lunes, 17 de junio de 2019

Compórtate, veneca

Dentro de nuestra tragedia, y como nuestra tragedia se ha convertido ya en un fenómeno que traspasa fronteras, son muchos los comentarios desagradables de quienes no entienden lo que vivimos. Más allá de lanzar acusaciones de xenofobia, a veces la gente, hasta con buena intención, dice cosas incómodas y fuera de lugar, sin detenerse a pensar en la complejidad de todo esto. Y es que de buenas intenciones está plagado el camino al infierno.

Se me ocurrió en estos días hacer un tuit irónico, mezclando dos trendings que han surgido este año, ambos hablando de lo que supuestamente hacemos, o debemos o no debemos hacer las venezolanas (específicamente las mujeres) que emigramos en busca de una mejor calidad de vida. Digamos que el tuit ha tenido sus favs.


Me refiero en primer lugar al famoso tema, con vídeo incluido, que produjo un grupo peruano, titulado "Las venecas", y que habla de que los maridos peruanos cuando no están en su casa, se van a beber y a pasar el rato con las venecas .Veneco es un término reductivo de venezolano, el correcto para nuestro gentilicio, y muchos lo toman como despectivo.


En segundo lugar, hago referencia a la columna que publicó la colombiana Claudia Palacios en El Tiempo, aludiendo a los venezolanos que actualmente hay en su país, con el desdichado título de "Paren de parir".

Pues bien, de estos dos elementos salió mi tuit. No es que yo esté pensando en "robar un marido" ni en parir aún (y bueno, eso es mi problema), simplemente fue una broma por la que he recibido algunos insultos, pero eso ya es cosa de todos los días en el Twitter de hoy.

Me llama la atención que en ambos casos, se trata de mujeres que dicen a otras lo que hacen o no, lo que deben hacer o no, y que juzgan a sus congéneres. Un hombre puede maltratar y oprimir a una mujer, pero normalmente son las mujeres las que se señalan entre sí, sobre todo cuando de comportamiento sexual y reproductivo se trata.

Evidentemente los venezolanos emigrantes o desplazados somos un grupo vulnerable, y como en toda diáspora en situaciones de pobreza, se dan estos fenómenos de que la mujer busque emparejarse con hombres resueltos económicamente y con otra nacionalidad, o que sea común el embarazo precoz o no planificado. Es un tema complejo, y son muchas las variables, biológicas y sociales, las que entran en juego, pero aquí no hay nada nuevo bajo el sol.

En tal caso, sacar un hit aludiendo despectivamente a un grupo humano, o decirle a las mujeres pobres que "dejen de parir", definitivamente no ayuda en nada, sólo habla de los sentimientos reaccionarios de quienes han tenido que recibirnos, y los alborota aún más, generando a la vez la reacción de vuelta de las venezolanas que se defienden. Un ciclo estéril y peligroso.

Las venecas, las venezolanas, somos ante todo humanas. Entiéndanos como tal.


viernes, 26 de abril de 2019

4 días en la Maracaibo apagada

Razones más, razones menos, esta Semana Santa debía ir a Maracaibo. Conocemos la grave situación en que está la ciudad. En el mes de marzo y abril padecí de lejos los apagones de días, y los saqueos generalizados en la ciudad. No es ni de cerca como vivirlo, pero tener tanta gente cercana aún viviendo allá, hace que de uno u otro modo, uno lo sienta. Fueron muchas las ansiedades e incertidumbres que pasé estando sola aquí del otro lado de la raya, y hubo días y noches que lloré. Una cosa es que se metan con tu país, otra muy diferente que se metan con tu ciudad, es como tu patria al cuadrado.

No vengo a echar cuentos ajenos, a eso me he dedicado en las redes sociales todos estos días. He retuiteado y reposteado anécdotas, y he escrito toda aquella información que me parece relevante en mis cuentas. Sólo narraré cómo fue este breve viaje.

Estaba ansiosa con la idea de ir allá en esas condiciones, pero tocaba. Salí el viernes santo, camino a Maicao vi un hermoso amanecer, y al llegar allá estuvo difícil conseguir transporte hacia "la raya" por el festivo, pero finalmente logré irme. El viaje estuvo normal y relativamente tranquilo, sin paradas ni contratiempos. Llegando a mi casa, no había electricidad. Mi familia me recibe con el calor de siempre, y me comentan que en lo que iba de semana no les habían quitado la luz, pero que ese circuito es muy afortunado por ello. A mis tíos, mi abuela y muchos amigos les quitan la luz sin falta todos los días, y de hecho, tienen entre 4 y 12 horas con electricidad diariamente, apenas.

La noche anterior apenas había podido dormir 2 horas, pues tuve un compromiso musical, y debía salir muy temprano. Medio me recosté en una cama, y caí rendida. Ni pensé en el hambre, había distraído el estómago con algunos panes en el camino. Desperté como a las 5 de la tarde, y mi almuerzo estaba aún en las ollas. Me dispuse a comer, y luego a atender a unos panas que fueron a buscar mi asesoría con el tema de la salida del país. Al rato, llegó la luz.

Aprovechando la electricidad, y que la bomba de la casa estaba en funcionamiento (por suerte, el tanque se había llenado dos días antes), lavé los platos y me bañé. La señal móvil era todo un martirio. En casa, entre todos los teléfonos hay las 3 operadoras principales de Venezuela: Movilnet prepago y pospago, Digitel y Movistar. Nunca tenían señal las 3 al mismo tiempo. Correspondía a quien tuviera señal, encender la función de zona WiFi y proporcionar datos a todos los demás.

En la noche se fue la luz por 3 o 4 horas más. Estábamos en la terraza. Mi abuelo, de 86 años, desvariaba. Hablaba de que había que prender más velas, de cómo hacíamos para averiguar qué pasaba, y se quejaba un poco del calor. Nos habíamos rendido y nos recostamos entre los muebles, y algunos en su cama. La luz volvió tarde.

La madrugada de viernes para sábado dormí con electricidad, y por muchas horas. Al día siguiente íbamos a visitar a mi abuela. Después de desayunar tarde, fuimos hasta su casa. A los quince minutos de llegar se fue la luz. De hecho allí casi nunca hay. Al entrar en la sala, está una de las camas puesta junto a la ventana, donde duerme mi abuela casi todas las noches para que le dé algo de fresco. Tiene 88 años, y apenas hace 2 meses murió el viejo. A veces hasta pensamos que menos mal se fue antes de todo este padecimiento.

Todo el rato que pasamos en su casa no hubo electricidad. Normalmente cuando ellos no tienen luz, los vecinos de atrás sí, y pasan una extensión, donde conectan las neveras y un par de ventiladores para echarse fresco. Echamos cuentos con mis tías, mi primo y mis hermanas. Cuando pegó el hambre decidimos volver a la casa. 

No abre el portón de la calle. No había luz. Mi mamá había hecho almuerzo para todos, y comimos. Más o menos a las 6 de la tarde, la luz volvió. Prendimos los aires, llenamos los tobos, lavamos los platos, cargamos los teléfonos... la misma rutina. Aparentemente la noche venía con luz de nuevo, pero había tiempo de lluvia. Nos acostamos con el aire encendido, pero alrededor de las 2 de la mañana había llovizna y tormenta eléctrica. Comenzaron los bajones. Por alguna razón, las alarmas de algunos cercos eléctricos de la zona no paraban de sonar, y se oían transformadores explotando de cuando en cuando, y algunos truenos, había demasiado ruido. Finalmente la luz se fue.

