la sociedad); y el egoísmo es actuar por intereses propios y listo. Un individuo puede ser egoísta y altruista, y creo que de hecho todos tenemos un poco de ambas dimensiones.

Me refiero aquí entonces al amor como ese sentimiento de que el otro es un ser único e inigualable y eso le hace especial y adorable para nosotros; el amor libre, que incluso nos lleva a aparentemente anularnos a nosotros mismos, o sentir que el otro es lo más importante del mundo. Sin importar si esto es pasajero, durable, o si conlleva a alguna institución con condiciones determinadas (matrimonio, etc.)

Quizás en un entorno colectivista el amor tiene poco sentido, pues es una vivencia profundamente individual. También pienso que curiosamente, una de las épocas más individualistas en el arte, el romanticismo, fue también la de los amores suicidas.

Pero quizás cometo un error, quizás el amor es algo demasiado biológico para darle dimensiones ideológicas. O cabe preguntarse, ¿qué tanto dependerán nuestras convicciones ideológicas de nuestra biología?


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jueves, 23 de octubre de 2014

Reseña: Ser gay en el islam




El día que fui a la FILVEN de este año, uno de los primeros puestos que encontré a mano izquierda tenía varios libros gay-friendly. Los amigos que andaban conmigo me empezaron a molestar porque saben que me gusta el tema y anduvimos revisando. Este libro del que les hablaré brevemente llamó mi atención instantáneamente: Amor sin nombre, de Brian Whitaker, un periodista inglés que ha dedicado gran parte de su carrera al Medio Oriente.

El primer aspecto que llamó mi atención del libro por supuesto, fue esta mezcla temática entre diversidad sexual y religión, que si quisiéramos, están muy relacionados en la mayoría de los casos. El islam es un gran desconocido para la mayoría de los occidentales, incluyéndome, y las impresiones que nos llegan de esta religión no son muy buenas. La falta de libertades, el machismo acérrimo, la violencia, la no-secularidad son realidades del mundo musulmán que no podemos ignorar. Sin embargo a veces se peca de juzgar en base a la religión a esta cultura, cuando las religiones occidentales no han sido mucho mejores.

Hubo varias perspectivas en este libro que llamaron mi atención. En primer lugar está lleno de testimonios de gente que ha "salido del closet", y los problemas que se presentan van desde la vergüenza familiar hasta la muerte. Sin embargo, el autor destaca que la ejecución por homosexualidad no es algo común en Oriente Medio, que siempre los "criminales" son acusados de otros crímenes conjuntamente (que casi siempre incluyen violación), y que muchas veces el gobierno realiza estas ejecuciones a modo de propaganda o de demostración de que son defensores de la "moral y las buenas costumbres".

A pesar de esto, hay todo un mundo gay en muchas ciudades musulmanas, que mientras se mueva en la esfera privada, no suscita escándalos, ni terminará en ejecuciones.

Muchos jóvenes sufren por el temor de ser expulsados de sus familias, e incluso de su país. A veces optan por llevar una vida clandestina, y otras optan por huir y poder ser libres. Pero la mayoría de ellos de hecho no quiere renunciar a su religión sino hacer las paces entre ella y su sexualidad.

Algo interesante es que existen variedad de posturas respecto a la homosexualidad: hay desde quienes la consideran un pecado menor, en el que la persona puede evitar las tentaciones y pedir perdón a dios, hasta quienes piensan que es una abominación inconcebible que atenta contra la naturaleza de la sexualidad humana. También me pareció interesante el hecho de que muchos de los musulmanes más conservadores en este sentido establecen alianzas con cristianos conservadores para mover sus influencias y para el movimiento anti-gay.

El autor destaca la influencia occidental en las políticas contra la homosexualidad. Muchos países árabes actuales fueron colonias de países europeos que aplicaban sus leyes en estos territorios. La tradición árabe está llena de relatos eróticos y homoeróticos, y resulta extraña en parte su actitud en la actualidad con respecto a las relaciones entre personas del mismo sexo. Incluso se habla de una época en que Occidente vio a Oriente como una tierra llena de prácticas depravadas, y hoy sucede justamente lo contrario. En todo caso, se trata también de una idealización del otro.

Una de las conclusiones más importantes del autor llama mi atención: el problema no necesariamente es la religión, sino la falta de laicismo en los países árabes. El hecho de que la religión pueda ejercerse desde el poder y tomarse como referencia para la justicia es un problema que desde hace rato estamos superando en Occidente, y esa es una diferencia fundamental a la hora de reconocer y ejercer los derechos ciudadanos.

Un libro muy recomendado para quienes les interese el tema.

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lunes, 29 de septiembre de 2014

10 libros

Hace unos días, mi panita de internet Andreína Escorcia, me metió en uno de esos retos meméticos que hay por allí. Uno de libros para variar. Y bueno, ya que no terminé el reto de los 30, al menos poner 10 que me hayan marcado parece una cosa más fácil.

Decidí publicar una lista simple en Facebook, y por acá, hablar un poco de el por qué cada uno de estos lo recuerdo especialmente. A lo mejor en otra época hubiera dicho otros, o más adelante pondría otros, pero estos son los que se me ocurrieron, tratando de no repetir los autores porque de algunos de ellos he leído muy buenos libros que pondría por pares.

Ahí va la cosa:

1.- Cosmos, Carl Sagan.

No se lo esperaban, ¿verdad? Ya he hablado de la importancia de este libro anteriormente. No solo me introdujo a la bibliografía de Sagan, sino que constituyó un hito para mí, al enseñarme toda clase de ciencias, de un modo muy conmovedor; enriquecer mi naciente pasión por la astronomía, y darme las herramientas iniciales del pensamiento escéptico que me llevaría al ateísmo.

2.- Ficciones, Jorge Luis Borges.

Este libro lo encontré abandonado en un gabinete. Lo abrí por la curiosidad que me causó el nombre "El jardín de los senderos que se bifurcan", y después que lo leí entero, no lo pude olvidar. El juego del discurso de Borges, entre literatura, ensayo, filosofía y anécdota, lo hace fascinante. Luego leería otros cuentos increíbles como los de El Aleph.

3.- Neurosis y lucha de clases, Michael Schneider.

Una de las lecturas más apasionantes para mi. Este libro, como el título lo indica, cuenta la histora de la mezcla entre psicoanálisis y marxismo. Aunque ya yo había leído a Freud, este libro me llevó a nuevos textos de él mismo, a textos de otros psicoanalistas (Adorno, Fromm, Reich, Lacan...), y a conocer e interesarme por la teoría marxista. Una extraña época de mi vida.

4.- La trama de la vida, Fritjof Capra.

Este tampoco se lo esperaban, seguro. Capra, un físico nuclear interesado por la biología molecular, y gran divulgador de la teoría de sistemas y de la complejidad, me llevó por todo un mundo nuevo. Este libro, que es el primero que leí y el que más me gustó, nos introduce al pensamiento complejo de manera brillante, y da a conocer en él la teoría del caos, la historia de la cibernética y su posible aplicación en el origen y la explicación de la frontera entre lo vivo y lo inerte.

5.- Free play, Stephen Nachmanovitch.

Uno de música, de creatividad y de improvisación. Nachmanovitch, un gran improvisador, no solo nos explica cómo es el proceso de su arte, sino cómo los procesos de éste y de la composición pueden ser similares pero a diferente escala de tiempo. También hace descripciones increíbles de lo que es la ejecución musical, y aplica todo ello a la vida cotidiana.

6.- El contrabajo, Patrick Süskind.

Lo que más me gusta de esta novela, es el planteamiento de la ambivalencia en los sentimientos de un músico hacia su instrumento, ese amor/odio constantes, porque me identifico con ello. El protagonista cuenta toda clase de anécdotas de su vida cotidiana, y el pesado contrabajo a cuestas, siempre le acompaña.

