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jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "Sacbeob", de Luca Belcastro

Mi interés por la composición me ha acercado a mucha gente. Igualmente mis reflexiones por acá, y por las redes sociales. Conocí hace un tiempo ya a una pareja, un par de amigos, que a pesar de estar en el mismo mundo que yo y en la misma ciudad, nos encontramos virtualmente. Ellos son Silvano Pagliuca y Cateri Muro, ambos apreciados jóvenes músicos, muy entusiastas.

Ellos conocieron hace ya más de un año al maestro Luca Belcastro, en un paso rápido que diera por Maracaibo, y por la Universidad Cecilio Acosta. Vino a hablar sobre su interesante proyecto Germina.Cciones, una especie de espacio para el encuentro de noveles compositores latinoamericanos que quieran compartir, componer en conjunto y ejecutar las obras de sus compañeros. Esto a un modo resumido. Pueden visitar la página web.

Lo cierto es que mis amigos me convidaron a pertenecer a esta agrupación en Maracaibo, para llevar a cabo proyectos compositivos y ejecutar obras de otros. Accedí. Después de muchas dificultades, logramos organizar algunos conversatorios con compositores locales, y traer al maestro Belcastro a la ciudad de nuevo. Arribó el 4 de noviembre, hace ya casi dos meses, y nos acompañó poco menos de una semana. No pude participar enteramente del taller, y no tenía ideas muy claras en la mente, pero fue una grata experiencia y hubo interesantes conversaciones, y el maestro trajo consigo sus libros, los cuales adquirí con gusto.

En general cualquier reflexión en torno al acto creativo me interesa. Y vengo a hablar de un libro que acabo de terminar, titulado Sacbeob. Es un libro en el que nos narra algunos de sus viajes a través de Latinoamérica. Él, un europeo un poco cansado de sus tierras y estilo de vida allá, y fascinado por la música latinoamericana, decidió emprender el viaje hacia acá, comenzar el proyecto, y así entrar en contacto con gente nueva, y realidades nuevas.

Latinoamérica es sin duda un continente de contrastes, del que poco puedo hablar. He conocido sólo dos países (el mío y Chile), y un aeropuerto (porque de ahí no salí en Ciudad de Panamá). Sin embargo, los latinoamericanos, en la nueva realidad de redes, nos entendemos. Y tenemos hasta cierto punto una identidad que por encima nos parece continental. Con sus heterogeneidades, por la vastedad del territorio.

Al leer el libro, considero al maestro Belcastro un enamorado de nuestro continente, a veces con ciertas idealizaciones. No pretendo criticarle ni quitarle relevancia a sus intenciones y su proyecto. Además todos podemos tener una fascinación y sembrarla, eso, sembrar en ella o a partir de ella, es lo más importante. A veces se cuela un poco de excesivo elogio al tradicionalismo, y ciertas descripciones encantadoras de un sistema para mí jamás justificable, como es Cuba. Pero creo que más que querer justificar lo injustificable, hay una pretensión de ver siempre la otra cara de las cosas. A veces opinamos sobre lugares que no conocemos un poco a la ligera, en realidad.

Más allá de los desacuerdos, merece la pena transcribir algunos fragmentos, y recomendar a todos aquellos interesados en la música, en nuestro continente, y en algún contraste con el mundo europeo (que él sí conoce de sobra), leer este texto. Hay muchas más ideas muy interesantes, pero siento que debo copiar demasiado para que estén completas.
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"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas".

"Todo pasa a través de la capacidad de hacerse responsable, de luchar contra las propias justificaciones".

"El proceso creativo es fruto del deseo de dos sujetos o funciones: el emisor, que proyecta, y el receptor, los cuales en casos especiales pueden coincidir en la misma persona. Por ejemplo, un ser humano que vive en completa soledad parece ser el receptor de sí mismo. Sin este doble deseo se pierde la necesidad de la creación."*

*Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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jueves, 8 de agosto de 2013

Fórmulas como partituras

Manuscrito de Johann Sebastian Bach. Invención a dos voces en Fa Mayor.