Terminamos de dormir esa noche sin luz. El apagón era generalizado en la ciudad, y cuando es así, es cuando menos hay esperanzas de que vuelva pronto. Normalmente los domingos en casa acostumbrábamos a comer fritanga maracucha de desayuno (pastelitos, empanadas, mandocas...) y salí con mi padre a ver qué había y si había la posibilidad de pagarlo (no por falta de dinero, sino por falta de efectivo, de luz, y por lo tanto, de puntos de venta). En Pastelitos Pipo las freídoras no estaban encendidas, estaban friendo en paila y sacando por lotes. Tenían una pequeña planta para medio refrescar la cocina y que funcionara el punto. Después de una espera como de veinte minutos logramos llevar unas empanadas de pollo y unas mandocas para todos.

Ese día se cumplían dos meses de la muerte de mi abuelo, y lo mandaron a nombrar en la misa. Comentaron que aunque no hubiera luz la misa se celebraba. La dieron dentro de la iglesia y estaba repleta, las crisis avivan la fe y de paso era Domingo de Resurrección. Por colaboración de algunos feligreses había una planta para el sonido. Yo andaba buscando la manera de algún modo participar musicalmente. Resultó que entre los músicos había un buen amigo que participa mucho en esta iglesia y le pedí unirme y seguir los cantos en el teclado que normalmente tienen ahí. A partir del Cordero fue que me pegué. Prefiero ver las misas desde esa posición.

Era mediodía y pegaba el calor a pesar del día nublado. No había noticias de por qué se había ido la luz. Por la lluviecita, claro, pero dónde fue el problema. Nadie tenía señal. Imposible consultar redes sociales o escribirle a algún contacto. Nos fuimos a la casa. Ya las neveras tenían mal olor, a pesar de no tener mucha comida. Yo estaba que lloraba por medio kilo de queso semiduro que habían llevado el día anterior, aunque ese aguanta, decía mi padre.

Una de las razones de mi ida a Maracaibo era que mi hermana se venía conmigo. A mudarse. En medio de este largo apagón ella terminaba de hacer su maleta. Y yo acomodaba mi bolsito. A mi abuelo lo llevaron donde un tío que tiene planta, para que al menos, no pasara tanto calor. Ahí me despedí de él. Más tarde fuimos a buscar unas pizzas, en el local tenían una pequeña planta para la nevera de los refrescos y un WiFi al que nos pegamos esos veinte minutos que esperamos. En algunos grupos de Whatsapp y Telegram se hablaba de una línea caída, nada de información oficial. Comimos. Supimos como a las 7 de la noche, que había sectores donde estaba llegando la luz.

Como a las 8 de la noche la luz volvió. Prendimos los aires, llenamos los tobos, cargamos los teléfonos... Y nos acomodábamos para dormir, pues el chofer nos iría a buscar el lunes en la madrugada para regresar. A la 1 se volvió a ir la luz. A las 3 AM sonó la alarma de que debía levantarme. Me bañé con tobo, terminé de acomodar mis cosas y a las 4 y piquito llegó el chofer. Nos despedimos ahí, sin luz. Luego nos enteramos que tarde en la mañana volvió.

Esto fueron cuatro días en Maracaibo. Desde que regresé comenzaba una nueva rutina de trabajo, pero dentro de todo, he estado alejada de las redes y hablando poco. Algo de impresión espantosa sentí en esos días. Prácticamente no salí, pero supe que dos grandes centros comerciales, Doral Mall y Galerías Mall, están cerrados hasta nuevo aviso. Lo mismo la primera etapa de Delicias Norte. Y quién sabe cuántos negocios más.

La gente está huyendo porque a duras penas puede vivir, mucho menos trabajar. Y lo que describo aquí, es el día a día de Maracaibo desde principios de marzo. Sumado a la falta de agua, y los amedrentamientos de delincuentes en toda la ciudad. De pronto me sentí perdida. Aún aquí donde estoy, un pedazo de mi alma está como gangrenado. Y los pedazos de alma no se amputan.

Mi abuelo mirando las sombras que hacía la linterna en la pared de la terraza de la casa en medio del apagón
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lunes, 15 de abril de 2019

Comunicación no verbal

En nuestro tiempo se ha vuelto costumbre comunicarnos escribiendo. A través de ello, hemos logrado acortar distancias, conocer gente que de otro modo no hubiésemos conocido.

Pero también hemos descubierto en este proceso, lo inútiles que muchas veces pueden ser las palabras solas. Genios son quienes han logrado realmente conmover almas a través de un montón de caracteres.

Una cosa es la literatura, compartir cartas, conversas de debate, pero otra cosa es la conversación íntima, la emocional, o las discusiones con gente de nuestro entorno, gente que nos importa.

A veces es necesario, y urgente, escuchar el tono de voz de la otra persona, ver su mirada cuando nos habla, sus gestos. No pocas veces me pasa que algo que escribo es malinterpretado por ser leído con determinado tono, que mi interlocutor adjudica al no tener referencia, o viceversa.

Yo siempre he sido incapaz de tener relaciones intensas con alguien con quien no comparto personalmente. He conocido gente interesantísima en internet, he concertado encuentros, hemos intercambiado números, pero que una persona a quien no se le ve la cara con frecuencia, pretenda escribirme todos los días, me parece intensidad absurda. Yo lo siento vacío y carente de sentido.

Aún menos pensar en enamorarme de alguien sin haber tenido su presencia frente a mi. A veces nos obsesionamos con famosos, a veces vemos a algún usuario de alguna red social que nos produce una inquietud especial. Pero particularmente no concibo enamorarme de alguien de quien no he escuchado la voz, alguien de quien no he sentido el olor, o que no ha reaccionado con una sonrisa frente a la mía. 

A lo mejor es algo muy personal. Pero así lo siento.

Photo on Foter.com
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martes, 9 de abril de 2019

Los servicios públicos "gratis" de Venezuela

Son muchos los comentarios que leído últimamente en redes afirmando que si los venezolanos salen del país, o si Venezuela llega a salir de la crisis, los ciudadanos tendrán que acostumbrarse de nuevo a pagar precios reales por los servicios en general, públicos o privados, haciendo alusión a que allí en este momento son gratuitos o demasiado baratos.

Más allá del tema del costo real en dólares, y que los venezolanos en su mayoría no producen en dólares, voy a retratar un poco cómo "funcionan" los servicios en este momento en Venezuela, y por qué, a pesar de que efectivamente son relativamente muy baratos, a veces terminan saliendo muy caros. Hablaré específicamente del caso Maracaibo, puesto que es mi ciudad y es donde viví hasta marzo de 2018, y consíderese, que es la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Electricidad

Empezaré con el tema "en boga", el tema de la electricidad. El servicio eléctrico en Venezuela siempre ha sido de administración pública, pero antes del chavismo, era descentralizado. Los estados o regiones eran manejados por empresas regionales. En el caso del Zulia, existía la empresa Enelven, que gozaba de gran prestigio por su eficiencia y buen funcionamiento. Según rastreo en la web, en 2007 se centraliza la administración de la energía eléctrica, con la creación de Corpoelec, y todas las empresas pasan a ser sus filiales.

Por ser yo relativamente joven, no puedo hablar con propiedad de las tarifas que se pagaban por luz antes del gobierno de Chávez, pero recuerdo que en casa, nos tenían prohibido encender los aires acondicionados durante el día, y en épocas de crisis, los fines de semana en la mañana mi padre nos apagaba los aires. Al menos, se puede decir que el costo era significativo, al menos lo suficiente para considerar ahorrar y bajar un poco el impacto de la factura en el presupuesto familiar.

