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martes, 19 de febrero de 2013

La música es, esencialmente, ritmo

Las definiciones tradicionales de música tienden a separar este arte en diferentes elementos, a saber, ritmo, melodía y armonía. Cuando se aborda el análisis musical, por ser análisis se tiende a dividir el producto discursivo en partes, lo cual es perfectamente lógico. Pero esta división tiende a ser un poco reduccionista: hay muchos elementos que se dejan por fuera, como el timbre, la intensidad y la forma.

Pero más que una crítica de todo lo que se deja tácito cuando hablamos de "elementos de la música", pretendo hacer ver que todos los elementos fundamentales de la música pueden sintetizarse en uno solo: el ritmo. Ustedes pensarán ¿cómo así? ¿Y la melodía que es tan importante? ¿Y la armonía? ¿Y todos los elementos tácitos que mencionaba? Todos pueden reducirse al ritmo.


Aunque pueda parecer que el ritmo es el elemento más primitivo de todos, es sumamente difícil de conceptualizar. Efectivamente, más que primitivo, es el más primordial, es el elemento que hace a todos los demás. Mi definición de ritmo es más o menos la siguiente:


"Podemos definir el ritmo como orden y proporción del sonido en el tiempo. El ritmo es la forma cómo el sonido se organiza en el tiempo. Igualmente podemos hablar de ritmo en lo visual, e igualmente implica organización y una determinada proporcionalidad, sea esta regular o no." (1)
Este concepto nunca me ha llenado, y siempre quiero cambiarlo o ampliarlo, sin embargo no resulta fácil. Tengamos en consideración lo que nos dice el texto Fundamentos teóricos de la Música:

"El concepto que generalmente se ha establecido del ritmo es muy amplio. Muchos lo ven en la propia naturaleza: en el movimiento recurrente de las olas, o de las hojas de los árboles al ser impulsadas por la brisa, así como en los movimientos de los seres orgánicos. Desde otro punto de vista se aprecia lo rítmico: en los movimientos ordenados (racionales y funcionales), y en las acciones coordinadas de la actividad diaria del hombre. En el arte el ritmo es un fundamento estético que constituye un factor imprescindible en la obra artística. (...)

En la música el ritmo se manifiesta en las múltiples combinaciones de duraciones de sonidos y silencios, ordenados periódicamente por la recurrencia de acentos. Un ritmo puede manifestarse por la repetición obsesiva de duraciones iguales, por la sucesión de duraciones muy diferentes, por el enfrentamiento simultáneo de figuras rítmicas contrastadas, por la recurrencia de diseños de una propiedad determinada, como en la música de danza." (2)
El ritmo es fundamentalmente organización, espacial o temporal. Al parecer debe involucrar cierta regularidad, periodicidad o patrón para existir; aunque en la música tanto el ritmo regular, como la ruptura de éste, son recursos expresivos, e igualmente, en la irregularidad, hablamos de ritmo, porque éste involucra la duración y porque igualmente sigue existiendo una organización arbitraria de ésta.

Rythm. Por karvasz.

Como se hace ver en la cita anterior, todo en la naturaleza tiene ritmo, fundamentalmente, porque todo genera patrones temporales, que al formar estructuras, se convierten en patrones espaciales. Igualmente, las estructuras existentes "vibran" y generan patrones temporales, que influyen en el entorno y en sí mismas. Esto lo bosqueja Fritjof Capra en el texto que compartí en el post anterior: El ritmo en el universo y en la vida, y el placer de experimentar el ritmo lo abordé en mi texto Percibir el pálpito del universo.

Y ¿qué tiene que ver todo esto con la música y todos sus demás elementos? Mucho. La materia prima para elaborar la música es el sonido. ¿Qué es el sonido? Son ondas mecánicas, que se propagan a través de la materia, y que al ser percibidas por nuestro oído, son interpretadas como sonido, en todos sus múltiples matices. El sonido es onda, es vibración, y por lo tanto es, fundamentalmente, ritmo.

