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martes, 24 de marzo de 2015

Señalar al "raspacupo"

En Venezuela hay un sistema cambiario un tanto difícil de explicar, y más aún de justificar. En primer lugar, digamos que tenemos un sistema de bandas, es decir, hay diferentes tipos de cambio para el dólar.

Estos precios tienen diferencia considerable en la actualidad. Las tasas que se manejan son 6,30 Bs/$ (preferencial, "solo" para productos de primera necesidad como alimentos y medicinas); 12 Bs/$ (para cupos de viajero y compras por internet, cantidad limitada por el gobierno según el destino y tiempo de viaje, y un cupo de escasos 300$ para compras electrónicas); y la nueva "tasa de mercado" o Simadi, que hoy se ubica en 190 Bs/$.

Un sistema con tasas tan disímiles (la máxima siendo 30 veces mayor que la mínima) no puede sino generar fuertes distorsiones. A esto sumemos que es muy difícil obtener divisas preferenciales, no se consiguen las divisas a precio Simadi en las casas de cambio, y la tasa de dólar viajero solo se puede conseguir viajando (y hoy día, si acaso), por lo que el mentado mercado negro no ha dejado de existir, al día de hoy con un cambio de 251,57 Bs/$ (casi 40 veces el dólar preferencial, 20 veces el dólar viajero, y aproximadamente 30% más caro que el dólar Simadi).

Aquí, nada más viendo a vuelo de pájaro, hay una oportunidad de negocios increíble: conseguir divisas a los precios más baratos y venderlas al precio del mercado negro. Pero ya dijimos que de estas, las más accesibles son las de viajero, cualquiera puede comprar un pasaje (bueno, ya no tanto), pedir su "cupo" correspondiente, traerlo en efectivo, y ¡listo!, hasta recupera lo que gastó en viajar y aún gana una barbaridad.

Este sistema lo explico sobre todo para gente no venezolana, que a lo mejor no comprende lo que sucede acá con los tipos de cambio. Obviamente, este fenómeno conocido como "raspar el cupo" está trayendo graves problemas a la economía, y hasta a la economía de los países destino, que están empezando a manifestarse al respecto.

Pero esto, amigos míos, no pasaría si en primer lugar no existiera un cupo limitado de dólares para cada quien, de paso, baratos hasta el absurdo.

Señalar al "raspacupo" no es el deber ser. Muchos hacen esto como negocio, pagan a terceros por su "cupo" y raspan su tarjeta de crédito en el exterior para traer las divisas, cosa que claramente no sería posible si no hubiese quienes se prestaran a pasar tarjetas a cambio de efectivo, quedándose con una comisión en el extranjero. Esto es una práctica criminal (eso de pasar tarjetas de crédito de terceros, ¿ok?)

Pero la persona que viaja con su cupo particular y trae dólares en efectivo o mercancía para la venta a los precios de mercado (mucho más altos que calculados al dólar viajero), ¿por qué es criminal? ¿No son esos los dólares a los que le da "derecho" el Estado?

El problema está en el sistema en sí mismo.

No hay justificación para la existencia de tasas de cambio tan disímiles, ni tampoco para que el Estado controle a cuántos dólares tiene "derecho" cada venezolano. Menos aún recibiendo ingresos en divisas del petróleo todos los días. Pero así es.

Aparte de esto, la desastrosa política económica del gobierno chavista (altísimo gasto público, altísimo gasto en propaganda, control estatal y destrucción del aparato productivo, impresión de dinero inorgánico, trabas para conseguir divisas para importaciones...), ha ocasionado una hiper inflación y una escasez que hacen que el venezolano literalmente se arrastre por unos pocos dólares.

Entonces, ¿hay que pedir represalias para los "raspacupos"? ¿Hay que apoyar que nos deporten de otros países por esta práctica? No. Hay que exigir el desmantelamiento del sistema cambiario actual que es un cáncer para la economía. Debemos exigir libre acceso a las divisas del país, a un precio real, como ocurre en cualquier economía normal; y debemos pedir explicaciones de por qué, aún habiendo un "cupo" cerrado y control de cambio, han desaparecido millones de dólares de las arcas de la nación.

Photo credit: frankieleon / Foter / CC BY
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miércoles, 21 de enero de 2015

El bolívar es un fastidio

"El dólar ha subido Bs 53.66 en 38 días, si continua a ese ritmo llegará a Bs 200 justamente el 31 de diciembre."
@ChristophDM

"Llegamos a un extraño momento de la economía:
Sumas un billete de 100, 50, 20, 10, 5 y 2, una moneda de 1, 0,50, 0,25, 0,125, 0,10, 0,05 y 0,01.
Es decir, sumas todo el "cono monetario".
Y no compras 1 euro."
@LuisCarlos

En eso se ha convertido nuestra moneda, en un verdadero fastidio, en una cosa que aunque usamos todos los días, nos da cada vez más la sensación de no servir para nada, de valer cada día menos. La irresponsabilidad de la política económica de nuestro Gobierno nos ha llevado a estos límites insospechados. El heredero de Hugo es mucho más que inútil.

En estos días andaba con mi padre haciendo unas diligencias, y él fue a comprar cuatro resmas de papel tipo carta. El total de aquella transacción hizo poco más de 1.400 Bs. Él disponía de unos cuantos billetes de 20 Bs., algunos de 50 y unos pocos de 100 (el de más alta denominación). Recuerdo la escena, y debimos haber pagado con entre 40 y 50 billetes. ¡50 billetes para pagar cuatro resmas de papel! Aquella escena fue un poco surrealista.

En cualquier "tigre vaca flaca", a mi me pagan entre 8 y 15 billetes, y hablamos de billetes de las dos más altas denominaciones existentes en Venezuela. Dar propina con el billete más pequeño (el de 2 bolívares) me parece últimamente un real ejercicio de miseria; prefiero no dar nada, eso no paga ni un pasaje de bus (de hecho está en 11 Bs.)

Así vemos esta escena todos los días, tenemos en las manos, en la cartera, un montón, literalmente, un montón de billetes que no compran prácticamente nada.

Hace poco más de un mes, presenciamos todos que el precio de 1 dólar sobrepasaba la barrera (ilusoria) de los 100 Bs. Veíamos todos cómo nuestro más alto billete compraba sólo un miserable dólar, y nuestra unidad monetaria (1 bolívar), pasaba a valer el equivalente a un centavo. Hoy vale menos que eso.

Los expertos desde hace mucho tiempo están advirtiendo al Gobierno que debe sacar billetes de 500 y de 1000 bolívares para la comodidad de las transacciones. Hoy día todos los billetes venezolanos son "sencillo".

Hoy en Venezuela hay más bolívares circulando que nunca, y menos dólares para la gente que nunca. Quizás no se comprenda a primera vista, pero todo este dinero inorgánico circulando por nuestras manos no hace sino generar más inflación cada día. Y no solo no hay dólares, cada día hay más escasez, es decir, menos cosas que comprar con los bolívares.

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lunes, 19 de enero de 2015

"Colaboracionistas"

En Venezuela estamos inmersos en un sistema viciado, en una economía viciada. La economía lo permea todo, todas las actividades cotidianas que llevamos a cabo todos los que vivimos en este pedazo de tierra, administrado por un montón de inútiles, o eso parece.

He visto en los últimos días una tendencia en las redes, de culpar al ciudadano por ser colaborador de este sistema económico. Que si tú haces la cola, que si igual andas esperando nada más a que te activen el cupo electrónico, que si revendes los productos de la cesta básica, que si trabajas para el gobierno, etc.

Es imposible no formar parte de este círculo vicioso que es nuestra economía llena de controles. No hay libertad de mercado, no hay divisas disponibles, los productos no se consiguen, porque para empezar aquí en el país no se produce prácticamente nada, y para importar volvemos a lo de las divisas, sí, los controles y para colmo una inflación desbocada. Consecuencia de todo esto, no hay mercado laboral para los venezolanos, y el gobierno, directa o indirectamente, acapara todos los procesos.

Pero el control total es imposible. Y sin trabajo, sin disponibilidad de productos ni divisas, con unos billetes que no valen nada, la gente va a buscar la manera de sobrevivir.