La decadencia del sistema eléctrico nacional es de larga data. En el año 2009 comienza a manifestarse, con los primeros racionamientos que recuerdo en el estado Zulia. Estos fueron oficiales, con horarios programados, que ya en esa época comenzaron a afectar nuestras actividades diarias. Comenzaron siendo de 4 horas interdiarios, y luego pasaron a ser de 2 horas diarios. Con las bajadas de consumo, desaparecían un poco, y con el tiempo, en épocas de alto consumo volvían, ya sin horarios establecidos, simplemente se iba la luz por 2, 3 o 4 horas exactas en determinados sectores.

Este mes hemos vivido el gran apagón nacional (han sido varios, pero al final es uno solo del que no se termina de recuperar el sistema), y el gobernador del Zulia ha llegado al colmo de anunciar que los sectores de la ciudad sólo pueden tener de 4 a 6 horas diarias de luz.

La inflación poco a poco fue consumiendo el precio a pagar por el servicio eléctrico, y por el corte populista del chavismo, las tarifas no aumentaban conforme a la inflación (porque ésta además era negada descaradamente por ellos). No conforme con ello, el funcionamiento de las oficinas fue entrando en decadencia, y al día de hoy, las oficinas de Corpoelec están cerradas en su mayoría, y aunque llegue por ahí la factura de la luz, es imposible pagarla.

El servicio poco a poco, ha pasado a ser prácticamente gratuito, pero inexistente. Sumado a ello, desde hace dos años, la crisis ha consumido la vida urbana a tal punto que es pan de cada día el robo de cables, además de la explosión de transformadores y estaciones por sobrecarga del sistema. Si las autoridades llegan al sector afectado, no tienen cómo responder, y piden a la gente sobornos en dólares, o que los mismos ciudadanos financien los cables y transformadores, los cuales tienen que importarse en dólares también. Se han corrido rumores de que los mismos trabajadores del sector eléctrico roban los cables para venderlos luego a los usuarios.

¿Es gratis la luz en Venezuela?

Foto: Panorama

Agua

Hablemos ahora del "vital líquido". Con el gran apagón nacional la crisis del agua se ha agravado, por los problemas de bombeo, teniendo que ser testigos de escenas indignantes, como familias agarrando agua y bañándose en alcantarillas urbanas o en el río Guaire. Pero la crisis del agua es de larga data.

Hace más de cinco años, ya en Maracaibo la mayoría de la clase media se había armado de bombas para halar el agua, cuando el bombeo era pobre la mayoría de las veces. Mucha gente se indignaba y echaba la culpa a quienes poseían estas bombas por el escaso suministro. Pero digamos la verdad, si el bombeo fuera suficiente y constante, los tanques en los domicilios estarían llenos la mayor parte del tiempo. Hay edificios donde desde hace tiempo se manejan horarios de agua de dos horas diarias para racionarla.

Las facturas de agua hace rato que no llegan en muchos sitios, y donde llegan, el precio es ínfimo, pero nadie quiere pagar por un servicio que es absolutamente insuficiente. Incluso las empresas estatales llegan a amenazar de corte del servicio a quienes no pagan, y éstos no tienen más que reírse de ellos.

Y aquí viene la peor parte. Los camiones cisterna. Ante la crisis de bombeo, son muchos los particulares que recurren a ellos, y son bastante costosos. Obviamente si hay camiones cisterna, quiere decir que en las fuentes hay agua, y se teje una amplia red de corrupción para el llenado de éstos. Hasta el año pasado, tenían las agendas copadas, y había que apartarlos con varios días de antelación. Los mismos propietarios de camiones sufren amenazas de las autoridades, a veces los obligan a llenar tanques de sus familiares antes de que salgan a trabajar, y muchas veces son asaltados en zonas populares, no para quitarles el camión, sino para desviarlos, y quitarles el agua.

¿Es gratis el agua en Venezuela?

Aseo urbano

Esta parte es asquerosa y triste, y una de las cosas que más me disuadieron de seguir viviendo en Maracaibo. El servicio de aseo urbano es inexistente. No recuerdo exactamente, pero el cobro se hacía en la factura de la luz o del agua, por lo que tampoco se está pagando por él. La crisis económica y de los repuestos automotrices, hicieron que la flota de aseo urbano poco a poco fuera menguando, hasta quedar prácticamente en nada.

En Maracaibo desde hace aproximadamente cinco años se recoge la basura cada vez menos. Los depósitos en casas que disponen de ellos y en edificios se desbordan de basura. La gente, desesperada, la bota en los contenedores públicos provistos para ello, que se desbordan, y en terrenos vacíos que se convierten en pequeños rellenos sanitarios en zonas residenciales. Muchos particulares, para deshacerse de ella, pagan camiones para que la lleven a algún lugar lejano, y de más está agregar que no hay ningún control sanitario para ello.

Pero los mismos terrenos y depósitos colapsan, y la misma gente recurre a la quema de basura. Recuerdo en 2017, cuando me levantaba temprano, a las cinco o seis de la mañana, el olor que comenzó a caracterizar a mi ciudad, era el de la basura quemada. Salía uno a la calle en la madrugada, y aparte de la oscuridad por el deterioro del alumbrado público, se divisaban las fogatas inmundas por todos lados.

Con esto, aumentan las plagas y la contaminación del aire, Maracaibo desde hace un tiempo es un mosquero, y por consiguiente, aumentan las enfermedades, sumado a la crisis del sistema de salud.

¿El aseo urbano en Venezuela es gratis?

Foto tomada por mi en el Centro de Maracaibo, diciembre de 2014

Telefonía e internet

Al igual que las tarifas de todos los servicios, la inflación se come las tarifas de telefonía fija, móvil y de internet. Solo que en este caso, hablamos tanto de proveedores públicos (Cantv y sus servicios: Movilnet y ABA internet), y de servicios privados (Movistar, Digitel, y servicios satelitales de internet), por lo cual el cobro siempre se ha realizado a los usuarios.

Para pagar los servicios como tal, hay problemas con las plataformas bancarias, con la hiperinflación, los montos caducan rápido, y siempre es difícil pagar. Por otro lado, los usuarios pagan en bolívares, tarifas ínfimas en comparación con el mercado internacional (y que sin embargo golpean su bolsillo, sobre todo cuando se hacen los aumentos), y las telefónicas no reciben los dólares "asignados", por lo que hay una fuerte desinversión en todos los sistemas.

Todo esto provoca una bajísima calidad del servicio. En el caso de Cantv y filiales, incluso se ha caído el servicio de tenefonía fija e internet, para nunca más volver en muchos sectores. Las comunicaciones por móvil son sumamente lentas, tanto para llamadas como para datos móviles. Uno llegaba al colmo de intentar hacer una llamada 10 veces antes de que cayera. Los datos van y vienen, y son sumamente lentos. A esto se suma el problema de los apagones, por lo que muchas repetidoras dejan de funcionar y los sectores intermitentemente se quedan absolutamente sin señal de alguna de las tres operadoras.

Mucha gente ha recurrido a servicios satelitales para tener acceso a internet. Estos se pagan en dólares y son costosos. La conectividad en Venezuela es sumamente baja, por deficiente ancho de banda, ahora por problemas de acceso debido a la caída del sistema eléctrico.

¿Es gratis la conexión en Venezuela?
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La intención de estas anécdotas es hacer reflexionar a quienes juzgan a los venezolanos de "no querer pagar los servicios públicos", o a "estar acostumbrados a no pagarlos". No es verdad. Los servicios en Venezuela no funcionan, y buscar alternativas suele salir muy costoso. Yo vivo en Colombia desde hace un año, y no tengo problema en pagar todos mis servicios, y tengo el placer de que funcionen.

