jueves, 30 de enero de 2014

La ineficiencia en atención al cliente en Venezuela

Últimamente hay una escena que se repite mucho en mi vida. Uno llega a comprar cualquier cosa en un supermercado, panadería, charcutería o incluso farmacia (sobre todo en franquicias que venden algo más que medicamentos), y las colas de gente son horribles, puedes tardar hasta media hora esperando para que te atiendan y otra media hora más para pagar, sin que sea necesariamente hora pico.

Uno no sabe qué pensar. ¿Será acaso una ineficiencia general en los que atienden las cajas registradoras? ¿No hay suficientes? ¿Hay demasiados clientes o la gente está comprando más que antes?

La última opción parece ser improbable. Cada vez que uno va a comprar cualquier cosa al supermercado o panadería, se sorprende de nuevo por el monto que tiene que pagar por cada vez menos cosas. A lo mejor, la imposibilidad de comprar muchas cosas de una vez hace que la gente vaya con más frecuencia a comprar unos pocos víveres, pero no creo que eso impacte tanto.

Escuchando diversas opiniones, y según mi experiencia personal, considero que hay varios factores que han hecho decaer la atención al cliente en muchos de estos negocios. Podrán decir que "como buena opositora, le voy a echar de nuevo toda la culpa al gobierno", pero espere, considere los siguientes factores:

Foto: Panorama

La búsqueda constante de productos regulados. Es normal que se vean colas larguísimas frente a cualquier supermercado, o gentíos en las panaderías. ¿La razón? Llegó la leche, la harina de maíz, el papel, o cualquiera de los desaparecidos productos regulados. Por un lado están los que buscan aprovechar los bajos precios y revender (bachaqueros), y por otro quienes no los consiguen, los necesitan y se calan la cola.

Muchas veces, si uno no va a comprar ningún producto regulado, puede omitir esa cola, pero al entrar al supermercado, resulta que hay varias cajas destinadas solo al pago de los mismos. A veces ni siquiera eso, y el gentío se aglomera en todas las cajas, formándose colas interminables en los pasillos de los supermercados.

La inseguridad jurídica y algunos puntos de la Ley del Trabajo. La empresa privada cada vez se las ve más negras en Venezuela. Por un lado, la escasez, la falta de divisas, las regulaciones, hacen que sean menos rentables, y por lo tanto, no les convenga contratar muchos empleados. 

Por otro lado, algunas políticas con respecto al empleo, como la obligación de dos días seguidos de descanso, la inamovilidad, el cálculo de liquidaciones, hacen que las empresas (sobre todo las pequeñas) no quieran (o no puedan) contratar el suficiente personal para atender eficientemente a toda la clientela. Como consecuencia, no hay suficientes cajeros, o panaderos, o charcuteros para atender la alta demanda sobre todo en horas pico.

El ineficiente sistema de facturación. Va a cancelar una pendejada, digamos, un chicle. Pasa por la caja, en el mejor de los casos, da la cédula y si está registrado en el sistema, no debe dar más datos. Lo más frecuente es que tenga que dar: cédula, nombre completo, dirección, teléfono... para que le den su factura por un chicle.

Los modos de pago. Ya nadie quiere tener efectivo en la mano en Venezuela (incluyéndome), no vaya a ser que lo roben a uno por ahí. Todo el mundo quiere pagar con la tarjeta de débito o crédito, y esto requiere más tiempo. 

También está el pago con Cestaticket (o cupones de alimentación, en Venezuela todo empleado debe cobrar una parte de sus ingresos de esa forma), en el mejor de los casos con tarjeta, en el peor, con el maldito talonario de cupones: hay que dividir el total, decirle al cliente cuántos debe arrancar, contarlos, y luego pagar la diferencia (porque nunca es exacto con los cupones).

Los sistemas internos de las empresas. Ya esto no es culpa de la situación del país, ni nada, sino de cada empresa en particular. En muchas de ellas tienes que hacer una cola (cola real o "por numerito") para que te atiendan, y luego otra cola para pagar. Una pérdida total de tiempo. Y por lo general, cuando es así, tienen que repartir al personal para las dos tareas, total que nunca dan abasto los pobres. A veces las mismas personas están haciendo ambas cosas, por lo que su eficiencia por supuesto disminuye.

