jueves, 17 de octubre de 2013

Ser buen estudiante


Ser buen estudiante es una cosa que encierra en sí misma una ironía. Por un lado, se supone que eres inteligente, aunque también se necesitan buenas dosis de ser aplicado y dizque responsable; por otro lado puedes llegar a sentir que eres un apegado al sistema, un instrumento de él, que aunque inteligente, le guardas cierta reverencia.

No hablo desde una perspectiva de terceros. Quiero hablar sobre ello porque yo no sólo fui buena estudiante, era de algún modo la mejor estudiante. Era una cuestión casi de status, al salón de clases al que yo llegara, al menos a partir de séptimo grado, mi promedio debía ser el más alto de todos. No era nunca por décimas, siempre aventajaba notablemente a quienquiera que fuese el segundo lugar.

Algo de encanto social había en mantener los números sobre diecinueve, y hasta la universidad fue así. Cuando había esa cosa del índice académico, fui la tercera del estado, y en mi tarima de grado me llamaron con nombre, apellido y mención honorífica magna cum laude.

Dicen que el promedio no es reflejo de la inteligencia de la gente. Estoy de acuerdo, y a la vez no. Creo que muchos estudiantes regulares son muy inteligentes o creativos (que es un gran síntoma de inteligencia), pero o sólo lo reflejan en determinadas áreas académicas, o no tienen interés en la vida académica en lo absoluto. Por otro lado, creo que para ser buen estudiante, hay que tener ciertas facilidades de aprendizaje, aunque a fin de cuentas la diferencia está en si se hace algo creativo con esas facultades o no.

Al graduarme de la universidad, aunque yo tuviera el mejor promedio de mi escuela, no pensaba ni remotamente que yo fuera el mejor músico de mi grupo. Y aún hoy no lo creo. La vida académica requiere atención y ciertas habilidades, que no siempre son necesarias en el ejercicio profesional y creativo.

He conocido prácticamente dos tipos de buenos estudiantes. El primero, aquel que tiene ciertas facilidades de aprendizaje, pero lo que le hace buen estudiante es sobre todo el ser aplicado, responsable, disciplinado, dedicado, y muchas veces, muy riguroso. El segundo, con el que me identifico, es el que tiene facilidades de aprendizaje, que entiende muchas veces sin estudiar mucho, y que cuestiona mucho la autoridad.

A lo mejor peco de simplificadora con esta clasificación tonta, o pareceré una ególatra que viene a decir "ay sí, yo soy rebelde, no como la mayoría de los buenos estudiantes". A fin de cuentas, no sé qué tan rebelde era, pues gozaba a plenitud de mi status de ser la mejor estudiante, y estaba consciente de todas las facilidades sociales e institucionales que esto me proveía.

Con "cuestionar a la autoridad" me refiero a cuestionar al profesor, al otro estudiante, al director, al libro, y a todos. Esto te hace obstinado, te hace pasar malos ratos, y no necesariamente quiere decir que eres un genio. Las personas rigurosas también pueden ser geniales.

Los rollos de pocos amigos y burlas son reales, pero nunca me sentí ofendida en realidad. Que me dijeran nerd, no me llegaba más que el respeto que de algún modo me tenían. Ese "respeto" por supuesto a veces no era más que jaladera de bolas. Sí. Todos quieren sentarse detrás de ti en el examen, todos quieren hacer el trabajo o la exposición contigo. A pesar de ello, yo no le decía a nadie nada en los exámenes, y ni pensar en dejarlos ver mi hoja, ¡jódanse! Los trabajos no se los hacía a nadie, a menos que me pagaran por ello. Y cuando eran trabajos grupales o peor, exposiciones, a más de uno me provocó golpear, aunque casi siempre me juntaba con mis amigos, los que hablaban conmigo y me apreciaban de verdad.

Uno de los momentos más incómodos, eso sí, es cuando en alguna clase de "orientación" o "guiatura" solicitaban mencionar las virtudes de la persona, y la mención para mi solo era "inteligente", más nada. Mucha gente anhelaría que se lo dijeran, pero que te lo repitan tanto, después que te lo crees, empieza a carecer de pronto de algo de sentido.

Yo soy inteligente, pero detesto que piensen que se limita a una cuestión genética, pues las impresiones de "inteligencia" muchas veces vienen de los conocimientos que domino, y eso lo he cultivado desde mi niñez con mucha paciencia y tratando de nunca dejar de explorar y aprender. Y no creo que nadie sea menos capaz que yo de hacerlo.

Esa parte de cultivarme, por supuesto fue independiente del sistema educativo. A veces pareciera que él se tratara de acumular puntos, cual un videojuego, y no de desarrollar las capacidades de los educandos. A lo mejor un buen estudiante lo que tiene es talento, herramientas y disposición de atinarle a ese sistema, y luego que lo tienes como "facilito", hasta acabas en cierto modo burlándote de él. Aunque ciertas habilidades se adquieren en el camino.

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