Agradezco en los comentarios sus anécdotas personales.

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miércoles, 20 de marzo de 2019

El trabajo musical: imaginación y diversión

Haciendo el trabajo que uno hace, se reciben muchos comentarios, algunos desagradables, algunos locos e inesperados, y otros muy agradables. Por el mes de noviembre del año pasado, recibí dos comentarios de personas diferentes, que a mi parecer fueron dichos por ellas de un modo no muy positivo, pero para mi fueron absolutamente halagadores, y me hicieron tener uno de esos momentos en que uno siente que ha elegido el camino correcto.
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Una tarde estaba en la universidad luego de la clase que tenía con los alumnos de cuarto semestre. Me quedé sentada en uno de los Clavinovas, mientras uno de los estudiantes me pedía consejos sobre unas progresiones armónicas para un tema, que ya ni recuerdo cuál era, y le estaba recomendando que se valiera de recursos del blues. 

En eso entran unos estudiantes de alguna otra carrera, conocidos de él, un hombre y una mujer, y se quedan mirando lo que estábamos tocando. La muchacha empieza a manifestar su interés por cantar, y a pedir información, pero sin una intención más allá de una mera asesoría, y le digo, como suelo hacer, que la formación musical no es cuestión de un día ni de un mes, que solo la constancia y trabajo dan buenos resultados.

En esto, y como andábamos en esta onda bluesera, me acuerdo de un tema que cantaba mi amiga Ana Sofía, Oh darling, de Los Beatles, y me animo a cantarlo. A la muchacha le encantó, y mi estudiante se pone a imitar algunas cosas que había hecho en el piano, y es cuando ella cae en cuenta de que yo era la profesora de él. Él tiene más o menos mi edad y es muy formal en el trato, entonces la chica comenta que ella hubiera jurado que él era mi profesor, le pregunto por qué, y ella responde con cara de extrañeza: "porque parece que usted se divierte."

Ese comentario me tuvo el resto del día pensando. ¡Pues claro! ¿Qué sentido tiene haber elegido un camino si no me estuviera divirtiendo? De pronto hay gente con otro carácter, que no necesita sentir esto mientras trabaja, pero definitivamente yo sí. Es más, no sólo es mientras estoy tocando, sea montando, ensayando o en escena, sino también cuando estoy dando clase. Créanme, para mi ver a mis estudiantes aprender, ver cómo se superan, cómo los reto y su cara de satisfacción cuando algo les sale, es absolutamente divertido.
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Para esos días me contactó una muchacha de 17 años que quería aprovechar sus vacaciones para poner a sonar un teclado que tenía agarrando polvo. Ella, muy bonita, estudia otra carrera y no tiene más intenciones que tocar algunos temas por placer. Tiene buen oído, pero a veces se estanca mucho en lo técnico.

Hablábamos mucho, como suelo hacer con mis alumnos particulares, y una vez que estaba montando un cifrado para una balada, me habla de la carrera que estaba estudiando, si mal no recuerdo, ingeniería médica. Me comenta que aunque a ella le gustaba mucho la música, nunca hubiera pensado dedicarse por completo a ella, porque le parecía agotadora: "es como que uno tiene que imaginarse todo el tiempo muchas cosas" (mientras está tocando o cantando).

Inmediatamente me acordé de mi maestra Vivian, que a veces criticaba a ciertos estudiantes de música "porque no tenían mucha imaginación". Se refería a que tocaban las notas y ya, pero tal como dijo esta muchacha, hace falta mucho más que eso para poder "decir algo" cuando se está ejecutando un instrumento.

Imaginarme cosas no es algo que a mi me cueste, de hecho soy tan imaginativa que soy dispersa, siempre me estoy imaginando cosas sobre lo que sea, fantaseo mucho, y más bien tengo que obligarme normalmente a aterrizar, a concretar lo que es posible, y a no dejarme llevar mucho por los mundos y situaciones a donde me lleva mi imaginación. 

Cuando uno está dando clases de instrumento, más allá de decirle al estudiante "siéntate así", "baja la muñeca", "toca esta nota con el tercer dedo", hay que estar permanentemente en busca de metáforas para formar las nociones de la articulación, el sonido, el estilo y la interpretación. Y cuando uno mismo ejecuta se buscan recursos metafóricos para lo que uno quiere decir, cómo uno se debería oír, y para entrar en sincronía con el que está tocando con uno. Para componer o arreglar ni hablar.

Pero sí, la imaginación es un tema clave en la ejecución musical, y la muchacha tiene razón, y ella se percata porque a lo mejor la imaginación también se entrena.


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martes, 19 de marzo de 2019

Un rato con los desplazados

Les contaré un poco de mi día de la mujer por este lado de la raya.

En la mañana me contrataron para un evento privado tipo normal. Antes de salir, me llama una amiga, que está trabajando para un comedor de ACNUR que hay acá en Riohacha, porque quería obsequiar un set de música por la fecha a las mujeres que día tras día buscan su almuerzo en el comedor. Fue absolutamente conmovedor e indignante ver a tantos compatriotas en esa situación. Gente que en otra época podía resolver trabajando, como cualquier persona en una situación país medianamente normal.

Mi amiga dice que la población que acude son mayoritariamente mujeres y niños. Yo apresuradamente comento mis conclusiones de que pueden ser madres solas, o que algunos de los padres trabajan todo el día. Todos los días pasan por un registro, les dan para que se laven las manos y les sirven un almuerzo balanceado, para que tengan al menos una buena comida en el día.

Me cuenta que ha llegado gente visiblemente desnutrida (en el hueso, dice ella) y gracias al programa se han recuperado. Hablando con algunas personas me doy cuenta que hay de todo, desde gente en situación de calle, hasta gente que tiene algún trabajo y un techo dónde vivir, pero aprovechan para ahorrarse algo de dinero yendo a almorzar allá.

Hablé con un joven de apenas 17 años que está completamente solo, se quedó sin trabajo y vive en la calle. Se acercó a mi ilusionado para comentarme que alguna vez tocaba en su iglesia. Su humor sigue intacto sin embargo, y me dice risueño más o menos la dirección donde está viviendo, y a lo que le digo que eso es en el centro, me responde que claro, en un garaje por allí. Cuánta impotencia no tener cómo ayudar.

Mucha gente en Colombia está molesta con este programa "porque aquí hay mucha gente muriendo de hambre y nadie hace nada". Respecto a esto mi amiga es tajante: ese dinero proviene de ACNUR, no del gobierno colombiano, y la situación en Venezuela es muchísimo peor.

Fue bueno haberles dado un rato diferente. Corearon canciones, cantamos "Aquel zuliano" y "Venezuela" por petición de ellos, muchos niños disfrutaron, y una madre lloró cuando le cantamos el cumpleaños.

Dolor de patria, le decimos los venezolanos a esta sensación, haciendo un poco de burla al abuso del término por parte del legendario comandante. Espero que en verdad salgamos de esto pronto.


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viernes, 23 de marzo de 2018

Soy un Si menor

Recientemente emigré. Me fui, pero no demasiado, como afirmaba en los días en que me preparaba para partir, porque ando cerquita de mi tierra natal. Muchos han sido los altos y bajos anímicos del proceso, pero supongo que es normal. 

