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viernes, 23 de marzo de 2018

Soy un Si menor

Recientemente emigré. Me fui, pero no demasiado, como afirmaba en los días en que me preparaba para partir, porque ando cerquita de mi tierra natal. Muchos han sido los altos y bajos anímicos del proceso, pero supongo que es normal. 

Por supuesto, he estado conociendo a la gente con la que compartiré por esta tierra, y ellos conociéndome a mi. Afortunadamente he venido a trabajar en lo que creo que mejor sé hacer, música, y en enseñarla. Una de las señales de que escogí el camino correcto alguna vez, es que siempre es agradable conocer a mis colegas, adoro a los músicos, aunque siempre procuro conocer mucho más que músicos en el camino.

He conocido a todo un personaje, y de hecho no sé si sea muy pronto para dedicarle algún escrito, porque solo tengo la primera impresión, y porque no sé qué tanto llegue a compartir con él. Es un caballero, que usa bastón, y siempre lleva el sombrero combinado con los lentes. Con las gafas pues, como dicen por aquí. Es un maestro. Fue guitarrista de José José, y apenas toma el instrumento, lo desbarata. Y muy importante, armónicamente no se conforma.

Esta tarde hemos tenido un compartir que surgió improvisadamente, él explicaba a los alumnos de la universidad las dominantes secundarias, yo le seguía el discurso, mientras mostraba una guía genial de su propia factura, para aprender el instrumento. Me antojé de sentarme en uno de los teclados, para seguir la corriente de las progresiones armónicas.

En un momento uno de los alumnos toma la guitarra y empieza a cantar un vallenato tradicional, acompañándose con acordes, por decir, bastante tradicionales. El profe toma la guitarra y le dice que le faltaban unas cositas por ahí. Traté de seguirlo, pero no pude, y me comentó que tenía el cifrado escrito por ahí. Lo sacó y lo puso en el atril y empezamos a seguir el tema. Sí, no tengo ni un mes aquí y ya empecé a tocar vallenato, pero envenena'o.

El profe luego se sienta en una silla próximo a mi, y me dice que toque el primer acorde constantemente. Era un Sol mayor con la sexta y la novena. Entonces empieza a hacer una introducción improvisando. Me dice que pruebe hacer notas con la escala pentatónica menor de la séptima mayor, en este caso, Fa sostenido. Fa #, La, Si, Do#, Mi... sonaba increíble, y claro, mi cerebro de una vez deducía los trucos: la séptima, la novena, la onceava mayor y la sexta. Luego me dijo que usara mixolidio de La. Casi el mismo resultado. Y así, sobre el mismo acorde.

De pronto se detiene, y comenta que las cuatro personas que estamos ahí hacemos buena combinación. "Fíjese, él es un La Mayor, él un Re Mayor, yo soy Sol séptima, y la seño es un Si menor séptima". Yo aún no caía en cuenta de lo que hablaba, y le pregunté: "¿Usted me está asignando un acorde por lo que percibe de mi persona?". Sí. Afirmaba que percibe en las personas cierta energía que vibra con determinado acorde... o algo así. "Fíjese, usted cuando uno la conoce siente hasta que asusta, usted es muy analítica, pero después que uno entra en confianza se da cuenta que es chévere. Eso le pasa mucho a los Si menor".

Yo quedé atónita, no sólo porque me describió como un acorde tan melancólico como ese, que de hecho es una tonalidad bonita (también me gusta Fa sostenido menor que es muy cercana), sino por su intuición al describir la primera impresión de mi. Habló de esa agresividad, o intimidación, que muchos perciben en mi al verme por primera vez, y que frecuentemente me comentan al conocerme de cerca. Me acordé también de un test de Facebook que se llamaba "qué tonalidad eres", pero ese dijo que yo era Re menor. En fin, soy un acorde menor.

Le comenté de modo anecdótico al profesor, que cuando elegí la cátedra optativa en mi carrera, no quise aprender guitarra sino cuatro, y que curiosamente las cuerdas al aire del cuatro forman un Si menor séptima: La - Re - Fa# - Si. 

En fin, este encuentro me ha llenado de expectativas, y me ha bajado un poquito la tristeza. En el horóscopo occidental soy Tauro, en el chino soy Tigre, y en acorde, soy un Si menor.



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domingo, 16 de agosto de 2015

El arte como psicología al revés

Siempre he estado algo obsesionada con el autoconocimiento y la autoexpresion, ambas cosas supremamente dificiles. Comprender la individualidad y trascenderla son verdaderas osadías, o tal vez, francamente, quimeras imposibles.

Dentro de un mundo lleno de ciencia y de pretensiones de que los procesadores alcancen a nuestros cerebros, cabe la pregunta: ¿qué es el arte?

Ya hay testimonios de que han puesto a robots a pintar o a combinar notas musicales. ¿Pero el mero hecho de hacerlo, de echar colores o combinar sonidos armónicos es arte? De hecho cabe cuestionar si toda la música o la plástica o el diseño que hacen los seres humanos podría llamarse arte.

Una vez el pana John Manuel Silva dijo algo que me iluminó un poco: "la malintensidad fuera de la vida, mejor guardémosla toda para el arte". El arte intenso, ese que exacerba nuestros conflictos es tal vez el mejor. No el arte comercial que solo busca ser "nice", por mucha técnica que este pueda requerir.

A través del arte viajamos a nosotros mismos y a través del lenguaje que prefiramos, sacamos tanta mierda que hay en nosotros, la dejamos escapar, la liberamos, y exploramos nuestro propio conflicto, cuestionamos nuestra propia existencia y esencia.

Es como hacer el trabajo del psicólogo, pero al revés: nadie viene a intentar leer nuestro subconsciente, sino que nosotros mismos intentamos sacarlo, contemplarlo, comprenderlo, y lo más desquiciado quizás, compartirlo.

Por eso el artista peca de ególatra. Que puede ser mas ególatra que pretender que todo el mundo contemple tus emociones, intensidades y conflictos. Sin embargo, es posible, porque hay quienes al final son capaces de verse reflejados en esa emoción. Al fin y al cabo todos somos humanos.

Por eso no creo mucho en el arte doctrinario, o en el arte comercial adrede, a menos que genuinamente representen al individuo y al final resultan ser tomados como bandera o ser un gran éxito debido a lo que reflejan de nosotros mismos. Igual, podríamos decir que ésta es una de las tantas funciones del arte.

Photo credit: Kerri Lee Smith / Foter / CC BY-NC-SA
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domingo, 21 de diciembre de 2014

Las dos caras del artista


wolfgangfoto / iW / CC BY-ND


La música es un arte de escena. La escena para mi es como otra dimensión, de espacio, de tiempo y de la psiquis: todo se percibe de un modo distinto.

En cuanto al tiempo, en la música los cambios de percepción de él son literales: todos hemos corrido o nos hemos quedado sin darnos cuenta. Entrar en una consciencia suficiente del propio tiempo es todo un reto técnico musical.

La percepción del propio cuerpo es otra cosa. Hay quienes sienten frío, hay quienes sudan, hay quienes sienten que les falta el aire y quienes perciben su respiración exageradamente; hay quienes sienten una percepción mayor y hay quienes se adormecen.