"Uno de los mayores problemas con que se enfrentan las matemáticas es el de explicar a los demás de qué tratan. Los aderezos técnicos de esta materia, su simbolismo y expresiones formales, su desconcertante terminología, su aparente deleitarse con cálculos larguísimos todo ello tiende a ocultar su auténtico carácter. Cualquier músico se horrorizaría si oyera decir que su arte no es más que «una multitud de renacuajos dibujados sobre líneas en hilera»; sin embargo, eso es todo lo que el ojo del profano puede distinguir en una página de música. No es tarea fácil percibir entre los renacuajos la grandeza, la agonía y vuelos de lirismo. Existe, sin embargo, una diferencia. Incluso un oyente profano puede disfrutar de una obra musical. Los únicos que tienen que entender las barrabasadas de los renacuajos son los intérpretes. La música tiene un atractivo inmediato para casi todo el mundo. Sin embargo, lo más parecido a un concierto matemático sólo se me ocurre que pudiera ser uno de aquellos torneos de la época renacentista en los que los grandes matemáticos batallaban públicamente defendiendo cada uno sus teorías. Quizá podría valer la pena resucitar aquella idea; no obstante, su atractivo sería más el del combate que el de la música.

La música se puede considerar desde distintos puntos de vista: el del oyente, el del intérprete, el del compositor. En matemáticas no existe nada que se pueda equiparar con el oyente; y, en todo caso, si lo hubiera, sería el compositor, más que el intérprete, quien captaría su interés. Más que su aplicación práctica, lo interesante es la creación de nuevas matemáticas. Esta ciencia no trata de símbolos y cálculos. Éstos serían sólo meros instrumentos del artesano: corcheas, negras y ejercicios para los cinco dedos. El objetivo de las matemáticas son los conceptos. Se trata sobre todo de ver el modo en que los diferentes conceptos se relacionan unos con otros. Dada una determinada información, ¿qué es lo que se deduce necesariamente de ella? El objetivo de las matemáticas es conseguir comprender tales cuestiones dejando a un lado las que no son esenciales y llegando hasta el fondo del problema. No se trata simplemente de hallar la respuesta correcta, sino más bien de comprender por qué existe una respuesta, si la hay, y por qué dicha respuesta presenta una determinada forma. Las buenas matemáticas tienen un aspecto más bien austero y conllevan algún elemento de sorpresa. Pero lo que sobre todo tienen es significado." (1)


No tienen idea de la frecuencia con la cual me ocurre que mis alumnos de música se quejan de sentirse "como en una clase de matemática". No recuerdo dónde leí, que enseñarlas es muy parecido, por ser paradigmas de lo abstracto.

Es interesante esta lectura, pues nos aproxima a la idea de que la matemática no es los números y las fórmulas, esa es sólo "la partitura". La música que hay en ellas, casi nunca llegamos a escucharla.

Manuscrito de Albert Einstein. Teoría de la Relatividad General.
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1. Stewart, Ian. De aquí al infinito. Las matemáticas de hoy. 3ra. edición. Traducción: Meredes García Garmilla. Editorial Crítica. Barcelona, 2004. pp. 1-2.

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sábado, 5 de enero de 2013

Política y culto


El venezolano es muy religioso. Y no solamente es religiosamente muy religioso, sino que políticamente también lo es. No soy ni remotamente la primera en decir que el régimen que estamos viviendo se basa en un culto a un solo hombre, y más que nunca, lo estamos observando, cuando este hombre no puede estar presente, y sin embargo es adorado, justificado desde todo punto de vista, y el vacío de poder es negado una y otra vez. Varias son las veces que él ha pasado por encima de la Ley (con su método de modificarla a su antojo, para que nada sea realmente "ilegal") para mantenerse en la Presidencia.

Y sus seguidores no hacen más que repetir su discurso, aunque éste no tenga nada que ver con la realidad. Estamos ante un culto, donde un hombre es elevado por encima de la común humanidad, sin siquiera haber hecho nada sobrehumano jamás. Sirviéndose de los más variados íconos, "héroes" y dogmas que no tienen nada que ver, ha construido su propio dogma, y ha logrado que miles de venezolanos le adoren ciegamente, tal como pasa en el fenómeno religioso. No hay realidad, no hay hechos, ésta es negada todo el tiempo. Sólo hay fe ciega y la promesa vacía de un mundo mejor. Y aún 14 años después, muchos siguen creyendo. Y si muchos han creído por más de 2000 años, qué podemos esperar. 

