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jueves, 6 de diciembre de 2012

A propósito de los propósitos

Uno de los grandes argumentos del paradigma deísta, y un tema muy tratado por la filosofía desde tiempos muy antiguos, es el del "propósito de la existencia". No tengo pretensiones de rebatir aquí posturas de grandes maestros ni de exponer una historia de la teleología. Simplemente, pretendo exponer un punto de vista personal. Personal no quiere decir que no tenga influencias, pero no me detendré a buscarlas o citarlas.
Una pregunta que siempre queda en el aire cuando debato con gente de creencias deístas es: "¿Entonces, según el ateísmo, estamos aquí para nada?" "¿Nuestra existencia no tiene ningún propósito?" "Eso es imposible", dicen.

Creo firmemente que la necesidad de un "propósito" es meramente psicológica. Nuestra estructura de llevar a cabo las acciones y proyectos, que aparentemente siempre tienen un "para qué" nos hace pensar que no podemos estar aquí "a causa de nada" y, además, "para nada".

En primer lugar debo aclarar que como ateísta que soy, no creo que estemos aquí "a causa de nada". Ni más faltaba. La diferencia está en que creo que las causas fueron múltiples, complejas y caóticas. Propósitos, a lo mejor los hubo en determinados puntos de la evolución, pero un "propósito general", un "objetivo general" a la usanza de las tesis de investigación o de los proyectos humanos, eso no existe. Además me gustaría que alguien me dijera más o menos cuál podría ser un "objetivo de la existencia", sin que éste constituya una generalización y por lo tanto, limitación de lo que podemos ser o hacer. La mayoría no se atrevería a contestar esta pregunta, mientras se limitan a decir que dicho propósito "hay que descubrirlo" o que "no podemos saberlo, y sólo dios sabe lo que hace".

Si somos producto de causas múltiples, nosotros mismos constituimos una causa, cada uno de nosotros, nosotros cuando nos unimos, y nosotros como especie. Pero la manera como afectamos nuestro entorno, y los propósitos que nos trazamos adrede son tan múltiples y complejos que casi siempre se nos escapan de la voluntad. Como especie somos causantes de muchas cosas, pero casi nunca nos ponemos de acuerdo en algún propósito. ¿Hemos logrado alguno? Podría decirse que uno que otro, por citar un ejemplo, la erradicación de la viruela. Ahora podemos decir que somos capaces de ponernos de acuerdo en algo, aunque no lo demostremos con mucha frecuencia.

Si de "objetivos generales" vamos a hablar, podemos poner como ejemplo al individuo. ¿Podrías decir que toda tu vida, todas las acciones de tu vida, todas las decisiones que has tomado, responden a un solo propósito general? No sé si tú puedes, pero yo no. Nuestra personalidad es compleja, y nuestras acciones responden a tan diversos factores que creo que esto es imposible de concebir. A menos que hablemos de un "objetivo" genérico como "alabar al señor" o "cumplir con el plan de dios", que dicho sea de paso, nadie parece conocer o ponerse de acuerdo en cuál es, y más bien parece ser una excusa barata para que cada quien y cada religión cumpla con sus propios "objetivos", bien concebidos aquí en el plano terrenal.

Si el universo entero tuviera un objetivo, no sería él tan creativo y a la vez tan destructivo. Para qué tendría necesidad de estar transformando su energía tan constante y violentamente. Para qué habría la necesidad de que estructuras tan vulnerables como nosotros llegasen a existir. No hay un para qué. Y quienes insisten en que lo hay, siempre recurren a cosas cuya existencia no está sabida. Entonces dónde está la fuerza de ese "para qué".

La creación casi nunca tiene un objetivo preciso. Todo el que sea creador lo sabe. Todo el que estudie la evolución de los seres vivos lo sabe. La creación es espontánea, desenfrenada, y el material que se descarta siempre supera al que llega a trascender. La supervivencia es una manera de trascendencia. Seguimos existiendo, causando, dejando huellas y perpetrando nuestro material genético. Y precisamente, debemos tener cuidado de no seguir trascendiendo, de no seguir creando frenéticamente.

A veces no sé a qué teme más la gente, si a no tener propósito, o a tener que cargar con la responsabilidad de que son ellos mismos quienes crean sus propósitos. Porque eso es lo que yo creo. Los propósitos de la existencia existen, pero es quien existe el que los decide y ejecuta las acciones pertinentes para llevarlos a cabo.

Otro peso difícil de soportar es la cantidad increíble de acciones que realizamos y de pensamientos que tenemos que no parecen tener propósito alguno. Pero es que como dije, somos creadores frenéticos, tales como el universo del que somos parte. El problema está en que intentamos convencernos de que todo es intrínsecamente pragmático. Yo más bien me regodeo en las inutilidades. Ellas son las que más me llenan.

Imagen: Full Circle Quirk

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martes, 11 de septiembre de 2012

Existencia nauseabunda

Retomando la onda de la lectura que descuidé un poco en estas vacaciones, pretendo escribir algo sobre el libro que me ha tenido sumida durante casi un mes. Quizás más por inconstancia que por otra cosa. Se trata de La Náusea de Jean Paul Sartre.

Sartre despertó mi curiosidad hace poco tiempo. Sin embargo, el existencialismo ha pasado a ser una de los movimientos filosóficos más importantes en mi pensamiento personal. Uno siente esa "química" de repente. La premisa fundamental de que "la existencia precede a la esencia", constituye para mi persona una especie de hito, y con él se borra toda necesidad de teleología alguna, esa molesta cosa de la que siempre había querido desembarazarme por completo. No queda entonces nada más que existir, y construirnos a través de esa existencia.

Pero la existencia puede ser muy tortuosa. Y todos los que existimos lo sabemos. El primer texto de Sartre que me recomendaron fue esta novela. A pesar de ser una historia ficticia, a través de su narración nos hunde en esa sensación que sentimos más veces de las que quisiéramos, ese hastío de existir.

Considero que no tengo nada importante que decir o criticar del texto. Solo diré que a ratos me hace ponerme existencialista. Su discurso me ha contagiado el pensamiento, y muchas de sus reflexiones me han impresionado.

Una de ellas es la reflexión en torno al presente. El presente es lo único que existe. Cualquier vista del tiempo hacia el pasado o hacia el futuro resulta una falacia. Recordar o fantasear son dos cosas que en nada se parecen al presente, a la existencia. Las cosas pasan en un sentido, y cuando las contamos o fantaseamos sobre ellas ya sabemos el final, por lo cual nunca son iguales a como son vividas. Recuerdo que hablaba de algo parecido en el post Metáforas que favorecen al deísmo, y eso me impresionó. Planteaba que la gente siempre comete el error de pensar que la forma cómo son las cosas es la única forma posible, y se olvidan de qué fue primero y qué después, cayendo en el error del determinismo absoluto. La vida en retrospectiva parece mucho más interesante, pero la realidad, es que es lenta y a veces tortuosa.

Otro aspecto que me ha llamado la atención de este libro es el discurso sobre la música. Esa idea de que la música es lo único que se regocija en su muerte, la música necesita morir. A veces pienso que yo era existencialista desde antes de leer a Sartre.

Esta reseña habrá de parecerles un poco personalista. Pero no hallo otra manera de existir, sino desde mí misma. Y creo que ya no tengo más nada que decir. Si quieren saber más sobre el texto, mejor búsquenlo, y existan junto a él.

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