7.- La náusea, Jean Paul Sartre.

La existencia precede a la esencia... y qué pesado puede ser existir. Una interesante perspectiva filosófica que me marcó, y que en esta novela es llevada al límite. Una de esas obras que puede afectar la percepción de la realidad.

8.- La muerte en Venecia, Thomas Mann.

Lo más raro acerca de esta lectura es que fue una tarea, pero no solo eso, sino que la profesora dijo que seguramente aquélla novela me gustaría. Sí, me gustó. Pero qué sorpresa que se trate de un amor romántico, platónico y prácticamente homoerótico. Un viejo casi agonizante enamorado de un hermoso joven que ni sabía de su existencia. Una deliciosa narración.

9.- 1984, George Orwell.

Bienvenidos a Venezuela, ¡perdón!, a Oceanía. Leí primero Rebelión en la granja, pero este libro me gustó mucho más. Y lo que más marca de esta distopía es su particular parecido con el momento político que vivimos.

10.- La máquina de follar, Charles Bukowski.

Este autor lo conocí recientemente, pero su lectura del mundo contemporáneo es fascinante. Algo oscuro, grosero y crudo, pero a la vez, de algún modo muy profundo. Leí otros, pero este libro en formato de cuentos fue el que más me gustó, aparte de que compaginó muy bien con el momento que vivía.

Pila de libros

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sábado, 26 de abril de 2014

Un momento orwelliano en la Unefa

Ayer por la tarde, como es costumbre desde hace algunos años, uno de los coros infantiles con los que trabajo fue invitado a un acto cultural en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de las Fuerzas Armadas (Unefa). Esta institución es pública (como muchísimas universidades que existen en el país desde el siglo pasado, y hasta antepasado), pero esta ha sido una de las fundadas en el gobierno de Hugo Chávez, y ha tenido una importante parcialización política hacia su gobierno e ideología.

Llegué un poco apurada, porque no conseguía taxi y estábamos ya retrasados. Mientras yo armaba el aparataje, una mujer, trabajadora de la universidad, presentaba el evento. Se trataba al parecer del marco del Aniversario de la institución. Lo primero que me sorprendió, fue que al hacer referencia a la figura de Chávez, dijo literalmente "nuestro Comandante supremo". Así, fuera de broma. Y con solemnidad agradecía que él hubiese dado a todos esos estudiantes la posibilidad de llevar sus carreras y graduarse. Nunca había visto eso en persona.

Luego, como en todo acto institucional, se anunció el Himno Nacional. Cuál no fue mi sorpresa cuando, en lugar de la versión oficial (bien especificada en las leyes, con tonalidad y versión para cada caso), se colocó una grabación de Hugo Chávez cantando el himno, mientras una masa de gente atrás cantaba con él, y además, las tres estrofas. Yo me quedé de pie, pero no me atreví a entonar una sola nota. Acababan de arrastrar mi patria (si es que algo parecido llevo todavía en el pecho), por el suelo.

Luego continuó el acto normal, cantó la coral infantil, hubo una pequeña actuación teatral que enaltecía al Libertador, interpretada por el personaje de su amante Manuela Saenz; y después un par de números de danzas típicas, hechas hermosamente por niñas y jóvenes.

Al salir del auditorio, en el pasillo pude apreciar una de las ventanas de las oficinas, con fotografías de Chávez, un afiche de su última campaña política, y otro afiche del afín gobernador del estado Zulia, Francisco Arias Cárdenas. Al fondo, en una puerta que daba a una terraza, había un afiche de la anterior campaña presidencial de Nicolás Maduro.

Así, presencié la adoración del líder máximo, de nuestro propio "gran hermano", que sí estamos seguro de que está bien muerto, aunque los eslóganes digan lo contrario. Así vi una institución académica decorada con afiches de campaña política por doquier. Así vi como muchos venezolanos han perdido el sentido de país, de colectivo, en pro de un sentido pseudo religioso, de enaltecer a un ser humano hasta la adoración. Así me sentí de pronto en Oceanía, un día cualquiera de 1984. Ojalá no me hayan atrapado las telepantallas.

Fotografía de la ventana de una de las oficinas de la Unefa
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sábado, 11 de enero de 2014

El infinito hacia adentro


Los músicos sabemos todo lo que puede pasar en un segundo. La dimensión del tiempo puede cambiar mucho con la percepción del mismo, y con lo que hagamos con él. Pero esta subjetividad en la percepción del tiempo no es un secreto para nadie.

El misterio del infinito se plantea de dos maneras: el infinito como la máxima magnitud posible, o el infinito como todas las subdivisiones posibles de una misma cosa.

En matemáticas se habla de infinitesimales. Hablar de ellos es tan escabroso como hablar del infinito. Les dejo un fragmento sobre ellos, con un punto de vista geométrico:

"¿Se puede concebir la línea recta como algún tipo de sucesión de puntos? ¿Se puede filetear un plano en líneas rectas paralelas, o un cuerpo sólido en planos? El punto de vista moderno es que «sí», pero sin embargo el veredicto de la historia ha sido un «no» abrumador. La razón principal de esta discrepancia es que la interpretación de la cuestión ha variado.

Si una línea recta sólo se pudiera subdividir en una cantidad definida de partes, entonces los puntos serían como pequeños «átomos de linealidad» y seguirían el uno al otro como las cuentas ensartadas en un hilo. Después de cada punto habría un punto siguiente único. Si fuera así, ¿cuál sería el punto «siguiente» al origen? ¿Sería el 0,001? No, porque 0,0001 está más cerca del origen. Pero 0,00001 está aún más cerca, y 0,000001 todavía más, y... uno empieza a compadecerse de Aquiles.(1) Lo que quisiéramos hacer es escribir 0,00000... y luego poner un 1 en el ultimísimo lugar, pero ¡no hay ningún lugar que sea el último! Existen dos formas de salir de este dilema. Una de ellas consiste en afirmar que existe en realidad un número siguiente, pero que es infinitesimalmente mayor que 0, lo que significa que sería menor que cualquier número de forma 0,00...01. La otra vía es aceptar que no existe ningún «número siguiente» mayor que 0. La consecuencia sería que una línea recta se puede subdividir indefinidamente y no existen «átomos últimos» o indivisibles. Esto significaría que no se puede concebir la línea recta como algo formado por puntos que están colocados todos juntos ordenadamente en una ristra. Por otra parte es evidente que cualquier posición concreta en la línea recta es un punto: basta con dibujar otra línea recta que la corte en esa posición y aplicar el axioma de Euclides que dice que «dos líneas rectas se cortan en un punto». Es un auténtico lío, ¿verdad?" (2)

(1) Se refiere a la paradoja de «Aquiles y la tortuga», mencionada en páginas anteriores. La nota es mía.
(2) Stewart, Ian. De aquí al infinito. Las matemáticas de hoy. 3ra. edición. Traducción: Meredes García Garmilla. Editorial Crítica. Barcelona, 2004. pp. 81-82.

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "Sacbeob", de Luca Belcastro

Mi interés por la composición me ha acercado a mucha gente. Igualmente mis reflexiones por acá, y por las redes sociales. Conocí hace un tiempo ya a una pareja, un par de amigos, que a pesar de estar en el mismo mundo que yo y en la misma ciudad, nos encontramos virtualmente. Ellos son Silvano Pagliuca y Cateri Muro, ambos apreciados jóvenes músicos, muy entusiastas.