El que sabe apelar a la fe de la muchedumbre, ya hizo la mitad del trabajo, la otra mitad es callar o ridiculizar al que piensa diferente, al que no creyó, al que denuncia los hechos. Y hemos visto cómo hacen eso todos los días. 

Recordé todo esto leyendo un libro de Cristopher Hitchens, Dios no es bueno, que nos muestra cómo la religión no es ni ética ni amoral, sino cómo ha sido profundamente inmoral durante la historia. Un fragmento interesante me llevó a pensar en mi país. 

Cualquier parecido con la realidad venezolana, no es mera coincidencia. 

En unas sociedades que ellos consideran saturadas de fe y superstición, los absolutistas comunistas no negaban tanto la religión cuanto pretendían sustituirla. Esta elevación de líderes infalibles que eran una fuente de infinita munificencia y bendición; la búsqueda permanente de individuos herejes y cismáticos; la momificación de dirigentes fallecidos como iconos y reliquias; los morbosos juicios públicos que provocaban confesiones increíbles sirviéndose de la tortura... nada de esto era muy difícil de interpretar en términos tradicionales. Ni tampoco la histera durante las épocas de epidemias y hambrunas en las que las autoridades desplegaban una búsqueda enloquecida de cualquier culpable menos el verdadero (...) Ni tampoco la incesante evocación de un «Futuro Luminoso», cuya llegada justificaría algún día todos los delitos y disolvería todas las pequeñas dudas. «Extra ecclesiam,nulla salus», como solía decir la antigua fe. «Dentro de la revolución, todo. Fuera de la revolución, nada», como le gustaba subrayar a Fidel Castro. De hecho, en las proximidades de Castro apareció una singular mutación conocida como «teología de la liberación», un oxímoron, según la cual los sacerdotes e incluso algunos obispos adoptaron liturgias «alternativas»; que consagraban la absurda idea de que Jesús de Nazaret era en realidad un socialista al corriente del pago de sus cuotas. (...)
En los primeros meses de este siglo hice una visita a Corea del Norte. Allí, contenida en un cuadrilátero de territorio hermético cercado por el mar o por unas fronteras casi impenetrables, hay una tierra absolutamente entregada a la adulación. Todos y cada uno de los instantes conscientes del ciudadano (el súbdito) están consagrados a ensalzar al Ser Supremo y a su Padre. En todas las escuelas resuena eso mismo; todas las películas, óperas y obras teatrales están dedicadas a ello; todos los programas de radio y emisiones televisivas se han rendido a ello. También sucede eso con los libros, revistas y los artículos periodísticos, en todos los acontecimientos deportivos y en todos los centros de trabajo (...) Tampoco se ha olvidado al diablo: el siempre vigilante mal de los extranjeros y los no creyentes es rechazado con una atención perpetua, que incluye momentos diarios dedicados a los rituales en el lugar de trabajo donde se inculca el odio al «otro».

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martes, 11 de septiembre de 2012

Existencia nauseabunda

Retomando la onda de la lectura que descuidé un poco en estas vacaciones, pretendo escribir algo sobre el libro que me ha tenido sumida durante casi un mes. Quizás más por inconstancia que por otra cosa. Se trata de La Náusea de Jean Paul Sartre.

Sartre despertó mi curiosidad hace poco tiempo. Sin embargo, el existencialismo ha pasado a ser una de los movimientos filosóficos más importantes en mi pensamiento personal. Uno siente esa "química" de repente. La premisa fundamental de que "la existencia precede a la esencia", constituye para mi persona una especie de hito, y con él se borra toda necesidad de teleología alguna, esa molesta cosa de la que siempre había querido desembarazarme por completo. No queda entonces nada más que existir, y construirnos a través de esa existencia.

Pero la existencia puede ser muy tortuosa. Y todos los que existimos lo sabemos. El primer texto de Sartre que me recomendaron fue esta novela. A pesar de ser una historia ficticia, a través de su narración nos hunde en esa sensación que sentimos más veces de las que quisiéramos, ese hastío de existir.

Considero que no tengo nada importante que decir o criticar del texto. Solo diré que a ratos me hace ponerme existencialista. Su discurso me ha contagiado el pensamiento, y muchas de sus reflexiones me han impresionado.