Ahora bien ¿por qué algunos sonidos son afinados y otros no? No se puede hacer una melodía con golpes de tambor, o golpes a lo que sea, porque esos sonidos no tienen altura específica. Una de las clasificaciones fundamentales del sonido que estudia cualquiera en música es la distición entre los sonidos de altura determinada e indeterminada. ¿A qué se debe esto? Para ello debemos distinguir entre dos propiedades de la onda sonora como tal: la amplitud y la frecuencia. Estas son propiedades físico-acústicas como sabemos.

La amplitud corresponde a la presión que ejerce la onda sonora sobre la materia, y gráficamente se representa en el eje vertical de la onda, se mide en decibelios (dB), y auditivamente corresponde a la intensidad o volumen del sonido. La frecuencia es la cantidad de oscilaciones de la onda por segundo,  la unidad de medida es el Hertz o Hercio (Hz), es decir, una onda de 1 Hz, realizará una ondulación por cada segundo; y auditivamente determina la altura del sonido: a mayor frecuencia, más agudo es el sonido.

Cuando un sonido tiene una frecuencia regular, entonces, es un sonido de altura determinada, puesto que escuchamos una afinación perfecta. Dicho de otro modo, la altura determinada se da solo cuando las ondas generan un patrón rítmico regular, y es con alturas determinadas que podemos construir una melodía

Los sistemas de afinación constituyen una organización específica de las alturas, y se cree que están íntimamente ligados a los sistemas tonales de cada cultura, que según se ha estudiado parecen tener todos una profunda raíz en la tríada mayor, evolucionando más tarde en las escalas pentatónicas, y de ahí a las escalas más elaboradas.

La tríada mayor también es el fundamento de la armonía, la más abstracta y elaborada de las propiedades de la música, pero que tiene profundas raíces en el ritmo de la vibración sonora, de una manera muy poco casual, y que la humanidad abordó de un modo sorprendentemente intuitivo. Una tríada o acorde mayor, es la combinación de tres sonidos, siempre en la misma proporción, por ejemplo: Do-Mi-Sol, Fa-La-Do, Mi-Sol#-Si... La estructura de la tríada responde a otra propiedad natural del sonido: los armónicos.

Cuando una nota o sonido de altura determinada vibra, produce naturalmente otros sonidos menos audibles, que se dan siempre en la misma proporción de frecuencias (más agudas que la "nota fundamental"), pero en distintas intensidades. Estos son los armónicos (en inglés, overtones).

Hablamos de proporciones o patrones, por lo tanto hablamos de ritmo. Esta propiedad es de suma importancia, puesto que es ella la que determina la armonía, consecuentemente la tonalidad o sistema tonal, y sorprendentemente, determina también el timbre. 

Como mencioné, los armónicos se dan siempre en la misma proporción de frecuencias. Si el sonido fundamental es un Do, los primeros armónicos que resultan son Do (uno más agudo), Sol, Do (siguiente octava), Mi. Ya puse el ejemplo arriba del acorde de Do mayor: Do-Mi-Sol. No es casualidad. Los sonidos que nos suenan "bonitos" o "agradables" juntos, es por cierta sincronicidad con respecto a los armónicos del sonido fundamental, o más grave. El elemento fundamental de la armonía, el acorde mayor, encierra la sincronicidad entre varias frecuencias, encierra ritmo.

Modificando la estructura del acorde mayor, obtenemos el acorde menor, disminuido y aumentado. No en vano, los acordes disminuido y aumentado, cuyas notas constituyentes son menos compatibles con los armónicos del sonido fundamental, son los que nos suenan más tensos. A medida que se van agregando otros sonidos a los acordes (séptimas, novenas, onceavas...) y dejan de ser tríadas, nos suenan más tensos o "densos", no en vano estas notas agregadas se conocen técnicamente como "tensiones armónicas".