Ellos conocieron hace ya más de un año al maestro Luca Belcastro, en un paso rápido que diera por Maracaibo, y por la Universidad Cecilio Acosta. Vino a hablar sobre su interesante proyecto Germina.Cciones, una especie de espacio para el encuentro de noveles compositores latinoamericanos que quieran compartir, componer en conjunto y ejecutar las obras de sus compañeros. Esto a un modo resumido. Pueden visitar la página web.

Lo cierto es que mis amigos me convidaron a pertenecer a esta agrupación en Maracaibo, para llevar a cabo proyectos compositivos y ejecutar obras de otros. Accedí. Después de muchas dificultades, logramos organizar algunos conversatorios con compositores locales, y traer al maestro Belcastro a la ciudad de nuevo. Arribó el 4 de noviembre, hace ya casi dos meses, y nos acompañó poco menos de una semana. No pude participar enteramente del taller, y no tenía ideas muy claras en la mente, pero fue una grata experiencia y hubo interesantes conversaciones, y el maestro trajo consigo sus libros, los cuales adquirí con gusto.

En general cualquier reflexión en torno al acto creativo me interesa. Y vengo a hablar de un libro que acabo de terminar, titulado Sacbeob. Es un libro en el que nos narra algunos de sus viajes a través de Latinoamérica. Él, un europeo un poco cansado de sus tierras y estilo de vida allá, y fascinado por la música latinoamericana, decidió emprender el viaje hacia acá, comenzar el proyecto, y así entrar en contacto con gente nueva, y realidades nuevas.

Latinoamérica es sin duda un continente de contrastes, del que poco puedo hablar. He conocido sólo dos países (el mío y Chile), y un aeropuerto (porque de ahí no salí en Ciudad de Panamá). Sin embargo, los latinoamericanos, en la nueva realidad de redes, nos entendemos. Y tenemos hasta cierto punto una identidad que por encima nos parece continental. Con sus heterogeneidades, por la vastedad del territorio.

Al leer el libro, considero al maestro Belcastro un enamorado de nuestro continente, a veces con ciertas idealizaciones. No pretendo criticarle ni quitarle relevancia a sus intenciones y su proyecto. Además todos podemos tener una fascinación y sembrarla, eso, sembrar en ella o a partir de ella, es lo más importante. A veces se cuela un poco de excesivo elogio al tradicionalismo, y ciertas descripciones encantadoras de un sistema para mí jamás justificable, como es Cuba. Pero creo que más que querer justificar lo injustificable, hay una pretensión de ver siempre la otra cara de las cosas. A veces opinamos sobre lugares que no conocemos un poco a la ligera, en realidad.

Más allá de los desacuerdos, merece la pena transcribir algunos fragmentos, y recomendar a todos aquellos interesados en la música, en nuestro continente, y en algún contraste con el mundo europeo (que él sí conoce de sobra), leer este texto. Hay muchas más ideas muy interesantes, pero siento que debo copiar demasiado para que estén completas.
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"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas".

"Todo pasa a través de la capacidad de hacerse responsable, de luchar contra las propias justificaciones".

"El proceso creativo es fruto del deseo de dos sujetos o funciones: el emisor, que proyecta, y el receptor, los cuales en casos especiales pueden coincidir en la misma persona. Por ejemplo, un ser humano que vive en completa soledad parece ser el receptor de sí mismo. Sin este doble deseo se pierde la necesidad de la creación."*

*Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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Más del tag vacaciones libreras.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Borges y la mecánica cuántica

Fuente


Navegando por las redes sociales, me encontré hace dos días accidentalmente que habría una conferencia de la gente de Parque Explora, de Colombia, cuyo título no pudo llamar más mi atención: "Borges y la mecánica cuántica".

Resulta ser que el profesor Alberto Rojo, que la impartió, publicó un libro en el que relaciona algunos de los conceptos de la física moderna, con los de la literatura borgiana. De un primer vistazo, me pareció que tenía mucho sentido, por el manejo que se ve en Borges de conceptos como el tiempo, el infinito, los sueños, la memoria, las posibilidades, los laberintos...

La manera como me topé con Borges en primer lugar a lo mejor resultará poco creíble. Yo tenía un pequeño escrito en el que describía la vida como un gran río con miles de ramificaciones, y cuya corriente representaría el tiempo, que nos obliga siempre a ir en la misma dirección, y que inevitablemente tengamos un tramo limitado para escoger cada ramificación.

Una metáfora no muy descabellada, y a lo mejor común, de mis años infantiles. En la casa encontré una edición de El Nacional de Ficciones, y fue por el subtítulo El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, que me animé a leerlo.

No esperaba encontrarme a las puertas de ese mundo de maravillas y deleites abstractos en el que Borges nos sumerge. Recuerdo siempre con especial sensación Las ruinas circulares, Funes el memorioso, El jardín de los senderos que se bifurcan, Tlön, Uqbar y Orbis Tertius, y el mencionado por el conferencista: La biblioteca de Babel

El señor es genial y se expresa con claridad sobre temas tan profundos. Ya en mis elogios a Capra he mencionado lo importante que me parece la exploración y divulgación de la ciencia moderna.

La conferencia es abordada con un tema sin duda importante: la ciencia como experiencia estética. Me identifico con la visión expuesta, y de hecho casualmente hace poco tuiteaba que tengo ese defecto de ver la ciencia como poesía ya que, aunque no entienda nada, siempre tengo un goce estético con ella.

Luego habla de cómo se ha citado a Borges en trabajos científicos, y como éste se adelantó a muchas ideas que hoy son teorías de la física cuántica. El genio de Borges no tenía límites, a mi parecer, y su estilo que se nos confunde entre literatura, ciencia o filosofía, en verdad me cautiva.

En La biblioteca de Babel, como nos explica el señor Rojo, Borges expone una idea que para la combinatoria y la estadística es interesantísima. Un número enorme de tomos, de determinada cantidad de páginas, que contienen todas las posibles combinaciones de caracteres en dicho número de páginas. La mayoría de los libros son disparates, pero algunos serán joyas de la literatura, algunos nuestras biografías, otros catálogos de la bibliteca misma, etc.

También destaca las analogías entre El jardín de los senderos que se bifurcan, y la teoría de los tiempos paralelos o universos paralelos; o de cómo diferentes bifurcaciones del tiempo pudieran coexistir simultáneamente.

En fin, me gustaría adquirir este libro, y seguir hallando similitudes entre la ciencia y la literatura borgiana. Sin más, les dejo el enlace a la conferencia, y les recomiendo que lean más al maestro Jorge Luis Borges.



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jueves, 8 de agosto de 2013

Fórmulas como partituras

Manuscrito de Johann Sebastian Bach. Invención a dos voces en Fa Mayor.

"Uno de los mayores problemas con que se enfrentan las matemáticas es el de explicar a los demás de qué tratan. Los aderezos técnicos de esta materia, su simbolismo y expresiones formales, su desconcertante terminología, su aparente deleitarse con cálculos larguísimos todo ello tiende a ocultar su auténtico carácter. Cualquier músico se horrorizaría si oyera decir que su arte no es más que «una multitud de renacuajos dibujados sobre líneas en hilera»; sin embargo, eso es todo lo que el ojo del profano puede distinguir en una página de música. No es tarea fácil percibir entre los renacuajos la grandeza, la agonía y vuelos de lirismo. Existe, sin embargo, una diferencia. Incluso un oyente profano puede disfrutar de una obra musical. Los únicos que tienen que entender las barrabasadas de los renacuajos son los intérpretes. La música tiene un atractivo inmediato para casi todo el mundo. Sin embargo, lo más parecido a un concierto matemático sólo se me ocurre que pudiera ser uno de aquellos torneos de la época renacentista en los que los grandes matemáticos batallaban públicamente defendiendo cada uno sus teorías. Quizá podría valer la pena resucitar aquella idea; no obstante, su atractivo sería más el del combate que el de la música.