Una de ellas es la reflexión en torno al presente. El presente es lo único que existe. Cualquier vista del tiempo hacia el pasado o hacia el futuro resulta una falacia. Recordar o fantasear son dos cosas que en nada se parecen al presente, a la existencia. Las cosas pasan en un sentido, y cuando las contamos o fantaseamos sobre ellas ya sabemos el final, por lo cual nunca son iguales a como son vividas. Recuerdo que hablaba de algo parecido en el post Metáforas que favorecen al deísmo, y eso me impresionó. Planteaba que la gente siempre comete el error de pensar que la forma cómo son las cosas es la única forma posible, y se olvidan de qué fue primero y qué después, cayendo en el error del determinismo absoluto. La vida en retrospectiva parece mucho más interesante, pero la realidad, es que es lenta y a veces tortuosa.

Otro aspecto que me ha llamado la atención de este libro es el discurso sobre la música. Esa idea de que la música es lo único que se regocija en su muerte, la música necesita morir. A veces pienso que yo era existencialista desde antes de leer a Sartre.

Esta reseña habrá de parecerles un poco personalista. Pero no hallo otra manera de existir, sino desde mí misma. Y creo que ya no tengo más nada que decir. Si quieren saber más sobre el texto, mejor búsquenlo, y existan junto a él.

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lunes, 6 de agosto de 2012

Nietzsche contra el cristianismo

Todos los caminos llevan a Nietzsche. Al menos para mí. Aparte de ser una de las referencias clásicas del ateísmo filosófico, fue un hombre que sin duda amó el arte musical, y le dedicó bueno parte de su pensamiento y de su obra. Pero el libro que leí de él tiene más que ver con el primer tópico. Es una dupla, con dos textos fundamentales de él: El Anticristo & Ecce Homo, pero además trae otros textos breves del autor. Esta vez he leído El Anticristo, y con gran osadía me atreveré a comentar algo de éste. 

Confieso que leyendo este texto he reconocido aspectos de Nietzsche en los que no me había fijado anteriormente. Al menos no lo suficiente. Uno de ellos es su excesiva masculinidad, masculinidad del discurso, que se expresa a través de la obra como un amor a la actitud soberbia y viril, como afirmación de la vida. Esta masculinidad muchas veces se desborda, y raya en la misantropía, pues el filósofo tenía a la mujer como un ser débil y mediocre intelectualmente. 

Otro aspecto es que en realidad su pensamiento es bastante positivista. Aunque tantas veces se quiera hacer ver lo contrario. Muchas veces se juzga burdamente su filosofía, por su ateísmo (como negación de Dios), y se pretende que con esta negación, así como su cuestionamiento constante de los conceptos de “verdad” y de “moral”, suponen una negación de la vida, o mejor dicho, una negación de las cosas que comúnmente son tenidas por las masas como aquéllas que “le dan sentido a la vida”. Pero el mismo Nietszche niega en todo momento que esto sea así. Es más, para él la negación de Dios y de la vida “del más allá”, supone finalmente una afirmación de la vida misma. Habla de la humanidad como algo grande y de cómo la superación de la cristiandad finalmente llevará al hombre al camino de la ciencia, de la organización y de las más bellas y elevadas artes. Otro síntoma de su positivismo es por supuesto, su gran admiración hacia Grecia y Roma (así como al Renacimiento), que para él fueron las cumbres de la civilización humana organizada y encauzada por el camino de la ciencia, y que fue destruida (Roma) por el levantamiento del movimiento cristiano que elevó la fe por sobre todas las virtudes, y convirtió el conocimiento en el más fundamental de los pecados. 

Otra dimensión de él que me sorprendió es su darwinismo. Considerando que él es prácticamente contemporáneo con Darwin, las ideas de la selección natural afectan profundamente su visión de la naturaleza y del hombre, pecando muchas veces (en mi opinión), de caer en el darwinismo social, considerando que unos hombres están hechos para ser superiores a otros, algunos intelectualmente, otros físicamente, y que éstos “naturalmente” deben constituir una aristocracia que debe ser respetada por el vulgo. Sin embargo recalca que el vulgo, o “los mediocres” son absolutamente necesarios en el progreso de una sociedad, y que es necesario que sean mayoría. De estas ideas se desprende directamente su aversión al socialismo. En cierta forma, compara al cristianismo con el socialismo (nota personal: ¿acaso el caudillo gobernante de por estos lados no está tan equivocado al respecto?), en el sentido de que ambos constituyen un levantamiento contra la aristocracia y la desigualdad, y en cierta forma están fundamentados en la envidia, la decadencia y el sentimiento de venganza contra las clases superiores. Muchos “cristianos” se ofenderían profundamente con esta idea siendo que son en su mayoría grandes conservadores (y anticomunistas); el problema es que el cristiano de hoy en día no es tan cristiano como es católico, y como mencionaré más adelante, Nietzsche pretende demostrar que la Iglesia misma es contradictoria de la doctrina de Jesús. Por otro lado, ni hablar de que Marx era ateo. 