No solo es el nervio, el reto de enfrentarse a un público, el miedo escénico. Es también el papel que uno está jugando, de pronto una responsabilidad infinita y a la vez una libertad infinita: si meto la pata, todos lo notarán y habré echado a perder todo el acto y tal vez mi reputación, soy un payaso que debe satisfacer la trama planteada y tras una careta complacer a gente que ni siquiera conozco; pero a la vez soy un ser que se ha parado aquí enfrente de todos a hacer lo que le ha dado la puta gana de hacer por simple placer y satisfacción personal, soy lo que quiero y expreso lo que quiero a través de mi interpretación.

Esta sensación ambigua, la he experimentado sobre todo cuando estoy en uno de mis escenarios habituales: la iglesia. Sea tocando en una ceremonia a cambio de un pago, o acompañando a algún coro o cantante en la temporada sacra (también por lo general a cambio de dinero o de mi salario habitual), la iglesia es uno de mis teatros más utilizados.

Y en eso la he convertido interiormente: en un teatro, donde yo soy las dos caras del artista, del actor.
Por un lado soy como el payaso que se ha puesto la careta para servir a rituales con los que no me identifico en absoluto. Mientras ellos rezan el Señor ten piedad o el Credo, yo me quedo sentada y luego les secundo las ideas con la música que toco. Soy en ese momento una sirvienta de una institución que aborrezco y soy protagonista del ritual.

Por otro lado, soy como una infiltrada rebelde. Por dentro soy la atea que escucha y desmecha los sermones sacerdotales, mira toda la malicia del adoctrinamiento infantil, ve mil cabezas en medio de un trance religioso; no responde en toda la misa frente a sus caras, y luego vengo a mi blog a seguirme cagando en Dios.

A lo mejor, no estoy jugando ninguno de los dos papeles extremos. Pero dentro de mi, los he jugado ambos todo el tiempo.

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jueves, 16 de octubre de 2014

¿Prohibir el vallenato? ¡Eso es censura!


En realidad, nadie ha expresado que será literalmente prohibido. En mis redes hay un alboroto armado por el siguiente titular del diario Panorama: "Santa Lucía será zona libre de vallenato y con restricción vehicular"; y el texto de la noticia afirma:
"En el bulevar no se podrá escuchar vallenato, en esa zona turística deben prevalecer la gaita y los ritmos zulianos."
Pero en ninguna otra parte se habla del vallenato como tal. Se dice que "no se podrá", así de un modo prohibitivo, es todo. Me acordé de aquella noticia en el que prohibirían supuestamente el reggeaton en algún lugar de Latinoamérica (que no sé si sería cierta, porque no encuentro referencias). En ambos casos, lo que he encontrado es gente celebrando la medida, y lo peor, ¡músicos celebrando la medida!

En primer lugar cualquier medida que pretenda censurar un género musical es eso: una medida de censura que atenta contra las libertades del ciudadano. El Estado no puede decidir de qué manifestaciones artísticas que estén en oferta puede disfrutar o consumir cada quien. Se puede clasificar la cosa según el lenguaje y el contenido, por edades, es todo.

En segundo lugar, se parte de una falacia: que el género hace la música. La música no es buena, mala, bonita o fea por el género al que pertenezca. Los géneros son características generales de forma, ritmo, instrumentación y etnicidad de un conjunto de piezas musicales o intérpretes, y poco tiene que ver con la calidad de la música. Hay salsa buena y salsa mala, hay música "clásica" buena y música "clásica" mala, hay rock bueno y rock malo, y también hay vallenato bueno y vallenato malo.

En tercer lugar, se parte de otra falacia: que la música extranjera nos hace desvalorizar nuestra música. Cualquier apertura a la información es buena. No creo que haya necesidad de demostrar este punto. La música venezolana, dentro de todo lo que pueda sufrir, no la veo en mal momento, de hecho hay hoy día muchos artistas del mundo pop cuyas ofertas musicales están basadas en ritmos venezolanos; y en las escuelas musicales venezolanas el repertorio de acá es obligatorio, así como en las agrupaciones culturales del Estado se estila tener amplio repertorio de géneros de acá.

Creo que la ignorancia general acerca de nuestra música se debe en gran parte a malas políticas del Estado. Primero la pésima educación venezolana. Un ciudadano mejor educado optará por consumir música de mejor calidad, y comprenderá la importancia de apreciar lo local y nacional también. Segundo, la terrible situación económica del país, y los malos pagos a los cultores y músicos locales influyen directamente en que se produzca menos música venezolana, o que menos gente se vea tentada a vivir de ello. Sí, creo que una economía más liberal favorecería a TODAS las manifestaciones culturales, incluyendo las nuestras.

Por último, y como dijo un amigo, una medida así sería xenofóbica. ¿No nos sentiríamos ofendidos los venezolanos si Colombia u otro país se prohibiera un género venezolano, sólo por su fuerte penetración? Y lo más absurdo: pretenden defender "valores tradicionales" censurando un género tradicional latinoamericano.

Censurar, prohibir, no es el camino, y menos en cuanto a cultura se refiere; así que dejen de celebrar, sobre todo ustedes, colegas músicos, porque mañana podrían ser ustedes los censurados.

Ahora, les dejo un vallenato que me gusta.




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miércoles, 30 de abril de 2014

La experiencia religiosa como experiencia estética


El ritual religioso tiene muchísimos matices. Casi tantos como culturas existen. La experiencia religiosa puede marcar a la persona, debido a las experiencias psicológicas y emocionales que se tienen en dichos rituales. Pero, ¿quiere decir que estamos ante el poder de dios? A veces a mi solo me parece que estamos ante el poder del goce estético.

No conozco muchos rituales religiosos. Puedo hablar con propiedad quizás solo de los rituales cristianos. Y cómo se alimentan ellos de este goce estético del que hablo.

No soy quién para aventurarme a deducir de qué maneras se fueron ligando las artes y la religión, y hablaríamos de tiempos antiquísimos de nuestra especie. La adoración de deidades siempre se ha valido de nuestras más diversas expresiones orales, sonoras, corporales, pictóricas... El sentimiento de lo divino, como cualquier otro, nos ha inspirado llevándonos a querer decir lo indecible. Y con nuestra evolución como civilización, estas expresiones han cambiado y se han "refinado".

Pero en este proceso de creación hay también comunicación entre seres humanos, como en cualquier manifestación artística, lo que lleva al reforzamiento de cualquier sentimiento. Si un ser humano, al sentir dicha inspiración, se expresa, moverá con su expresión al otro, reforzando las sensaciones que se comunican y construyendo sensaciones y experiencias colectivas. La euforia de la compañía pues, se hace presente.

Yendo a ejemplos más concretos, la religión católica (o cualquier vertiente del cristianismo), se han valido de la experiencia estética para mover y conmover. Esto puede verse como natural en el compartir de grupos, pero en la Iglesia como gran institución, pudiera hablarse de construcciones premeditadas, hechas con este fin.

Así, la arquitectura de una Iglesia no es casual. Todo está hecho para adorar al altísimo, teniéndole como centro y dirección de la estructura, y siendo dichas estructuras de tal magnificencia, que cualquiera que se adentre en ellas no podría evitar sentirla. También las obras pictóricas, esculturas y vitrales que hay en estos lugares producen una experiencia estética. Cómo no conmoverse ante la sonrisa, el dolor, el drama o la complacencia de sus expresiones; ante el juego de la luz en el recinto.

La oración misma, la palabra, hablada o leída, tiene una sonoridad, una poesía subyacente, que en forma y en contenido atrapan a quien recita o escucha, llevando a una experiencia meditativa, individualmente, o conectiva cuando se trata de colectivos.