Por supuesto, he estado conociendo a la gente con la que compartiré por esta tierra, y ellos conociéndome a mi. Afortunadamente he venido a trabajar en lo que creo que mejor sé hacer, música, y en enseñarla. Una de las señales de que escogí el camino correcto alguna vez, es que siempre es agradable conocer a mis colegas, adoro a los músicos, aunque siempre procuro conocer mucho más que músicos en el camino.

He conocido a todo un personaje, y de hecho no sé si sea muy pronto para dedicarle algún escrito, porque solo tengo la primera impresión, y porque no sé qué tanto llegue a compartir con él. Es un caballero, que usa bastón, y siempre lleva el sombrero combinado con los lentes. Con las gafas pues, como dicen por aquí. Es un maestro. Fue guitarrista de José José, y apenas toma el instrumento, lo desbarata. Y muy importante, armónicamente no se conforma.

Esta tarde hemos tenido un compartir que surgió improvisadamente, él explicaba a los alumnos de la universidad las dominantes secundarias, yo le seguía el discurso, mientras mostraba una guía genial de su propia factura, para aprender el instrumento. Me antojé de sentarme en uno de los teclados, para seguir la corriente de las progresiones armónicas.

En un momento uno de los alumnos toma la guitarra y empieza a cantar un vallenato tradicional, acompañándose con acordes, por decir, bastante tradicionales. El profe toma la guitarra y le dice que le faltaban unas cositas por ahí. Traté de seguirlo, pero no pude, y me comentó que tenía el cifrado escrito por ahí. Lo sacó y lo puso en el atril y empezamos a seguir el tema. Sí, no tengo ni un mes aquí y ya empecé a tocar vallenato, pero envenena'o.

El profe luego se sienta en una silla próximo a mi, y me dice que toque el primer acorde constantemente. Era un Sol mayor con la sexta y la novena. Entonces empieza a hacer una introducción improvisando. Me dice que pruebe hacer notas con la escala pentatónica menor de la séptima mayor, en este caso, Fa sostenido. Fa #, La, Si, Do#, Mi... sonaba increíble, y claro, mi cerebro de una vez deducía los trucos: la séptima, la novena, la onceava mayor y la sexta. Luego me dijo que usara mixolidio de La. Casi el mismo resultado. Y así, sobre el mismo acorde.

De pronto se detiene, y comenta que las cuatro personas que estamos ahí hacemos buena combinación. "Fíjese, él es un La Mayor, él un Re Mayor, yo soy Sol séptima, y la seño es un Si menor séptima". Yo aún no caía en cuenta de lo que hablaba, y le pregunté: "¿Usted me está asignando un acorde por lo que percibe de mi persona?". Sí. Afirmaba que percibe en las personas cierta energía que vibra con determinado acorde... o algo así. "Fíjese, usted cuando uno la conoce siente hasta que asusta, usted es muy analítica, pero después que uno entra en confianza se da cuenta que es chévere. Eso le pasa mucho a los Si menor".

Yo quedé atónita, no sólo porque me describió como un acorde tan melancólico como ese, que de hecho es una tonalidad bonita (también me gusta Fa sostenido menor que es muy cercana), sino por su intuición al describir la primera impresión de mi. Habló de esa agresividad, o intimidación, que muchos perciben en mi al verme por primera vez, y que frecuentemente me comentan al conocerme de cerca. Me acordé también de un test de Facebook que se llamaba "qué tonalidad eres", pero ese dijo que yo era Re menor. En fin, soy un acorde menor.

Le comenté de modo anecdótico al profesor, que cuando elegí la cátedra optativa en mi carrera, no quise aprender guitarra sino cuatro, y que curiosamente las cuerdas al aire del cuatro forman un Si menor séptima: La - Re - Fa# - Si. 

En fin, este encuentro me ha llenado de expectativas, y me ha bajado un poquito la tristeza. En el horóscopo occidental soy Tauro, en el chino soy Tigre, y en acorde, soy un Si menor.



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domingo, 7 de enero de 2018

Soy extranjera

"Migrar es aceptar que tu lugar y tú no pueden continuar juntos, rendirse, asumir que no hay manera de arreglarlo. Tienes que divorciarte, perder, naufragar, migrar. Incluso en el regreso, porque uno nunca regresa. Desde el momento que partes eres extranjero siempre, hasta en tu propio país." Daniel Pratt

Emigrar. El gran dilema que nos han impuesto a los venezolanos. Y las más de las veces tenemos que aceptar que es lo mejor. Pero no vine a escribir sobre si es lo mejor o no, si lo decidí o no, o qué se deba decidir. Acotaré que tampoco considero la emigración una cosa menor, es más, considero que es un tema recurrente en la literatura porque el exilio puede ser una gran tragedia para el individuo, aún más el exilio forzado. Y no es casualidad que así yo lo piense.

Por una fuente inesperada, me topé con la frase arriba citada de Daniel Pratt, y no tengo más que darle la razón. Pratt sin querer, ha dado en el clavo. Uno muy personal. Y como siempre he sido reacia a la idea de emigrar (aunque prácticamente he decidido que así deberá ser), he venido precisamente a consolarme en una extraña confesión.
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Cuando tenía 11 años, razones más, razones menos, mi familia (mis padres y mis hermanas), nos movimos de ciudad. Para una niña ya casi adolescente, prácticamente se trató de emigrar. Todo un cambio se dio en mi vida. Cambié de casa, de ambiente, de clima, y por supuesto, de entorno social.

Según me cuenta mi madre, yo sufría cuando iba llegando allá. Vagos recuerdos tengo de ello, pero por ejemplo puedo recordar la primera vez que llegué al aula del nuevo colegio, no tenía uniforme, y por ello ni siquiera me atreví a entrar. Mi vida social en el colegio en Maracaibo no había sido muy buena, en general soy tímida, y semejante cambio no era fácil.

Cosas de la vida, mientras viví esos 3 años en el pueblo andino, no sólo mi vida social fue mucho mejor, sino que viví una etapa inspiradora para mi persona. El contacto con la naturaleza me fue muy grato, y en este período tuve lecturas que cambiaron mi vida y mi manera de pensar. En este período abandoné mis creencias religiosas (y de un modo grato), y exploré en la astronomía (con aquellos cielos cuando la neblina dejaba ver). Hasta recuerdo escribir mis primeros bocetos melódicos. Oh, en estos años también llegó Chávez al poder (qué años).

La cuestión es que me sentía bien estando allá, y empecé a recordar los años en Maracaibo como algo peor. Pero lo temido pasó: mis padres un día me sentaron para decirme que teníamos que regresar. Lloré. Desde ese momento lo concebí como una tragedia.

Volver fue como irse de nuevo. En Maracaibo estaba el resto de mi familia, en eso había algo de familiar, de conocido. Pero la vida cotidiana, había que construirla de nuevo. Los dos años siguientes, los últimos de mi bachillerato, los recuerdo como una depresión. Nadie me diagnosticó, pero ciertamente estaba muy triste. Las primeras canciones que realmente escribí, en un cuaderno, con acordes y que aún me gustan, todas hablan de la nostalgia de aquel lugar... que por cierto, no era mi tierra natal. Yo estaba de vuelta en mi tierra natal. Yo me sentía como extranjera, aunque había regresado.

Este hecho marcó un hito en mi vida. Hubo más mudanzas estando ya en Maracaibo, y el hecho de cambiar de casa es también frustrante. No hay una casa. No hay LA casa. Pero esa mudanza fue la que me marcó, y me cambió. Tanto así que mis ideas astronómicas quedaron un poco a un lado, y decidí dedicarme por entero a la música. La música era mi escape, para mantenerme a salvo emocionalmente, y siempre me satisfizo también intelectualmente.