Ahora bien, hasta aquí he expuesto estos aspectos de un modo bastante resumido. A lo largo del texto aparecen con variados matices. Ahora vamos a lo que nos atañe: hablar un poco de su contenido fundamental. 

El Anticristo está atravesado por una premisa fundamental en la que estoy totalmente de acuerdo con el autor (nótese que hasta ahora no había hecho tal afirmación). Y es la idea de que el cristianismo es una negación de la vida. De la vida terrena, la vitalidad absoluta. A través de varias ideas, así se demuestra en esta religión. Una de ellas es la compasión o la misericordia en que está basada. Para Nietzsche, dicha compasión es una adoración de la debilidad, de la enfermedad y de la decadencia. Así mismo, resalta el hecho de que la Iglesia siempre ha sido enemiga de todo aquello que sea bueno para la vida: es enemiga del placer, de la vitalidad, de la belleza, de la soberbia y de la búsqueda del conocimiento. Nos recuerda el mito primigenio de la expulsión del hombre del Edén, por causa de comer el fruto del Árbol del Conocimiento. Muchos asocian este mito también a un comportamiento sexual, por el hecho de que es la mujer quien incita al hombre a pecar. ¿Y es que acaso el sexo es malo para la vida? Ambas metáforas, a mi parecer, son deplorables. Creo que la analogía con el sexo no es totalmente necesaria. La Iglesia, literalmente, ha sido en toda su historia enemiga del conocimiento. Aunque hoy en día se disculpe tantas veces. Aún hoy, hay gente que quiere sacar a sus hijos de las escuelas porque no les enseñan el “creacionismo” o el “diseño inteligente”. Cuán desilusionado estaría Nietzsche. 

Otra idea cristiana fundamental, y la única que el filósofo acredita al mismísimo Jesús de Nazareth, es la idea del amor incondicional. Amar al mal, amar al enemigo, amar a todos por igual. Dice muy lúcidamente: 

“El amor es aquel estado en que el hombre está más propicio a ver las cosas diferentes de lo que son en realidad. La fuerza de la ilusión alcanza entonces un grado superior, y lo mismo la fuerza dulcificante y la fuerza glorificadora. El amor hace soportar mucho, lo sufre todo.” (p. 32)* 

El amor supremo, la tolerancia suprema hacia el otro, constituye una actitud pasiva, que según Nietzsche, fue la actitud que siempre tuvo Jesucristo. Incluso con su muerte en la cruz, sin oponer ningún tipo de resistencia a sus enemigos, así lo demuestra. Cristo presenta pues, un estilo nuevo de vida, en el cual todos los hombres deben ser considerados iguales, “todos somos hijos de Dios”, y con lo que mencioné en los párrafos anteriores, podéis imaginar que esto para él es una perversión. En sí misma, esta idea, no admite la idea de justicia. Así mismo, no admite la idea de resistencia, de lucha, tan importante en la búsqueda del conocimiento y del orden social. Pero para Nietzsche es ahí donde reside la gran contradicción del cristianismo: las ideas de Jesús se oponen totalmente al Dios del Antiguo Testamento, todopoderoso y castigador, y también son contrarias a todo lo que es la estructura de la Iglesia. Según él, las actitudes agresivas de Jesús fueron reescritas más adelante (sobre todo por San Pablo), para poder ejercer control sobre las masas, e incitarlas a rebelarse. Así se funda la Iglesia, se inventa el pecado, y se da a la gente la esperanza del Reino de los Cielos más allá de la vida (según este libro, el autor considera que Jesús predicaba realmente que el Reino de los Cielos está en la Tierra, y que se alcanza mediante el estilo de vida que él mismo ejemplificó); y se toma como símbolo fundamental del cristianismo el sufrimiento y muerte de su profeta: Jesús en la cruz, y se inventa la historia de la Resurrección, pues sin ella, no habría una esperanza histórica que fundamentase su movimiento. 