Otra de las artes inteligentemente utilizada es la música. Una de las cosas más placenteras de la misa son los cantos, que entona un grupo de músicos junto a la multitud. Bien dicen "quien canta, ora dos veces". El sentimiento de la oración se multiplica, y se cree que entregando tan sublime arte a la deidad, se le adora aún más. Miles de obras sacras han sido escritas, populares o académicas de altísimo nivel, induciéndonos a una experiencia estética maravillosa, que por muchos es tenida como ese sentimiento de "lo divino", o como grandes hazañas movidas por la "inspiración divina".

La realidad es que todas estas cosas son hechas por el ser humano. El ser humano es capaz de una magia impresionante, y con dicha magia como excusa pretende convencerse de cosas que en realidad no están allí. La magia, la conmoción y el sentimiento "divino", son emociones internas, compartibles, pero propias de nosotros, y no debemos confundir el goce estético profundo con alguna conexión con el más allá. Yo prefiero dar todo el crédito a los artistas.

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jueves, 6 de febrero de 2014

La fe en el aprendizaje

Si para algo hay que tener fe es para aprender. No digo que sólo teniéndola se vaya a aprender mucho. Pero el proceso de aprendizaje requiere de una inmensa confianza en nuestros procesos inconscientes, que a veces no es fácil de  mantener.

Cuando estamos aprendiendo algo nuevo, sobre todo algo que construirá un gran salto de nivel para nosotros, las cosas parecen ponerse feas, son más los ratos en los que parece que aquello es imposible, está fuera de nuestro alcance como individuos, y por supuesto no somos capaces de ver hacia donde aquello nos llevará.

No digo esto con intenciones de caer en autoayuda rancia. Lo digo porque lo he vivido muchas veces en mis ámbitos de acción/práctica, como la música (sobre todo en cuanto al instrumento se refiere) o el kungfu.

A veces uno practica algo, una y otra vez y parece que no es capaz de avanzar o continuar aprendiendo. Hay que trabajar lo más y mejor posible. Pero una parte la hacemos solos, digamos  involuntariamente, y hay que confiar en ello. Muchos avances parecen darse  repentinamente, una mañana, de pronto. Pero no es así. Nuestro trabajo es progresivo y gran parte de él se da sin que nos percatemos. Eso sí, mientras mejor se lleve la siembra, mejores sorpresas obtendremos al momento de la cosecha.

Este proceso no lo vemos solamente en nosotros mismos. Cuando enseñamos, a veces nos parece que el alumno o aprendiz no responderá a las exigencias, puestas por nosotros mismos y basándonos en lo que vemos en ellos y en sus capacidades. A veces pareciera que nos equivocamos, que debimos exigir menos o pasar primero por algún punto intermedio. No es que los errores no ocurran, pero en muchos casos debemos confiar en lo que ese aprendiz será capaz de hacer. Que un proceso se está dando dentro de él, y que el mismo requiere tiempo y maduración.

sábado, 18 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (3/3)


(Viene de La inteligencia holística y la práctica musical 2/3)

El aspecto creativo o "transformador".
"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas" (4)
Este aspecto, si se quiere, es obvio, por tratarse la música de un arte. Pero dicho aspecto creativo puede aplicarse en general a cualquier quehacer humano.

El discurso musical, no sólo es creativo en el momento en que se escribe o se compone. La ejecución es también un acto creativo, que puede transformar cualquier cosa escrita. De hecho cada ejecución es una creación en sí misma porque, ya que tiene que hacerse cada vez que se hace (valga la redundancia), se crea todo el tiempo en el acto. Sólo que la práctica nos dará creaciones mejores y más perfeccionadas.

La creación por supuesto puede ser individual o compartida, entre varios músicos, con el director y a veces con el público, si se le invita a participar.

Por otro lado, en el acto improvisatorio, la creación es obvia, y cada construcción del discurso afecta a lo siguiente, afecta a la mente misma de quien improvisa y en función de ello continuará con su discurso.

La creación siempre es transformadora, pues nos muestra nuevas perspectivas, nuevas formas de ver las cosas. Dicha transformación ocurre dentro del músico y en el espectador. Puede hablarse de estados psicológicos, de puntos de inflexión que renueven totalmente nuestras visiones, o de la inspiración de nuevas creaciones.

La creación es la construcción de cultura, y por lo tanto, todo lo que hacemos, y todo con lo que trascendemos. Pero no es sólo ser un ente creador (que todos lo somos), es estar conscientes de ello y hacerlo con inteligencia.


El aspecto "valorativo" o ético.

A través del cultivo del arte (y de la música), se desarrolla el conocimiento, la auto-consciencia, se aprenden a dominar las emociones y el cuerpo, y por lo tanto se cultiva una importantísima dimensión del ser: la sensibilidad.

La sensibilidad y la empatía, aparte de la inteligencia, nos ayudan en la visión ética de la realidad. Conocer la historia de la humanidad, desde sus más profundos y abstractos discursos, acercarse, intentar comprender y recrear todo eso, nos pone en contacto directo con las sensibilidades de nuestra civilización, con nuestras maneras de ser.

El proceso de ejecución necesita el desarrollo de una auto-consciencia y autocontrol de las emociones, sino ¿cómo haría un músico que está tocando algo sumamente conmovedor para no llorar? O ¿cómo hacer para construir la emotividad necesaria en cada estadio del discruso, en cada fase de tensión y distensión, y mantenerse concentrado y a la vez dominar la técnica? Hay en el artista una formación emocional constante y rigurosa, que no sólo le ayuda a comprender sus más profundas emociones, sino a conectarse y desconectarse voluntariamente con ellas.

Ser músico también te obliga a aprender a escuchar. Sonará obvio, pero no es tan sencillo. Y cuando tocas por primera vez con otra persona, te das cuenta de ello. No es solamente llevar el tempo, calar en la afinación, es sincronizar la articulación y más allá, sincronizar las emociones.

El desarrollo de la sensibilidad creo que es indispensable para la valoración de la realidad, y para lograr diálogos productivos con los demás. Hay artes que no implican el entrar en sintonía con otros en el momento de la creación, o al menos no de manera directa. La música como arte esencialmente colectivo (difícil que todo el repertorio fuese para solistas) y como arte escénico necesita de ese diálogo y retroalimentación con los otros constantemente.

Si quieres consultar el texto completo, está disponible aquí.
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(4) Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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viernes, 17 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (2/3)


(Viene de La inteligencia holística y la práctica musical 1/3)

El aspecto multidisciplinar o "transversal".

La música, como arte, toca muchas disciplinas. Como construcción cultural, como trabajo técnico, puede verse desde muchas perspectivas.

Desde tiempos antiguos se ha asociado la música con las matemáticas (y con la física, por supuesto). Las relaciones entre los sonidos, que constituye la base de la teoría musical y los sistemas musicales, son relaciones matemáticas, que fueron estudiadas siglos atrás por Pitágoras, estableciendo el sistema de afinación “natural” o pitagórico, en el cual se basa la construcción de las escalas básicas o modos que se utilizaron durante toda la Edad Media en el mundo occidental.

Luego este sistema pasa a ser sustituido por el actual sistema temperado en el Renacimiento tardío, cuando se logra dividir satisfactoriamente la octava en 12 semitonos (3), lo cual permitió hacer música con modulaciones lejanas y abrir las posibilidades de la armonía.