Sobrevivir implica buscar la comida. No hay comida. No hay muchas cosas: productos de higiene, pañales, medicinas... Pero son urgentemente necesarios. ¿Vas a culpar a la señora que va y hace la cola por los pañales y la leche para sus hijos? ¿Vas a culpar al que hace la cola para poder conseguir pollo?

Sobrevivir implica conseguir los reales. No hay trabajo. ¿Vas a decirle a alguien que no acepte una oferta posible porque le paga el gobierno? ¿O que no se cale la cola por ti para comprar los productos y te cobre algo a cambio de eso? De más está decir que quien trabaja para el gobierno trabaja en realidad para ti, para todos, piensa que al menos ese salario se lo está ganando un ciudadano y no se lo está robando ningún funcionario. El problema es qué ponen a producir a ese empleado, ¿propaganda?, ¿calentar la silla?, ¿nada? Ahí viene la cuestión.

El problema aquí es que el capitalismo continúa, porque el mercado continúa, y no puede ser de otra manera. Ojo, el problema no es el mercado ni el capitalismo, sino que no se admite que igual éste va a seguir funcionando. Los controles no son más que una absurda ilusión, que tiene toda mierda distorsionada, y hace todos los procesos innecesariamente difíciles.

¿Y cómo se manifiesta la dificultad de esos procesos? Hambre, desidia, miseria, humillación...

Pero no le diga al ciudadano que no continúe con el ciclo económico, o ¿es que Ud, que se jacta de no calarse ni una cola no se traslada todos los días en su carro o en el trasporte con la gasolina más subsidiada del planeta? ¿O es que Ud. que se jacta de no usar ni un solo dólar de su tarjeta de crédito no ha comprado divisas al mercado paralelo jamás, o al menos subastado en los sistemas Sicad?

Nadie se salva de participar en esto. Yo particularmente no hago ni una cola, no me he inscrito en una captahuella, no me callo por ser empleada pública... pero, ¿y si algún día tengo la necesidad? Eso: la necesidad.

Es en nosotros que está la respuesta: acusar a este gobierno de lo que es, un corrupto que nos hace la vida innecesariamente difícil y precaria, y que con sus sistemas y controles no hacen más que llenarse los bolsillos, con valores paralelos, mercados negros, tráfico de mercancías, etc.

Puede acusar a la gente de pasividad, de facilismo, pero cuidado, que en este peo estamos todos bien metidos.



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lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Cuál clase media?

Muchos lo han dicho, en medio del desastre económico que vive Venezuela, somos una generación aplastada, una generación que ha tenido que pasar doble trabajo para si acaso surgir o independizarse. Son muchas las variables que nos afectan, y el futuro solo se ve peor. 

Me hace gracia que desde el gobierno se haga burla de la clase media venezolana, o que para muchos se considere ilegítima su queja por la decadencia a la que ha sido sometida, hasta el punto en que no sabemos realmente si la clase media venezolana sigue existiendo en muchos estratos que, por ejemplo, en los 90's, lo eran sin duda. La generación de relevo nos hemos visto en la imposibilidad de hacer una vida como la de nuestros padres y abuelos.

Me pregunto si soy de la clase media, cuando, siendo una profesional, con título universitario, y ejerciendo mi profesión, empleada y hoy iniciándome como profesora universitaria, no me redondeo los 100 dólares al mes*.

Me pregunto si soy de la clase media, cuando en mi casa, aunque de muchos metros cuadrados (pero considerablemente vieja), convivimos tres generaciones, sin esperanzas de independencia a menos que sea saliendo por la frontera. Y cuidado un resbalón, hasta podríamos terminar siendo cuatro generaciones en un mismo lugar.

Qué clase media si casas, carros, terrenos, parecen cosas inalcanzables, y que el banco me dé créditos para ello, ni soñar. Mi patrimonio llega apenas a ciertos equipos para ejercer mi profesión, una computadora, un smartphone y un montón de libros. Los ahorros, mejor que no existan, mejor comprar artilugios tecnológicos, hacer unos cursitos, o llevar adelante proyectos personales, porque el dinero venezolano se diluye a ritmo vertiginoso.

Mis padres empezaron a trabajar alrededor de los veinte, y a los dos o tres años se casaron, con carro y casa propia. Mis abuelos igual, o aún más rápido. Uno de ellos incluso salió de la pobreza extrema, y solo con estudiar, hacer su carrera y trabajar en ello ("solo", lo que todos hemos hecho, y se suponía que hacíamos lo correcto), y edificó una casa y una familia bien acomodada.

¿Qué rayos pasa? ¿Hasta qué punto han destruido el país? Y eso que yo soy de la clase media. No me quiero imaginar los estratos más pobres. O sí, me lo imagino. Nada más en estos días escuché relatos escalofriantes de armas y drogas en los liceos públicos, y hay gente que no tiene más remedio que enviar a sus hijos allá y recibirlos entre cuatro paredes a medio construir por la noche, sin certeza de que haya algo de comer.

A todo esto, se suma una diáspora sin precedentes. Quienes más o menos tienen estudios (pregrado, posgrado, y hasta bachilleres) están estudiando seriamente sus opciones en el exterior. En un país sin meritocracia alguna, donde no hay acceso a puestos de trabajo que garanticen un mínimo nivel de vida, el capital humano, lo más valioso quizás, se está fugando y produciendo riquezas en otros lugares del mundo. Si eres pobre, esto es casi imposible, si eres rico, a lo mejor vives bien acomodado y no te pega tanto: la clase media es la que se nos va.

Somos un país pobre.

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* Según el Banco Mundial, el umbral de pobreza se ubica por debajo del ingreso de 2 dólares al día (http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea_de_pobreza). El salario mínimo venezolano actual es de 4.251,78 VEF, al cambio en dólares en el mercado libre, 41,3 USD. Hay otras tasas de cambio reguladas por el gobierno, pero el acceso a estas divisas está restringido, y los precios de bienes y servicios se calculan al precio del mercado libre o negro.

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domingo, 26 de octubre de 2014

Revender no es malo


Bienvenidos a Venezuela, el país de los vivos-bobos, el país donde el gobierno nos tiene ahogados en controles económicos, parece que no nos deja hacer nada, pero a la hora de la verdad, deja hacer a todo el mundo lo que le da la gana, eso sí, menos hablar mal de ellos.

Una economía viciada

En el desastre económico que vivimos, nos han hecho creer una serie de cosas, que la gente repite y repite, haciendo que nos olvidemos de las causas de los problemas. Así, es normal que todo el mundo hable de que especular, acaparar, revender, remarcar, son cosas malas; pero la realidad es, que en un país con una inflación oficial de más del 60% todo el mundo hace y se ve en la obligación de hacer.

El bolívar se nos diluye entre las manos, y todo el mundo con la presión inflacionaria aumenta los precios, no ahorra en moneda sino en bienes o en divisas (cuya tenencia es ilegal), compra para vender luego (no es que las cosas se "revaloricen", es que es el único modo de medio ganarle la carrera a la inflación).

A esto se suma el hecho de que el gobierno todo quiere controlarlo. Entre esas cosas que pretende "controlar" artificialmente, están los precios de los productos de la canasta básica, algo como para "salvaguardarlos de la inflación" (que es culpa de ellos y nada más que de ellos y su administración), y "proteger el alimento del pueblo".

Pero no entienden, o no dicen, que crean un círculo vicioso. Para las empresas no es rentable vender a precios artificialmente baratos, mientras toda la materia prima aumenta, los sueldos aumentan, los alquileres aumentan, todo aumenta. Así, la producción baja. Cuando no, el gobierno expropia, y a fuerza de subsidio, vende los productos baratos. ¿Y qué es el subsidio? Pues que con nuestra plata están pagando ese "excedente" de precio que no pagamos nosotros, o sea, lo pagamos nosotros igual.

Pero la escasez abunda, y como dije al principio, aquí todos hacen lo que les da la gana. ¿Entonces? Quien tiene tiempo de cazar los pocos productos que hay, va y los revende a un precio muchísimo mayor, o pasan los productos por la frontera para venderlos en moneda mucho más valiosa. Por supuesto, el gobierno quiere criminalizar esta práctica. Pero no se confunda: revender no es criminal.