Luego de pensar en esto, no sé por qué me queda cierto temor a emigrar. Es natural en parte, supongo. Pero digamos la verdad... resulta ser que desde hace 18 años yo soy una extranjera.



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domingo, 31 de enero de 2016

"El problema es de valores"

La crisis que atraviesa Venezuela, la atraviesa en prácticamente todos los órdenes, incluyendo el orden moral. Creo que nadie puede negar esto. El problema es que muchos argumentan que somos un pueblo "sin valores", y eso es lo que nos ha llevado a esta crisis.

Creo que se comete con esta afirmación una típica confusión de causalidad con correlación. Una crisis económica y una crisis del derecho (en esas dos sí que me pierdo, no sé cuál es el huevo y cuál es la gallina), inevitablemente llevarán a una crisis moral.

En un post que publiqué hace poco hablaba del islam, de los militantes de la religión de Alá que hacen estragos sea en su país, o en el que los recibe. Y comentaba ahí que muchos se equivocan al pensar que esta manera de ser sea del todo de origen genético. El ambiente en que se desarrolla un ser humano es muy importante también, y esas adaptaciones en un largo plazo (bastante largo), podrían terminar afectando el acervo genético de un grupo.

Muchos pretenden condenarnos. El venezolano, ampliémoslo al caribeño, o al latinoamericano, somos tildados de seres inevitablemente inútiles en general para decidir nuestra política. A lo mejor somos torpes, pero las cosas que se ven hoy día en Venezuela, ni de lejos se vieron en otros tiempos. No hay que ser muy viejo para saberlo.

La razón es la situación de precariedad que atravesamos, que puede sacar lo peor de nosotros. Son muchos los que al emigrar se dan cuenta de lo terrible que tenían el humor y la actitud cuando vivían en Venezuela. Y no es que esa sea su naturaleza, es que vivir en un lugar en el que no tienes lo básico asegurado: seguridad personal, comida, servicios, dinero que valga, medicamentos, y un largo etcétera, le cambia completamente la actitud a un ser humano.

El solo hecho de la escasez nos cambia la mente. Ya no es que iremos el fin de semana o la quincena a hacer la compra para la casa y listo. Es que vamos a hacer compra, y no sabemos qué encontraremos y qué no, y para las cosas que no encontramos nos encontramos en constante cacería: mirando las bolsas de los demás, preguntando en cada cola qué es lo que hay, cazando puestos de bachaqueros a ver qué tienen, viendo si algún mayorista nos consigue el saco a buen precio.

Así mismo, estamos en un país sumamente violento. 7 ciudades de Venezuela aparecieron entre las 50 más violentas en un famoso ranking que se publicó en estos días. La impunidad es causa fundamental de esa violencia, y nadie me quita esa idea. No es que la moral, que la educación, que la necesidad (aunque ésta es muy importante también en este sentido); pero que alguien cometa un crimen, y tenga prácticamente la certeza de que no habrán consecuencias para su persona, solo ganancia, hace que el crimen esté a la orden del día, y también la venganza.

Esto hace que todos andemos con ojos delante y detrás en la calle, escondiendo como podemos nuestras pertenencias, disimulando como podemos algún indicio de estatus, y desconfiando de todo el mundo en la calle. Yo particularmente voy caminando siempre pensando qué haré si alguien llegase a pretender robarme. A la hora de la verdad no sé si haré algo, pero el desgaste psicológico es constante.

En pocas palabras, estamos en modo supervivencia. Los valores importan poco en este modo. La civilización es inviable en este modo, puede salir lo peor de nosotros, esa bestia que está latente en todos. Así que sí, hay una crisis moral, pero ella no es la causa de las demás, es más, estoy convencida de que es una consecuencia.

¿Será difícil arreglarla? Como es difícil arreglar el país entero en este momento. Son tantas las variables que lo complicado y lo delicado es precisamente saber por dónde empezar.

¿Y tú? ¿En medio de esta crisis te has dado cuenta de lo que eres capaz?


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martes, 26 de enero de 2016

Soltar

No entiendo a esa gente que se la pasa en que "hay que soltar", "hay que dejar ir", yo siento que toda mi vida lo que he hecho es permanecer mientras puedo, luchar para que algo dure un poco más, y escribir para que lo maravilloso trascienda aunque mi memoria llegue a fallar. Porque al final, todos seremos olvido.

¿En serio alguna cosa les ha durado tanto como para exigirse con esa urgencia soltar?

Photo credit: Artistic-touches via Foter.com / CC BY-NC

miércoles, 20 de enero de 2016

Verde y corrupto

Nuestra política está plagada de escándalos. Bueno, cuándo la política no lo ha estado. Pero en estos días parecen aparecer uno tras otro, con una singularidad y unas cifras que parecen no tener precedentes en corrupción. Los poderes están tomados, y los amiguitos se encubren unos con otros, mientras en la calle, el venezolano común muere por falta de medicamentos y sufre cada día más para comer.

Pero a veces el escándalo viene con tinte de culebrón. Cómo les encanta un drama culebrónico a estas sociedades, de esos cargados de enredos sexuales. Y el de estos días sí que causó revuelo. Comentan los rumores (aunque parecen ser más que eso), que una modesta suma de trescientos mil dólares (300.000, se lee trescientos mil) en efectivo. fueron hurtados de una propiedad del presidente del Banco Central de Venezuela, y para colmo, al parecer, estaría una implicada una amante... de 16 ó 17 años de edad.

Con el revuelo que se causó en redes sociales, lleno de moralina (es raro ahora que a los hombres mayorcitos les gusten las jovencitas, mientras todos los días uno ve las webs y el timeline lleno de tetas frescas), de delirios religiosos, y de hashtags de lo más inapropiados del tipo #MerentesPedófilo, del que se hicieron eco las populachas cuentas del espectáculo barato tuitero de hoy; me enteré por usuarios sensatos, que la edad de consentimiento sexual en Venezuela es de 16 años.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Primero, a que la relación en tal caso ni siquiera es ilegal. Todo el mundo armó un escándalo por la "corrupción de menores" del viejo verde, pero nadie hablaba ya del origen de los 300.000 verdes en efectivo que tenía en casita nada menos que el Presidente del Banco Central, una cifra que, siendo condescendientes, un venezolano necesitaría unos 25.000 salarios mínimos para adquirir en el mercado negro, porque por vías oficiales eso supera por mucho el cupo.

Ni hablar de la gente que le llamó pedófilo; pedofilia es la atracción sexual hacia infantes, no hacia adolescentes con cuerpo de adulto que ya están terminando el bachillerato. Disculpen, pero usar términos inapropiados en esferas de esta delicadeza me molesta inmensamente, y más, si es para armar un lamentable espectáculo tuitero. Espectáculo que, por cierto, incluía fotos de muchachas por aquí y por allá, difundidas por todos, sin el mínimo reparo en indagar si semejantes acusaciones públicas eran ciertas.

De comportamiento en las redes, no hemos aprendido nada.

La política que se ha aplicado desde el Banco Central, es uno de los pilares fundamentales del hoyo negro económico en el que estamos metidos. A través de la impresión de dinero inorgánico y de la falta de oferta de divisas, nos ahogamos en la inflación y el mercado negro; mientras al pobre presidente le roban una cantidad escandalosa de dinero de dudosa procedencia.

Se pueden guardar su moral de cartón, el verdadero escándalo en este caso es la corrupción.