Aparte de las implicaciones físicas y matemáticas en el sistema musical, tenemos los instrumentos musicales, grandes obras de la ingeniería humana. Los instrumentos dependen enteramente del avance tecnológico de la civilización. Antes de la producción industrial, por supuesto, eran máquinas completamente artesanales. El manejo de la madera, del metal, y de los materiales orgánicos (la tripa, el cuero…) influyó directamente en la evolución de los instrumentos y su precisión y afinación actual es gracias a la industria. Siguen produciéndose algunos instrumentos artesanales, muy costosos. Por supuesto que el registro y los timbres han cambiado a través del tiempo.

El conocimiento técnico y tecnológico del instrumento, aunque no es dominado del todo por el músico en general, es de su competencia, sobre todo cuando se trata del instrumento que uno toca. Hay ciertos detalles que deben estar en nuestro conocimiento para tratarlos, afinarlos y sacar los mejores recursos sonoros de los mismos.

De más reciente data es la influencia de la tecnología computarizada en la música. La música electrónica abre un abanico de posibilidades tímbricas y expresivas nunca exploradas.

Hemos hablado de la influencia de las disciplinas científicas en la música, pero hay más. Como cualquier arte, la música está directamente influenciada por la filosofía y las corrientes de pensamiento de la época en que está inscrita. La música de cada período está determinada por el “espíritu” de la época, y la técnica se ha volcado a manifestar la estética buscada en cada caso.

La sobriedad del canto gregoriano, con sus intervalos “perfectos”, la polifonía vocal renacentista, la polifonía y yuxtaposición melódica, y las formas y suites barrocas, el clasicismo con sus frases y articulaciones cortas y armonía tonal algo “transparente”; el sentimentalismo y densidad, y el orgullo nacional de los compositores románticos y posrrománticos; la ruptura de la tonalidad en el siglo XX… nos dan testimonio de nuestra propia historia y cultura.

Así mismo, la música en muchos casos se ve directamente influenciada o elaborada en función de la ejecución de otras artes escénicas, como el teatro, la danza o el cine.

Aparte de los aspectos intelectuales, la ejecución musical depende enteramente de nuestra fisonomía, y ella requiere todo un entrenamiento por parte del músico. El uso de nuestras extremidades, de nuestros diez dedos, de nuestro aparato fonador y respiratorio, influye claramente en la construcción de los instrumentos y en la explotación de sus posibilidades. La educación del cuerpo es indispensable en el aprendizaje musical y el perfeccionamiento de la técnica.

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(3) Una octava es el intervalo que hay entre dos sonidos del mismo nombre, pero distinto registro, por ejemplo Do3 y Do4. La razón matemática entre sus frecuencias es 2:1

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jueves, 16 de enero de 2014

La inteligencia holística y la práctica musical (1/3)


No hace mucho vi en la universidad una materia obligatoria, de esas a las cuales el profesor da el rumbo que le parece. En este caso, la profesora decidió dedicar la cátedra a la ética profesional. Se tocaron muchos temas interesantes. Uno de los que más llamó mi atención fue el de la inteligencia holística.

Dicho con pocas palabras, la inteligencia holística se refiere a la habilidad de ver las cosas desde diferentes perspectivas, disciplinas y metodologías, teniendo una visión sintética de los hechos o del conocimiento. Esto llamó especialmente mi atención, puesto que considero que uno de mis principales talentos es la síntesis.

Como han podido verificar a través de las ideas que he expuesto en este blog, el meollo multidisciplinar me fascina, y esa capacidad globalizadora muchas veces tendió a confundirme en cuanto a mis metas de vida. Qué digo, todavía me confunde.

Esta vez he querido abordar el problema de la importancia de la inteligencia holística, o de la importancia de la visión englobadora de las cosas en la práctica musical, según mi experiencia.

En cuanto a la definición de inteligencia holística, estuve revisando algunos conceptos por la red. Acá les dejo el que me pareció mejor redactado y sintetizado:

"El neuropsicólogo alemán Kurt Goldstein (1878-1965) publicó una obra en 1934 en donde estudiaba el organismo, sus órganos y estímulos como un proceso interactivo e integrado. De allí la holística se propagó a distintos ámbitos de aplicación.
La inteligencia holística es también denominada globalizadora, que importa tener la capacidades de captar totalidades, formas globales, generalizar y realizar relaciones interdisciplinarias. No se limita a la aplicación de tal o cual método, sino que sabe seleccionar el más conveniente al caso, incluso integrando diversas metodologías. No parcializa, aprovecha todo lo conocido, de modo sistemático y organizado, incluyendo el componente ético o valorativo.
Se trata de una mente con un estilo de pensar integrador, brillante, sabio, trascendente y poco común, propio de los grandes filósofos atenienses o de hombres renombrados del Renacimiento como Leonardo o Miguel Ángel, pero que sin embargo puede aprenderse y desarrollarse. Quienes saben usar esta inteligencia, ven el fenómeno desde diferentes perspectivas, captan no solo imágenes sensibles y elaboran conceptos delimitados, sino que pueden aplicarlos a distintas situaciones y realizar relaciones interconceptuales, lo cual es muy útil para el avance científico, aunque puede aplicarse a todos los campos de la cultura, sobre todo los artísticos. Ven el universo abierto a inagotables posibilidades, y están dispuestos a transformarlo, percibiendo como hacerlo.
Incluimos el elemento valorativo, dentro de la inteligencia holística como fundamental, pues si bien es conveniente desarrollar mentes abiertas, que interrelacionen conceptos, creativas y abarcadoras, no es menos importante que sus hallazgos no sean para la destrucción, sino para el progreso no solo científico y cultural, sino moral de la humanidad." (1)

En este concepto hay varias ideas importantes que recalcar:

  • El aspecto "englobador", "abarcador", "totalizador", y tomando prestado un concepto biológico, "orgánico". No soy ni remotamente la primera en llamar a esto "orgánico".
  • El aspecto multidisciplinar o "transversal".
  • El aspecto "creativo" o "transformador".
  • El aspecto "valorativo" o ético.


La música como organicidad.
"Los límites de la piel se tornan semi-permeables, después irrelevantes, los ejecutantes, el público, los instrumentos, la habitación, la noche puertas afuera, el espacio, se convierten en un único ser palpitante." (2)
La ejecución musical es en sí misma un acto de integración de factores. No sólo en el sentido de las disciplinas que en la música confluyen (que trataremos en el “aspecto multidisciplinar”), sino también por las múltiples capacidades que entran en juego en el momento de la práctica o ejecución musical.

Cuando un ejecutante está interpretando una obra, debe tener presentes múltiples factores, que van desde la conciencia general del propio cuerpo, pasando por aspectos intelectuales y hasta aspectos emocionales.

El propio cuerpo necesita todo un juego de sincronización y coordinación, que se va desarrollando con la práctica contínua. Dicha práctica puede estar orientada a la ejecución en general, y también a la obra específicamente. Desde la postura, el uso de cada extremidad y de los dedos, se forman en un entrenamiento constante que se da en el estudio.

Cuando ejecutamos también la mente entra en juego. En primer lugar, en el desciframiento de la partitura y en la memorización de la misma. Dicha memorización puede apoyarse de muchas maneras. Hay quienes aprenden las notas, hay quienes aprenden acordes. Yo, por ejemplo, soy más armónica. Necesito una conciencia del plan armónico para memorizar mejor. Y no tengo necesidad de anotarlo, simplemente leo siempre con la conciencia de acordes y funciones. Hay instrumentistas que por el contrario son más melódicos, memorizan notas. Y por supuesto, creo que todos necesitamos apoyarnos en la estructura o forma musical de la obra, qué es primero, qué después, y ejecutar en consecuencia.

