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martes, 9 de abril de 2019

Los servicios públicos "gratis" de Venezuela

Son muchos los comentarios que leído últimamente en redes afirmando que si los venezolanos salen del país, o si Venezuela llega a salir de la crisis, los ciudadanos tendrán que acostumbrarse de nuevo a pagar precios reales por los servicios en general, públicos o privados, haciendo alusión a que allí en este momento son gratuitos o demasiado baratos.

Más allá del tema del costo real en dólares, y que los venezolanos en su mayoría no producen en dólares, voy a retratar un poco cómo "funcionan" los servicios en este momento en Venezuela, y por qué, a pesar de que efectivamente son relativamente muy baratos, a veces terminan saliendo muy caros. Hablaré específicamente del caso Maracaibo, puesto que es mi ciudad y es donde viví hasta marzo de 2018, y consíderese, que es la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Electricidad

Empezaré con el tema "en boga", el tema de la electricidad. El servicio eléctrico en Venezuela siempre ha sido de administración pública, pero antes del chavismo, era descentralizado. Los estados o regiones eran manejados por empresas regionales. En el caso del Zulia, existía la empresa Enelven, que gozaba de gran prestigio por su eficiencia y buen funcionamiento. Según rastreo en la web, en 2007 se centraliza la administración de la energía eléctrica, con la creación de Corpoelec, y todas las empresas pasan a ser sus filiales.

Por ser yo relativamente joven, no puedo hablar con propiedad de las tarifas que se pagaban por luz antes del gobierno de Chávez, pero recuerdo que en casa, nos tenían prohibido encender los aires acondicionados durante el día, y en épocas de crisis, los fines de semana en la mañana mi padre nos apagaba los aires. Al menos, se puede decir que el costo era significativo, al menos lo suficiente para considerar ahorrar y bajar un poco el impacto de la factura en el presupuesto familiar.

La decadencia del sistema eléctrico nacional es de larga data. En el año 2009 comienza a manifestarse, con los primeros racionamientos que recuerdo en el estado Zulia. Estos fueron oficiales, con horarios programados, que ya en esa época comenzaron a afectar nuestras actividades diarias. Comenzaron siendo de 4 horas interdiarios, y luego pasaron a ser de 2 horas diarios. Con las bajadas de consumo, desaparecían un poco, y con el tiempo, en épocas de alto consumo volvían, ya sin horarios establecidos, simplemente se iba la luz por 2, 3 o 4 horas exactas en determinados sectores.

Este mes hemos vivido el gran apagón nacional (han sido varios, pero al final es uno solo del que no se termina de recuperar el sistema), y el gobernador del Zulia ha llegado al colmo de anunciar que los sectores de la ciudad sólo pueden tener de 4 a 6 horas diarias de luz.

La inflación poco a poco fue consumiendo el precio a pagar por el servicio eléctrico, y por el corte populista del chavismo, las tarifas no aumentaban conforme a la inflación (porque ésta además era negada descaradamente por ellos). No conforme con ello, el funcionamiento de las oficinas fue entrando en decadencia, y al día de hoy, las oficinas de Corpoelec están cerradas en su mayoría, y aunque llegue por ahí la factura de la luz, es imposible pagarla.

El servicio poco a poco, ha pasado a ser prácticamente gratuito, pero inexistente. Sumado a ello, desde hace dos años, la crisis ha consumido la vida urbana a tal punto que es pan de cada día el robo de cables, además de la explosión de transformadores y estaciones por sobrecarga del sistema. Si las autoridades llegan al sector afectado, no tienen cómo responder, y piden a la gente sobornos en dólares, o que los mismos ciudadanos financien los cables y transformadores, los cuales tienen que importarse en dólares también. Se han corrido rumores de que los mismos trabajadores del sector eléctrico roban los cables para venderlos luego a los usuarios.

¿Es gratis la luz en Venezuela?

Foto: Panorama

Agua

Hablemos ahora del "vital líquido". Con el gran apagón nacional la crisis del agua se ha agravado, por los problemas de bombeo, teniendo que ser testigos de escenas indignantes, como familias agarrando agua y bañándose en alcantarillas urbanas o en el río Guaire. Pero la crisis del agua es de larga data.