Revender

En cualquier economía normal, la reventa es un proceso necesario, es parte de las fases por las que atraviesa un producto antes de llegar a manos del consumidor final. Es lo que hace cualquier comerciante: comprar para luego vender, así sean productos ya acabados. La idea para que sea rentable es que compre al mayor y venda al detal, sino no tendrá una buena oferta para el comprador.

Pero, ¿qué pasa cuándo el producto no lo hay, y de paso, es un producto de primera necesidad? Muy sencillo, el vendedor no tendrá mucho que ofrecer e intentará sacar el mayor provecho posible de todo lo que tiene, más aún sabiendo que todo el mundo lo quiere comprar. Venderá al precio que a él le parezca, o al menos a uno que lo mantenga bien cómodo a costa de ello.

Lo único que he hecho es una explicación de esas vainas que llaman oferta y demanda, y que nuestro gobierno aparentemente ignora que existen.

¡Claro!, esta práctica de vender al "precio que mi me da la gana" también puede verse como estafa o usura, pero ¿qué tal si quienes lo hacen trabajan al margen de la ley, y de paso nadie hace nada?

El comercio informal

En nuestro país el comercio informal y especialmente su subcategoría, el buhonerismo, han llegado a niveles intolerables. Basta ir a un lugar como el centro de Maracaibo. En el casco central de nuestra ciudad, hay tantos "tarantines" (techo y mesa improvisados para vender), que las aceras, el canal alterno de las avenidas donde lo hay, y la acera entre el canal alterno y el canal derecho (a veces hasta el canal derecho), están tomados por los buhoneros.

Tanto es así, que a los locales comerciales (que supongo pagan un impuesto por derecho de frente, derecho de aviso, etc.), no se les ve desde la avenida. En todo este caos, nadie reclama, pues los comerciantes informales ya son mayoría, y muchas veces la misma persona maneja locales y tarantines a la vez.

Así mismo, en cualquier acera de una avenida concurrida, en el frente de su casa, o en cualquier semáforo hay comerciantes vendiendo toda clase de productos, desde chucherías hasta ofreciendo llamadas telefónicas, y por supuesto, muchos vendiendo también productos de la cesta básica.

En un caos como éste, ¿qué se puede controlar? Al principio, los buhoneros vendían a la luz del día los productos de la cesta básica. Con las primeras prohibiciones y advertencias, los guardaron, pero igual los productos en los supermercados siguen sin cubrir la demanda de la población, por lo que han optado por tenerlos escondidos, pero ¡oh!, todo el mundo sabe que ahí están, solo pregunte discretamente qué es lo que quiere.

El gobierno con sus shows de que va a luchar contra el contrabando, el acaparamiento y la especulación en productos de la cesta básica; ha aplicado toda clase de políticas fallidas. Hace un par de días decretaron que nadie podía revender productos de la cesta básica (excepto establecimientos como supermercados, farmacias, panaderías). Quieren tener cada venta controlada y esto es en la práctica imposible. Lo peor es que en realidad se frena el comercio de los productos.

¿Y por qué los productos se van por la frontera? Porque sus precios regulados son tan irrisoriamente baratos, y el bolívar es tan barato, que pasarlos al otro lado, y venderlos a un precio de mercado en pesos colombianos o dólares es tan lucrativo, que hasta se toman el riesgo, y (creo que no hace falta decirlo), por supuesto tiene que haber autoridades implicadas en un negocio que ha adquirido dimensiones monstruosas. Entonces, sumemos a la escasez normal, todo lo que se nos va por la frontera.

El origen del mal

Entonces pretenden que con "¡mano dura a la especulación!, ¡mano dura al contrabando!" esto se va a acabar. Pues no. Ya incluso las empresas privadas están pretendiendo poner restricciones al consumo.

Aquí los males son dos: el control de precios y el comercio informal (que incluye el comercio binacional o contrabando).

Si se manejaran precios de mercado, si se respetara a la empresa privada, la producción sería suficiente para cubrir las necesidades de la población. ¿No quieren que los precios aumenten todos los meses? Pues, señores del gobierno, dejen de botar las divisas, disminuyan el gasto público innecesario, dejen de imprimir dinero inorgánico, que son algunas de las principales causas de nuestra inflación.

Y lamentablemente, aunque hoy sea una medida impopular, hay que poner freno al comercio informal. Claro, esto no se hace metiendo preso a cuanto buhonero haya en la calle, ni más faltaba. Tienen que haber planes para que estos comerciantes se registren formalmente y ejerzan su actividad comercial en lugares destinados a ello, ¿pagando un alquiler? Pues sí, ¿qué pretenden, lucro y ya? Venezuela tiene que dejar de ser el lugar del "pongo una mesita en la acera y vendo lo que sea".

Claro, todo esto suena a utopía, en un país en el que las trabas al comercio formal, y a la empresa (así sea pequeña o mediana), son cada día mayores; y donde los salarios no alcanzan para nada.

Lo importante es reclamar a quien es, por lo que es. Ya estoy harta de que la población haga el juego al discurso del gobierno, culpando al "acaparamiento", a la "especulación", llegando incluso a la xenofobia; mientras encuestas demuestran que muchos siguen apoyando el origen del mal: el control de precios, y los otros dicen que les dejen su tarantín en paz.


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lunes, 6 de octubre de 2014

¿Los venezolanos andamos muy sensibles?

Photo credit: TarikB / Foter / CC BY-NC

Sí, claro que sí.

La sensibilidad es un aspecto humano complejo, del que no se puede hablar a la ligera. Este domingo ha ocurrido un incidente que me ha llevado a escribir y poner mi perspectiva sobre ello, sobre lo que considero un momento de hiper-sensibilidad del venezolano.

La caricatura de Weil

El caricaturista Roberto Weil, envió una caricatura para su publicación como es usual en un suplemento dominical, en la que se hace una sátira de un velorio. Muchos chavistas asociaron la caricatura directamente con el reciente asesinato del diputado oficialista Serra, y han manifestado en las redes sociales toda clase de insultos hacia Weil, e incluso han mencionado el hecho de que debe ser investigado. Weil alega que la caricatura fue hecha hace dos semanas, que no tuvo nada que ver con el lamentable suceso, y que además, la misma no circuló en la revista, por la asociación que podría haber acarreado.

Hablando en específico de este caso, diré que las cargas contra Weil son exageradas (como es costumbre desde el actual gobierno). Para mi la caricatura es genial, pues es una sátira de cómo suelen ser los funerales, en los cuales se rinden honores y casi siempre se habla bien de esa persona fallecida, cuando no necesariamente fuera así de buena. La representación de las personas como animales no es nada nuevo, y menos si se quiere hacer sátiras de políticos. Puede ser que haya herido sensibilidades sin haberlo querido, pero Weil hizo lo propio al disculparse, y estar de acuerdo con la retirada de la página en el suplemento del día de hoy.

Por otro lado, el oficialismo ha tenido una esta reacción, y se ha tomado la caricatura como algo "personal", cuando ya se afirmó que no sería así. La misma se coló en las redes sociales (no sé desde qué fuente en primer lugar), pero ha supuesto pronunciaciones de ministros y personajes importantes de la política nacional, amenazando, utilizando lenguaje soez contra un ciudadano, y atentando contra la libertad de expresión.

El fanatismo

No es la primera vez que el oficialismo exige "respeto" por la sátira realizada hacia sus símbolos y personajes. Incluso cuando la muerte del ex presidente Chávez, todo el tiempo se pedía que se dejara de hablar mal de lo que él había hecho en vida, "por respeto" a los sentimientos de sus seguidores.
En mi opinión, nada más fuera de lugar que pedir respeto hacia los sentimientos de un fanático. Todos merecemos respeto en cuanto seres humanos, pero pedir que "no se hable mal de alguien" por respeto hacia tu adoración hacia esa persona, es por lo menos ridículo. Más aún, cuando Hugo Chávez tuvo tantos detractores y no sin razones reales.