La música se puede considerar desde distintos puntos de vista: el del oyente, el del intérprete, el del compositor. En matemáticas no existe nada que se pueda equiparar con el oyente; y, en todo caso, si lo hubiera, sería el compositor, más que el intérprete, quien captaría su interés. Más que su aplicación práctica, lo interesante es la creación de nuevas matemáticas. Esta ciencia no trata de símbolos y cálculos. Éstos serían sólo meros instrumentos del artesano: corcheas, negras y ejercicios para los cinco dedos. El objetivo de las matemáticas son los conceptos. Se trata sobre todo de ver el modo en que los diferentes conceptos se relacionan unos con otros. Dada una determinada información, ¿qué es lo que se deduce necesariamente de ella? El objetivo de las matemáticas es conseguir comprender tales cuestiones dejando a un lado las que no son esenciales y llegando hasta el fondo del problema. No se trata simplemente de hallar la respuesta correcta, sino más bien de comprender por qué existe una respuesta, si la hay, y por qué dicha respuesta presenta una determinada forma. Las buenas matemáticas tienen un aspecto más bien austero y conllevan algún elemento de sorpresa. Pero lo que sobre todo tienen es significado." (1)


No tienen idea de la frecuencia con la cual me ocurre que mis alumnos de música se quejan de sentirse "como en una clase de matemática". No recuerdo dónde leí, que enseñarlas es muy parecido, por ser paradigmas de lo abstracto.

Es interesante esta lectura, pues nos aproxima a la idea de que la matemática no es los números y las fórmulas, esa es sólo "la partitura". La música que hay en ellas, casi nunca llegamos a escucharla.

Manuscrito de Albert Einstein. Teoría de la Relatividad General.
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1. Stewart, Ian. De aquí al infinito. Las matemáticas de hoy. 3ra. edición. Traducción: Meredes García Garmilla. Editorial Crítica. Barcelona, 2004. pp. 1-2.

Más del tag vacaciones libreras.

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viernes, 28 de junio de 2013

Ego y eco

A principios de este año leí El punto crucial de Fritjof Capra, y hubo un pequeña idea que me fascinó.

Él, a pesar de ser un confeso ecologista, no defiende la prevalencia del "eco" sobre el "ego", sino que debe haber un equilibrio. Un equilibrio entre sensibilidad y autoafirmación. Léase: autoafirmación. Una de las condiciones necesarias para que un individuo sea tal.

Sin autoafirmación nunca se hubiera desarrollado la vida. Somos un sistema de múltiples niveles, pero nos percibimos como unidades. Es necesario para la supervivencia. Y nuestra complejidad intrínseca nos atormenta. Sin ego, no nos soportaríamos. Sin eco, tampoco.

Ego es sentirse una sola cosa, a pesar de estar compuesto un ser de miles de millones de microorganismos, hasta cierto punto autosuficientes, y de miles de millones de procesos simultáneos. A eso me refería con nuestra complejidad intrínseca. Ser consciente de "todo uno mismo" sería una tarea imposible. Sin embargo, el autoconocimiento puede llegar a obsesionarnos. Entendernos, como ser biológico y como ser psicológico.

Eco es ser conscientes de que a pesar de que somos autónomos, nuestra existencia no es posible aisladamente. Comprender que nosotros somos un micro-algo en un sistema mayor. Comprender que nuestras características, habilidades y conocimientos están sustentados en miles de millones de seres que coexisten con nosotros, que existieron antes que nosotros, y que nosotros afectamos a los miles de millones que existirán después de nosotros. La conciencia del eco puede ser también insoportable. Nos podríamos sentir insoportablemente pequeños y a la vez insoportablemente responsables. Sin embargo, el ser eco nos obsesiona. Entendernos como ser social, político, económico, como parte del ecosistema, como especie.

Así pues, somos dependientes e independientes a la vez, y cualquier visión que intente poner una cosa sobre la otra, estaría alejada de la realidad.

Esta pequeña idea, me llevará a posteriores reflexiones.

Arrecife de coral. Fuente: Wikimedia Commons.

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viernes, 15 de febrero de 2013

El ritmo en el universo y en la vida: una referencia a Capra

El ritmo es un elemento fundamental en mi carrera profesional (la música), y no en vano, los músicos nos damos cuenta de cómo es un elemento fundamental en la vida misma, en todos los aspectos. Les dejo un fragmento de El Punto Crucial de Fritjof Capra, en el cual hace ciertas reflexiones en cuanto a la importancia del ritmo en la estructura del universo, de la vida, de la percepción y de la comunicación, con un cierre interesante en el que especula que probablemente la felicidad esté basada en gran parte en una sincronización.

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"Es muy probable que la noción de ritmo cumpla una función fundamental en el futuro desarrollo de la nueva visión holística del mundo. El enfoque integral ha demostrado que los organismos vivientes son intrínsecamente dinámicos, pues sus formas visibles son manifestaciones estables de un proceso subyacente. Ahora bien, el proceso y la estabilidad son sólo compatibles si los procesos forman modelos rítmicos: fluctuaciones, vibraciones, oscilaciones y ondas. La nueva biología integral demuestra la importancia de las fluctuaciones en la dinámica de la autoorganización. Son la base del orden del mundo biológico: las estructuras ordenadas se derivan de modelos rítmicos.

El pasaje conceptual de la estructura al ritmo puede resultar extremadamente útil en nuestras tentativas por encontrar una descripción unificadora de la naturaleza. Los modelos rítmicos parecen manifestarse en todos los niveles. Los átomos son modelos de ondas de probabilidad, las moléculas son estructuras vibrantes, y los organismos son modelos multidimensionales, interdependientes, de fluctuaciones. Las plantas, los animales y los seres humanos están expuestos a ciclos de actividad y reposo, y todas sus funciones fisiológicas oscilan según ritmos periódicos. Los componentes de los ecosistemas están vinculados a través de una serie de intercambios cíclicos de materia y energía; las civilizaciones llegan a su auge y entran en decadencia según ciclos evolutivos, y todo el planeta tiene sus ritmos y recurrencias mientras gira sobre su eje y sigue su órbita alrededor del sol.

Por consiguiente, los modelos rítmicos son un fenómeno universal, pero al mismo tiempo permiten a los individuos expresar sus distintas personalidades. La manifestación de una identidad personal única es una característica importante de los seres humanos, y parece que esta identidad, es, en esencia, una identidad de ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su modo de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su manera de respirar y por muchas otras acciones que representan diferentes modelos rítmicos. Además, hay muchos ritmos «congelados», como las huellas digitales o la letra de un ser humano, que se relacionan únicamente con cada individuo. Estas observaciones indican que los modelos rítmicos típicos de un individuo son distintas manifestaciones de un mismo ritmo personal, una «pulsación interna» que es la esencia de la identidad personal.

El papel crucial desempeñado por el ritmo no está limitado a la autoorganización y a la autoexpresión, sino que se extiende a la percepción sensorial y a la comunicación. Cuando vemos, nuestro cerebro transforma las vibraciones lumínicas en pulsaciones rítmicas de sus neuronas. Transformaciones parecidas se encuentran en el proceso del oído e incluso la percepción de olores parece estar basada en «frecuencias ósmicas».

(...)
Igual que en el proceso de la percepción, el ritmo también cumple una función importante en las numerosas maneras de interacción y de comunicación de los organismos vivientes. La comunicación humana, por ejemplo, tiene lugar hasta cierto punto a través de la coordinación y sincronización de los ritmos individuales. En unos documentales rodados recientemente se puede observar cómo una conversación entre dos seres humanos implica una danza sutil y casi invisible en la que la secuencia detallada de los modelos de lenguaje está sincronizada a la perfección, no sólo con los movimientos más íntimos de la persona que habla, sino también con los movimientos correspondientes del que lo escucha. 