Así mismo, dentro del aspecto intelectual, entra en juego la contextualización histórica de lo que se ejecuta. Si la obra es propia, probablemente no sea necesaria semejante profundización, pero en la interpretación de grandes autores sí lo es. La conciencia del estilo es fundamental al momento del montaje y toque. Las frases, las cadencias, los adornos, la “manera de decir las cosas”, no es igual para un autor u otro, para un período de la música u otro, e incluso el ejecutante puede tomar decisiones personales en el cómo hacerlo y por qué.

El aspecto emocional por supuesto, no puede faltar en la música, y en mi opinión, está muy unido al aspecto intelectual. Lograr interiorizar y luego exteriorizar las tensiones y distensiones en el curso de la música, dar un sentido, y una emocionalidad al discurso es algo que debe tenerse siempre presente, y aunque no lo crean, se entrena en ello también.

Todos estos aspectos los he puesto desde el punto de vista de quien toca. Quien toca lo hace con todo su organismo, y por ello la música actúa como mecanismo de integración de la misma persona.

El acto de tocar, el concierto, también puede verse como una organicidad, en el que el o los ejecutantes entran en sincronización entre sí y con el público. La diferencia entre, por ejemplo, un concierto al estilo occidental y una fiesta popular, es el nivel de participación en la creación de mensajes, o digamos el nivel de “autoridad”. Pero aunque el público esté simplemente escuchando, siempre tiene una participación.

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(1) Fuente:  http://educacion.laguia2000.com/general/inteligencia-holistica
(2) Nachmanovitch, Stephen (1990). Free Play: La importancia de la improvisación en la vida y en el arte. Ed. Planeta. p. 120.

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jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "Sacbeob", de Luca Belcastro

Mi interés por la composición me ha acercado a mucha gente. Igualmente mis reflexiones por acá, y por las redes sociales. Conocí hace un tiempo ya a una pareja, un par de amigos, que a pesar de estar en el mismo mundo que yo y en la misma ciudad, nos encontramos virtualmente. Ellos son Silvano Pagliuca y Cateri Muro, ambos apreciados jóvenes músicos, muy entusiastas.

Ellos conocieron hace ya más de un año al maestro Luca Belcastro, en un paso rápido que diera por Maracaibo, y por la Universidad Cecilio Acosta. Vino a hablar sobre su interesante proyecto Germina.Cciones, una especie de espacio para el encuentro de noveles compositores latinoamericanos que quieran compartir, componer en conjunto y ejecutar las obras de sus compañeros. Esto a un modo resumido. Pueden visitar la página web.

Lo cierto es que mis amigos me convidaron a pertenecer a esta agrupación en Maracaibo, para llevar a cabo proyectos compositivos y ejecutar obras de otros. Accedí. Después de muchas dificultades, logramos organizar algunos conversatorios con compositores locales, y traer al maestro Belcastro a la ciudad de nuevo. Arribó el 4 de noviembre, hace ya casi dos meses, y nos acompañó poco menos de una semana. No pude participar enteramente del taller, y no tenía ideas muy claras en la mente, pero fue una grata experiencia y hubo interesantes conversaciones, y el maestro trajo consigo sus libros, los cuales adquirí con gusto.

En general cualquier reflexión en torno al acto creativo me interesa. Y vengo a hablar de un libro que acabo de terminar, titulado Sacbeob. Es un libro en el que nos narra algunos de sus viajes a través de Latinoamérica. Él, un europeo un poco cansado de sus tierras y estilo de vida allá, y fascinado por la música latinoamericana, decidió emprender el viaje hacia acá, comenzar el proyecto, y así entrar en contacto con gente nueva, y realidades nuevas.

Latinoamérica es sin duda un continente de contrastes, del que poco puedo hablar. He conocido sólo dos países (el mío y Chile), y un aeropuerto (porque de ahí no salí en Ciudad de Panamá). Sin embargo, los latinoamericanos, en la nueva realidad de redes, nos entendemos. Y tenemos hasta cierto punto una identidad que por encima nos parece continental. Con sus heterogeneidades, por la vastedad del territorio.

Al leer el libro, considero al maestro Belcastro un enamorado de nuestro continente, a veces con ciertas idealizaciones. No pretendo criticarle ni quitarle relevancia a sus intenciones y su proyecto. Además todos podemos tener una fascinación y sembrarla, eso, sembrar en ella o a partir de ella, es lo más importante. A veces se cuela un poco de excesivo elogio al tradicionalismo, y ciertas descripciones encantadoras de un sistema para mí jamás justificable, como es Cuba. Pero creo que más que querer justificar lo injustificable, hay una pretensión de ver siempre la otra cara de las cosas. A veces opinamos sobre lugares que no conocemos un poco a la ligera, en realidad.

Más allá de los desacuerdos, merece la pena transcribir algunos fragmentos, y recomendar a todos aquellos interesados en la música, en nuestro continente, y en algún contraste con el mundo europeo (que él sí conoce de sobra), leer este texto. Hay muchas más ideas muy interesantes, pero siento que debo copiar demasiado para que estén completas.
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"Quizás esta sea la tarea de un artista, de un creador. Bajar del auto, ver las cosas de manera distinta, desde otro punto de vista y, siguiendo sus necesidades, encontrar los medios y las palabras precisas para manifestar y comunicar sus emociones, hasta que otras personas puedan vivirlas y compartirlas".

"Todo pasa a través de la capacidad de hacerse responsable, de luchar contra las propias justificaciones".

"El proceso creativo es fruto del deseo de dos sujetos o funciones: el emisor, que proyecta, y el receptor, los cuales en casos especiales pueden coincidir en la misma persona. Por ejemplo, un ser humano que vive en completa soledad parece ser el receptor de sí mismo. Sin este doble deseo se pierde la necesidad de la creación."*

*Belcastro, Luca. Sacbeob. Editorial Moretti & Vitali. Bergamo, 2010.

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lunes, 23 de diciembre de 2013

Música con letra

Hace algunas semanas nos visitó un colega desde Caracas, por la realización de unas audiciones para el coro del estado. Al señor se le notaba su recorrido musical y su experiencia en instituciones venezolanas. Hablaba mucho también.

Entre los muchos comentarios que nos hacía, uno llamó mi atención: él afirmaba que los músicos tienen la mala costumbre de no prestarle atención a la letra en aquella música que la tiene, que se dejan llevar por la música y ni darse cuenta de lo que están diciendo. Todos en la sala asintieron, y expresaron su acuerdo. Yo en mis adentros, no.

A pesar de ser músico, la música de letra es la que más me gusta. Y necesito una buena letra. No sé si la mayoría de los músicos no son muy amantes del lenguaje, o si no lo son cuando están en actitudes musicales, pero puedo afirmar que yo no soy así. No será la primera cosa en que me siento atípica.

En primer lugar, casi no escucho música en otros idiomas, precisamente porque la letra me es inaccesible. Prefiero la música en castellano, y por ello admito que he dejado de profundizar en géneros importantes.