Hace más de cinco años, ya en Maracaibo la mayoría de la clase media se había armado de bombas para halar el agua, cuando el bombeo era pobre la mayoría de las veces. Mucha gente se indignaba y echaba la culpa a quienes poseían estas bombas por el escaso suministro. Pero digamos la verdad, si el bombeo fuera suficiente y constante, los tanques en los domicilios estarían llenos la mayor parte del tiempo. Hay edificios donde desde hace tiempo se manejan horarios de agua de dos horas diarias para racionarla.

Las facturas de agua hace rato que no llegan en muchos sitios, y donde llegan, el precio es ínfimo, pero nadie quiere pagar por un servicio que es absolutamente insuficiente. Incluso las empresas estatales llegan a amenazar de corte del servicio a quienes no pagan, y éstos no tienen más que reírse de ellos.

Y aquí viene la peor parte. Los camiones cisterna. Ante la crisis de bombeo, son muchos los particulares que recurren a ellos, y son bastante costosos. Obviamente si hay camiones cisterna, quiere decir que en las fuentes hay agua, y se teje una amplia red de corrupción para el llenado de éstos. Hasta el año pasado, tenían las agendas copadas, y había que apartarlos con varios días de antelación. Los mismos propietarios de camiones sufren amenazas de las autoridades, a veces los obligan a llenar tanques de sus familiares antes de que salgan a trabajar, y muchas veces son asaltados en zonas populares, no para quitarles el camión, sino para desviarlos, y quitarles el agua.

¿Es gratis el agua en Venezuela?

Aseo urbano

Esta parte es asquerosa y triste, y una de las cosas que más me disuadieron de seguir viviendo en Maracaibo. El servicio de aseo urbano es inexistente. No recuerdo exactamente, pero el cobro se hacía en la factura de la luz o del agua, por lo que tampoco se está pagando por él. La crisis económica y de los repuestos automotrices, hicieron que la flota de aseo urbano poco a poco fuera menguando, hasta quedar prácticamente en nada.

En Maracaibo desde hace aproximadamente cinco años se recoge la basura cada vez menos. Los depósitos en casas que disponen de ellos y en edificios se desbordan de basura. La gente, desesperada, la bota en los contenedores públicos provistos para ello, que se desbordan, y en terrenos vacíos que se convierten en pequeños rellenos sanitarios en zonas residenciales. Muchos particulares, para deshacerse de ella, pagan camiones para que la lleven a algún lugar lejano, y de más está agregar que no hay ningún control sanitario para ello.

Pero los mismos terrenos y depósitos colapsan, y la misma gente recurre a la quema de basura. Recuerdo en 2017, cuando me levantaba temprano, a las cinco o seis de la mañana, el olor que comenzó a caracterizar a mi ciudad, era el de la basura quemada. Salía uno a la calle en la madrugada, y aparte de la oscuridad por el deterioro del alumbrado público, se divisaban las fogatas inmundas por todos lados.

Con esto, aumentan las plagas y la contaminación del aire, Maracaibo desde hace un tiempo es un mosquero, y por consiguiente, aumentan las enfermedades, sumado a la crisis del sistema de salud.

¿El aseo urbano en Venezuela es gratis?

Foto tomada por mi en el Centro de Maracaibo, diciembre de 2014

Telefonía e internet

Al igual que las tarifas de todos los servicios, la inflación se come las tarifas de telefonía fija, móvil y de internet. Solo que en este caso, hablamos tanto de proveedores públicos (Cantv y sus servicios: Movilnet y ABA internet), y de servicios privados (Movistar, Digitel, y servicios satelitales de internet), por lo cual el cobro siempre se ha realizado a los usuarios.

Para pagar los servicios como tal, hay problemas con las plataformas bancarias, con la hiperinflación, los montos caducan rápido, y siempre es difícil pagar. Por otro lado, los usuarios pagan en bolívares, tarifas ínfimas en comparación con el mercado internacional (y que sin embargo golpean su bolsillo, sobre todo cuando se hacen los aumentos), y las telefónicas no reciben los dólares "asignados", por lo que hay una fuerte desinversión en todos los sistemas.

Todo esto provoca una bajísima calidad del servicio. En el caso de Cantv y filiales, incluso se ha caído el servicio de tenefonía fija e internet, para nunca más volver en muchos sectores. Las comunicaciones por móvil son sumamente lentas, tanto para llamadas como para datos móviles. Uno llegaba al colmo de intentar hacer una llamada 10 veces antes de que cayera. Los datos van y vienen, y son sumamente lentos. A esto se suma el problema de los apagones, por lo que muchas repetidoras dejan de funcionar y los sectores intermitentemente se quedan absolutamente sin señal de alguna de las tres operadoras.