Todos tenemos nuestros seres que admiramos, pero esto no quiere decir que otros no puedan hablar mal de ellos u opinar en contra, más aún si estas opiniones se emiten con argumentos. La libertad de no estar de acuerdo con algo también existe. Digamos de paso, que el fanatismo es de los más bajos sentimientos humanos y lleva una fuerte carga de irracionalidad. No es lo mismo admirar a alguien que adorarle, y por lo general, cuando se defiende a alguien a quien se adora, se lo hace con pasiones exageradas.

El disentimiento, y más aún en la política es sano, y necesario para la existencia de la democracia y la pluralidad. Si se saca el argumento de que se "hieren sensibilidades" se está asumiendo el problema como algo personal y emocional, perspectiva totalmente errada y que ofusca contra una visión equilibrada de la realidad.

El discurso oficial

No es secreto para nadie que Hugo Chávez utilizaba un lenguaje bastante violento para referirse a la otredad política de Venezuela. Ni siquiera cuando se trataba de muertos, él "respetaba" (recuérdese el caso de la muerte de CAP: "yo no pateo perro muerto"). El ex presidente utilizó así mismo toda clase de insultos para referirse a su oposición política (incluyendo a los ciudadanos): escuálido, majunche, etc.

Los seguidores de Chávez y su gabinete político, han imitado este discurso. Y así, en sus redes sociales, responden a los ciudadanos diciendo "hijo de puta" sin siquiera tener en cuenta que ellos son funcionarios públicos. El actual Presidente, Nicolás Maduro, mostró una total indolencia ante los asesinatos en las protestas del primer trimestre de 2014, y bien se recuerda un video en el que bailó con su esposa, dando a entender que no había nada que lamentar.

En resumidas cuentas, el discurso oficial es provocador y violento. Esto no justifica que desde la oposición se responda de la misma manera, y menos aún de parte de los dirigentes de la misma. Pero la gente normalmente tiene reacciones verbales acordes a las que se están lanzando desde su propio gobierno.

Más aún, no se justifica que desde la boca de funcionarios públicos se insulte a la ciudadanía por su posición política, puesto que quien está allí, sea del partido que sea, detenta un cargo en el cual se supone que trabaja para todos los sectores del país por igual.

La realidad, la negación y la ira

Si bien existen oficialistas que andan muy sensibles por su fanatismo, y un discurso oficial que pone sensibles a muchos, también existe en Venezuela una realidad agobiante, que de paso, pretende ser negada todos los días.

El ciudadano común debe soportar largas colas para conseguir alimentos de la cesta básica, para surtir combustible, debe calarse apagones de alcance local y nacional, mala administración de los recursos hídricos, devaluación constante de la moneda y pérdida del poder adquisitivo en plazos cotidianos, falta de oferta inmobiliaria, falta de medicamentos e insumos médicos aún habiendo la existencia de epidemias, y una inseguridad que se lleva a más de 20.000 venezolanos anualmente, con una impunidad de más del 90%.

Todos estos problemas, además de tener que soportarlos, son negados constantemente por aquellos oficialistas que nos gobiernan. "El contrabando y la especulación son los que acaban con la comida y el combustible" sin admitir que los controles de precios y subsidios han influido grandemente en ello; "estamos ante una guerra bacteriológica", o el argumento más ridículo para describir las razones de la proliferación de ciertas enfermedades; "la inseguridad es una construcción mediática", o el alegato también de que las víctimas son los culpables cuando son robados o asesinados, negándose a aportar soluciones, e irrespetando cada una de las víctimas humanas que dejan este mundo todos los días por decenas.

Es normal que en esta situación se genere ira, irritabilidad y resentimiento en cualquier persona, y es fácil sentirse totalmente impotente y además burlado con el discurso oficial. Esta dimensión de la "hiper-sensibilidad" del venezolano es quizás la que más se justifica. Por ejemplo, ¿qué se le va a hablar a una madre que perdió a un hijo joven a manos del hampa, y que todos los días ve cómo desde el gobierno se niega su realidad, de "respeto" ante el asesinato de un político? ¿Qué se le dirá a padres de familia que no pueden costear la comida sobre "no herir" a quienes adoran al difunto? ¿Cómo decirle a un joven que ve mermado su futuro que "respete" y no insulte o al menos satirice al gobierno? Es absurdo.

Justificada o no, nuestra sensibilidad es un problema

Ya que estamos muy sensibles, y aunque haya razones, debo decir que esta actitud es un serio problema. Andamos muy volátiles, y con ello, el sano debate no existe.

Unos por un lado, andan dolidos todo el tiempo por las críticas a su líder, a sus gobernantes o a sus partidos. Esa no es la actitud. ¿Cómo esperamos que se construya democracia si no hay opiniones? Defender lo que piensas no puede hacerse desde la apelación constante a las emociones, porque las mismas no justifican nada.

Por otro lado, hay quienes andamos sensibles por una realidad aplastante, a la que no se le ve voluntad alguna de solución por parte de nuestros administradores. Cualquier tema relacionado con la realidad o con la política en sí, muchas veces genera reacciones de ira, y es común, ya sea en la internet o en las calles, que la gente discuta fuertemente por estos temas, algunos por el fanatismo del que ya hablé (que existe en ambos bandos), y otros por sentirse muy indignados constantemente.

Pero en todo esto hay puntos de encuentro, o mejor dicho, existe otro tipo de sensibilidad que hemos perdido y que nos convendrá desarrollar de nuevo para salir de esta crisis. Esa sensibilidad está relacionada con la empatía y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, y me refiero a los ciudadanos, no a los políticos.

Los problemas que nos aquejan nos afectan a todos, en primer lugar, solo que se difiere en las causas de los mismos. Hay que comprender que hay causas múltiples, y que muchas veces se ve solo algunos aspectos o dimensiones (cosa que pasa preocupantemente desde el gobierno, por lo que no hay soluciones efectivas); pero entre los ciudadanos, para la discusión, para la crítica y para la construcción de una alternativa a esta crisis, hay que ver las cosas desde todos los ángulos posibles.

Otra cosa es que el fanatismo se ha construido muchas veces en base a la desesperanza, y se halla en el líder, esa promesa de un mañana mejor. Hay que bajarle dos al fanatismo por un lado, pero entender un poco en las causas del fanatismo del otro, que casi siempre se origina desde las mismas carencias, en pro de que haya una reconciliación y un posible diálogo. 

Y si hay algo que nunca dejaré de decir que necesitamos mucho es racionalidad, cosa que este gobierno se ha empeñado en dejar a un lado, siempre invocando las pasiones de la gente.


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domingo, 8 de junio de 2014

Venezuela, no te (re)conozco

Ayer por la mañana me desperté con la "depre" alborotada. Ese estado de ánimo en el cual nuestra realidad nos hace caer constantemente, un círculo vicioso de pesimismo, desesperanza e inacción, que pueden enloquecer a cualquiera. Había encontrado una noticia en la que un señor de más de 50 años había muerto de un infarto en una cola para comprar productos de la cesta básica. Luego de pararse de madrugada, haber ido hasta el lugar, esperar por un número que supuestamente aún no le daban, y hacer cola en medio del calor veraniego, sumado a su quizás mal estado de salud, llevaron a su cuerpo a no aguantar más.

Estas situaciones por las que pasamos todos los días los venezolanos, que son infrahumanas, y que NO acepto ni justifico bajo ninguna circunstancia: colas para comprar alimentos y productos de primera necesidad, colas para surtir combustible, robos y asaltos constantes, asesinatos de seres allegados, una inflación enferma que hace que tu trabajo cada día valga menos, un transporte y urbanismo deficientes, fallas constantes y sin aviso de la electricidad, todo esto con los discursos políticos apasionados,etc.; hacen que nuestro entorno sea un lugar insalubre a nivel físico, mental y emocional.

Todo esto lo expresé por Twitter en palabras más o menos similares, y concluí con una frase un poco osada, un poco radical, si se quiere:


A esto recibí una respuesta, que me extrañó que fuese una sola, pero me pareció interesante: "Se nota que no conoces nuestro país".