(...)
En ciertos –poquísimos– momentos de nuestra vida podemos sentir que estamos sincronizados con todo el universo. Estos momentos felices pueden ocurrir en muchas circunstancias –cuando se consigue una volea perfecta jugando al tenis, cuando se desciende perfectamente una pista de esquí, en plena experiencia sexual satisfactoria, en la contemplación de una obra de arte o en el transcurso de una profunda meditación. Esos momentos de ritmo perfecto, en los que se tiene la sensación de que todo va bien y que las cosas se hacen con facilidad, son experiencias místicas de alto nivel en las que se trasciende toda forma de separación o de fragmentación." (1)

Foto satelital del Desierto de Kavir.
El tempo geológico quizás sea uno de los adagios más lentos que conozcamos.


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(1) Capra, Fritjof. El Punto Crucial (The Turning Point). Editorial Troquel. Buenos Aires, 1992. Traducción: Graciela de Luis. pp. 349 - 353.

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jueves, 31 de enero de 2013

Silencios y significados: una referencia a Bassols

Hace poco llegó a mis manos un libro que me fue prestado por un amigo, debido a la combinación de psicoanálisis y música, dos temas despiertan mi interés. El libro se titula Polifonías en psicoanálisis, y consta de varios ensayos que unen ambos tópicos de diversas maneras, casi siempre predominando la postura psicoanalítica de orientación lacaniana, obviamente debido a que los ensayos fueron escritos por psicoanalistas, y no por músicos (aunque muchos de ellos manifiestan ser aficionados o cercanos al mundo musical).

Advertiré que no soy muy letrada en psicoanálisis. Leí algunas obras de Freud, y por ahí llegué a leer algo de la Escuela de Frankfurt, pero de Lacan sólo tengo referencias ajenas, como el libro que comento acá, y una recopilación de Jacques Alain Miller.

El primero de los ensayos fue uno de los que más me impresionó. Aborda un tema de suma importancia para la música: el silencio. Una clásica, pero vacía (a mi parecer) definición de música sería: arte de combinar los sonidos según determinadas reglas preestablecidas. Vacía por faltarle muchas dimensiones de la música en sí, por dar demasiado relieve a las reglas (cuando muchos de los grandes músicos se han dispuesto a dedicarse a romperlas), y porque descarta la mitad de la materia prima musical: el silencio, o la contraparte del sonido. Sin silencio no hay música, de eso ningún músico tiene duda.

El ensayo del que hago mención es de Miquel Bassols, de quien recientemente descubrí que lleva un blog personal, y se titula Cinco variaciones sobre "In a silent way". En su blog encontré fragmentos de lo referido en el libro, incluso hay un post que lleva el mismo título, pero no conseguí el material completo. Pueden consultarlo si les interesa leer el texto.

De este ensayo me llamaron la atención dos ideas fundamentales:

  1. La inexistencia de silencio absoluto, y el planteamiento de que los silencios pueden carecer o no de significado.
  2. El hecho de que aparentemente la música surja siempre del silencio profundo, o del deseo de acallar las voces del inconsciente.
En primer lugar, se cita un suceso bien conocido: la experiencia de John Cage en la cámara anecoica. La expectativa de Cage era escuchar el silencio absoluto, conocerlo. Pero para su sorpresa, sí escuchó algo: los sonidos de su cuerpo. Así llegó a la desilusionadora conclusión de que el silencio absoluto no existe, y tendrá que "reformular el concepto mismo de silencio, no como la ausencia de sonido, sino como la ausencia de toda intención de escuchar"*. El silencio pasa a ser aquel conjunto de ruidos que no escuchamos conscientemente. Hablamos de sonido en un sentido sensorial, no físico: las ondas mecánicas producidas por la materia evidentemente existen sin que algo o alguien las perciba y las interprete como "sonido".

En la música, el silencio forma parte de la materia prima para la construcción del discurso. El silencio musical es intencionado, requiere de la voluntad para existir, existir como ausencia de sonido. El silencio pasa a ser entonces algo "simbólico". Una aproximación interesante que nos señala el autor, la cual toma de Lacan, es la existencia de dos tipos de silencio: taceo y sileo (términos tomados del latín).

"El primer silencio, «taceo», es un silencio significante, es el silencio convertido en un sonido que puede ponerse en serie con los otros y que puede escribirse con un símbolo, diferenciarse incluso con diversos símbolos según su duración entre los sonidos, tal como hace la escritura musical. El segundo silencio, «sileo», es el silencio previo o posterior a cualquier sonido y se iguala así al silencio de la pulsión de muerte."**
Así hay una distinción entre el sonido con significado e intencional, que puede formar parte de un discurso, y el sonido absoluto, que no lleva en sí significado alguno (lo de absoluto ya se observó que es imposible, al menos para un ser vivo). El autor hace ver que en la música el sonido significante es utilizado todo el tiempo, pero se limita a los sonidos como duraciones (a las figuras de silencio: silencio de blanca, silencio de negra...), mas no profundiza en este sentido.

Los símbolos no solo pueden cambiar la duración de un silencio, también pueden cambiar la intención. Así, un símbolo anotado a una figura de silencio (como una fermata) puede afectar el comportamiento del intérprete en dicho espacio. La fermata no es simplemente para alargar la duración a placer, este alargamiento hace que necesariamente exista una incertidumbre, que no solo existe en quien interpreta, sino en quien escucha. También existe el silencio de la anacrusa. No la anacrusa como tal, sino la necesaria reflexión del intérprete de sentir dentro de sí la pulsación general de la obra, y entonces proceder a ejecutar las notas precedentes a la primera acentuación. Esta reflexión existe incluso si no hay anacrusa.

Así el sileo en la ejecución musical propiamente dicha, no acaba en el momento en que la música empieza a sonar, sino probablemente en el momento en el cual el cuerpo del intérprete comunica la intención de sonido. Dicha intención puede vivirse primero desde la mente del intérprete, y luego desde la perspectiva del público. Pero dicha intención no solo se imagina, se comunica con la actitud, con el movimiento corporal y con la respiración. 

Sería interesante estudiar el caso concreto del director coral u orquestal. El director permanece en silencio, pero en su silencio, y simplemente con su gestualidad, debe transmitir un plan de ejecución sonora, debe "hacer sonar" a la agrupación musical de una manera u otra, debe ser la "mente maestra" y silenciosa que da vida a la intención de lo que harán sonar los otros.

El sileo vendría a ser ese mar, ese lienzo vacío sobre el cual se construye, no el sonido, sino la intención sonora. Se anularía tal vez con la intención, más que con el sonido como tal. Y un ejemplo citado por el autor de ese silencio intencionado es la obra 4'33'', la cual consiste en 4 minutos y 33 segundos de silencio, del intérprete montado en escena en absoluto silencio. Un artículo interesante de esta obra lo pueden encontrar en este enlace.


El segundo punto es abordado desde la historia de la obra In a silent way (que diera el nombre al artículo), de Miles Davis. Se supone que el autor a través de ella quiere aproximarse al silencio, y no sería el único que buscase tal empresa. Hay una actitud algo obsesiva del músico hacia el silencio, como si éste fuese el sonido magnánimo, el dios solemne del discurso sonoro. El autor nos habla de la anécdota del compositor, y se apresura a decir que éste estaría componiendo sobre la ausencia de un gemelo perdido.

Lo interesante es el hecho de escribir desde la ausencia, hacer música para ofuscar el silencio o la ausencia del objeto deseado o añorado. Recuerdo que yo decía en Twitter que más hacen escribir los amores platónicos que los amores reales, y esto tiene mucho sentido. Poniendo las cosas desde una prespectiva muy personal, es desde la ausencia que se hace la mejor música. La música empezó a interesarme a partir de una gran frustración, y no dudo que haya sido así en muchos casos.