Así destruye las tres principales virtudes del cristianismo: la fe, la esperanza y la misericorida o caridad; y el principio fundamental del que habló Jesucristo: el amor al prójimo. 

Una idea fundamental de este texto, en la que tengo cierta desconfianza, además viviendo en la época en que vivo, es la premisa de que no todos los hombres tenemos los mismos derechos. Es lógico que exista una idea así en un pensamiento aristocrático como el de él. Pensaba que los derechos son privilegios. Con esto, sumado a su aversión ideológica hacia el judaísmo (que expresa todo el tiempo sin decoro), no me extraña en lo absoluto que algunos nazis le tomaran como referencia. Pero es una mala interpretación. Además, en este mundo ya teñido por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, a veces se interpreta cualquier tipo de antisemitismo como nazismo, cuando no es necesariamente así. Ahora, no crean que lo estoy justificando. Yo, hasta el sol de hoy al menos, creo en los derechos universales del hombre, y en que todos los hombres son igual de humanos. Sin embargo la igualdad de derechos, es para que podamos convivir con nuestras desigualdades inherentes, y hablo de desigualdades, no de injusticias. Este es un debate que merecería un libro completo: ¿dónde acaba el límite de la desigualdad y comienza el de la injusticia? Porque igualdad y justicia no son lo mismo. 

Por último les dejo dos citas, que me llamaron la atención especialmente, porque responden a dos cuestiones que normalmente se nos atraviesan a los ateos: una de ellas es si el ateísmo está basado en realidad en la falta de pruebas acerca de Dios, y otra si la religión es beneficiosa o no para la humanidad. 

“El hecho de que nosotros no hallemos a Dios ni en la historia ni en la Naturaleza, no es lo que nos separa: es el no experimentar el sentimiento de lo divino hacia aquello que es tenido por Dios, es hallar eso lastimoso, absurdo y perjudicial, y ver en ello, no sólo un error, sino un atentado a la vida. Nosotros negamos a Dios, en cuanto Dios.” (p. 57) 
“La Iglesia cristiana no ha economizado la corrupción en ningún sitio; de cada valor ha hecho un sin valor; de cada verdad, una mentira; de cada integridad, una vileza. ¡Que se atrevan a hablarme todavía de sus beneficios humanitarios! Suprimir una miseria era contrario a su comercio; vive de miserias y ha creado miserias para eternizarse.” (p. 77)*

* Las cursivas son del autor.
* Nietzsche, F. El Anticristo & Ecce Homo. Traducción: Enrique Eldestein. Ediciones Brontes. España, 2009.
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miércoles, 1 de agosto de 2012

Buscando a dios con Carl Sagan

Bien, decidí empezar estas vacaciones con una lectura que sabía de antemano iba a ser agradable, pues conozco al autor, y de hecho he escrito varias entradas respecto a él. Se trata de La diversidad de la ciencia. Este libro es en realidad una transcripción de un ciclo de conferencias que dio Sagan en Escocia, en el ciclo Conferencias Gifford, que buscan la difusión de la teología natural.

No es la primera vez que leo algo donde Sagan relacionase la ciencia con la religión. Pero no sabía que existía una disciplina como la teología natural, que busca evidenciar la existencia de dios sin recurrir a lo sobrenatural, solo basándose en las pruebas tangibles o visibles. Personalmente, y sin ánimos de ofender, creo que es una disciplina un poco difícil, pues el concepto de dios en principio es meramente especulativo. Y fíjense que utilicé la palabra "difícil". No conozco autores de ella, o a lo mejor los conozco y nunca supe que andaba por esos terrenos específicamente.

Como es de esperarse en Sagan, su introducción al tema, la realiza desde la ciencia, específicamente desde la astronomía, familiarizando al público con las escalas del Universo, y llevándonos así a reflexionar sobre nuestro lugar y papel en el mismo como especie, y estudiando nuestras posibilidades de trascendencia. Así mismo nos lleva a descubrir los lugares donde se forman los componentes básicos de la vida, y nos lleva a pensar si somos en realidad especiales. Esta parte sin duda nos lleva a una experiencia conectiva, por no decir "espiritual" o "religiosa". Él mismo indaga luego en la naturaleza del concepto de "dios", y también de las experiencias religiosas. Nos habla de la importancia de definir a dios en el momento en que queremos estar en contra de él o defenderlo, puesto que han habido casi tantas definiciones de él (o de ellos) casi como culturas han existido en la historia de la humanidad, o mejor dicho, desde la prehistoria. Estos conceptos muchas veces tienen similitudes o diferencias marcadas.