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lunes, 11 de enero de 2016

El islam y la naturaleza humana

Desde hace algún tiempo estoy leyendo un famoso libro de divulgación científica: La tabla rasa de Steven Pinker. Es un libro largo y que abarca muchísimos aspectos que pueden ser controversiales sobre la naturaleza humana, desde el punto de vista de la psicología evolutiva. No lo he terminado, pero a la luz de los acontecimientos actuales y luego de haber pasado capítulos sobre la violencia, el género y la violación, no me he resistido a escribir este post.

Son muchos los puntos en los que ninguna de las ideologías dominantes sabe leer la psicología humana y pasan por encima de los hechos, y de los resultados que estudios científicos pueden aportar, y por supuesto se hacen las cosas más difíciles.

Un tema candente en la actualidad es el islam, la migración de miles de musulmanes a Europa, y la manera cómo éstos actúan en las tierras en que se les da acogida. Sucesos como el de la revista Charlie Hebdo a principios del año pasado, y las violaciones masivas de Colonia a principios de éste, encienden las alarmas de Occidente sobre sus políticas y nos pone a cuestionarnos qué hacer y cómo actuar, pero para ello, nos pone a intentar comprender, qué rayos pasa en la cabeza de estas personas, ajenas a nuestra cultura, es verdad, pero al fin y al cabo seres humanos como nosotros.

Son muchos los apartados del libro de Pinker que me han hecho pensar en esto. Una de las afirmaciones principales que atraviesa todo el libro, y que está sustentada científicamente por varios estudios y estudiosos, es que entre los seres humanos hay poquísima variabilidad genética, esto quiere decir que entre razas y culturas, nosotros no somos esencialmente muy diferentes, y que, a menos que seas un individuo atípicamente psicópata, a nivel de violencia y sexualidad, en determinadas circunstancias, sobre todo circunstancias sociales, todos los seres humanos podemos ser unos bárbaros.

Esto, como el mismo autor aclara muchas veces, no quiere decir que se pueda educar a alguien para ser esencialmente de determinada manera, sino que estos comportamientos forman parte de nuestro instinto, de nuestro fondo genético, y que la violencia es una constante en absolutamente todas las culturas que han existido en nuestra historia como especie. No quiere decir muchísimo menos que se estén justificando estos comportamientos.

Efectivamente, en el mundo de hoy, la violencia en general se ha logrado reducir, gracias a mecanismos sobre todo de coacción (las fuerzas del Estado, la Ley tal como la conocemos), que se ha demostrado que son lo que mejor funciona. Y aún así, en zonas de alta conflictividad, o urbanamente deprimidas, donde las fuerzas policiales mismas no se atreven a entrar, y la gente toma la sobrevivencia en sus manos; o donde hay condiciones de vida pésimas, o no hay un sistema de Ley que funcione, o incluso las autoridades están infiltradas de corrupción y delincuencia, la violencia será invariablemente mayor.

Acompaño de los siguientes extractos, en forma de imagen: 




Interesante es también el apartado referente a la violación. La violación es un comportamiento universal, y también es universalmente condenado. Sin embargo, ciertas condiciones sociales pueden aumentar su incidencia. En los lugares de conflicto o de guerras, las violaciones aumentan considerablemente, y el mismo autor cita testimonios de soldados occidentales o norteamericanos en zonas de guerra.

Así mismo se puede afirmar que la violación es cosa de hombres, una cuestión que sencillamente tiene que ver con la economía de poder perpetrar los genes; y en general, es un trauma para la mujer, no solo por la violencia implicada en el acto, siempre se considera una ofensa mayor, por cuanto ella pierde autonomía de decisión sobre con quién va a tener relaciones sexuales.

Es pues preocupante la lectura general de los hechos relacionados con la violencia de muchos hombres del Medio Oriente en la actualidad.

Por un lado está la izquierda tolerante, que parece ser el discurso más general, en la estas personas para empezar han sido víctimas de Occidente durante años, y por ello tenemos la responsabilidad de darles acogida en nuestro territorio, además de asegurarles asilo y de paso, darles un salario y techo. Resulta repugnante ver a feministas de izquierda intentando ocultar o minimizar el hecho de las violaciones masivas, entrando en total contradicción con lo que pregonan.

Por otro lado está el discurso de derecha, que siempre pretende reducir todo al hecho de que el islam es una cultura de guerra, y que los creyentes de Alá son personas irrecuperables, pues se les educa en esa violencia, su religión pregona esa violencia, y todo se reduce a eso, en contraste con nuestros valores cristianos de Occidente; y por eso la civilización musulmana nunca llegaría al estadio de la nuestra, y están condenados a ese comportamiento.

La razón que tienen ambos bandos es parcial. En primer lugar, y como expuse al principio, la violencia es una constante en todas las culturas humanas. El islam puede ser una cultura preocupante, no por ser islam, sino por el estadio en que se encuentran actualmente gran parte de los países musulmanes. Son zonas de conflicto, gobernadas muchas por déspotas, o peor aún, por grupos terroristas, y de paso con un nulo nivel de secularidad y de estado de derecho.

En cuanto a la secularidad diré que una religión es peligrosa en la medida en que se pretende aplicar al pie de la letra desde las instituciones políticas. Particularmente pienso, que todas las religiones tienen el mismo alto componente de irracionalidad y etnocentrismo, y por tanto, capacidad para desencadenar espirales de violencia. Sólo que los terroristas del islam son los que cometen más crímenes en el mundo de hoy.

Todas las culturas humanas son etnocéntricas, pero más etnocentrismo no nos hace precisamente más avanzados, como algunos sectores de la derecha pretenden hacer ver actualmente. Al contrario, mientras la humanidad ha ido progresando, nuestro círculo moral se ha ido expandiendo. Esto no quiere decir que tengamos que ser tolerantes con cualquier premisa moral, al contrario, cuanquier cosa que atente contra ese progreso debe ser tratada con recelo y sin relativismos morales o culturales. 

Sin embargo, la actuación de los grupos terroristas islámicos, sí amerita una actuación violenta, lamentablemente, porque no hay otro modo de hacer contrapeso. Sí pueden haber mecanismos de mediación o negociación, pero esto es solo posible si se demuestra que podemos defendernos ante ellos. Sino sólo habrá más masacre de su parte.

Estas mismas variables inciden en el comportamiento sexual que se acerca más a lo primitivo. Una violación en grupo es algo que ocurre con mucha más facilidad si hay un conflicto alrededor, si las víctimas representan un enemigo étnico (¿ven por qué más etnocentrismo no es mejor?), y aún más, si los perpetradores se sienten protegidos por su condición, como está ocurriendo con los refugiados en Europa. Que muchos no son refugiados. O sí lo son, pero se sienten con el derecho de actuar como les place, y actúan con la mente de alguien que viene de una zona de guerra, de una religión férreamente conservadora y de una sociedad con derechos mucho más atrasados que los nuestros.

Lo que quiero concluir con esta exposición es que culpar al islam como religión por la violencia no es una lectura acertada, y no contribuye a entender los conflictos y comportamientos. Y que tampoco ser unos tontos tolerantes, que piensan que todo acto puede ser respetado "porque esa es su cultura", porque de hecho, parto de la misma premisa, esto poco tiene que ver con la cultura.

Mucha de la gente que viene de estas zonas debe preocuparnos tal vez más por la clase de entorno y  de civilización del que vienen y en la que desarrollan comportamientos que para ellos son normales, como el castigo por blasfemia (¿qué los cristianos no hacían lo mismo algunos siglos atrás?), las violaciones, el trato degradante hacia la mujer, el vandalismo, la matanza por causas ideológicas y religiosas, etc.