Puedo dedicarle aquí un apartado especial a los bancos. Nunca hay suficientes cajeros, los numeritos parecen ser peores a veces que las colas, y nunca falta el vivo que pasó aparentemente porque es amigo del cajero. ¿Cómo es posible que uno pueda tardar hasta tres horas en un banco para hacer una simple operación de depósito o retiro (ni hablar de cuando vas a pedir un crédito)?

Concluyendo, en nuestro país no solo la atención en el sector público ha decaído, también en el sector privado. Creo que la situación económica y social en general afecta, por las cosas que mencioné, por el estrés y ansiedad constantes del ciudadano y también por el poco amor al trabajo, generalmente mal remunerado, que tenemos.

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miércoles, 29 de enero de 2014

¿Matrimonio igualitario para Venezuela?

El tema del matrimonio igualitario se ha puesto sobre la mesa en nuestro país. En dos días, este viernes 31, varios colectivos por la diversidad sexual entregarán ante la Asamblea Nacional un Proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario.

Invitan al evento a través de las redes sociales. También han dejado un enlace donde se puede visualizar el proyecto de ley en cuestión.

Sé que en el país tenemos problemas agobiantes, quizás otras prioridades dirán, pero cualquier paso en pro de las libertades civiles y la inclusión (la de verdad), es bueno. Aplaudo la iniciativa.

Yo me encuentro en Maracaibo, así que no podré acompañarles, pero estaré muy pendiente. Particularmente, he expresado mi opinión personal sobre el matrimonio gay y la adopción gay. En definitiva, creo que todos debemos tener los mismos derechos civiles, sin importar nuestra raza, sexo, credo u orientación sexual, y de asegurarnos de no tener esos limbos legales para parejas del mismo sexo, solo por ser lo que son.

Deploro las manifestaciones retrógradas, homofóbicas y religiosas que se han dado en medios o redes sociales en contra de este movimiento que considero, es imparable e inevitable.

Les deseo la mejor de las suertes, que su proyecto se haga realidad, a pesar de este gobierno que no se ha caracterizado precisamente por dar loas a la diversidad sexual.

jueves, 23 de enero de 2014

Una democracia devaluada

Justo hoy, celebramos en Venezuela el Día de la Democracia, aludiendo a la caída de nuestro último régimen dictatorial (¿o eso creemos?), el de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958. Justo ayer, se anunció que los dólares "preferenciales", esa tasa de 6,30 bolívares solo existirá para casos específicos, quizás alimentos, quizás medicinas, quizás trámites del mismo gobierno. El dólar para particulares será de 11,30 y además pasaremos al SICAD, quiere decir, estaremos sometidos a una subasta.

Qué pensaría el difunto Hugo de sus sucesores, que a menos de dos años de su partida, han llevado al Bolívar a una fosa increíblemente profunda. No hay duda de que él dejó las bases y el sistema para que el desastre ocurriera, sin embargo, logró contener aquel dólar a 4,30 mientras el negro le llegó a poco menos de 15 bolívares antes que, luego de aquel proceso electoral, él desapareciera.

Febrero de 2013 y nos devaluaron en su ausencia. Al mes siguiente, y sin que él volviese siquiera a aparecer, declaran que ha fallecido. Toman el puesto sus "sucesores designados". El dólar negro llega a superar por 1000% al oficial, cosa que al señor difunto nunca le pasó. Devaluación oficial de 2013 en 56%, cifra que el difunto nunca alcanzó. Hoy nos devalúan casi a la mitad nuestro "fuerte", y el mercado negro sigue desbocado.

No soy economista, pero no hay duda de que algo Maduro está haciendo demasiado mal. Hugo lo hacía mal, pero éste nos está hundiendo de manera insospechada. Y mientras la economía siga mal, lamento decirlo, la violencia seguirá en aumento. ¿Acaso no se da cuenta que su devaluación, que su sistema de subastas, que sus controles y regulaciones, que su ineficiente sistema de seguridad a quien más afectan es al pobre? Y con el pobre y la justicia social como bandera hacen todas sus estrategias de (des)gobierno.

Nuestra democracia hoy está devaluada. Nuestro poder adquisitivo, nuestro acceso a cualquier producto, nuestra moneda, nuestra seguridad, nuestra paz, han sido tan devaluados, que hay gente que ha tenido los cojones de extrañar a Pérez Jiménez. Pero esos son otros locos más. Que no olviden por qué se supone que es feriado nacional el día de hoy.

Hoy seguimos teniendo las urnas electorales, con una desconfianza en ellas que sólo aumenta. Hoy sólo me limito a lamentarme por esta democracia devaluada.

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