Así mismo, se nos aproxima a ciertos aspectos del ser humano. En primer lugar a la tendencia que tenemos a autoengañarnos. Para ello recurre a historias como las de los ovnis, en el caso de la búsqueda de vida extraterrestre, así como de la vieja resistencia cultural a la Teoría heliocéntrica, y la nueva resistencia cultural a la Teoría de la Evolución; y demuestra la facilidad con la que la gente se engaña a sí misma, por lo cual, la filosofía y la ciencia tienen que ser altamente precavidas ante sus planteamientos, hipótesis y demostraciones. También toca el tema de la naturaleza molecular de las percepciones y las emociones, y de cómo éstas pueden influir en la experiencia religiosa, y de cuál puede ser una equiparación emocional de ésta. Incluso habla de las hipótesis freudianas de dios como sustitución del padre.

En este libro toca temas que personalmente he tocado en varias ocasiones en este blog, y dada la antigüedad de las conferencias (1985), me doy cuenta de que ciertas teorías y falacias andan haciendo de las suyas por allí, y aunque se han refutado desde entonces, la gente sigue cayendo en ellas y se siguen difundiendo. Un ejemplo que me sorprendió, y que por cierto, no sabía que tuviera nombre, es el del principio antrópico, así como las teorías del diseño inteligente, y hace refutaciones brillantemente. Hace poco escribí una entrada dedicada a estos puntos. Y es obvia la influencia del autor. Al final, todos tienen derecho de palabra en esta gran red, pero como nos decía, no nos dejemos engañar con tanta facilidad.

En los capítulos finales, habla nuevamente (como en otros textos) de si la humanidad será capaz de sobrevivir a lo que llama su "adolescencia tecnológica". Si no nos mataremos a nosotros mismos, y de hacerlo, cómo sería el acto de mayor irresponsabilidad que jamás hallamos perpetrado, haciendo caso omiso de toda nuestra historia, toda nuestra lucha evolutiva y la del planeta Tierra. En fin, una buena lectura para reflexionar.

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Vacaciones libreras


Bien, ha llegado agosto. Para envidia de muchos, tengo vacaciones. Aunque estas vacaciones no lo serán tanto, hay un gran reto que se avecina, y debo trabajar duro en él. El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ir a la FILVEN en el Centro de Arte Lía Bermúdez. Me gustó la variedad de libros, eso sí, de libros usados. Libros nuevos, en su mayoría, había de las editoras del Estado. Y bueno, lo que no me gustó fue la ideologización chavista, bolivariana, pseudo revolucionaria, por doquier; en los libros que regalaban, en los grupos musicales y las representaciones treatrales. Pero todo se soporta entre libros buenos y baratos, pues.

Este fin de semana me recordó que tengo en mi biblioteca al menos tres decenas de libros que compré y no he leído. ¿Me hará eso una compradora compulsiva de libros? Me acuerdo de esa gente que compra ropa y ni la estrena, pero bueno, ahí están los libros esperándome. Así que, en vista de que en agosto tendré mucho tiempo libre, me he propuesto un reto. Quiero reducir ese cerro de libros sin leer que tengo, y me pondré como meta leer entre 10 y 15 libros este mes. De variados temas. Si leo menos, no habré alcanzado la meta, si leo más la habré superado, pero nada que sea mal de morir.


Pero para que este reto tenga algún sentido, y como compensación del meme que nunca terminé, decidí ir reseñando y comentando los libros que vaya leyendo acá en el blog, simplemente por el placer de compartir y de abrir temas de debate. Las entradas estarán agrupadas en el tag "vacaciones libreras", y bueno, es reusable, a lo mejor en diciembre lo retomo, ya saben. No quiere decir que no escribiré más nada, si se me ocurre alguna otra cosa, o si completo un par de borradores que tengo por allí, igual publico.

¡Nos leemos!
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