Jugando con los efectos de tensión y distensión de los acordes, es que se construye el tejido armónico, el arte de combinar las notas simultánea y progresivamente. Por lo tanto, jugamos con ritmo y sincronicidad entre ritmos. La armonía, puede verse como una polirritmia entre frecuencias.

El placer fundamental de la música pues, está en el ritmo, y en la combinación de varios ritmos o sincronicidad. Como vemos, en los diferentes elementos y sus combinaciones se dan múltiples sincronicidades y meta-sincronicidades de las que a veces no somos totalmente conscientes, pero están allí. Más allá de todos los elementos que pueda usar un intérprete, está también la sincronicidad que existe entre diferentes intérpretes y entre el(los) intérprete(s) y el público. Como decía Nachmanovitch, en el acontecimiento musical "los ejecutantes, el público, los instrumentos, la habitación, la noche puertas afuera, el espacio, se convierten en un único ser palpitante".

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(1) Fereira, R. y Pérez, V. Audiopercepción: Guía de Conceptos. Edición independiente. Maracaibo, 2011. p. 15

(2) Bidot, J. M. y Ramos Blanco, G. Fundamentos Teóricos de la Música. Tomo I. Editora Musical de Cuba. La Habana, 1985. pp.215 - 217.

Entrada publicada también en Panfleto Negro.

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viernes, 15 de febrero de 2013

El ritmo en el universo y en la vida: una referencia a Capra

El ritmo es un elemento fundamental en mi carrera profesional (la música), y no en vano, los músicos nos damos cuenta de cómo es un elemento fundamental en la vida misma, en todos los aspectos. Les dejo un fragmento de El Punto Crucial de Fritjof Capra, en el cual hace ciertas reflexiones en cuanto a la importancia del ritmo en la estructura del universo, de la vida, de la percepción y de la comunicación, con un cierre interesante en el que especula que probablemente la felicidad esté basada en gran parte en una sincronización.

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"Es muy probable que la noción de ritmo cumpla una función fundamental en el futuro desarrollo de la nueva visión holística del mundo. El enfoque integral ha demostrado que los organismos vivientes son intrínsecamente dinámicos, pues sus formas visibles son manifestaciones estables de un proceso subyacente. Ahora bien, el proceso y la estabilidad son sólo compatibles si los procesos forman modelos rítmicos: fluctuaciones, vibraciones, oscilaciones y ondas. La nueva biología integral demuestra la importancia de las fluctuaciones en la dinámica de la autoorganización. Son la base del orden del mundo biológico: las estructuras ordenadas se derivan de modelos rítmicos.

El pasaje conceptual de la estructura al ritmo puede resultar extremadamente útil en nuestras tentativas por encontrar una descripción unificadora de la naturaleza. Los modelos rítmicos parecen manifestarse en todos los niveles. Los átomos son modelos de ondas de probabilidad, las moléculas son estructuras vibrantes, y los organismos son modelos multidimensionales, interdependientes, de fluctuaciones. Las plantas, los animales y los seres humanos están expuestos a ciclos de actividad y reposo, y todas sus funciones fisiológicas oscilan según ritmos periódicos. Los componentes de los ecosistemas están vinculados a través de una serie de intercambios cíclicos de materia y energía; las civilizaciones llegan a su auge y entran en decadencia según ciclos evolutivos, y todo el planeta tiene sus ritmos y recurrencias mientras gira sobre su eje y sigue su órbita alrededor del sol.

Por consiguiente, los modelos rítmicos son un fenómeno universal, pero al mismo tiempo permiten a los individuos expresar sus distintas personalidades. La manifestación de una identidad personal única es una característica importante de los seres humanos, y parece que esta identidad, es, en esencia, una identidad de ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su modo de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su manera de respirar y por muchas otras acciones que representan diferentes modelos rítmicos. Además, hay muchos ritmos «congelados», como las huellas digitales o la letra de un ser humano, que se relacionan únicamente con cada individuo. Estas observaciones indican que los modelos rítmicos típicos de un individuo son distintas manifestaciones de un mismo ritmo personal, una «pulsación interna» que es la esencia de la identidad personal.

