martes, 22 de noviembre de 2011

Percibir el pálpito del universo

Hoy, otro día del músico más, pretendo publicar este texto inédito, que una vez sirviera de introducción a una pequeña obra programática que escribí hace unos 5 años. Debo confesar que está incompleto, porque lo demás venía a constituir el programa de la obra en sí, y sería insensato publicarlo sin publicar la música. Se los debo. Debo muchas cosas en realidad. Y disculpen que he estado tan inactiva, en este mes del músico, he tenido mucho trabajo. Afortunadamente tengo aún muchas cosas escritas sin publicar. También me disculpo por el exceso de puntos suspensivos, en ese entonces me gustaba abusar de ellos, como si la prosa quisiera ser verso, no sé. Decidí dejarlo tal cual.

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Percibir el pálpito del universo

Sólo queda el olor, sólo el éxtasis, sólo un suspiro de la tempestad carnal… tempestad solitaria e infecunda como siempre ha solido ser… aún se siente la humedad mental que me ha dejado el día lluvioso… de mi cabeza no sale la melodía del segundo movimiento de la Sonata de Mozart, sutil y deliciosa… la practicaba esta tarde, o al menos lo intentaba… mis dedos son demasiado torpes… observo el exquisito contraste entre el turquesa del lápiz con el que escribo y el rojo del plástico bajo mi cuaderno… este es el contexto… ¿qué siento? ¿qué percibo? Se me ocurre un nombre muy apto para describirlo… es simplemente el pálpito del universo, es la materialización del tiempo, el eterno movimiento de la materia y de la energía… ese movimiento admirable e insistente que con mucha razón los físicos llamaron armónico… armonía… equilibrio… eso es la onda, el pálpito del universo.  Ella es la manifestación más diminuta de aquel principio de que todo tiene un inicio, un punto cumbre y de allí un retorno al nivel inicial… eso es la onda, la oscilación del espacio… y ella es la que conforma o, mejor, dicho, viene a ser, la que es cada una de esas cosas que hemos considerado acaso bellas… la luz es onda… el sonido es onda… y ella es en toda su variedad la que le ha dado razón a mi percepción, la que le da vida a la forma, ella siempre vibrante, no permite que el todo de este cosmos sea estático… es el corazón de la realidad.

Mis ojos las ven, mis oídos las escuchan y son la única razón de ser de mis ojos y mis oídos, son lo único verdadero para ellos y es en sus formas más esenciales que me resultan más bellas… todo lo demás es derivado, es su pureza la que me produce el éxtasis, es su proporción inherente, lo que hace la armonía… es ella la energía a través de la cual los seres y hasta los objetos inertes de este universo transcienden su propio espacio y se dejan percibir antes de ser palpados, hacen sentir su latido, afectan el espacio que los rodea y finalmente el tiempo se hace concebible… me recuesto en el pecho fecundo del cosmos y siento su cálido latir… sólo concluyo… el calor es movimiento, la luz es movimiento, el sonido es movimiento… es la onda lo más sublime y placentero que se pueda imaginar, o al menos en este momento me lo parece… todo encanto es consecuencia directa de mi capacidad de percepción.

Percibo… mi mente no está sola, más bien parece aturdida, como en cada detalle de la realidad hubiese posibilidades de quedar embelesado… Pero mi mente está loca, ella absorbe y todo lo transforma, todo lo mezcla, todo lo universaliza… ella no es capaz de contemplar lo efímero, porque lo que es fugaz es inconsciente, y sin embargo, éste último es accesible… ya no es fugaz… ella no sabe de instantes, sólo sabe de reanimarlos y recontextualizarlos, sin embargo, ella es maravillosa.

Esta mañana desperté… percibí un destello, que luego fue tomando forma… azules, verdes, rosas, amarilos, claro está, esa es mi mente la que se da el trabajo de darles los nombres, y después observa cómo se entretejen y descubre con sus remembranzas que estoy en mi habitación, pero este proceso es fugaz y despreciable…  Se oyen sonidos afuera, y mi mente concluye: un camión, una corneta, una reja, el aire acondicionado… a veces –como ya lo dije, ella está loca-  quiere contemplar lo fugaz, lo puro, y aunque lo pretende le es muy costoso, y si alguna vez estuvo cerca de lograrlo, le pareció un trance infantil o surrealista… sueños poco coherentes para ella, simplemente se deja llevar por lo que percibe, pero al momento le resulta tan bello que es incapaz de olvidarlo, ella insiste en comprenderlo.  Pero no conforme con estar allí, pasiva mas no estática, contemplando la realidad, ella la admira tanto que quiere recrearla, quiere cambiarla, le gusta de vez en cuando ser material, vibrar con el universo, y finalmente percibirse a sí misma ahí afuera, formando parte de todo lo demás… Mira un paisaje y no se conforma con guardarlo en sus intrincadas e imperfectas neuronas, sino que lo asimila, lo retoca y luego quiere recrearlo, quiere percibirlo a su manera pero desde la misma realidad.  A ella le gusta jugar consigo misma, le gusta echar colores al lienzo y reencontrarse con ellos en la realidad; le gusta recrear sus estados psíquicos con un montón de sonidos… a ella le gusta hacerse sentir, le gusta mover la realidad, le gusta hacer ondas… sí, a veces tira piedritas al agua y a veces canta; a veces colorea y a veces toca el piano, pero siempre lo disfruta… le encantan las proporciones de las ondas… se recuesta en el pecho fecundo del cosmos y siente su cálido latir… siente el tiempo…

Surface waves. Roger McLassus

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