Conocer es un término que puedo tomar de dos maneras. La primera como que no he "paseado" suficiente a Venezuela. La segunda como que, sin importar lo que lo haya paseado, no me he dado a la tarea de conocer, de sensibilizarme ante él, de ver en sus virtudes, como para andar diciendo semejante cosa. Mi interés no es entrar en polémica, no es entrar en un hilo largo de discusión sin fin, sino simplemente afirmar que lamentablemente, sí conozco a Venezuela, en cualquiera de los dos sentidos.

Venezuela no solamente es el país donde nací, y prácticamente el único espacio que conozco. Venezuela soy yo y me duele. ¿He paseado Venezuela? A lo mejor no lo suficiente. Desgraciadamente no conozco Auyantepuy, la Gran Sabana o el Salto Ángel. Pero no creo que eso me haga mala conocedora de Venezuela. De haber hecho presencia, conozco Maracaibo, mi ciudad natal y donde he pasado prácticamente toda mi vida, y ampliamente el estado Zulia. Las ciudades de la Costa Oriental, alguna vez di pasos por el Sur del Lago, y he ido con frecuencia a las islas de Zapara y San Carlos, pasando por El Moján. Conozco el estado Falcón, Coro, Punto Fijo y las playas de la Península de Paraguaná: Buchuaco, Adícora, El Supí, Piedras Negras, y cada vez que voy me bajo en los Médanos y me tomo fotos. Conozco de pocas visitas a Barquisimeto y Valencia, y hasta hice un taller en Nirgua. Fui a la Isla de Margarita y también a Caracas. Viví tres años en el estado Mérida, en La Azulita, en el campo, y conocí por supuesto Mérida, los pueblos de la carretera andina y El Vigía. Como buena maracucha conozco La Puerta, Trujillo y Valera.

Ahora ¿de qué me sirve decir todos los lugares de Venezuela donde he estado? Usted bien podría decir que no he sentido a Venezuela. Pero sí la siento, y mucho. De hecho la conozco, lo malo es que ya no la reconozco.

Tanto sufro porque de hecho jamás he soñado con algún otro país. Yo sueño con bienestar, con seguridad, con paz, con laicismo, con oportunidades, con educación, con mis propios sueños, pero ojalá y fuera todo eso en Venezuela. Pero no va a ser. Y sufro porque emocionalmente no sueño con ningún otro lugar. Y aún soy romántica, porque quiero salir de aquí, pero sueño con países latinoamericanos, como para no alejarme demasiado, perdida en esa ilusión tal vez de homogeneidad identitaria del latino; y peor aún sueño con irme y tener algún día muchas ganas de volver.

Yo no solo conozco Venezuela, en sus matices y paisajes. Yo he amado sus espacios. He hecho odas a Maracaibo y a los parajes andinos, que son los lugares donde he vivido. Mi más reciente proyecto discográfico es una oda entera a las montañas azulitenses. Yo suspiro en la belleza del Lago, y quiero estar despierta siempre que paso el Puente. Me inscribí en una Media Maratón sin tener muchas condiciones, solo por el placer de trotar por el Puente. He vivido en zonas de clase media (en muchas, más de las que quisiera), y he trabajado en zonas populares, mayormente con niños. Me gusta presenciar las fiestas populares venezolanas, y reconozco que he presenciado pocas. Me gusta conocer la historia venezolana, sobre todo la de Maracaibo y la de las artes en Maracaibo. En mi canal de YouTube lo único que hay son unos videos de unas charlas de Rafael Rincón González y Víctor Hugo Márquez.

Me gusta la música venezolana, y me molesta que la mayoría de los venezolanos no la conozca. En mi disco hay dos valses y una danza. Soy pianista, y adoro los valses venezolanos. No aprendí a tocar guitarra como complemento, sino cuatro. Soy amante de la gastronomía venezolana, y la única vez que estuve en otro país, este me pareció pobre en cuanto a ello, casi nadie supo ofrecerme platillos tradicionales, mientras aquí yo podría hacer a cualquiera todo un tour gastronómico.

Señor, yo no entiendo a aquéllos que dicen "la patria no existe", "la patria es un apego irracional por un pedazo de tierra", y más bien puedo cantar mil veces "Todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su sol...", o canciones que hablen del lago y de la China (aunque soy atea), o de amores en medio de nacientes montañeras o matas de mango.

Pero ¿qué hago yo? En qué puedo convertir eso cada día cuando paso por el supermercado y veo colas infinitas de gente humillada, cuando veo presos políticos, cuando veo que otro joven fue asesinado y que no habrá justicia, cuando veo que todo es imposible para mi y para todos los de mi generación.

No reconozco a Venezuela, y por ello la vi como a un pantano. Si te quedas aquí parado te entristeces y te hundes.



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miércoles, 5 de marzo de 2014

Después de las protestas, ¿qué?


Hay una pregunta que a muchos nos inquieta en toda la situación que está atravesando Venezuela. Algo es cierto, en todo el gobierno de Hugo Chávez, no hubo nunca una crisis política como la actual. Me puse a leer viejos textos propios, y algunos que ha publicado gente que sigo, a propósito del aniversario del anuncio de la muerte del Comandante, y me fijo que en años pasados nos quejábamos de que las protestas y marchas no tenían ningún sentido, todas o carecían de apoyo, o eran convertidas en espectáculo marcha/contramarcha desde las cúpulas políticas. También he visto que esta crisis estaba anunciada.

Llegó, tal como estábamos esperando. La gente está descontenta como nunca con la economía y la inseguridad, y está en la calle, con estrategias diferentes, por motivos diversos, pero Venezuela la próxima semana cumplirá un mes entero en protestas sin descanso. Y esa pregunta, que mencioné pero no formulé al principio es: ¿a dónde va a parar todo esto, qué es lo que va a pasar después?

En cuanto a la receta que necesitaría la economía venezolana para recuperarse, he leído y escuchado múltiples opiniones, y todos coinciden en algo: para salvar a Venezuela será necesario un período de austeridad, una reducción del gasto público, con una recuperación (paulatina necesariamente) del aparato productivo privado nacional. La crisis ya no se aguanta, con las protestas inevitablemente se ha agravado un poco, y puede ser que lo que venga sea aún peor, y tarde varios años en verse la recuperación nacional.

Pero todo esto tendrá un alto costo político para quien esté en el poder. Por eso, pedir la renuncia del chavismo puede que no sea muy inteligente. O puede que sí.

Lo peor que podría pasar es que la protesta cese, y que el gobierno siga con la política con que ha venido en los últimos años.

Si el pueblo finalmente es escuchado, y el gobierno actual prepara un plan de recuperación nacional (porque sino, nos llevará a fosos aún desconocidos para nosotros), y ese plan, como debiera ser, incluye recortes públicos, que incluirían necesariamente recortes en las misiones, aumento de la gasolina, bajarle dos al subsidio y control del dólar, dejar de subsidiar los alimentos de la cesta básica, y algunas otras cosillas, preservando lo esencial (educación, servicios y salud, y usando ese dinero inteligentemente), más un frontal ataque contra las mafias y la criminalidad... va a ser un duro golpe para el venezolano, y la popularidad del chavismo decaerá, sobre todo para el venezolano de a pie, que no ve en el largo plazo, y que sufrirá por mucho tiempo. Pero en este caso, el más sensato, que requeriría un difícil cambio de orientación del gobierno actual, sería el mismo chavismo quien pague el costo político por el desastre económico que han hecho en estos años.

Si los actuales gobernantes renuncian, si llega a haber elecciones, o si llega a darse alguna especie de golpe (ojalá que no) que ponga a la oposición en el poder, deberá haber la misma aplicación de medidas, que harán sufrir a las bases populares en el corto plazo, y entonces se culparía a la oposición de los problemas que están por venir, lo cual podría significar revocatoria de mandatos y una posible vuelta al chavismo, en la cual correríamos el riesgo de acabar en lo mismo.

Si me preguntan a mí, prefiero para el corto plazo la primera opción, aunque veo muy difícil que el gobierno rectifique, sobre todo por sus actitudes los últimos días. Si la oposición llegase a detentar el poder pronto, yo sí estaría de acuerdo con una Asamblea Constituyente, que revoque artículos nada beneficiosos que han sido aprobados por la fuerza vía leyes habilitantes, que simplifique la burocracia estatal y que obligue a reelegir todos los cargos públicos actuales.