Segundo, no puedo dejar de cantar. Cantar es algo que me llena más que tocar, aunque no me lleve a las mismas profundidades (no me importa si se ofenden los cantantes). El instrumento me lleva a abstracciones, a otros niveles de la mente, pero necesito cantar, siento que no hay instrumento más expresivo que la voz humana.

Ello se debe también a otra cosa: yo mayormente escribo música con letra. He tenido mis pequeñas composiciones exploratorias, experimentos y algunas inspiraciones genuinas, pero lo que más me sale, es escribir música con letra. A veces por eso me confundo, no sé si escogí el camino correcto, ¿acaso soy músico o soy poeta?

Bueno, creo que músico, porque en verdad valoro más mis canciones que las letras perdidas que dejo por ahí, por ejemplo, en este blog.




























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viernes, 29 de noviembre de 2013

Venezuela en notas: del flashmob al piano de protesta

Venezuela se debate entre perspectivas diferentes. "Debate" es una palabra muy suave. Las tensiones parecen aumentar cada día entre los distintos enunciados, entre la versión oficial y la versión "opositora". Creo que más que tratarse de ver quién tiene razón, el solo hecho de las fuertes disonancias de todos los días es un síntoma preocupante.

El arte también puede ser un síntoma, y entre lo atribulado de este mes, y una incidental falta de internet en casa, he logrado ver a los trancazos dos videos que se han reproducido viralmente en mis redes personales: en primer lugar, el flashmob hecho por los muchachos del Sistema Zulia, y el otro, una improvisación de la venezolana Gabriela Montero.

Uno muy cercano, uno muy lejano. La idea de hacer el flashmob no sé de dónde ni por qué surgió. Creo que como flashmob, se queda en la categoría de esos que se hacen por publicidad, y no posee el mismo valor del fenómeno flashmob que se da de manera espontánea, aunque la intención es bien clara y ya.

El video comienza en un lugar que me produce sentimientos encontrados: el casco central de Maracaibo, más específicamente, en la Avenida Libertador con el malecón a un frente, y el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez al otro. Un lugar que me encanta y está lleno de recuerdos, pero donde he pasado momentos sumamente incómodos, exasperantes esperando transporte público, y lidiando con la falta de planificación urbana.

Los niños y jóvenes se aglutinan en la plaza, simulando ser de una manera casual y tocan una pieza que a muchos conmueve, y no ahondaré en el hecho de que a mi me parece un cliché musical, que poco representa a la música venezolana. El Sistema muchas veces me parece un síntoma de esperanza, con todos sus problemas, y porque conozco al monstruo desde las entrañas, también conozco el trabajo del día a día de quienes salen en el video, y hasta sé sus nombres. Algo de ese patriotismo que ya poco provoca tener, se salva, a través de eso bonito que aún parece existir.


Por otro lado, Gabriela Montero vuelve a sorprenderme. Esta mujer es de mi admiración, no solo porque toca y por como toca, sino por como improvisa. Me parece absolutamente genial. Y me parece genial también que siempre levante la voz en nombre de Venezuela, aunque lejos está, y la justifico completamente.

Esta vez nos sorprende con un himno nacional moribundo, a modo casi de marcha fúnebre, siendo totalmente irreverente ante el fervor de los símbolos patrios, ella irónicamente me hace recuperar un poco también ese patriotismo perdido. Antes con su Himno a lo cacerolazo ya había hecho variaciones sobre el tema, a ritmo de 5 por 8, ese merengue que la gran mayoría de los venezolanos desconoce.

Son pocos los músicos y artistas que en este momento hacen frente al gobierno, por temor, por comodidad, por dificultad, o quién sabe (hasta me incluyo), y Montero nos recuerda el carácter contestatario del arte, uno de sus pilares fundamentales a mi parecer: la rebelión, pero la rebelión con causa.

A veces siento que como venezolana arrastro a la "patria" en este momento. Esa que muchos proclaman en nombre de ideales (y de necedades), esa que muchos declaran inexistente. Cuando me preguntan si me quiero ir, no sé qué responder, y tal vez, como muchos diagnostican, es que no quiero irme en realidad.

A lo mejor solo queda el arte para expresar el sentimiento.



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lunes, 4 de noviembre de 2013

Creación y re-creación

Hay un problema que se plantea el músico en general. El proceso de construcción artística en la música y en algunas otras artes (como el teatro), hace que sea necesaria no sólo la creación de una obra, sino su ejecución constante para que ella tenga vida.

Se establece aquí una gran diferencia con otras disciplinas artísticas, como las artes plásticas o la literatura, pues en ellas el artista crea la obra, y ella queda allí plasmada, siendo ya susceptible de ser apreciada por el espectador.

Cierto es que en el proceso artístico hay varios niveles de interpretación, y el espectador es uno de los más importantes. El espectador, al comtemplar la obra, hace de ella lo que quiere, y no necesariamente capta el mensaje que de algún modo quiere transmitir el artista.

Son tantos los niveles de interpretación que el proceso artístico puede verse como un acto de comunicación imposible, en el que caben contenidos y mensajes múltiples, y a pesar de ello puede comunicarlo todo, comunicando nada específico.

A estos niveles, en las artes como la música o la actuación se suma el nivel de interpretación del ejecutante (el instrumentista, el actor...) En algunos casos el compositor y el ejecutante serán la misma persona, pero la gran mayoría de las veces, el compositor, aunque participe en la ejecución, necesitará de otros para dar vida a su obra. En el caso de que sea él mismo una y otra vez, dará cada vez interpretaciones diferentes a la obra.

Así, nos encontramos con varios niveles de interpretación: el compositor → el ejecutante → el público. Cuando la obra es colectiva, se suma a estos niveles, otro: el del director, quedando esta cadena en: el compositor → el director → los ejecutantes → el público. También cuando hay un arreglo de por medio, o una producción discográfica, agregamos uno o varios niveles de interpretación: el compositor → el arreglista (o el productor) → el director (opcional) → el o los ejecutantes → el oyente o público. El compositor puede jugar cualquiera de los otros roles.

La construcción de la música se nos presenta pues como una construcción poli-interpretativa, de varios niveles, en cualquiera de los cuales el mensaje puede ser increíblemente afectado, y nos puede llevar a "múltiples obras", aunque consideremos la "obra" como el trabajo del compositor. Sin embargo, podemos escuchar una obra en tan diferentes formas, hasta llegar incluso a deformar su identidad como tal (se da en el caso de ejecuciones muy alejadas del "estilo correcto" o de "arreglos").

Así pues, aunque ubiquemos la "creación" artística en el caso musical, en el nivel del compositor, hablando literalmente, hay procesos de "re-creación" de la misma. Cada ejecución es una creación in situ, aunque la obra haya sido mil veces estudiada y revisada. Esto ya lo he tratado en escritos anteriores.

La diferencia por ejemplo, con el proceso de improvisación, es que el ejecutante crea y toca a la vez, sin que haya interpretaciones de ideas pre-establecidas, y el plan de pronto sea creado en el momento (dicho plan puede estar determinado por un motivo, una secuencia de acordes...), porque la organización siempre existe, el discurso lógico existe, los principios de tensión y distensión existen, aunque se esté improvisando. En una improvisación, si es entre varios músicos, hay un proceso de comunicación importante, en el que uno deja hablar al otro, y a la vez le acompaña, y todos se roban ideas entre sí. Hay pues un proceso de interpretación de las ideas entre los mismos ejecutantes, y el resultado de ello llega al público.