Sonar, hacer ruido, es un acto en el cual se acallan los pensamientos y sentimientos. ¿Surge la música del ruido insoportable de la ausencia, del ruido insoportable del silencio? Es una afirmación imposible de universalizar, pero no deja de ser plausible.

Pinturas blancas de Robert Rauschenberg.
Podría decirse que constituyen un equivalente pictórico de 4'33''

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* Autores varios. Polifonías en psicoanálisis. Editorial Ponaire. Caracas, 2010. p 13
** Ob. cit. p 16
Blog de Miquel Bassols.
Entrada publicada también en Panfleto Negro.

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sábado, 5 de enero de 2013

Política y culto


El venezolano es muy religioso. Y no solamente es religiosamente muy religioso, sino que políticamente también lo es. No soy ni remotamente la primera en decir que el régimen que estamos viviendo se basa en un culto a un solo hombre, y más que nunca, lo estamos observando, cuando este hombre no puede estar presente, y sin embargo es adorado, justificado desde todo punto de vista, y el vacío de poder es negado una y otra vez. Varias son las veces que él ha pasado por encima de la Ley (con su método de modificarla a su antojo, para que nada sea realmente "ilegal") para mantenerse en la Presidencia.

Y sus seguidores no hacen más que repetir su discurso, aunque éste no tenga nada que ver con la realidad. Estamos ante un culto, donde un hombre es elevado por encima de la común humanidad, sin siquiera haber hecho nada sobrehumano jamás. Sirviéndose de los más variados íconos, "héroes" y dogmas que no tienen nada que ver, ha construido su propio dogma, y ha logrado que miles de venezolanos le adoren ciegamente, tal como pasa en el fenómeno religioso. No hay realidad, no hay hechos, ésta es negada todo el tiempo. Sólo hay fe ciega y la promesa vacía de un mundo mejor. Y aún 14 años después, muchos siguen creyendo. Y si muchos han creído por más de 2000 años, qué podemos esperar. 

El que sabe apelar a la fe de la muchedumbre, ya hizo la mitad del trabajo, la otra mitad es callar o ridiculizar al que piensa diferente, al que no creyó, al que denuncia los hechos. Y hemos visto cómo hacen eso todos los días. 

Recordé todo esto leyendo un libro de Cristopher Hitchens, Dios no es bueno, que nos muestra cómo la religión no es ni ética ni amoral, sino cómo ha sido profundamente inmoral durante la historia. Un fragmento interesante me llevó a pensar en mi país. 

Cualquier parecido con la realidad venezolana, no es mera coincidencia. 

En unas sociedades que ellos consideran saturadas de fe y superstición, los absolutistas comunistas no negaban tanto la religión cuanto pretendían sustituirla. Esta elevación de líderes infalibles que eran una fuente de infinita munificencia y bendición; la búsqueda permanente de individuos herejes y cismáticos; la momificación de dirigentes fallecidos como iconos y reliquias; los morbosos juicios públicos que provocaban confesiones increíbles sirviéndose de la tortura... nada de esto era muy difícil de interpretar en términos tradicionales. Ni tampoco la histera durante las épocas de epidemias y hambrunas en las que las autoridades desplegaban una búsqueda enloquecida de cualquier culpable menos el verdadero (...) Ni tampoco la incesante evocación de un «Futuro Luminoso», cuya llegada justificaría algún día todos los delitos y disolvería todas las pequeñas dudas. «Extra ecclesiam,nulla salus», como solía decir la antigua fe. «Dentro de la revolución, todo. Fuera de la revolución, nada», como le gustaba subrayar a Fidel Castro. De hecho, en las proximidades de Castro apareció una singular mutación conocida como «teología de la liberación», un oxímoron, según la cual los sacerdotes e incluso algunos obispos adoptaron liturgias «alternativas»; que consagraban la absurda idea de que Jesús de Nazaret era en realidad un socialista al corriente del pago de sus cuotas. (...)
En los primeros meses de este siglo hice una visita a Corea del Norte. Allí, contenida en un cuadrilátero de territorio hermético cercado por el mar o por unas fronteras casi impenetrables, hay una tierra absolutamente entregada a la adulación. Todos y cada uno de los instantes conscientes del ciudadano (el súbdito) están consagrados a ensalzar al Ser Supremo y a su Padre. En todas las escuelas resuena eso mismo; todas las películas, óperas y obras teatrales están dedicadas a ello; todos los programas de radio y emisiones televisivas se han rendido a ello. También sucede eso con los libros, revistas y los artículos periodísticos, en todos los acontecimientos deportivos y en todos los centros de trabajo (...) Tampoco se ha olvidado al diablo: el siempre vigilante mal de los extranjeros y los no creyentes es rechazado con una atención perpetua, que incluye momentos diarios dedicados a los rituales en el lugar de trabajo donde se inculca el odio al «otro».

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jueves, 29 de noviembre de 2012

Cuando leía a Coelho

En general soy una persona difícil para la narrativa. No leo muchos libros de este tipo. En este aspecto hubo un hito, que fue Borges. Después de Ficciones, soy todavía más difícil. Me gusta la narrativa densa y filosófica. Me gusta que se dé aires de realidad, y sin embargo no soy muy amiga de la ciencia ficción. Eso lo prefiero en el cine. Además de eso, suelo preferir otra clase de literatura, más especializada, y si las áreas del conocimiento me son inaccesibles, me voy hacia los buenos divulgadores. Me he aventurado en la filosofía, la política, el psicoanálisis, la economía, las artes (por supuesto) y la ciencia, Una vez tuve que dejar un libro por la cantidad de fórmulas matemáticas complejas que contenía, pero lo tengo pendiente. Opino del escritor carioca lo que muchos: que su literatura es poco profunda y bastante comercial, y la clasificaría en el renglón "autoayuda"; ese oscuro renglón que particularmente no me interesa. Más bien, mientras más me enrede la cabeza un libro (eso sí, sin disparates), ¡pues mejor! Soy un poco masoquista. Pero a mucha gente le gustan sus historias, tampoco los voy a criticar.

No leí a Paulo Coelho por sus libros. De hecho en mi casa hay varios, y no me han despertado la inquietud suficiente para ojearlos. Cuando lo leía no poseía tanta fama. Serían los años 2001 o 2002, y en mi casa se compraba todos los domingos el periódico El Nacional. En el encarte dominical, no me perdía en las primeras páginas las anécdotas de Rafael Osío Cabrices, y al final, la sección de Coelho. Ignoro si todavía salen. Esas eran como las pequeñas piezas con las que me entretenía todos los domingos, que en ese entonces solían ser días de mucho calor, y como estaba aún en el colegio, días de nada que hacer. La existencia transcurría entre mirar las ventanas, comer, dibujar, leer el periódico y ver si había algo admisible (o ni tanto) en la televisión.

De las historias de Coelho hay dos que siempre recuerdo. Una hablaba sobre la memoria. Otra sobre los amores imposibles. Las recuerdo obviamente con poca literalidad.

La primera de ellas hablaba de algún personaje de dotes espirituales (un monje o algo), al que le preguntaron si recordaba todas las enseñanzas, anécdotas, lecturas y experiencias que había tenido en su vida. A lo que él respondió que el aprendizaje era semejante a lavarse las manos: el agua pasaba por ellas y las limpiaba, sin embargo no se quedaba ahí. Las enseñanzas son como el agua, que lava nuestra alma, y aunque no las recordemos, hicieron su trabajo.