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martes, 4 de marzo de 2014

Los niños de clase media

Nunca me he sentido más ofendida debido a mi clase social como en estos días. Somos la maldita clase media venezolana. Las protestas en estos días han sido encabezadas por estudiantes, la mayoría de ellos de los sectores medios del país, y en base a ello se pretende invalidar la protesta, o "despopularizarla", por no venir  principalmente de los sectores más pobres.

Yo me pregunto, ¿por qué habría de ser ilegítimo el descontento de la clase media? Algunos "revolucionarios" osan argumentar que es porque finalmente se está construyendo una "sociedad más justa", donde "los ricos" están perdiendo sus antiguos privilegios en pro del crecimiento social del más pobre. Nada más falso. En primer lugar, la clase media no son los ricos. De hecho los ricos no sufren en medio de todo esto, o son los que menos. Una persona realmente pudiente, ahorra en divisa, se va del país, se expande invirtiendo su dinero fuera, tiene para gastar en su seguridad, etc.

Esa NO es la clase media. La clase media venezolana está conformada principalmente por profesionales y pequeños empresarios. Muchos de esos profesionales, son empleados, y muchos del sector público. El nivel de vida de la clase media ha decaído muchísimo en el gobierno chavista, pero no porque ese dinero se esté yendo a las clases populares. El nivel de vida de éstas también ha decaído.

Podrán hablarme de misiones, de servicios públicos (que son una mierda), de educación pública (que es de bajísimo nivel, y no la inventó Chávez), de salud pública (que tampoco la inventó Chávez, y que no funciona nada bien debido a la falta de insumos), el nivel de vida de las clases populares ha decaído. No solo por el poder adquisitivo mermado por la inflación y la depreciación de los sueldos, también por la escasez y la inseguridad, que en las zonas populares es PEOR que en las zonas de clase media.

¿Acaso entonces la clase media tolera menos que las clases populares, puesto que esta última también ha sufrido considerablemente en estos años? A lo mejor. Pero creo que la falta de protesta en estas zonas obedece principalmente a otros factores. Los que puedo mencionar son: la terrible inseguridad que los aqueja en su zona de residencia, el hecho de que viven más "al día" y por lo tanto no pueden dejar de trabajar para protestar, el hecho de que muchos son beneficiarios de las misiones y no se atreverían a protestar contra el régimen, el hecho de que muchos de ellos aún ve una esperanza en el gobierno chavista.

Pero si la esperanza es salir de la pobreza, ¿acaso no sería la meta llegar a tener un nivel de vida de clase media?  Aparentemente, y según los dice el señor ministro de educación, el gobierno no quiere eso. Cómo quererlo, si existe el peligro de que se conviertan en opositores al régimen. Juran que la clase social es lo que hace al pensamiento. Creo que la clase social influye en el modo de pensar (y sobre todo, en el ataque entre ellas) en la medida en que una sociedad es desigual. En la medida en que las malas políticas del Estado no garanticen el igual acceso a los recursos y la educación para todos. Pero igual para todos en cuanto a crisis se refiere. Además, que muchas de las dádivas gobierneras, principalmente dirigidas a sectores populares, vienen acompañadas de una propaganda sórdida. Y sin embargo, señores del gobierno, el pensamiento y la crítica son libres y nada tienen que ver con la clase, y la realidad es aplastante frente a cualquier ideología, o falsa "conciencia de clase".

Por otro lado, la clase media también ha sufrido embates muy duros, sobre todo para la nuevas generaciones. Los mismos problemas (inflación, depreciación de salarios, malos servicios públicos, muerte del aparato industrial y productivo nacional, inseguridad, falta de divisas, imposibilidad de adquirir bienes inmuebles...), hacen que los jóvenes vean su futuro negro, y somos muchísimos los que arribando a la tercera década de vida, no hemos podido independizarnos, mientras otros deciden simplemente aventurarse más allá de nuestras fronteras, significando esto una pérdida humana y productiva importante para Venezuela.

La lucha que están llevando adelante los estudiantes venezolanos, es una lucha que habla por todos. Y si hay muchos de clase media, eso no los deslegitima como ciudadanos. También es un error pensar que todos los que protestan son de clase media. Una de las principales fuentes que ha alimentado de gente este movimiento son nuestras universidades públicas (que la mayoría no las inventó Chávez), y en las universidades públicas convergen todas las clases sociales. En nuestras universidades públicas hay mucha gente de las clases bajas estudiando y fajándose por crecer y con ello sumar crecimiento al país. Nuestra universidad pública autónoma, que tanto ha sufrido con los recortes de estos últimos 15 años. Así mismo, mucha gente de las zonas populares, sale de su área de residencia para protestar.

Así que no se confundan. Ni la protesta es menos por estar presente la clase media, ni es totalmente de la clase media.

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martes, 11 de febrero de 2014

Esa hipócrita marcha contra el bachaqueo

Así es, el día de hoy se realizó una marcha contra el contrabando de alimentos y combustible por la frontera venezolana, fenómeno conocido hoy como "bachaqueo", y que se suma a las causas de la escasez de los productos mencionados. No está nada mal que se protesta contra este fenómeno. Lo que está mal es la naturaleza politiquera de dicha marcha.

En primer lugar, no es realmente una protesta, pues una concentración convocada por el mismo gobernador (oficialista) contra algo que ellos mismos no han podido controlar y se ha acrecentado con los años frente a sus ojos ciegos, es por lo menos cínico.

Este es el único país del mundo donde el gobierno llama a marchar a su favor por problemas que ellos mismos propician con sus políticas económicas, y que llevan años de impunidad, queriendo librarse de responsabilidades, y pretendiendo que les creamos que ahora sí, se ocuparán de nuestros problemas. También se dan un "sabor a pueblo" con estos espectáculos (y claro, a estos sí les dan cobertura mediática), pero es hora de protestar contra los verdaderos culpables: los administradores de la nación.

Gran parte de la cuestión del contrabando está en los subsidios millonarios que tienen la gasolina y los alimentos de la cesta básica. Con la excusa de los "precios justos" y matando a toda nuestra industria, el gobierno ha adquirido, a través de expropiaciones, varias empresas productoras de alimentos que venden a precios de pérdida. Igualmente, nuestro combustible. Para que se pueda vender a estos precios irrisoriamente baratos, se necesita de un fuerte subsidio a la producción, que como se imaginarán, supone un costo altísimo al país.

Pensemos un momento, ¿de quién es ese dinero que subsidia los alimentos y la gasolina? Del país, de nosotros. Y francamente, prefiero pagar a un precio verdaderamente justo los alimentos y la gasolina, cubriendo los costos de producción con algo de ganancia para el Estado o la empresa privada, ya que con eso se asegura que los mismos se queden dentro de nuestra frontera, además de poder invertirse ese dinero público en educación, salud, infraestructura, etc.

Pero ellos, con su gobierno de corte populista, jamás admitirían que son los culpables de lo que ocurre, y siguen agravando la situación con sus nuevas leyes. Suerte con eso.

Foto: Panorama.

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sábado, 8 de febrero de 2014

Cuando el problema se convierte en xenofobia


Cosas muy feas y sinceramente vergonzosas están pasando en Venezuela. Nuestra crisis nos lleva cada día a lugares insospechados, como dicen por ahí, el fondo no existe. Nuestros problemas económicos y políticos últimamente han tomado un tinte que no dice lo mejor de nosotros. Ciertas relaciones con algunos grupos humanos se están llenando de odio, y aunque ciertamente hay a quienes señalar, los prejuicios se están apoderando del discurso cotidiano de la gente.

Y no cualquier prejuicio, se trata de un desprecio constante y muchas veces irracional contra ciertos grupos, empujándonos a la línea de la xenofobia.

