miércoles, 8 de enero de 2014

¿Y por qué tengo que dejarme robar?


Hace más o menos cinco años, luego de una exhibición de kungfu en un evento de computadoras, me fui con un par de compañeros a cenar algo. Tenía carro prestado. Decidimos comer en una venta de pollo en brasas. Comimos tranquilos, todo muy bueno. Yo había estacionado en una calle un poco sola (como la mayoría de los locales en Maracaibo, no dispone de estacionamiento), en una "Y" en paralelo a la acera, y había un carro estacionado delante del mío.

Cuando salimos, miramos para todos lados, costumbre de nuestros días, y nos montamos en el carro para irnos a nuestras casas. Cuando me monté, noté que dos hombres caminaban del local hacia el carro, pero al principio asumí que se montarían en el vehículo que estaba delante. Nada, pasaron de largo, hacia el nuestro. Uno "kilúo" de sombrero y con un koala atravesado en la parte frontal del tronco se pegó en mi puerta y el otro, un flaco de chemise, se pegó en la puerta de atrás. Yo tenía la sana costumbre de cerrar los seguros apenas me montaba y aunque forcejeaban no pudieron abrir las puertas.

Yo estaba confundida (sería cuestión de segundos), cuando mi compañero en el puesto del copitoto gritó "¡Arranca, arranca!", y eso hice. Salí sin retroceder (considerando que había un carro ahí enfrente), virando rápidamente, salí al semáforo y haciendo caso omiso de la luz roja me metí en el tráfico de la avenida. Zigzagueé por toda la avenida, en medio de una extraña paranoia de que nos seguían, y apenas pude crucé. Apenas caí en cuenta de que no había quitado el freno de mano.

Cuando finalmente estaba circulando por allí, ya convencida de que no había nadie persiguiéndonos, empecé a temblar descontroladamente. Los muchachos me ofrecían parar para calmarnos, pero la paranoia no me lo permitió. Los dejé a ambos en sus casas, en una barriada algo peligrosa, y me fui a la mía. Aún estaba mirando a la calle como loca con la idea de que me buscarían.

Comenté lo sucedido en mi casa, y todos reprocharon mi reacción. "Estás loca. Así han matado a muchos. Van a quitarles el carro, ellos se van y les disparan por la espalda. Ese carro no es blindado. Pudieron haberlos matado". En fin, más alimento para mi paranoia. Mi compañero aseguraba haber visto un arma. Yo para ser sincera nunca la vi. A lo mejor no tenían, a lo mejor no estaban cargadas, a lo mejor no se molestaron en disparar... Digamos que corrí con suerte.

Un año y medio antes de ello, atracaron a mi padre para quitarle el carro. Eran varios, él no puso resistencia, y sin razón aparente, le dispararon a quemarropa de tal forma que pudieron haberle matado. Sobrevivió. A lo mejor el ladrón mal entendió un gesto, a lo mejor solamente lo quiso matar con saña, a lo mejor se le escapó el tiro...

Lo cierto es que no hay garantía al momento de deducir por qué un atracador te dispara o te asesina. En ese momento uno puede reaccionar de cualquier forma, y uno mismo no lo sabe.

Triste es que cuando matan a alguien en un hecho delictivo, la primera razón sea que "probablemente opuso resistencia". ¿Y acaso ahora tenemos que ser entes pasivos y dejar que nos quiten nuestras pertenencias? ¿Acaso nuestras pertenencias no son cada día más difíciles de conseguir en esta economía desgraciada? ¿Por qué tiene que venir un extraño a someterme y obligarme a que le entregue mi trabajo, mi duro trabajo?

Ya sé que es una regla básica de seguridad. Uno debe dejarse robar y ya. Pero no es tan sencillo. No se puede evitar sentir el orgullo en lo más profundo del pecho, sentir la impotencia de que te robarán, nadie averiguará nada, nadie te devolverá nada. Y claro, de todas nuestras pertenencias supongo que la vida es la que vale más. Pero ¿hasta cuándo, carajo, hasta cuándo?

En contraste con las vidas arrebatadas, no nos ha quedado más remedio que minimizar el crimen del robo, admitirlo como algo pequeño en comparación a que te asesinen y ceder ante el terrorismo del hampa diciendo, "bueno, mejor que se lleven mis cosas a que me maten". Lo peor no es eso, lo peor es que las autoridades digan públicamente que asesinaron a alguien "presuntamente porque se resistió", culpando indirectamente a la víctima, y dando el mensaje de que mejor nos conformemos con el robo si es que queremos proteger nuestras vidas, dejando de lado completamente nuestro derecho a la propiedad.

Derecho a la vida, derecho a la propiedad. Obviamente el primero vale más. Pero ambos son derechos fundamentales.

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9 comentarios:

  1. No hay ninguna garantía de que no te vayan a matar aunque no opongas resistencia. Muchos delincuentes igual te dan un tiro simplemente por diversión: "vamos a darte un tirito, pa' que no te vayas liso". O peor, te dan el tiro con saña en el estómago, "pa' ponerte a cagá por la barriga". De nada sirve no oponer resistencia si los delincuentes saben que campea la impunidad y que pueden matar sin castigo.