El papel crucial desempeñado por el ritmo no está limitado a la autoorganización y a la autoexpresión, sino que se extiende a la percepción sensorial y a la comunicación. Cuando vemos, nuestro cerebro transforma las vibraciones lumínicas en pulsaciones rítmicas de sus neuronas. Transformaciones parecidas se encuentran en el proceso del oído e incluso la percepción de olores parece estar basada en «frecuencias ósmicas».

(...)
Igual que en el proceso de la percepción, el ritmo también cumple una función importante en las numerosas maneras de interacción y de comunicación de los organismos vivientes. La comunicación humana, por ejemplo, tiene lugar hasta cierto punto a través de la coordinación y sincronización de los ritmos individuales. En unos documentales rodados recientemente se puede observar cómo una conversación entre dos seres humanos implica una danza sutil y casi invisible en la que la secuencia detallada de los modelos de lenguaje está sincronizada a la perfección, no sólo con los movimientos más íntimos de la persona que habla, sino también con los movimientos correspondientes del que lo escucha. 

(...)
En ciertos –poquísimos– momentos de nuestra vida podemos sentir que estamos sincronizados con todo el universo. Estos momentos felices pueden ocurrir en muchas circunstancias –cuando se consigue una volea perfecta jugando al tenis, cuando se desciende perfectamente una pista de esquí, en plena experiencia sexual satisfactoria, en la contemplación de una obra de arte o en el transcurso de una profunda meditación. Esos momentos de ritmo perfecto, en los que se tiene la sensación de que todo va bien y que las cosas se hacen con facilidad, son experiencias místicas de alto nivel en las que se trasciende toda forma de separación o de fragmentación." (1)

Foto satelital del Desierto de Kavir.
El tempo geológico quizás sea uno de los adagios más lentos que conozcamos.


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(1) Capra, Fritjof. El Punto Crucial (The Turning Point). Editorial Troquel. Buenos Aires, 1992. Traducción: Graciela de Luis. pp. 349 - 353.

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martes, 22 de noviembre de 2011

Percibir el pálpito del universo

Hoy, otro día del músico más, pretendo publicar este texto inédito, que una vez sirviera de introducción a una pequeña obra programática que escribí hace unos 5 años. Debo confesar que está incompleto, porque lo demás venía a constituir el programa de la obra en sí, y sería insensato publicarlo sin publicar la música. Se los debo. Debo muchas cosas en realidad. Y disculpen que he estado tan inactiva, en este mes del músico, he tenido mucho trabajo. Afortunadamente tengo aún muchas cosas escritas sin publicar. También me disculpo por el exceso de puntos suspensivos, en ese entonces me gustaba abusar de ellos, como si la prosa quisiera ser verso, no sé. Decidí dejarlo tal cual.

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Percibir el pálpito del universo

Sólo queda el olor, sólo el éxtasis, sólo un suspiro de la tempestad carnal… tempestad solitaria e infecunda como siempre ha solido ser… aún se siente la humedad mental que me ha dejado el día lluvioso… de mi cabeza no sale la melodía del segundo movimiento de la Sonata de Mozart, sutil y deliciosa… la practicaba esta tarde, o al menos lo intentaba… mis dedos son demasiado torpes… observo el exquisito contraste entre el turquesa del lápiz con el que escribo y el rojo del plástico bajo mi cuaderno… este es el contexto… ¿qué siento? ¿qué percibo? Se me ocurre un nombre muy apto para describirlo… es simplemente el pálpito del universo, es la materialización del tiempo, el eterno movimiento de la materia y de la energía… ese movimiento admirable e insistente que con mucha razón los físicos llamaron armónico… armonía… equilibrio… eso es la onda, el pálpito del universo.  Ella es la manifestación más diminuta de aquel principio de que todo tiene un inicio, un punto cumbre y de allí un retorno al nivel inicial… eso es la onda, la oscilación del espacio… y ella es la que conforma o, mejor, dicho, viene a ser, la que es cada una de esas cosas que hemos considerado acaso bellas… la luz es onda… el sonido es onda… y ella es en toda su variedad la que le ha dado razón a mi percepción, la que le da vida a la forma, ella siempre vibrante, no permite que el todo de este cosmos sea estático… es el corazón de la realidad.