Ellos al fin y al cabo, son humanos como nosotros, y sí, hay una guerra desatada en este momento, tenemos que admitirlo. Y digo esto, porque tal vez es sólo leyéndolos como humanos, y no como el islam, como la otredad, es que podríamos tener una compresión mejor del fenómeno. 

Y también aprenderíamos de una vez por todas, que en el seno de nuestra sociedad Occidental, también pueden surgir grupos radicales, bajo una confluencia de factores que despierte lo peor de nosotros como humanos. Y estudiar bien qué cosas pueden ser, para evitar que ocurra. (¿Que no tenemos muchos ejemplos de ideologías políticas radicales y hasta genocidios?)

Tal vez existan nuevos estudios que ignoro y que den luz sobre esto. Al fin y al cabo, me estoy basando en un sólo texto, eso sí, amplio y bien fundamentado. De conocer nuevas referencias, agradezco sus citas, enlaces y aclaratorias.

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jueves, 7 de enero de 2016

Adiós, 2015 de contrastes

Este fin de año ha sido un poco extraño. No me preocupé de escribir un post antes del 31 de diciembre, y es que, a decir verdad, en 2015 el blog estuvo bastante abandonado. Eso a pesar de que me gané el primer premio por escribir acá. Aún así, considero que no hay material para un top ten o algo por el estilo.

El año pasado nos tiñó a todos de cierta sombra, pues fue un año económicamente trágico para Venezuela. Trágico, no hay otra palabra. A pesar de ello, trabajé con mucha gente nueva, aprendí muchas cosas y gané dinero que prácticamente en cuestión de días se pulverizaba, pero todo bien, he sobrevivido, y hasta he comprado juguetes nuevos.

Dentro de todo, toqué ópera, rock, pop, rock sinfónico, lo mismo de siempre con los coros infantiles, pero en resumidas cuentas fue un año de crecer; toqué lo suficiente para mantener mi instagram activo de farándula y conciertos.

Una foto publicada por Vanesa Cárdenas (@nesacardenas) el



En lo personal tuve altos y bajos, muy bajos, pero nada que no se traduzca en arte y más arte. Cambié, y mucho, y también aprendí y mucho, al parecer los momentos de oscuridad me han llevaron a una actualización de software de mi persona.

Este post quizás no tenga nada interesante. Quizás el tradicional ¡feliz año!, y decir que sí, fue algo increíblemente satisfactorio observar los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre. Quiero un cambio para mi país, y poder escribir más sobre mis intereses que sobre lo jodida que está Venezuela. 

A lo mejor y este año se pueda.

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martes, 8 de diciembre de 2015

A los exiliados

Las actitudes con respecto al fenómeno de la emigración venezolana muchas veces son lamentables. Lamentables a veces desde quienes deciden irse, a veces desde quienes se quedan y miran a los que se van. El éxodo venezolano es un fenómeno social del momento, y al igual que todas las emigraciones masivas se da en el marco de una crisis que llega a ser insoportable, sea por una guerra, por una debacle económica (que se parece más a lo que vivimos aquí)...

Emigrar no es fácil. No lo he hecho, pero he enfrentado ese dilema al menos durante los últimos 3 años. Soy una persona muy amarrada a mi tierra, me identifico con muchas cosas de ella, he amado sus lugares, su idioma, sus manifestaciones, y desde siempre, no es nada nuevo que me haya salido ahora que enfrento la posibilidad de irme por razones prácticas. 

Siempre me han gustado las canciones que hablan del lago, cuando estaba en la universidad escribía textos cómicos sobre el transporte público de Maracaibo, me gusta como hablan los marabinos decentes, me gusta incluir influencias venezolanas en mi música, me gusta la comida de aquí, y me parece altamente interesante conocer la historia de mi región, mi país, y hasta de mi familia.

Eso no quita que yo quiera salir y explorar y conocer. Pero jamás he pretendido romper el vínculo que me une a mi tierra natal, es más, romper ese vínculo me parece una tragedia. En estos 3 años me levanté muchas mañanas como con una resaca emocional, un yo dividido entre amar no solo su tierra, sino el camino que he logrado forjar en ella, y la realidad que aparentemente te cierra las puertas por todos lados, el yo que a pesar de tanto trabajo no ha podido ser independiente. Y eso es duro. El romanticismo que no es secundado por una base de realización práctica, tarde o temprano muere.

Tal vez si yo no hubiera logrado realizar algunas metas, si no tuviera algunos vínculos personales que me ataran, tal vez si fuera más fría, si hubiera visto las cosas venir desde antes, si hubiera actuado con más decisión, si no hubieran pasado determinadas cosas, tal vez, yo no estuviera ya aquí, tal vez hubiera sido una emigrante más.

Con el tiempo he entendido que el amor a la tierra, el nacionalismo, el etnocentrismo, es en parte algo natural, algo genético, quiero decir. No lo digo yo ni mi experiencia, lo dice la ciencia. Eso no es bueno ni malo. Es. Y es bueno o malo en la medida en que sea tomado con exageración, con falsedad, o cómo ello nos haga actuar en determinadas circunstancias. He pensado por ejemplo, que no saldremos de esta crisis si no tenemos ese nacionalismo presente, el de verdad.

Y a todas estas, me he fijado mucho en cómo actúan los grupos de exiliados que viven en nuestro país. La comunidad italiana, portuguesa, árabe... ellos se reúnen con los suyos aquí, cada vez que pueden viajan a sus tierras sea a verlas o a reunirse con familiares, preservan lo que pueden de sus costumbres y cultura, y a la vez han dejado lo mejor de sí en Venezuela, y no tienen ningún problema con eso. Así mismo, si esas personas llegasen a necesitar algo de sus países, no les será negado, creo que nadie los llama "traidores" por haber abandonado su suelo en el momento que lo sintieron necesario como individuos.

No entiendo las dos actitudes enfermas que han nacido acá: primero, la del emigrante que dice que no quiere encontrarse con venezolanos, ni saber nada de venezolanos en la tierra que ahora tienen, y hablan mal de sus compatriotas desde fuera; y segundo, la del que se queda, que constantemente está condenando al que se fue, por "abandonarnos" o "traicionarnos". Emigrar es una decisión práctica. No tiene nada que ver con sentirse venezolano o no. Y sentirse venezolano tampoco perturba la adaptación a un nuevo hogar. Capaz te enamoras más de la tierra a la que vas, como le ha pasado a muchos inmigrantes acá, que tampoco niegan sus orígenes, ¿y?

Venezuela es una comunidad que va más allá de una frontera, somos un país y un grupo cultural. Y debemos ser medianamente solidarios (lo dice una persona que es altamente egoísta) en esta crisis, que nos ha trastocado a todos, dentro y fuera del territorio. Nos ha cambiado y ahora vamos a un nuevo estadio en nuestra historia. Y vamos a construirla juntos, queramos o no.

No lo sabemos, pero hay mucha gente que se ha ido con la plena esperanza de volver, muchos por fuerza mayor van a tener que volver, y otros, aunque estemos bien, se van a querer ir o decidirán irse por nuevas oportunidades. Es algo que pasa todo el tiempo. Y pasa, porque al mismo tiempo estamos altamente determinados por nuestro grupo humano de origen, pero somos individuos autónomos. Ambas cosas tenemos que aceptarlas.

El piso cinetista de Maiquetía, incluso el meme de nuestros exiliados es hermoso.
Fuente: https://www.flickr.com/photos/elexpatriado/2452714784/in/photostream/

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