He conocido gente, que hasta me parece loable, que guarda en su cabeza cantidades increíbles de información. Es como si supieran de todo. Yo por mi parte, he leído de todo, pero casi nunca recuerdo datos o nombres específicos. Los detalles se me van de la cabeza. Sin embargo, la comprensión queda. A lo mejor se trata de dos tipos diferentes de memoria. La mía es bastante sintética. Y nunca he pensado que aprender ninguna cosa sea perder el tiempo, cosa que piensa la gente con mucha frecuencia. Todo lo que aprendemos, no solamente tiene utilidad práctica, sino que alimenta el pensamiento como tal, nos enriquece como personas, y sea lo que sea a lo que nos dediquemos, enriquece nuestro trabajo.

La otra historia hablaba de una mariposa, enamorada de una estrella, a la que todas las demás criticaban por no estar enamorada de los faroles como todas las demás, y se burlaban de ella porque la estrella era inalcanzable. Al final, se quedaban embelesadas en los faroles, mientras nuestra protagonista volaba altísimo todos los días tratando de alcanzar la estrella. Nunca la alcanzó. Pero gracias a sus vuelos vio paisajes insospechados, y admiró el mundo desde una perspectiva en que ninguna mariposa lo había visto jamás.

Ya sé, es un poco idealista. Sin embargo, muy cierta. Hay dos rasgos que vinieron en mi persona, y que aún no concluyo si son una buena combinación. Soy un poco obsesiva, y soy muy imaginativa. Así que sí, los imposibles abundan en mi vida. Mucha gente ve algo medianamente complicado o difícil, y prefieren sencillamente desistir por las buenas que arriesgarse a sufrir. Esa, no soy yo. Y es por eso a lo mejor que esta historia la recuerdo con tanto cariño. Tengan en consideración que la leí cuando tenía como 16 años. También tengan en consideración que los amores imposibles no siempre son personas. Y ya desde ese entonces yo era como soy, y aparentemente seguiré siendo.

Toda la historia de la humanidad está plagada de amores imposibles. De ideas e ideales, que han movido a los seres humanos, y que finalmente les han dado una posibilidad impresionante de trascendencia. El ejemplo de la estrella es muy acertado, porque puede ser hasta literal. Todavía hoy la humanidad mira las estrellas con pasión, y se pregunta cuándo podrá llegar a ellas. Y hay que admitir que hemos llegado lejos. Aunque no a las estrellas, y personalmente, solamente a la Luna. Aquí cabe la famosa cita de que la utopía sirve para caminar, esa que se han adueñado un poco los izquierdistas. Y es que les puedo decir, que hasta mis amores platónicos me han renovado. Nunca los amé, pero eso no importa. No soy tan orgullosa como para no admitirlo; mi interés en ciertas personas muchas veces cambió el rumbo de mi vida. De algunos hablé, otros me los guardé. Y estoy segura de que habrán más.

martes, 11 de septiembre de 2012

Existencia nauseabunda

Retomando la onda de la lectura que descuidé un poco en estas vacaciones, pretendo escribir algo sobre el libro que me ha tenido sumida durante casi un mes. Quizás más por inconstancia que por otra cosa. Se trata de La Náusea de Jean Paul Sartre.

Sartre despertó mi curiosidad hace poco tiempo. Sin embargo, el existencialismo ha pasado a ser una de los movimientos filosóficos más importantes en mi pensamiento personal. Uno siente esa "química" de repente. La premisa fundamental de que "la existencia precede a la esencia", constituye para mi persona una especie de hito, y con él se borra toda necesidad de teleología alguna, esa molesta cosa de la que siempre había querido desembarazarme por completo. No queda entonces nada más que existir, y construirnos a través de esa existencia.

Pero la existencia puede ser muy tortuosa. Y todos los que existimos lo sabemos. El primer texto de Sartre que me recomendaron fue esta novela. A pesar de ser una historia ficticia, a través de su narración nos hunde en esa sensación que sentimos más veces de las que quisiéramos, ese hastío de existir.

Considero que no tengo nada importante que decir o criticar del texto. Solo diré que a ratos me hace ponerme existencialista. Su discurso me ha contagiado el pensamiento, y muchas de sus reflexiones me han impresionado.

Una de ellas es la reflexión en torno al presente. El presente es lo único que existe. Cualquier vista del tiempo hacia el pasado o hacia el futuro resulta una falacia. Recordar o fantasear son dos cosas que en nada se parecen al presente, a la existencia. Las cosas pasan en un sentido, y cuando las contamos o fantaseamos sobre ellas ya sabemos el final, por lo cual nunca son iguales a como son vividas. Recuerdo que hablaba de algo parecido en el post Metáforas que favorecen al deísmo, y eso me impresionó. Planteaba que la gente siempre comete el error de pensar que la forma cómo son las cosas es la única forma posible, y se olvidan de qué fue primero y qué después, cayendo en el error del determinismo absoluto. La vida en retrospectiva parece mucho más interesante, pero la realidad, es que es lenta y a veces tortuosa.

Otro aspecto que me ha llamado la atención de este libro es el discurso sobre la música. Esa idea de que la música es lo único que se regocija en su muerte, la música necesita morir. A veces pienso que yo era existencialista desde antes de leer a Sartre.

Esta reseña habrá de parecerles un poco personalista. Pero no hallo otra manera de existir, sino desde mí misma. Y creo que ya no tengo más nada que decir. Si quieren saber más sobre el texto, mejor búsquenlo, y existan junto a él.

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lunes, 6 de agosto de 2012

Nietzsche contra el cristianismo

Todos los caminos llevan a Nietzsche. Al menos para mí. Aparte de ser una de las referencias clásicas del ateísmo filosófico, fue un hombre que sin duda amó el arte musical, y le dedicó bueno parte de su pensamiento y de su obra. Pero el libro que leí de él tiene más que ver con el primer tópico. Es una dupla, con dos textos fundamentales de él: El Anticristo & Ecce Homo, pero además trae otros textos breves del autor. Esta vez he leído El Anticristo, y con gran osadía me atreveré a comentar algo de éste. 

Confieso que leyendo este texto he reconocido aspectos de Nietzsche en los que no me había fijado anteriormente. Al menos no lo suficiente. Uno de ellos es su excesiva masculinidad, masculinidad del discurso, que se expresa a través de la obra como un amor a la actitud soberbia y viril, como afirmación de la vida. Esta masculinidad muchas veces se desborda, y raya en la misantropía, pues el filósofo tenía a la mujer como un ser débil y mediocre intelectualmente. 

Otro aspecto es que en realidad su pensamiento es bastante positivista. Aunque tantas veces se quiera hacer ver lo contrario. Muchas veces se juzga burdamente su filosofía, por su ateísmo (como negación de Dios), y se pretende que con esta negación, así como su cuestionamiento constante de los conceptos de “verdad” y de “moral”, suponen una negación de la vida, o mejor dicho, una negación de las cosas que comúnmente son tenidas por las masas como aquéllas que “le dan sentido a la vida”. Pero el mismo Nietszche niega en todo momento que esto sea así. Es más, para él la negación de Dios y de la vida “del más allá”, supone finalmente una afirmación de la vida misma. Habla de la humanidad como algo grande y de cómo la superación de la cristiandad finalmente llevará al hombre al camino de la ciencia, de la organización y de las más bellas y elevadas artes. Otro síntoma de su positivismo es por supuesto, su gran admiración hacia Grecia y Roma (así como al Renacimiento), que para él fueron las cumbres de la civilización humana organizada y encauzada por el camino de la ciencia, y que fue destruida (Roma) por el levantamiento del movimiento cristiano que elevó la fe por sobre todas las virtudes, y convirtió el conocimiento en el más fundamental de los pecados. 