La interpretación de todos, a la vez está contaminada por varios aspectos entre los cuales podríamos destacar: el conocimiento del estilo musical, la técnica en el instrumento, el propio contexto histórico, local y cultural, las impresiones personales y hasta los caprichos.

La música que se escucha es pues, un discurso interpretado muchas veces, un mensaje contaminado de mil mentes o situaciones, un rico y conmovedor mensaje humano.

wallyg / Foter.com / CC BY-NC-ND

sábado, 8 de junio de 2013

El arte es calidad de vida

En estos días recordaba esta memorable frase que nos repetía una y otra vez el profesor Isea en la universidad: "el arte es calidad de vida". Él la mencionaba a propósito de la cultura generalizada que hay en este país de no pagar por el arte, porque el arte "no aporta nada a la sociedad" o algo por el estilo.

Luego de un toque el sábado pasado, se me acerco un señor entrado en años haciéndome comentarios sobre lo excelente que la habían pasado, cantando, bailando, bebiendo y compartiendo. Me decía que hace mucha falta que se hagan eventos culturales, sobre todo en momentos de tensión política como los que vive Venezuela.

En ese momento me acordé de la susodicha frase: la gente en ese espacio había hecho una catarsis, fundamental en mi opinión para mantener la salud emocional, que solo puede lograrse a través de la cultura. Cultura, arte, llámese como se llame. Eso por lo que nadie quiere pagar.

Lo escabroso del asunto es que en épocas de crisis, una de las primeras cosas que se recortan es la cultura, y el momento que estamos viviendo no nos favorece a los artistas para nada. Primero, por la poca bonanza económica, que hace que la gente gaste en lo básico, y allí el arte lamentablemente no está, y segundo por la falta de libertad de expresión y difusión de contenidos, o la obligación de servir a intereses ideológicos determinados en las instituciones culturales.

Yo a veces me pregunto para qué rayos sirve el arte, pero eso, el arte es fundamentalmente el único espacio en el que el hombre es libre y auténticamente él mismo, es la única manera de ser locos justificadamente, de sacar fuera nuestros demonios, y de expresar lo inexpresable. Pero considero que es la única forma de expulsar tensiones que de otro modo no saldrían. Hay gente medio loca como yo que decide dedicar la vida a ello. 

Por estas razones precisamente, el arte es fundamental en la educación. No como enseñanza de historia del arte, sino como espacio para la creatividad y la improvisación. Ese renglón está muy descuidado en nuestro país, y esto ha traído como consecuencia que haya generaciones que no aprecian la creación artística, y que no tienen criterio alguno para seleccionar contenidos artísticos.

Nuestra pobre calidad de vida está en detrimento del arte, y la falta de arte en detrimento de nuestra ya pobre calidad de vida. Así, el ciclo se repite y se refuerza. Ese reforzamiento viene muchas veces incluso desde los cultores que piensan que la gente no tiene por qué pagarles, o que es el gobierno el único que debe ocuparse del sector cultural.

Y así, seguimos sin arte. Seguimos sin calidad de vida.

superUbO / Music Photos / CC BY

lunes, 25 de marzo de 2013

Crónicas del falsete masculino

En uno de los artículos anteriores, pretendí demostrar que el machismo también afecta a los hombres. Las maneras cómo les afectan pueden rayar muchas veces en la estupidez, y particularmente en mi campo profesional, he visto cómo ciertos hombres son víctimas de dichos prejuicios. Y uno de los prejuicios más estúpidos se da con respecto a aquellos cantantes masculinos que quieren dedicarse a ser falsetistas.

Creo que la mayoría de las personas sabe lo que es un falsete, especialmente en los hombres. Sin embargo les dejo la definición de Wikipedia para que tengan una idea:

El falsete es una forma de emisión vocal en voces tanto masculinas como femeninas, usando la vibración de una parte de los pliegues vocales, que son unas estructuras situadas en la laringe próximas a las cuerdas vocales. Se utiliza para alcanzar notas más allá del registro normal del cantante, tanto agudas como graves, aunque lo más frecuente es que se emplee para agudos. La principal característica del falsete es el notable cambio de color y timbre de la voz al efectuarse, en comparación de la voz natural del ejecutante.
En general se distingue dos registros en la voz humana, un registro grave o de pecho y un registro agudo o de cabeza. Además de estos dos registros principales, existe la voz de falsete, simulando la voz infantil, que es más aguda que la voz natural y en ocasiones inestética. El canto de falsete ha contado con grandes escuelas a lo largo de la historia que han perfeccionado este método de emisión de voz.

Empezaré con que yo no estoy muy de acuerdo con el nombre de falsete, pues denota que el cantante está usando una voz "falsa", cuando no es literalmente así. El cantante usa su fisiología natural para cantar estas notas, solo que el cambio de color, y la relativa facilidad para abordar una nota muy aguda en comparación al ataque con la voz de pecho, es lo que hace que se le llame así. Pero siendo técnicamente correctos, el falsete es otro registro. El registro sobreagudo de la voz, podríamos decir.

Todos los instrumentos poseen una heterogeneidad tímbrica entre sus diferentes registros, y la voz humana no es la excepción. No todas las voces masculinas tienen un buen falsete. Las connotaciones "poco masculinas" que se le atribuyen, pueden provenir del hecho de que su color se asemeja mucho al de una cantante soprano en su registro agudo.

No se debe confundir falsetista con castrato, aunque muchas de las obras que hoy interpretan los falsetistas fueron escritas para castrati. El castrato es sometido al proceso de castración en su temprana adolescencia, para conservar su voz infantil. Otro nombre con el que se conocen los falsetistas es el de "contratenor".

El falsete es un gran recurso expresivo también en la música popular. En los coros de voces masculinas se utiliza mucho para poder tener un registro más amplio y más variedad de color. Muchos solistas hicieron y hacen uso de este registro, como Michael Jackson, Freddie Mercury y más recientemente Mika.

En Europa, en la actualidad y en la historia escrita de la música de Occidente, no parece haber asociaciones respecto a ser falsetista (incluso castrato cuando existían) y la orientación sexual del cantante. De hecho, estos cantantes eran grandes estrellas que tenían muchas amantes y llevaban una vida de excesos. Cómo llega a asociar el latinoamericano el falsete con homosexualidad, no lo sé.

En Maracaibo las cátedras de canto no son numerosas, y se puede afirmar que existe una sola Escuela como tal, llevada y madurada por la misma persona. Si algún cantante marabino lee este artículo, probablemente no podrá evitar entender las alusiones personales. Yo me limitaré a no mencionar a nadie.

Un par de amigos míos han sido víctimas del prejuicio anti-falsete. Las personas que los condenan, e incluso los amenazan (no con daños físicos, pero sí con perjuicios profesionales), argumentan que el público marabino "no está preparado" para ver un falsetista en escena, y que inevitablemente serían atacados y discriminados por la gente (ellos son los primeros que los discriminan al hacer semejante afirmación). Sin embargo, sé que ellos estarían dispuestos a asumir ese riesgo, que es el riesgo que asumimos todos los que tratamos de hacer música clásica en esta ciudad, en uno u otro nivel.

Así, los mismos artistas, las mismas personas del gremio musical, que son las primeras que deberían abogar por el arte, aplastan las iniciativas personales, y así siguen evitando que "el público esté preparado" para cualquier cosa. Me molesta sobremanera que además estas amenazas hacia el talento joven tengan tantas connotaciones tanto machistas como homofóbicas.