Mucha gente ha recurrido a servicios satelitales para tener acceso a internet. Estos se pagan en dólares y son costosos. La conectividad en Venezuela es sumamente baja, por deficiente ancho de banda, ahora por problemas de acceso debido a la caída del sistema eléctrico.

¿Es gratis la conexión en Venezuela?
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La intención de estas anécdotas es hacer reflexionar a quienes juzgan a los venezolanos de "no querer pagar los servicios públicos", o a "estar acostumbrados a no pagarlos". No es verdad. Los servicios en Venezuela no funcionan, y buscar alternativas suele salir muy costoso. Yo vivo en Colombia desde hace un año, y no tengo problema en pagar todos mis servicios, y tengo el placer de que funcionen.

Agradezco en los comentarios sus anécdotas personales.

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domingo, 23 de noviembre de 2014

Una protesta, una feria del libro y una triste demostración de "cultura"

Empecemos diciendo que no soy de Caracas. Vivo en Maracaibo, pero evidentemente soy venezolana. Quiero decir con esto que lo que percibí de los hechos de esta tarde, lo hice de manera lejana e indirecta. Sin embargo, no creo que esto imposibilite manifestar mi opinión sobre ciertas cosas que pude apreciar a través de las redes sociales sobre todo.

No vengo a hablar del hecho como tal. Lo que pude saber, por noticias y testimonios, es que hoy se celebraba el cierre del Festilectura 2014, una feria de libros que se realiza en Caracas y que la misma estaba teniendo lugar en la Plaza Altamira, habiendo tenido hoy más concurrencia que los anteriores días, según algunos testigos.

En la zona, cerca de horas del mediodía, se conglomeró un pequeño grupo de jóvenes a protestar. Parece que las actividades de protesta no fueron muchas ni muy contundentes, hicieron cadenas humanas, trancaron una avenida que daba paso a la Plaza, y por lo tanto, al evento, y al parecer, algunos cuerpos de seguridad aparecieron, sin llegar a enfrentamientos. Debido a la atmósfera que estaba habiendo en el lugar, los organizadores del Festilectura decidieron cerrar el evento por seguridad.

Aclaremos: los manifestantes supuestamente manifestaban en memoria de los estudiantes caídos en las protestas de febrero. Sea quien sea que organizó esta manifestación, fue bastante escueta y fracasada, y estorbó en un importante evento cultural: vamos bien. Sin embargo, protestar en un evento cultural, con afluencia de gente no es del todo descabellado: se busca visibilidad. Así mismo, la Plaza Altamira es un lugar según tengo entendido, relativamente seguro en la capital, y un punto ya prácticamente obligatorio en las manifestaciones opositoras.

Lo lamentable de todo esto, no fue que la protesta tuviera poco impacto y sentido, ni que el Festilectura cerrara parcialmente (al par de horas algunos stands reabrieron, pero muchas actividades se suspendieron); sino la demostración que dieron los "amantes de la cultura y de los libros" en las redes sociales.

Los muchachos que manifestaban fueron calificados de guarimberos (sí, la palabra favorita del gobierno), oscurantistas, brutos y bárbaros, poco estudiados, iletrados, y un vergonzoso etcétera., por el hecho de haber "provocado" el cierre del festival (cosa que ellos no pedían, fue una consecuencia indirecta; se puede decir que fue una torpeza).

Una cantidad de personalidades (escritores, autores, articulistas, dueños de medios, blogueros de renombre de la escena venezolana), no dudaron en ridiculizar la acción y adelantar toda clase de conclusiones sobre la "poca cultura" de los niños enmascarados, por haberles interrumpido su festival.

Y cómo me decepcionaron, señores, porque yo sigo a muchos de ustedes. Yo soy una persona mucho más inclinada al pensamiento y la reflexión que a la acción. Yo soy una asidua lectora, soy escéptica y crítica, y me encantan los pocos espacios culturales de los que gozamos, pero eso no me hace mejor que nadie, ni me da las facultades de andar llamando "bruto" a alguien por una acción que me haya afectado, menos aún tratándose de una protesta en un país que atraviesa una situación tan crítica como la nuestra.