Mis ojos las ven, mis oídos las escuchan y son la única razón de ser de mis ojos y mis oídos, son lo único verdadero para ellos y es en sus formas más esenciales que me resultan más bellas… todo lo demás es derivado, es su pureza la que me produce el éxtasis, es su proporción inherente, lo que hace la armonía… es ella la energía a través de la cual los seres y hasta los objetos inertes de este universo transcienden su propio espacio y se dejan percibir antes de ser palpados, hacen sentir su latido, afectan el espacio que los rodea y finalmente el tiempo se hace concebible… me recuesto en el pecho fecundo del cosmos y siento su cálido latir… sólo concluyo… el calor es movimiento, la luz es movimiento, el sonido es movimiento… es la onda lo más sublime y placentero que se pueda imaginar, o al menos en este momento me lo parece… todo encanto es consecuencia directa de mi capacidad de percepción.

Percibo… mi mente no está sola, más bien parece aturdida, como en cada detalle de la realidad hubiese posibilidades de quedar embelesado… Pero mi mente está loca, ella absorbe y todo lo transforma, todo lo mezcla, todo lo universaliza… ella no es capaz de contemplar lo efímero, porque lo que es fugaz es inconsciente, y sin embargo, éste último es accesible… ya no es fugaz… ella no sabe de instantes, sólo sabe de reanimarlos y recontextualizarlos, sin embargo, ella es maravillosa.

Esta mañana desperté… percibí un destello, que luego fue tomando forma… azules, verdes, rosas, amarilos, claro está, esa es mi mente la que se da el trabajo de darles los nombres, y después observa cómo se entretejen y descubre con sus remembranzas que estoy en mi habitación, pero este proceso es fugaz y despreciable…  Se oyen sonidos afuera, y mi mente concluye: un camión, una corneta, una reja, el aire acondicionado… a veces –como ya lo dije, ella está loca-  quiere contemplar lo fugaz, lo puro, y aunque lo pretende le es muy costoso, y si alguna vez estuvo cerca de lograrlo, le pareció un trance infantil o surrealista… sueños poco coherentes para ella, simplemente se deja llevar por lo que percibe, pero al momento le resulta tan bello que es incapaz de olvidarlo, ella insiste en comprenderlo.  Pero no conforme con estar allí, pasiva mas no estática, contemplando la realidad, ella la admira tanto que quiere recrearla, quiere cambiarla, le gusta de vez en cuando ser material, vibrar con el universo, y finalmente percibirse a sí misma ahí afuera, formando parte de todo lo demás… Mira un paisaje y no se conforma con guardarlo en sus intrincadas e imperfectas neuronas, sino que lo asimila, lo retoca y luego quiere recrearlo, quiere percibirlo a su manera pero desde la misma realidad.  A ella le gusta jugar consigo misma, le gusta echar colores al lienzo y reencontrarse con ellos en la realidad; le gusta recrear sus estados psíquicos con un montón de sonidos… a ella le gusta hacerse sentir, le gusta mover la realidad, le gusta hacer ondas… sí, a veces tira piedritas al agua y a veces canta; a veces colorea y a veces toca el piano, pero siempre lo disfruta… le encantan las proporciones de las ondas… se recuesta en el pecho fecundo del cosmos y siente su cálido latir… siente el tiempo…

Surface waves. Roger McLassus

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