Por un lado está el ya antiguo e irresuelto problema del contrabando de alimentos. En este negocio en el estado Zulia están involucrados a diferentes niveles, sujetos de la etnia Wayuu. Esta etnia es por tradición comerciante, y han sabido adaptarse a la sociedad mestiza gracias a ello. La oportunidad de negocio frente a productos regulados, y viviendo ellos en la frontera, es obvia. Obviamente también es ilegal y perjudica tanto a la economía venezolana como a la colombiana.

No estoy diciendo que los wayuunaiki o algunos de su grupo sean los culpables, causantes o responsables por lo que está pasando, ni mucho menos los únicos involucrados en el negocio. Para que dicho negocio pueda darse se necesitan complicidades con autoridades, tanto internamente como en la frontera. Muchos de ellos apenas son la base de la cadena, por estar dispuestos a pasar todo el día buscando productos regulados y haciendo las colas correspondientes. Pero en su lugar,  probablemente sean de los que menos reciben beneficios económicos por ello. Aún está el transporte, las mafias que controlan el paso, autoridades implicadas, etc. También está la política irresponsable del gobierno, por regalar productos, quebrar nuestras empresas y generar con ello el negocio y la escasez resultantes.

Sin embargo los visibles son aquellos que están en las colas de sol a sol, de bus en bus, con pequeñas bolsas, cumpliendo con los "mayoristas del contrabando", y la gente comienza a descalificar al Wayuu solo por serlo, y a responsabilizarlo solo a él.

Tenemos por otro lado nuestra muy devaluada moneda. Quien tiene bolívares parece que tiene cada día menos, y quien pasa por aquí con dólares, cada día puede hacer más y tener más poder (adquisitivo y de otras clases). La gente de nuestro país vecino se ha percatado de ello. Pero comprar en Venezuela no es barato porque seamos una superpotencia en producción industrial, sino porque somos un país pobre: así de simple y duro es.

Nuestros vecinos vienen a comprar aquí porque les sale demasiado barato. Pero no es que compren (como solían hacer los venezolanos en Maicao), es que ha habido gestos muy grotescos que rayan en la impertinencia. Hay gente que no sólo viene a comprar algo de lujo por aprovechar lo barato. Se han metido de lleno en los supermercados a comprar productos de la cesta básica, que de por sí, están escasos para los venezolanos. A veces no se llevan la comprita, sino que se llevan cajas de un producto.

Pero si a cuentas vamos, y si ellos entran y salen legalmente por la frontera y pagan los impuestos correspondientes, no están cometiendo un crimen como tal. Pero ya la gente no puede evitar mirar mal a cualquiera que le hable con acento colombiano. El desprecio por ellos y por lo que hacen (desprecio algo justificado) se ha convertido en la norma. Todos comentan sobre los colombianos que andaban en el super, en el Sambil, o sobre la cantidad de carros colombianos que hay en nuestras calles.

Caso ya de larga data es el de los cubanos. La simpatía y los negocios poco favorecedores para nosotros que ha hecho el gobierno chavista con Cuba, han despertado el desprecio de mucha gente para con el cubano. A ello se suma el problema de que se han traído miles de cubanos a Venezuela a ocupar plazas de trabajo, que no sobran precisamente en nuestro país.

En estos días fue famoso el caso de la gente abucheando al equipo cubano en la apertura de la Serie del Caribe, y según me entero, hasta se llegó a formar una protesta frente al hotel donde se hospedaban los jugadores (que nada tienen que ver con la política exterior del difunto Chávez y de sus herederos).

También vi un caso de primera mano. Hay una pequeña plaza en el norte de  Maracaibo llamada José Martí, en homenaje del escritor cubano (que vivió mucho antes de la Revolución de Fidel, cabe destacar). Allí se hace un acto todos los 28 de enero que resulta ser el natalicio del personaje. Este año de hizo como de costumbre, y se dejaron unos arreglos florales en la plaza. Alguien de la zona, por exteriorizar su odio a los cubanos, prendió fuego a las flores.

¿No son muchos de estos actos estúpidos, o peor, inútiles? ¿Acaso no vemos que los responsables de este desastre, de esta crisis son nuestros terribles administradores, esos que día a día se llenan la boca hablando de justicia, patriotismo, unidad latinoamericana, y como ven, no hacen sino dividirnos? ¿Odiarnos y señalarnos entre nosotros acaso servirá de algo?

Quien comete un crimen o una injusticia lo hace y punto, sin tener nada que ver con su raza o nacionalidad. Quienes tengan que pagar por ello, que paguen, sin ser juzgados con sesgos bajos de esta clase. Que ya de sesgos estamos hartos.

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jueves, 23 de enero de 2014

Una democracia devaluada

Justo hoy, celebramos en Venezuela el Día de la Democracia, aludiendo a la caída de nuestro último régimen dictatorial (¿o eso creemos?), el de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958. Justo ayer, se anunció que los dólares "preferenciales", esa tasa de 6,30 bolívares solo existirá para casos específicos, quizás alimentos, quizás medicinas, quizás trámites del mismo gobierno. El dólar para particulares será de 11,30 y además pasaremos al SICAD, quiere decir, estaremos sometidos a una subasta.

Qué pensaría el difunto Hugo de sus sucesores, que a menos de dos años de su partida, han llevado al Bolívar a una fosa increíblemente profunda. No hay duda de que él dejó las bases y el sistema para que el desastre ocurriera, sin embargo, logró contener aquel dólar a 4,30 mientras el negro le llegó a poco menos de 15 bolívares antes que, luego de aquel proceso electoral, él desapareciera.

Febrero de 2013 y nos devaluaron en su ausencia. Al mes siguiente, y sin que él volviese siquiera a aparecer, declaran que ha fallecido. Toman el puesto sus "sucesores designados". El dólar negro llega a superar por 1000% al oficial, cosa que al señor difunto nunca le pasó. Devaluación oficial de 2013 en 56%, cifra que el difunto nunca alcanzó. Hoy nos devalúan casi a la mitad nuestro "fuerte", y el mercado negro sigue desbocado.

No soy economista, pero no hay duda de que algo Maduro está haciendo demasiado mal. Hugo lo hacía mal, pero éste nos está hundiendo de manera insospechada. Y mientras la economía siga mal, lamento decirlo, la violencia seguirá en aumento. ¿Acaso no se da cuenta que su devaluación, que su sistema de subastas, que sus controles y regulaciones, que su ineficiente sistema de seguridad a quien más afectan es al pobre? Y con el pobre y la justicia social como bandera hacen todas sus estrategias de (des)gobierno.

Nuestra democracia hoy está devaluada. Nuestro poder adquisitivo, nuestro acceso a cualquier producto, nuestra moneda, nuestra seguridad, nuestra paz, han sido tan devaluados, que hay gente que ha tenido los cojones de extrañar a Pérez Jiménez. Pero esos son otros locos más. Que no olviden por qué se supone que es feriado nacional el día de hoy.

Hoy seguimos teniendo las urnas electorales, con una desconfianza en ellas que sólo aumenta. Hoy sólo me limito a lamentarme por esta democracia devaluada.

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martes, 7 de enero de 2014

2014 a la venezolana: comentarios vacíos

El gobierno de Maduro ha ido mal. El 2013 nos fue mal, y el 2014 no se ven los ánimos de arreglo. El fin de año nos dieron nuestra trágica y "oficial" cifra de inflación: más de 56% y la más alta de la región. No va una semana del año nuevo, y ya se ratificó la directiva de la AN, ya el presidente anunció un (como siempre) insuficiente ajuste salarial, y hoy quedamos todos conmocionados e indignados ante la muerte de una artista y su pareja frente a los ojos de su hija en nuestro suelo.

Nada de esto es de extrañarnos, nada en los hechos, nada en la manera de actuar del gobierno, nada en la manera de actuar en la gente. Mil comentarios de indignación se han vertido en las webs y redes sociales, y no es que yo esté haciendo nada diferente.

Como decía en Twitter, el año pasado me ha dejado la sensación de que mi trabajo vale cada día menos, así que cada día a lo mejor la indiferencia crezca más, a lo mejor cada día haya menos miedo, y a lo mejor estoy pensando en la esperanza de que la gente en Venezuela se indignará suficiente, ya no querrá más nunca aceptar hacer una cola para tener un paquete de harina o para llenar el tanque de gasolina, que ya sinceramente no querrá más que nadie siga muriendo, que preferirá ver en bien la economía de su país que sacar provecho de nuestro viciadísimo mercado financiero, en fin.