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lunes, 4 de marzo de 2013

El machismo al revés

Normalmente cuando se habla de machismo se ve éste desde la perspectiva de la superioridad del hombre sobre la mujer, teniéndose a ella como la principal víctima de la sociedad paternalista. Esto es cierto, y sabemos que, aunque las brechas de género en Occidente cada vez están más cerradas, aún hoy ocurren  atropellos a la mujer y se cometen crímenes claramente sexistas.

Pero mi intención es resaltar una dimensión del machismo que pocas veces se aborda: el hecho de que éste reparte los roles sociales de hombres y mujeres por igual, resultando en una limitación de la vida del hombre también. Como dije, en Occidente podría decirse que, al menos en el marco formal, legal y jurídico, el machismo ha sido erradicado. Pero culturalmente está lejos de no existir y, particularmente en Latinoamérica, sigue estando muy arraigado en el pensamiento general y aún más gravemente, afecta muchísimas veces la crianza de los hijos. 

El machismo no solamente constituye la prevalencia del hombre sobre la mujer, sino la prevalencia de los valores masculinos en la construcción de la sociedad, y un desequilibrio general en la expectativa de qué es un hombre y qué una mujer. Se espera pues que el hombre sea excesivamente masculino y dominante, y que la mujer sea femenina y sumisa, cuando las características asociadas a "masculinidad" y "femineidad" son realmente una convención, que no siempre encaja con la personalidad de quien es de un sexo (biológico) u otro, y que pudieran estar presentes al mismo tiempo en el carácter de un mismo individuo.

Los roles que juega cada sexo no son del todo artificiales, y algunos tienen profundas raíces biológicas y culturales. Por ejemplo, el hecho de que la mujer sea quien porte a la descendencia durante nueve meses en su seno, y tenga que alimentar a los hijos durante el período de lactancia, hace que inevitablemente ella tenga un vínculo mayor con ellos y que se vea afectada físicamente en este período particular de su vida; así mismo, el hecho de que un macho pueda reproducirse al mismo tiempo con muchas hembras, pero no al revés, marca profundamente el comportamiento no solo del hombre, sino de muchas especies en cuanto a la organización social. También durante las primeras etapas de la civilización sedentaria humana, se daba en muchos casos la repartición de roles del tipo el hombre es quien provee - la mujer es quien cría, por razones prácticas, pero no sé si se pueda hablar de un determinismo biológico o social, puesto que han existido en la humanidad muchos tipos de sociedades y de conformaciones matrimoniales y familiares.

Lo cierto es que en la sociedad occidental (esa cosa extensa, antigua y heterogénea que a veces no parece poder tener un solo nombre) hay una larga tradición de paternalismo, que se refleja tanto en lo material (el hombre provee, el hombre crea, el hombre es quien trabaja y quien es capaz de grandes ideas; la mujer es inferior en todo sentido y debe ocuparse de los hijos, de la casa y del cuidado emocional del hombre), como en lo espiritual (Dios es hombre).

La democratización progresiva de la sociedad y del conocimiento, así como el avance de la tecnología y los logros en el facilitamiento de la vida cotidiana, ha llevado a la mujer a querer formar parte, cada vez más y más, de los asuntos importantes de la sociedad. La mujer quiso ejercer sus derechos civiles, tomar sus propias decisiones económicas, tener la posibilidad de estudiar, tener la posibilidad de divorciarse, crear, exponerse, pasar de ser una mujer a ser un humano integral, teniendo la misma autoridad y visibilidad que cualquier ser humano (hombre) en el mundo. Aún así se sigue esperando de ellas cierto apego al hogar, cierta sumisión, mucha fidelidad sexual y cuando demuestra demasiada agresividad intelectual, física o de actitud, se la considera "intimidante".

Pero ¿qué es lo que se espera del hombre? Porque es el problema que quiero tratar especialmente. Del hombre también se esperan ciertas características. Un hombre tiene que ser fuerte, independiente, promiscuo (aunque no se diga públicamente), y no debe mostrar actitudes de sumisión, o de extrema sensibilidad, cualidades que se tienen como especialmente "femeninas": "los hombres no lloran". Ciertamente la fuerza y la sensibilidad parecen actitudes contrarias, el error está en asociarlas a algún sexo. Esas actitudes están en cualquier ser humano en diferentes medidas.

¿Afecta esto la vida de los hombres? ¡Por supuesto que sí! Los afecta todos los días, puesto que la expectativa sobre ellos es también sumamente desequilibrada. Por esta razón es que por ejemplo, los hombres tienen tantas dificultades a la hora de querer dedicarse a una carrera artística. No se espera de ellos esa sensibilidad, y peor, se asocia la actitud sensible con homosexualidad. Lo irónico es que tradicionalmente en Occidente, tanto el quehacer laboral y científico como el quehacer artístico siempre fue "competencia de los hombres". No se conocen científicas y artistas femeninas de épocas antiguas por la misma razón. Muchas de ellas, las más valientes, obraron desde la clandestinidad. Sin embargo, hoy en día, como fenómeno residual (y ridículo) del pensamiento paternalista, vivimos estos juicios dados al hombre artista.

Tantos hombres hay que quieren ser chefs, cantantes o bailarines, y tantos padres hay que no aceptan el gusto de sus hijos por el arte, por considerarle "femenino" e "improductivo" (esta última parte no solo está asociada al machismo sino también al pragmatismo de nuestra época). Así mismo se condenan muchas veces las actitudes románticas o idealistas en el sexo masculino: "no seas poco hombre".

Otro error, que se comete más frecuentemente con respecto al hombre, es asociar la homosexualidad con pérdida de la masculinidad. La orientación sexual y el sexo son cosas diferentes. Y por extensión, las actitudes "poco masculinas" se asocian a homosexualidad, cuando no necesariamente es así. Igualmente, dentro del colectivo homosexual masculino (y femenino también) hay una gran heterogeneidad de actitudes y normalmente el hombre homosexual no aspira a ser mujer (eso es transexualidad), sino que acepta demostrar actitudes que socialmente son tenidas como "femeninas", gustan de practicar más bien cierta "androginia social" (cosa que también gusta a algunos heterosexuales, y no es tan mal vista en la mujer).

El uso del cuerpo también ha sido deformado por esta división arbitraria de lo masculino - femenino. Usar el cuerpo como medio de seducción, exhibirlo, y cuidarlo estéticamente es normalmente asociado a una actitud femenina. Quizás solo quienes son más "tradicionalistas" mantengan este pensamiento, pero se refleja en el discurso cotidiano. Actitudes dedicadas a la exhibición, como el modelaje o el fisicoculturismo, no son tenidas como algo "muy masculino", sino al contrario.

Estas actitudes no solamente son reforzadas por los hombres (padres, amigos...) sino también por las mujeres. Muchas mujeres comentan que un hombre bailarín es poco masculino, o que un hombre que se saque las cejas es horrible. Y muchas veces se excusan en que "es una cuestión de gustos". Pero estos valores (lo que realmente son) se los inculcan a sus hijos varones en su crianza. En un mismo hogar en el que hay hijos de ambos sexos muchas veces se observan marcadas diferencias en cuanto a lo que se permite a uno u otro, y en cuanto a lo que se espera psicológica, social, sexual, económica y profesionalmente de uno o de otro.

La sociedad machista es pues algo que debe ser superado, no por el bien de las mujeres, sino de los hombres también.


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