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  2. ...Si me lo permites, te cuento una anécdota mía: una vez, en el centro comercial donde trabajo, robaron la papelería, el vigilante no hizo nada, no obstante que presenció lo ocurrido, al siguiente día, me le acerqué al vigilante y le sugerí que estuviera mas atento de la forma mas amable que encontré, este me contesto que a él no le pagaban para cuidar a los negocios y yo le respondí que no le pedía cuidar a los negocios sino a el mismo porque si, en el negocio que yo le refería, ocurría un robo, yo a él lo iba a tirar para el piso de abajo, a lo que el me contesto que me iba a acusar con el comisario y yo le respondí que le avise al comisario que si en la tienda robaban, yo los iba a tirar a él y al comisario para el piso de abajo; en eso llega el comisario y dice, que sucede aquí? y yo le contesto que en vista de que el vigilante no está para cuidar a los negocios, si robaban la tienda, yo lo lanzaría a él para el piso de abajo y al amenazarme con acusarme ante el comisario le respondí que al comisario también lo lanzaría al piso de abajo. El comisario reprochó totalmente la actitud del vigilante, lo retiró y por lo menos en dos años no hubo robos en el centro comercial.. fin de la presentación. No hay que dejarse robar, además hay que reclamar todo lo que se pueda.

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  3. Muchas veces los vigilantes son la "complicidad interna", así como en los bancos, muchísimas veces, los cajeros son definitivamente la complicidad interna. Sonará muy discriminatorio, pero los vigilantes y los cajeros en su mayoría viven en los barrios, y en los barrios está el grueso del malandraje. Lamentablemente ese 2 + 2 no puede negarse.

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  4. Gracias por sus comentarios. Las anécdotas siempre son bienvenidas, amigo. Saludos.

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  5. Nada de correr. Cuando usted vea que la van a robar pegue el grito : " independencia y patria socialista vivieramos y ? ". El malandro procedera a gritar : "venceremos" y ud estara a salvo.

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  6. He visto la misma situacion pasarle a amigos y amigas, incluso casi me sucede a mi una vez, la reacción de la gente siempre suele ser esa "oye te pudieron matar" y por extraño que parezca eres tú quien resultas siendo el o la culpable. Es injusto juzgar a alguien por resistir, por huir o por hacerle frente a una situación así. El mismo caso es para cuando vez que le estan haciendo daño a otra persona y para no salir herido, no haces nada. En cierto modo asi es como vivimos en Venezuela, dejamos que todo se escape de nuestras manos, dejamos que pasen por encima de toda nuestra integridad, por encima de nuestros derechos como seres humanos, luego nos quejamos pero es rara aquella vez que nos oponemos a ello con hechos. Gracias por tu anecdota, la comparto.

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  7. ¿Transferencia memética del miedo? ¿Han sido muy exitosos los maleantes transmitiendo el terror, o es solo una serendipia producto de la incompetencia de las autoridades y/o la cobardía de la gente? La apariencia de valentía de muchos puede no ser más que otra manifestación del Dunning & Kruger...

    Para un predador, un blanco seguro de sí mismo y de sus capacidades es mucho más difícil de enfrentar que uno desubicado y/o aislado.

    Vi pasar las balas junto a mis sienes, vi morir a unos cuantos, y el patrón común era ver a la gente actuar gobernada por el miedo, lo que es mucho peor que sentir miedo. Porque miedo sentimos todos. La diferencia es lo que hacemos con él.

    La gente en su miedo e ignorancia, se ha hecho cómplice, y a veces mucho más criminal que los mismos perpetradores.

    Así que ya saben: "coman callado y no sean pajúos". Já!

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    Respuestas
    1. El hampa en Venezuela ha llegado a niveles de terrorismo (en todo el sentido de la palabra). Creo que esa es la razón de matar sin motivo: primero "la experiencia", segundo, el amedrentamiento general de la población (con nosotros no te metas, no nos importa tu vida).

      Yo he decidido no tener el miedo a cuestas todo el tiempo, porque no puedo dejar de vivir, e igual eso no disminuirá las posibilidades. Creo que más bien he sido afortunada.

      Pero creo que no debes señalar a la gente en cuanto a qué hacer con su miedo o su paranoia, que tienen razones de sobra para sentir y tener. No creo que por actuar de determinada manera (que a veces no controlamos) lleguemos a ser "tan criminales como los perpetradores". Es absurdo.

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    2. Correcto, Vanesa. Terrorismo de Estado es lo que hay en Venezuela.

      La falta de confianza en los cuerpos policiales, en el sistema penitenciario, en la transparencia con la que el gobierno asume sus faltas, la carencia de mecanismos de retroalimentación que permitan comprender, y por ende, trabajar en los problemas existentes a partir de su causa de fondo...

      Eso siembra miedo colectivo. Me temo que la falta de confianza -con justa razón- en las instituciones estatales, a cierto nivel, es intrínsecamente un acto terrorista.

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