Nada es de extrañarnos. Nada de lo que ha pasado son hechos aislados. Pasa todos los días frente a nuestras narices, en nuestros hogares, en nuestras vidas, frente a las narices de una administración criminal. Y eso es lo peor.

A veces queremos hablar de derechos, pero nuestros derechos fundamentales parecen inexistentes. A veces uno se las quiere dar de reflexivo, pero qué coño se puede andar pensando si no está garantizado lo mínimo de la vida, la comida, la vivienda, el transporte, el futuro, y ni siquiera la vida misma.

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jueves, 12 de diciembre de 2013

Municipales 8-D: más de lo mismo

He estado pensando si vale la pena hacer algún comentario al respecto, emitir alguna opinión que no se haya repetido ya mil veces. Más o menos he expresado lo que pienso respecto a las elecciones del pasado domingo, pero me he decidido a dejar las ideas aquí, un poco mejor articuladas que en Twitter.

En mi municipio (Maracaibo), de más está decir que la sola elección de los candidatos por parte de ambos bandos fue pésima. Eso tuvo particularmente a la población joven un poco desanimada. Sin embargo, muchos salimos a votar, no por algún candidato o por algún proyecto, sino simplemente por un color, o más bien, en contra del otro.

El hecho de que Eveling haya sido reelegida creo que sólo fue posible debido al terrible candidato que eligió el bando rojo, quien no tiene nada que ver con nuestra localidad y no logró convencer a nadie de lo contrario. Mucho antes, cuando la MUD decidió relanzar a Trejo, todos temimos lo peor: la oposición perdería a este municipio tan anti-chavista. Y sin embargo la "salvaron".

Estamos cansados de la pésima gestión de nuestra ciudad, y ya no hallamos a quién achacar las culpas. Maracaibo tiene terribles problemas de urbanismo, vialidad, basura, transporte, alumbrado público... Muchas de estas son claramente atribuciones de la Alcaldía, no hay cómo excusarse. Pero ya lo expresé en las redes sociales: el boicot a los gobiernos opositores no es solamente obvio, sino que ya llega a lo descarado. Tan descarado que el gobierno crea cargos paralelos con gente puesta a dedo, irrespetando la elección popular, y cagándose en la democracia (disculpen, no encontré expresión más adecuada).

Lo hicieron cuando Pablo Pérez era gobernador del Zulia, y tenían al Arias Cárdenas pa'cá y pa'llá inaugurando obras con fondos del gobierno central. No está mal darle obras al pueblo, vengan de donde vengan, pero hay que trabajar con quienes la gente ha elegido. Sino ¿para qué hacemos elecciones entonces? Ya esta misma semana se han regalado cargos a perdedores de las elecciones, muchos de ellos descaradamente paralelos a los de sus contendores, democráticamente elegidos.

Estos cargos paralelos nos salen caros, a nosotros, a la gente. El dinero público es nuestro, y tenemos entonces una burocracia duplicada, unos cargos duplicados, un presupuesto duplicado. Y es lamentable que no nos pongamos a reclamar seriamente por ello, cuando se están burlando de nuestro voto frontalmente.

Otra cosa es que no observé ni un atisbo de reconciliación entre los sectores. Y el gobierno con su actitud y su discurso lo que menos hace es trabajar en ello. En lugar de intentar establecer el diálogo con los opositores que ahora poseen cargos públicos, le ponemos a otro de los nuestros al lado, y pues le damos el dinero a él.

Otra reflexión, ya repetida por muchos, es que la oposición tiene que buscar la manera de ganarse al campo. Todas las cifras se han publicado: la oposición tiene la mitad de los votos pero muy pocos municipios ganados. Esto se debe a que su voto está concentrado en los lugares de más densidad de población: las ciudades principales. El campo, la producción agraria y las industrias básicas no han salido precisamente beneficiadas en estos años de "revolución", y eso hay que hacerlo ver a la gente que habita fuera de las ciudades.

La mayor vergüenza de estas elecciones quizás fue la fiesta pre-electorera del gobierno nacional. Esta vez ni siquiera se conformaron con usar fondos públicos para la propaganda y para los regalitos, sino que se dedicaron a saquear la empresa privada. La especulación en Venezuela es un hecho real, pero la inflación también lo es. Y es mucha casualidad semejante campaña de fiscalización radical justo antes de las elecciones. Antes no se hizo nada, y parece que ya calmaron los ánimos, y se habla de otros temas un poco menos agradables como el aumento (necesario) de la gasolina. Lo bueno es que la fiesta no tuvo gran impacto, porque los resultados en números permanecieron parecidos a elecciones anteriores.

Todos siguen haciendo las cosas iguales: el gobierno intentando actuar "a lo arrecho", la oposición favoreciendo a los viejos políticos bien acomodados, casi nadie escuchó a la gente, y muchos sufrieron las consecuencias, pero sobre todo quienes las sufrirán, seremos nosotros.

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jueves, 9 de mayo de 2013

Inflación y transporte

Imagen tomada de acá
Todos sabemos que la inflación en Venezuela es altísima. Pero de vez en cuando me gusta ponerlo en perspectiva. Y conste que quien escribe esta entrada es una persona menor de 30 años. Alguien que en menos de tres décadas, ha visto billetes nacer, crecer y morir, ser sustituidos, ser aumentados y despojados de ceros, sin que de manera alguna, estos artificios hayan podido hacer nada por nosotros.

Una vez tuiteé que una de las experiencias más tristes para un venezolano es encontrarse una factura de hace tres años. Y sí, así de fuerte es. Me hace gracia ver a gente de otros países quejarse por su inflación de dos dígitos en los últimos 30 o 40 años, mientras aquí la cosa es anual. Más del 20% anual, según las cifras oficiales. Y no estoy estableciendo comparaciones con el "primer mundo". Hace pocos días @LosFinancieros me daban el dato de que el promedio en Latinoamérica es del 6% anual.

Una de las cosas más reveladoras es el precio del transporte. En mis días de universitaria temprana, cuando contaba 16 primaveras, en el lejano (ni tan) año 2003, y empezaba a usar el transporte "público" de Maracaibo, recuerdo lúcidamente que los pasajes costaban 350 y 500 bolívares (de los viejos), en carro por puesto. Esto es equivalente a 0,35 y 0,50 bolívares de los actuales.

El año pasado, casualmente, el pasaje aumentó (luego de muchos aumentos anuales, claro está), a 3,50 y 5 bolívares respectivamente. En nueve años, el pasaje del transporte público se ubicó exactamente en un 1000% por encima de cuando yo lo empecé a usar. Lo peor, el servicio no ha mejorado en nada.

Ah claro, y ya se dio el aumento de este año, que ubicó dichos pasajes en 4,50 y 7 bolívares respectivamente.

Ni hablar de los taxis. En aquella época, yo que vivía bastante lejos de la universidad pagaba un taxi por entre 4.000 y 5.000 bolívares (4 ó 5 de los actuales). Hoy en día el mismo taxi me quitaría entre 60 y 70 bolívares.

Ponernos a hablar de precios de carros ya es hasta deprimente. El mismo carro que costaba 40 millones, nuevo, en 2007 (no hace tanto ¿verdad?), es decir, 40 mil bolívares actuales, se consigue, en modelo del año pasado, en más de 300 mil bolívares. Inconcebible.

Creo que tuve ganas de escribir esto, no solo para venezolanos, que viven en la misma realidad inflacionaria que yo, sino para extranjeros, sobre todo aquellos que tienen la desfachatez de defender este gobierno, de más de 14 años montado, y que no ha logrado reducir la inflación. Lo hizo cuando comenzó, es verdad, con respecto al gobierno inmediatamente anterior, y a través de controles, pero hoy día son esos mismos controles los que nos ahogan económicamente y nos tienen sumidos en la inflación, la escasez, la delincuencia y la abundancia de mercados negros, que crean aún más inflación.

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