Otra dimensión de él que me sorprendió es su darwinismo. Considerando que él es prácticamente contemporáneo con Darwin, las ideas de la selección natural afectan profundamente su visión de la naturaleza y del hombre, pecando muchas veces (en mi opinión), de caer en el darwinismo social, considerando que unos hombres están hechos para ser superiores a otros, algunos intelectualmente, otros físicamente, y que éstos “naturalmente” deben constituir una aristocracia que debe ser respetada por el vulgo. Sin embargo recalca que el vulgo, o “los mediocres” son absolutamente necesarios en el progreso de una sociedad, y que es necesario que sean mayoría. De estas ideas se desprende directamente su aversión al socialismo. En cierta forma, compara al cristianismo con el socialismo (nota personal: ¿acaso el caudillo gobernante de por estos lados no está tan equivocado al respecto?), en el sentido de que ambos constituyen un levantamiento contra la aristocracia y la desigualdad, y en cierta forma están fundamentados en la envidia, la decadencia y el sentimiento de venganza contra las clases superiores. Muchos “cristianos” se ofenderían profundamente con esta idea siendo que son en su mayoría grandes conservadores (y anticomunistas); el problema es que el cristiano de hoy en día no es tan cristiano como es católico, y como mencionaré más adelante, Nietzsche pretende demostrar que la Iglesia misma es contradictoria de la doctrina de Jesús. Por otro lado, ni hablar de que Marx era ateo. 

Ahora bien, hasta aquí he expuesto estos aspectos de un modo bastante resumido. A lo largo del texto aparecen con variados matices. Ahora vamos a lo que nos atañe: hablar un poco de su contenido fundamental. 

El Anticristo está atravesado por una premisa fundamental en la que estoy totalmente de acuerdo con el autor (nótese que hasta ahora no había hecho tal afirmación). Y es la idea de que el cristianismo es una negación de la vida. De la vida terrena, la vitalidad absoluta. A través de varias ideas, así se demuestra en esta religión. Una de ellas es la compasión o la misericordia en que está basada. Para Nietzsche, dicha compasión es una adoración de la debilidad, de la enfermedad y de la decadencia. Así mismo, resalta el hecho de que la Iglesia siempre ha sido enemiga de todo aquello que sea bueno para la vida: es enemiga del placer, de la vitalidad, de la belleza, de la soberbia y de la búsqueda del conocimiento. Nos recuerda el mito primigenio de la expulsión del hombre del Edén, por causa de comer el fruto del Árbol del Conocimiento. Muchos asocian este mito también a un comportamiento sexual, por el hecho de que es la mujer quien incita al hombre a pecar. ¿Y es que acaso el sexo es malo para la vida? Ambas metáforas, a mi parecer, son deplorables. Creo que la analogía con el sexo no es totalmente necesaria. La Iglesia, literalmente, ha sido en toda su historia enemiga del conocimiento. Aunque hoy en día se disculpe tantas veces. Aún hoy, hay gente que quiere sacar a sus hijos de las escuelas porque no les enseñan el “creacionismo” o el “diseño inteligente”. Cuán desilusionado estaría Nietzsche. 

Otra idea cristiana fundamental, y la única que el filósofo acredita al mismísimo Jesús de Nazareth, es la idea del amor incondicional. Amar al mal, amar al enemigo, amar a todos por igual. Dice muy lúcidamente: 

“El amor es aquel estado en que el hombre está más propicio a ver las cosas diferentes de lo que son en realidad. La fuerza de la ilusión alcanza entonces un grado superior, y lo mismo la fuerza dulcificante y la fuerza glorificadora. El amor hace soportar mucho, lo sufre todo.” (p. 32)* 

El amor supremo, la tolerancia suprema hacia el otro, constituye una actitud pasiva, que según Nietzsche, fue la actitud que siempre tuvo Jesucristo. Incluso con su muerte en la cruz, sin oponer ningún tipo de resistencia a sus enemigos, así lo demuestra. Cristo presenta pues, un estilo nuevo de vida, en el cual todos los hombres deben ser considerados iguales, “todos somos hijos de Dios”, y con lo que mencioné en los párrafos anteriores, podéis imaginar que esto para él es una perversión. En sí misma, esta idea, no admite la idea de justicia. Así mismo, no admite la idea de resistencia, de lucha, tan importante en la búsqueda del conocimiento y del orden social. Pero para Nietzsche es ahí donde reside la gran contradicción del cristianismo: las ideas de Jesús se oponen totalmente al Dios del Antiguo Testamento, todopoderoso y castigador, y también son contrarias a todo lo que es la estructura de la Iglesia. Según él, las actitudes agresivas de Jesús fueron reescritas más adelante (sobre todo por San Pablo), para poder ejercer control sobre las masas, e incitarlas a rebelarse. Así se funda la Iglesia, se inventa el pecado, y se da a la gente la esperanza del Reino de los Cielos más allá de la vida (según este libro, el autor considera que Jesús predicaba realmente que el Reino de los Cielos está en la Tierra, y que se alcanza mediante el estilo de vida que él mismo ejemplificó); y se toma como símbolo fundamental del cristianismo el sufrimiento y muerte de su profeta: Jesús en la cruz, y se inventa la historia de la Resurrección, pues sin ella, no habría una esperanza histórica que fundamentase su movimiento. 

Así destruye las tres principales virtudes del cristianismo: la fe, la esperanza y la misericorida o caridad; y el principio fundamental del que habló Jesucristo: el amor al prójimo. 

Una idea fundamental de este texto, en la que tengo cierta desconfianza, además viviendo en la época en que vivo, es la premisa de que no todos los hombres tenemos los mismos derechos. Es lógico que exista una idea así en un pensamiento aristocrático como el de él. Pensaba que los derechos son privilegios. Con esto, sumado a su aversión ideológica hacia el judaísmo (que expresa todo el tiempo sin decoro), no me extraña en lo absoluto que algunos nazis le tomaran como referencia. Pero es una mala interpretación. Además, en este mundo ya teñido por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, a veces se interpreta cualquier tipo de antisemitismo como nazismo, cuando no es necesariamente así. Ahora, no crean que lo estoy justificando. Yo, hasta el sol de hoy al menos, creo en los derechos universales del hombre, y en que todos los hombres son igual de humanos. Sin embargo la igualdad de derechos, es para que podamos convivir con nuestras desigualdades inherentes, y hablo de desigualdades, no de injusticias. Este es un debate que merecería un libro completo: ¿dónde acaba el límite de la desigualdad y comienza el de la injusticia? Porque igualdad y justicia no son lo mismo. 

Por último les dejo dos citas, que me llamaron la atención especialmente, porque responden a dos cuestiones que normalmente se nos atraviesan a los ateos: una de ellas es si el ateísmo está basado en realidad en la falta de pruebas acerca de Dios, y otra si la religión es beneficiosa o no para la humanidad. 

“El hecho de que nosotros no hallemos a Dios ni en la historia ni en la Naturaleza, no es lo que nos separa: es el no experimentar el sentimiento de lo divino hacia aquello que es tenido por Dios, es hallar eso lastimoso, absurdo y perjudicial, y ver en ello, no sólo un error, sino un atentado a la vida. Nosotros negamos a Dios, en cuanto Dios.” (p. 57) 
“La Iglesia cristiana no ha economizado la corrupción en ningún sitio; de cada valor ha hecho un sin valor; de cada verdad, una mentira; de cada integridad, una vileza. ¡Que se atrevan a hablarme todavía de sus beneficios humanitarios! Suprimir una miseria era contrario a su comercio; vive de miserias y ha creado miserias para eternizarse.” (p. 77)*

* Las cursivas son del autor.
* Nietzsche, F. El Anticristo & Ecce Homo. Traducción: Enrique Eldestein. Ediciones Brontes. España, 2009.
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