En Venezuela, ser un "letrado", más aún, tener una buena educación, es un lujo, como para que vengan nuestros escritores, con ese aire de divismo, a darles todo tipo de descalificaciones a estos muchachos por una simple manifestación, torpe, pero manifestación al fin.

En verdad no se debe andar actuando con poca cabeza, pero el descontento es fuerte, y últimamente nadie ha estado dispuesto o ha logrado capitalizarlo efectivamente. La espontaneidad, la improvisación son cosas que tarde o temprano pasarán.

El pensamiento sin acción no sirve de nada. Y de hecho, creo que en general, quienes llevan a cabo las dos cosas son gente diferente, debe procurarse una articulación efectiva entre las ideas y lo que se hará al respecto de la situación que vivimos. Hoy fue lamentable que mucha gente presentara la cultura y la protesta como dos cosas incompatibles, cuando definitivamente no lo son.

Les dejo con algunas de las opiniones que personalmente no secundo.






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jueves, 29 de mayo de 2014

Caraqueando

La semana pasada apenas, conocí la capital de Venezuela. Debo reconocer que como una primera vista, algo superficial, es una ciudad de contrastes que sobrepasó las expectativas que tenía de ella. Por aquí de echan muchos cuentos de los cerros, del tráfico insufrible, del smog de Caracas, pero con todo y eso me pareció una ciudad bonita.

Las montañas hacen su trabajo por el paisaje, y la temperatura, aunque hacía algo de calor, es mucho más tolerable que la de mi ciudad/infierno. No pude evitar todo el tiempo tomar a Maracaibo como punto de comparación, y en líneas generales, Caracas está mucho mejor en cuanto a urbanismo, transporte público y arborización.

Fue un viaje muy ajetreado e imprevisto. Por razones ajenas a mí, cambiamos de hospedaje a diario, lo cual hizo aún más tortuoso el viaje. Sin embargo, conocí lugares nuevos y gente nueva, lo cual siempre me llena de entusiasmo.

Al llegar en el sistema de buses que trasladan del aeropuerto de Maiquetía a la ciudad, lo primero que apareció ante mis ojos fue el majestuoso Teatro Teresa Carreño, un complejo cultural como no he visto otro, ni en Maracaibo ni en otros lugares que he visitado. Uno de los días tuvimos la fortuna de entrar a sus salas, y ver de cerca semejantes espacios inmensos.

Anduve sobre todo por las zonas de Parque Central, Chacaito, Sabana Grande, Las Mercedes. Me gustó la comida que probé, aunque en general mucho más cara que en Maracaibo. Me gustaron las aceras y plazas en general, y debo decir que el problema de los buhoneros no está ni remotamente cerca de la gravedad que tiene acá, a menos que no haya estado en las zonas peores.

Me decepcioné un poco de ver todo el dinero que mueve el gobierno en cultura allá, mientras en Maracaibo andamos arañando presupuesto todo el tiempo. Conocí el Centro de Acción Social por la Música de la Fundamusical Bolívar, un lugar excelente, bien dotado, con varias salas y pianos, y morí al recordar la precariedad de las casi inexistentes instalaciones marabinas. Vi cómo son los pendones, afiches y programas de mano de los eventos en Caracas, mientras aquí son prácticamente nulos.

El metro, a pesar de todas las quejas que veo de los usuarios en las redes sociales, es un metro y funciona. Así decimos los venezolanos, "al menos", y más aún recordando los incompetentes y anticuados carros por puesto, reyes del transporte colectivo de Maracaibo. Además, irónicamente, las tarifas son más económicas en Caracas.

Conocí el Guaire, y una señora en un bus me echó el cuento de un ladrón al que habían agarrado y tirado al río sin compasión la noche anterior. Esa señora por cierto, me habló de la escasez en Caracas, y según noté, no tenía ni idea de dónde queda Maracaibo.

Hubo también cosas tristes, aparte del centralismo evidente, por ejemplo, la vista de los cerros cuando uno va saliendo de la ciudad. Una noche nos animamos a conocer el Hard Rock Café, pero nos echaron temprano, por trabajos eléctricos en el Sambil, toda una venezolanada.

En fin, conocer, admirar, comparar, compartir. Todo siempre vale la pena. Los dejo con dos vistas contrastantes de Caracas:




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